jueves, 12 de julio de 2012

SALUTACION DEL EXCMO. MONS. DIEGO PADRON SÀNCHEZ, ARZOBISPO DE CUMANA Y PRESIDENTE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL VENEZOLANA, EN LA XCVIII ASAMBLEA ORDINARIA PLENARIA


Señoras, Señores:

         Cumplo con una tradición de nuestra Asamblea, de presentar, a nombre del equipo de la Presidencia, un panorama de la marcha de la Iglesia y del país.

La Visita Papal
         En el camino de la Iglesia, los meses que van del año han estado marcados por la visita del Santo Padre Benedicto XVI a toda la América de habla hispana, aunque su viaje se haya concretado sólo a dos países, México y Cuba.
          La nación mexicana representa la mayor población católica de habla hispana de todo el continente. Cuba por su parte, con una feligresía católica minoritaria, fue agraciada con la visita papal en razón de estar celebrando el IV Centenario del hallazgo de la imagen de Ntra. Sra. de la Caridad del Cobre, patrona de la Isla. Respecto de la visita del Santo Padre, su significado, sus consecuencias para la Iglesia en América Latina y los frutos que de ella se esperan, S.E. Mons. Fernando Castro, Obispo Auxiliar de Caracas, y mi persona entregamos durante la pasada Reunión de Comisiones Episcopales, en el mes de Abril, un breve informe.
La Iglesia en Venezuela
             Pasando al interior de nuestra Iglesia venezolana, hemos vivido con profundo regocijo y agradecimiento al Señor la elección y nombramiento de dos nuevos Obispos, a quienes reiteramos nuestro saludo y bienvenida fraternos y cordiales. Ellos son: el Excmo. Mons. José Manuel Romero Barrios, ordenado el pasado 04 de Abril y designado Obispo Auxiliar de la Diócesis de Barcelona, y el Excmo. Mons. Tulio Ramírez Padilla, quien recibirá la Ordenación episcopal mañana, 08 de Julio, en la Santa Iglesia Catedral de esta ciudad capital.
          Con sentimientos de alegría y solidaridad hemos acompañado a S.E. Castor Oswaldo Azuaje Pérez en su toma de posesión de la Diócesis de Trujillo el pasado 9 de Junio. Al Obispo Emérito, S.E. Mons. Vicente Hernández Peña, nuestro sincero y caluroso reconocimiento por su extensa labor evangelizadora durante treinta y seis años en la tierra que nos dio al ilustre venezolano, Dr. José Gregorio Hernández. A Ntra. Sra. de la Paz y al siervo de Dios encomendamos la vida y ministerio de estos queridos hermanos.

                    Damos gracias al Señor por la vida y fecundo ministerio episcopal de nuestros hermanos,  S.E. Mons. Luis Alfonso Márquez, que ha cumplido hace pocos días 50 años de vida sacerdotal, entregada al servicio del evangelio en diferentes regiones del país, y S.E. Mons. Ramón Ovidio Pérez Morales, quien acaba de alcanzar  la venerable edad de ochenta años,  Su tesonera labor se  ha visto acrecentada en el tiempo con su servicio a la Iglesia y al país a través del Concilio Plenario de Venezuela.

Felicitamos a S. E. Mons. Ulises Gutiérrez, Arzobispo de Ciudad Bolívar, quien recibió el pasado 29 de junio el Palio Arzobispal de manos de Su Santidad Benedicto XVI.
Nos alegra ver recuperado completamente a S.E. Mons. Baltazar Porras, Arzobispo de Mérida, y deseando franca  recuperación a Su Excelencia Mons. Joaquín Morón, Obispo de Acarigua-Araure.

                    Tenemos muy presentes con viva gratitud y fraternal afecto a los Obispos Eméritos, hermanos mayores, a quienes en cada Asamblea enviamos un mensaje particular. 

                    Sentimos honda tristeza por la muerte inesperada de S. E, Mons. José Sótero Valero Ruz, Obispo Emérito de Guanare, esforzado obrero de la viña del Señor, extraordinario formador de catequistas.  A sus hermanos y familiares la expresión de nuestra sincera condolencia y nuestra palabra de fortaleza y esperanza cristiana.

Refiriéndonos al ámbito del laicado venezolano, nos unimos al dolor de la familia Pérez Olivares Oramas, con motivo del fallecimiento del Doctor Enrique Tomás Pérez Olivares, humanista, insigne educador, laico cristiano comprometido con la fe, la verdad, y la ética ciudadana.

En relación a nuestras labores de Asamblea episcopal, los dos eventos más significativos en el primer semestre del año han sido la elección del nuevo equipo de la Presidencia de la CEV y la discusión, aprobación e implementación progresiva del PLAN TRIENAL 2012-2015.

         Las metas y programas de este PLAN desafían a las Comisiones Episcopales, a sus Departamentos, a sus Ejecutivos y a las respectivas Comisiones Asesoras Nacionales a poner en acto todas las facultades humanas y espirituales para el logro de un trabajo coordinado y prospectivo, que garantice una respuesta continuada a las urgentes necesidades de las Pastorales nacionales, diocesanas y parroquiales en orden a la evangelización, la formación cristiana en niveles continuos y progresivos y el compromiso socio-político derivado de una fe viva, como contribución a la gestación de una nueva sociedad (cf CPV).
Gracias a la fuerza del Espíritu divino, la unidad del cuerpo episcopal se mantiene incólume y dinámica. Una novedad que promete un creciente desarrollo de la colegialidad y solidaridad episcopales han sido los ENCUENTROS PROVINCIALES de las regiones de Oriente, Sur y Occidente. 

         Por otra parte, la Presidencia ha sostenido encuentros de diálogo y reflexión con el Personal del SPEV, la CONVER y el CNL. Tales acercamientos han renovado la profunda convicción de que el camino de la Iglesia hacia la comunión interna querida por Dios, pasa por la apertura, el diálogo y la disponibilidad para el desarrollo conjunto de la única misión en la que todos participamos por igual, pero  en diferentes niveles.

                    Saludo en nombre de la Conferencia Episcopal a las altas Autoridades del Gobierno Nacional. Desde esta Asamblea, como ha sido en  todas las anteriores, hacemos llegar al Presidente de la República nuestro atento saludo.  

         La Reunión de Comisiones Episcopales tenida en el mes de Abril puso de relieve nuestra conciencia de comunión y solidaridad en el camino y la misión, al tiempo que descubrió las debilidades y fortalezas de nuestros planes y programas.

         Durante el primer semestre del año los Departamentos del SPEV, en cuanto órganos ejecutivos de las Comisiones Episcopales, han realizado todos los programas previstos en el Plan Trienal. Todo ello indica claramente que la CEV no duerme.

Hay una nueva expectativa, el AÑO DE LA FE, y la fe, por naturaleza, es dinámica, El Santo Padre Benedicto XVI en un sencillo documento titulado "La puerta de la Fe", título que hace especial referencia a la obra evangelizadora del apóstol Pablo a través de la cual Dios abrió a los paganos el ingreso a la salvación,  según relata el libro de los Hechos de los Apóstoles en el capítulo 14,27.  La decisión del Santo Padre de convocar el "Año de la Fe", que comenzará el 11 de octubre próximo, coincidiendo con el quincuagésimo aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II (11-10-1962), y terminará el 24 de noviembre de 2013, en la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, "es un invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo […] Jesucristo – continúa el Papa – atrae hacia sí los hombres de cada generación: en todo tiempo, convoca a la Iglesia y le confía el anuncio del Evangelio, con un mandato que es siempre nuevo.  Por eso, también hoy es necesario un compromiso eclesial más convencido a favor de una nueva evangelización para descubrir la alegría de creer y volver a encontrar el entusiasmo de comunicar la fe" (no. 5-7)
Panorama del país

         También la CEV está muy atenta al desarrollo del acontecer nacional. Durante este primer semestre del año la situación global del país no se ha deslindado suficientemente del último semestre del 2011. Los venezolanos padecemos los mismos problemas de los últimos años y nos hacemos los mismos interrogantes sobre el destino de nuestro país: su democracia, su libertad, su producción, su seguridad. La mayor interrogante ha sido y sigue siendo la verdad sobre la enfermedad del Presidente de la República El secreto, como estrategia, es uno de los rasgos característicos de la actitud del gobierno. Secreto que no favorece en nada la tranquilidad del país, sobre todo, porque es normal, que en una nación democrática sus habitantes conozcan con certeza el estado de salud de sus gobernantes. El temor de la población agotada por la violencia y la inseguridad, ha llegado a ser una crisis de salud nacional.     
             
          El secreto sobre la verdadera situación de las cárceles llegó al máximum en la reciente clausura del penal conocido como La Planta. Aun se desconoce el número de armas, el número de reclusos fugados y el número de personas heridas o muertas dentro y fuera del recinto carcelario. 
         La Presidencia de la CEV ha hecho realidad lo que anunciamos el día de nuestra elección: apertura y diálogo con todos los sectores del país con miras a promover la reconciliación entre las partes. En este sentido el equipo de la Presidencia ha dialogado con el alto gobierno, con el candidato presidencial de la oposición, con la Mesa de la Unidad y con otras notables instituciones, a fin de explorar la voluntad y disponibilidad de unos y otros al encuentro y al diálogo en función del bien del país, que exige buscar ante todo lo que nos une y superar los que nos divide, conservando y respetando las diferencias.

        La Presidencia de la CEV está consciente de que una de sus tareas prioritarias es ser mediadora de la reconciliación entre las partes opuestas. Ningún miembro de la CEV aspira a ocupar puesto alguno en la administración pública ni pretende para esta institución adquirir o conservar privilegios. La CEV se siente y se reconoce servidora del pueblo sin distinción de clase, credo o ideología.  

Como Pastores del pueblo de Dios que peregrina en Venezuela entre lágrimas y consuelos, como otrora el pueblo de Moisés, ratificamos nuestra vocación de acompañar con sencillez a nuestra gente, católica o no, cristiana o no, creyente o no.  Ha sido muy hermoso y reconfortante el encuentro simultáneo que hemos tenido recientemente en la Sede de la Nunciatura Apostólica, con representantes calificados de otros credos, la comunidad judía de Venezuela y el Consejo Evangélico Venezolano.  El reconocimiento de las raíces comunes de la fe y de la historia nos llevado a encontrarnos fraternalmente y a descubrir que estamos cimentados por igual en la roca de la Palabra de Dios.  En ella creemos, a ella veneramos y a ella obedecemos.  Hemos descubierto que es más lo que nos une que lo que nos separa y que podemos caminar juntos en la misma dirección: el bienestar humano, moral y espiritual del país por la reconciliación, la unidad y la paz.

Creo que sólo en un clima de encuentro entre adversarios políticos, asumiendo cada uno los principios y normas de un trato justo y respetuoso y de un proceso electoral equitativo y transparente, acorde con la dignidad de los venezolanos, puede este trascendental evento electoral, la campaña, la elección del 7 de octubre, la aceptación de los resultados y sus consecuencias, ser una amplia actividad educativa que promueva y facilite el crecimiento del pueblo en democracia y política auténticas.  Orientaciones más precisas las daremos a conocer en un Comunicado de Presidencia de la CEV.

La próxima jornada electoral no debe paralizar el país ni fracturarlo en dos partes ni revolverlo en la violencia e incertidumbre. Debe, por el contrario, hacer que se abracen los adversarios, se restablezca la unidad y avance el pueblo en humanismo, cultura y esperanza.

Invoco la luz y bendiciones de Dios sobre nuestra amada Venezuela.

Muchas gracias
Caracas, 07 de Julio de 2012

SALUDO DE S.E. MONS. PIETRO PAROLIN, NUNCIO APOSTOLICO EN VENEZUELA, EN LA XCVIII ASAMBLEA PLENARIA ORDINARIA DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL VENEZOLANA


Excelentísimo Monseñor Diego R. Padrón Sánchez, Arzobispo de Cumaná y Presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana;

Eminentísimo Señor Cardenal Jorge L. Urosa Savino, Arzobispo de Caracas y Presidente de honor;

Excelentísimos Señores Arzobispos  y Obispos miembros;

Colaboradores en la CEV-SPEV;

Directivos de Organismos de Representación Oficial de los Religiosos, Religiosas, Laicos y Educación Católica;

Ilustres invitados;

Representantes de los Medios de Comunicación Social;

Hermanos y hermanas, amigos todos.

Para mí es un motivo de profunda alegría poder dirigir un saludo respetuoso y fraterno a los miembros de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), reunidos en la 98ª Asamblea Plenaria Ordinaria, y a todos los presentes en esta sesión de inauguración.

La Asamblea de la Conferencia Episcopal es un momento importante en la vida de la Iglesia en Venezuela  y mi presencia entre Ustedes responde al sentido y a las funciones que el Santo Padre Benedicto XVI indicaba, como propios de los Representantes del Papa y de sus colaboradores, en un reciente discurso a la Comunidad de la Pontificia Academia Eclesiástica: es decir, "hacerse intérpretes de su solicitud por todas las Iglesias, así como de la cercanía y afecto con el que sigue el camino de cada pueblo" (11 de junio de 2012).
 
La celebración de la fiesta del Papa, en la solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, el 29 de junio pasado, nos ha permitido, a nosotros y a nuestras comunidades eclesiales, revitalizar los lazos de afecto con el Papa, que han distinguido siempre el catolicismo en Venezuela; de orar por él y por sus intenciones personales y de manifestar nuestra adhesión, afectiva y efectiva, a su ministerio y a su magisterio.

Entre los signos concretos de amor al Papa no podemos olvidar el Óbolo de San Pedro, que, como ha explicado muy bien Su Santidad Benedicto XVI al inicio del su Pontificado, "es la expresión más típica de la participación de todos los fieles en las iniciativas del Obispo de Roma en beneficio de la Iglesia universal. Es un gesto que no sólo tiene vigor práctico, sino también fuertemente simbólico, como signo de comunión con el Papa y de solicitud por las necesidades de los hermanos" (Discurso a un grupo de miembros del Círculo de San Pedro, 25 de febrero de 2006).

Estos tiempos que estamos viviendo, exigen de nosotros, los católicos, un gran amor y una gran fidelidad al Papa, que, como he dicho antes, sea afectiva y efectiva. Nos encontramos en un momento  turbulento y no lo podemos negar. Lo ha admitido hace unos días el Cardenal Bertone, explicando que el hecho de la diversidad de acentos, énfasis o matices que debe existir en la Iglesia está asumiendo el rostro de una contraposición que quiere dividir interesadamente entre amigos y enemigos.

Y el mismo Santo Padre, en la audiencia general  del 30 de mayo pasado, ha expresado la tristeza de su corazón por los sucesos ocurridos en la propia Curia y con sus colaboradores; y también en la homilía de la fiesta de los Santos Pedro y Pablo, ha recordado que, dentro del mismo Papado se manifiesta la tensión que existe entre el don, que viene del Señor, y la capacidad humana. Es decir, la coexistencia de estos dos elementos: "por una parte, gracias a la luz y a la fuerza que viene de lo alto, el Papado constituye el fundamento de la Iglesia peregrina en el tiempo; por otra, emergen también, a lo largo de los siglos, la debilidad de los hombres, que sólo la apertura a la acción de Dios puede transformar.  En el Evangelio de hoy – continuaba el Papa –  emerge con fuerza la clara promesa de Jesús: 'el poder del infierno', es decir las fuerzas del mal, no prevalecerán, 'non prevalebunt'" (29 de junio de 2012).

De aquí viene la certeza, que nunca ha  flaqueado en él, de que, a pesar de la debilidad del hombre, de las dificultades y las pruebas, la Iglesia es guiada por el Espíritu Santo y el Señor no dejará de comunicarle su ayuda para sostenerla en su peregrinar.

Y de aquí proviene su valor. ¡Valor! Es una palabra que el Papa ha repetido muchas veces en estos últimos tiempos. Ha sido la última palabra con la que se ha despedido del VII Encuentro Mundial de las Familias, en Milán,  en el cual ha participado una Delegación venezolana, presidida por Mons. Rafael Conde, Obispo de Maracay. ¡Valor! Se lo ha dicho también a los  demás, a los jóvenes que quieren formar una familia, a las familias con dificultades; se lo ha dicho a toda la Iglesia.

Quisiera, pues,  que interiorizáramos esta palabra con el Papa y bajo su guía.

Necesitamos valor ante el panorama que emerge del Instrumentum laboris para la próxima XIII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, que se celebrará del 7 al 28 de octubre de este año, sobre el tema: La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana.  Este documento, publicado el 19 de junio último, servirá como base para la discusión entre los Obispos provenientes de todo el mundo, los cuales encararán los temas de la secularización, de la crisis de fe y de la necesidad de una nueva evangelización, partiendo de los países que han sido evangelizados hace siglos.

En efecto, señala el documento,  aunque "no todos los signos son negativos" (n. 50), sin embargo "el tono general es de preocupación" (n. 49) y las respuestas recibidas de todo el mundo revelan "la debilidad de la vida de fe de las comunidades cristianas, la disminución del reconocimiento de la autoridad del Magisterio, la privatización de la pertenencia a la Iglesia, la reducción de la práctica religiosa, la falta de empeño en la transmisión de la fe a las nuevas generaciones" (n. 48), así como "una excesiva burocratización de las estructuras eclesiales, que son percibidas como lejanas al hombre común y a sus preocupaciones esenciales".  Todo esto ha causado "una reducción del dinamismo de las comunidades eclesiales, la pérdida del entusiasmo de los orígenes y la disminución del impulso misionero" (n. 69).

También el Año de la Fe, promulgado por el Papa Benedicto XVI y que se iniciará el próximo 11 de octubre, coincidiendo con el 50º aniversario de la apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II, quiere responder a los desafíos que estas situaciones plantean a la fe cristiana, con el objetivo de reanimarla, purificarla, confirmarla y confesarla (cf. PF n. 4), y recuperar así energías, voluntad, frescura e ingenio en el modo de vivirla y de trasmitirla (cf. Instrumentum Laboris n. 49). 

A este tema, queridos hermanos Obispos, se dedicarán en esta Asamblea, trabajando sobre la Exhortación acerca del Año de la Fe y reflexionando sobre la "radiografia" religiosa de Venezuela desde el punto de vista de la iniciación cristiana.

Podría servir de ayuda, en este trabajo, un texto del discurso de Benedicto XVI a los Obispos de Portugal, pronunciado en Fátima el 13 de mayo de 2010: "En efecto, cuando en opinión de muchos, la fe católica ha dejado de ser patrimonio común de la sociedad y se la ve a menudo como una semilla acechada y ofuscada por 'divinidades' y por los señores de este mundo, será muy difícil que la fe llegue a los corazones mediante simples disquisiciones o moralismos, y menos aún a través de genéricas referencias a los valores cristianos. El llamamiento valiente a los principios en su integridad es esencial e indispensable; no obstante el mero enunciado del mensaje no llega al fondo del corazón de la persona, no toca su libertad, no cambia la vida.  Lo que fascina es sobre todo el encuentro con personas creyentes que, por su fe, atraen hacia la gracia de Cristo, dando testimonio de Él".
 
Este llamado al testimonio del cristiano nos impulsa a regresar a lo esencial, que, como alguno comentaba, y según mi parecer, acertadamente, consiste "sencillamente" en ser nosotros mismos, abiertos  al  otro. Dos aspectos, que según la mentalidad bíblica, coinciden: es la dedicación al otro lo que constituye la auténtica identidad del hombre, creado a imagen de Dios. Para la Iglesia, esta alteridad (que es fundamento de la identidad) se configura doblemente: el Otro, que es Cristo, sobre quien la alteridad se funda y el otro, que es el hombre, a cuyo servicio ella se dispone. Es esencial que esta tensión al otro, que define a la Iglesia, se mantenga siempre así, en su doble polaridad: hacia Cristo y hacia el hombre. Se trata, entonces, fundamentalmente, de una mentalidad, de actitudes existenciales que deben ser cultivadas y corregidas, y no, principalmente, de nuevas, más o menos brillantes, "estrategias" pastorales que se ponen en experimento.

Tenemos necesidad de mucho valor también  ante la situación socio-política en la que vivimos y actuamos. En efecto, exige mucho valor  el compromiso a favor de la unidad y de la reconciliación que Ustedes, queridos hermanos Obispos, han asumido y al que han   convocado al país al inicio de este año, expresando la necesidad de "restablecer la convivencia nacional a partir del respeto y aprecio mutuo, el efectivo reconocimiento del pluralismo político-ideológico, cultural y religioso y la correspondiente tolerancia hacia los demás" – o mejor dicho la aceptación del otro en la perspectiva del bien común – "el respeto, la defensa y la promoción de los derechos humanos" (Exhortación 2012: año de reconciliación nacional, n. 4; 6);  lo mismo ha de decirse de  la reanudación  del diálogo entre las Autoridades de la Conferencia Episcopal y del Gobierno nacional  entre la Iglesia y el Estado, que deseamos que pueda continuar y consolidarse en la perspectiva que nos indica la Gaudium et Spes,  de dos sociedades, la civil y la eclesial, independientes y autónomas, la civil y la eclesial, cada una en su propio terreno,pero que están llamadas a encontrarse y a colaborar al servicio de la vocación personal y social del hombre (n. 76).  De igual modo, el proceso de celebración de las próximas consultas electorales, en las cuales los ciudadanos de este país están llamados a participar, como derecho cívico y deber moral,  en forma libre, pacífica,  y responsable para elegir a sus gobernantes; así como la contribución de todos los venezolanos, alimentados por sus raíces cristianas, a la edificación de una sociedad más justa y solidaria, como ha escrito el Papa al Presidente de la República con motivo de la Fiesta Nacional , el 5 de julio pasado: todo esto, exige valor.
 
El valor de la fe y del amor. La fe y el amor que vencen al mundo (cf. 1 Jn. 5, 4), entendido como "mundo" tentado por o sometido al Maligno.  Y así lo afirma el Santo Padre: "Por el momento la Iglesia y todos nosotros nos encontramos entre dos campos de gravitación. Pero desde que Cristo ha resucitado, la gravitación del amor es más fuerte que la del odio; la fuerza de gravedad de la vida es más fuerte que la de la muerte" (Benedicto XVI, Homilía de la vigilia pascual, 11 de abril de 2009). 

Que María, mujer de fe y de amor, y por eso, mujer de valor, interceda por los trabajos de esta Asamblea, por todos nosotros, aquí presentes, por Venezuela, por su Iglesia, y por el mundo entero.

Gracias por su atención.

Caracas, 7 de julio de 2012

viernes, 6 de julio de 2012

El Régimen Político


Andrés Bravo
Capellán de la UNICA

            Existen quienes califican de “régimen” al actual sistema político que ejerce el poder en Venezuela. Otros, notando un tono despectivo en este calificativo, aseguran que en nuestra Patria no hay un “régimen” sino un “gobierno”. Lo que sucede es que la palabra suena como fuerza, dominio, imposición. Como el régimen nacionalista y totalitario del fascismo, el comunismo o las anteriores dictaduras militares que hemos sufrido los latinoamericanos. Parece que este es el sentido que le dan los que se oponen al actual estilo de gobierno. Y así les suena a los que les son afectos, sintiéndose ofendidos. Esto me ha llamado la atención. De ahí que me pregunte ¿qué es un “régimen político”? Esta inquietud ha crecido cuando la misma Iglesia nos invita en el Concilio Vaticano II: “Luchen con energía contra cualquier esclavitud social o política y respeten, bajo cualquier régimen político, los derechos fundamentales del hombre” (Gaudium et spes 29).
            Para darme una respuesta comencé buscando en el diccionario de la Real Academia Española (22° edición). Efectivamente, las dos primeras acepciones nos aclaran bastante. La primera indica que se trata de un conjunto de normas que gobiernan o rigen una cosa o una actividad. En el caso de “régimen político”, la actividad que rigen o gobiernan tales normas es el poder político. La segunda es más específica, se refiere al sistema político por el que se rige una nación. Ahora bien, este sistema no necesariamente es negativo, todo depende de su ejercicio y de la ideología que fundamenta el sistema en cuestión.
            Sobre esto, Aristóteles enseña que este régimen político o conjunto de normas que rigen una nación está contenido en la Constitución de cada pueblo. Así pues, en la Constitución de la República está el contenido del sistema político que rige el poder de Venezuela. El autor de Politiká señala tres regímenes políticos con sus respectivas desviaciones. La monarquía que se desvía a la tiranía, la aristocracia que se desvía a la oligarquía y la democracia que se desvía a la anarquía. De manera que no todo régimen político es negativo, pero, en su manera de ejercerlo, se puede desviar y convertirse en un régimen destructivo. Sin embargo, no han dejado de existir regímenes que, por la naturaleza de las ideologías que los sustentan, son fatales para la humanidad.
            De acuerdo con lo que hemos investigado, podemos fijar nuestra atención en lo que actualmente está sucediendo en nuestra patria. ¿Qué nos dice nuestra Constitución vigente sobre el sistema político venezolano?, y ¿qué es lo que vivimos? Al parecer, el artículo 7 es un principio que ha permanecido por siglos, más o menos desde Aristóteles. Se refiere a que “la Constitución es la norma suprema y el fundamento del ordenamiento jurídico. Todas las personas y los órganos que ejercen el Poder Público están sujetos a esta Constitución”. Ella constituye, entonces, el sistema político que rige a los venezolanos. Como se cacarea continuamente, con la Constitución todo, sin ella nada.
            Según ella, “Venezuela se constituye en un Estado democrático y social de Derecho y de Justicia, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico y de su actuación, la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social y, en general, la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político” (Artículo 3). Este sistema es plural y descentralizado: “El Poder Público se distribuye entre el Poder Municipal, el Poder Estadal y el Poder Nacional. El Poder Público Nacional se divide en Legislativo, Ejecutivo, Judicial, Ciudadano y Electoral” (Artículo 136). Toda esta diversidad de poderes tiene que ser respetada so pena de desvirtuar el sistema democrático que rige. Aunque deben relacionarse entre sí, cuentan con su autonomía de acuerdo a su naturaleza. Así es como se organiza una sociedad libre y democrática. Aquí podemos añadir una reflexión de la Iglesia quien afirma que “la determinación del régimen político y la designación de los gobernantes se dejen a la libre designación de los ciudadanos” (Gaudium et spes 74).
            El grave problema es cuando el Presidente de la República que, con sus ministros y otros organismos, constituye el Poder Ejecutivo, se apropia del poder absoluto del Estado, por medio de manifiestas maniobras y manipulaciones, violando la Constitución y declarando abiertamente un sistema político sustentado en una ideología comunista contraria a la democrática. Aquí, no hay dudas, el Presidente se ha convertido en el regidor de la República. Y el régimen democrático se desvirtúa hacia un Régimen Totalitario.