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martes, 3 de abril de 2018

MENSAJE DE PASCUA 2018


+Ubaldo R Santana Sequera FMI
Arzobispo de Maracaibo

¡Jesús ha resucitado! Este es el mensaje que resuena esta noche en todas las vigilias que los cristianos celebramos en el mundo entero. Nos hemos congregado, nosotros también, al término del largo camino cuaresmal, para recibir con inmenso gozo esta noche de fiesta, de luz y de vida, renovar con gozo nuestra condición cristiana y comprometernos a trasmitir tan maravillosa noticia.
La resurrección de Jesús de entre los muertos, tres días después de haber sido crucificado, junto con dos ladrones en el monte de la calavera, no marca solamente la conclusión de su historia personal y de su ministerio público en Palestina, sino también la conclusión gloriosa de toda la historia de la salvación.
Todo comenzó, como lo escuchamos en las lecturas de esta noche, en tiempos remotos. Dios creó un universo armonioso, que llegó a su culmen con la creación de la pareja humana “a imagen y semejanza” suya. Varias veces el autor del relato a medida que va desgranando, día tras día la obra creadora, deja claro que todo brotó de las manos de Dios con armonía y belleza. El “todo está bien”, se transforma en “todo está muy bien”, cuando tiene ante sí a la primera pareja humana. Esa belleza y esa bondad sufre un profundo descalabro con el pecado de Adán y Eva, y se prolonga, como una onda maléfica e indetenible, de división, odio, venganza, codicia, guerra y destrucción, envolviendo el orbe entero, su historia y sus pueblos, en un manto de tinieblas.
Pero Dios no dejó a ninguna de sus criaturas en el abandono. Con Noé, con Abrahán, y luego con Moisés y seguidamente con Josué, los jueces, los reyes, los profetas y los sabios llevó adelante, a través la historia concreta de un pueblo, su plan salvador. Ni los tumbos del ser humano, ni las infidelidades del pueblo de Israel, por su dura cerviz y su corazón de piedra, detuvieron la persistente búsqueda de Dios-Pastor de sus ovejas perdidas.  A través de personas elegidas primero, y finalmente, en la persona de su mismo Hijo hecho hombre, hizo real y efectiva su presencia redentora.
La llegada de su Hijo a este mundo en el seno de María, la sierva pobre de Nazaret, marcó el inicio de la plenitud de los tiempos (Gal. 4,4). Con él, con su vida, su mensaje, su obra, su entrega y finalmente su muerte en cruz y su admirable resurrección, Dios llevó a feliz término lo empezado en la creación y desarrollado a través de los siglos con la primera alianza.
Es hermosa la historia que hemos escuchado llenos de exultación, en el himno que anuncia, al inicio de esta velada, la llegada de la Pascua. “Esta es la noche en que rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo”. En la primera pascua un solo pueblo, el pueblo hebreo, pasó a través del Mar rojo, de la esclavitud a la libertad. La noche en que Cristo resucita, es la humanidad entera que pasa el infranqueable Mar rojo, a través de las aguas del bautismo, de las tinieblas a la luz, del pecado a la gracia, de la muerte a la vida.
Nunca terminaremos de gozarnos de esta victoria de Jesús. “¡Qué asombroso beneficio de su amor (el de Dios) por nosotros! ¡Qué incomparable su ternura y caridad!” Con esta Noche dichosa se inicia una nueva creación; se levanta un nuevo sol “que no conoce ocaso”. La nueva creación que se inicia el primer día de la nueva semana, es una obra “más maravillosa todavía que la misma creación del mundo”. Por obra de Jesucristo, el nuevo Adán y la nueva Eva, su Iglesia, todas las cosas empiezan a confluir hacia aquella unidad y belleza plural y armoniosa, que tuvieron en su origen.
Si. Exultemos, hermanos, ¡porque esa noche de liberación también es nuestra! ¡Es la Pascua de toda la humanidad! ¡Es nuestra Pascua, tu pascua! Cristo Jesús portando la cruz, no ya como signo de suplicio sino como trofeo de victoria, “ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes; expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos”.
El diablo pierde definitivamente su dominio sobre este mundo ¡Se une nuevamente y para siempre el cielo con la tierra, la humanidad con Dios, el tiempo con la eternidad, el ser humano con su semejante, los hombres con la creación! Dios Padre abre nuevamente las puertas de su casa a sus hijos pródigos, los viste de la dignidad de hijos suyos, les da un nuevo corazón sensible y apasionado por el bien, les comunica un nuevo Espíritu, los invita a todos a la fiesta y los habilita para cumplir amorosamente sus mandatos.
Lo ocurrido esa noche en Cristo, pasa a ser de ahora en adelante, patrimonio de la nueva humanidad. Todos estamos implicados en lo que vivió Jesús en las horas amargas de su pasión. Ahora todos también quedamos asociados a la vida nueva y viviremos con El para siempre.  Ya no estamos llamados a vivir perpetuamente en pugna, en guerra. Los enemigos nos podemos volver hermanos. Los egoístas acaparadores aprendemos a compartir; los rencorosos a perdonar, los codiciosos a compartir, los irrespetuosos y violentos a dialogar. La lucha y la destrucción mutua, a través de la explotación, no son ya el motor de la historia sino el amor y la misericordia, hechos perdón, compasión, cercanía y servicio desinteresado. Todo empezó bello y ahora es posible que todo pueda terminar también bello: otro mundo, otras relaciones humanas, otra organización política y social en beneficio de todos.
¡Todo puede concluir también bello! Así se lo comunica el joven lleno de luz, sentado a la derecha de la tumba vacía, a las mujeres, la madrugada del domingo.  “¿Buscan a Jesús de Nazaret, el que fue crucificado? No está aquí. Ha resucitado”. Ahora vayan a decirle a los discípulos que no han perdido su condición de discípulos míos, pese a su fracaso rotundo y a su huida cobarde (Cfr. Mc 14,50). Díganles que la historia no ha terminado. Ahora es cuando empieza. Que vuelvan a Galilea, que la retomen, pero ahora conmigo, a la luz de mi resurrección, caminando delante de ellos, como su verdadero y definitivo Maestro y Señor.
Esta es la Pascua que nos ofrece el Señor. Nosotros también, estamos invitados, a la luz y bajo la fuerza irradiante del resucitado, a retomar el hilo de nuestras existencias, desde nuestras respectivas Galileas, y a releer, bajo esta luz, toda la historia de nuestra vida, con sus tumbos, sus caídas, sus tinieblas e infidelidades, sus negaciones, traiciones y zancadillas. Él nos precede. Él va adelante. Él marca el camino.
Renovemos con nuestras promesas bautismales este sagrado compromiso. Proclamemos con más fuerza y entusiasmo que nunca, la fe que hemos recibido. No tenemos mayor tesoro que éste. La luz de Cristo nos ha iluminado. No dejemos que otras falsas luminarias nos encandilen y engañen. Para elevar el nivel de calidad de nuestras vidas y la de nuestros hermanos más desposeídos, tenemos una medida formidable: la de Jesús. Esa es la única medida por la que tenemos que vivir, movernos, organizarnos y avanzar en este mundo. Él alumbra y comunica su luz consumiéndose. Así tenemos que vivir siempre, como Cristo: alumbrando, comunicando luz y consumiendo, de esta manera, entregada y servicialmente nuestras vidas por los más débiles. Esta es la fuente de la vida y de la verdadera felicidad.
Con la resurrección del Señor, reafirmamos nuestra esperanza y nuestro compromiso caritativo” (Mensaje de la Presidencia de la CEV del 19-03-18). Oxigenemos a Venezuela con este nuevo soplo de esperanza. Devolvamos a los pobres y sencillos sus ganas de vivir y su protagonismo para emprender los cambios necesarios. Presionemos a nuestros gobernantes para que dejen de matar, de dividir, de robar y en vez de mantener al pueblo en la esclavitud, el hambre y la mendicidad, le devuelvan su dignidad y su protagonismo. Nuestra patria puede aún levantarse de su tumba y resucitar a una vida nueva. No estamos solos. El Señor Jesús, con toda la fuerza de su vida y de su amor, camina con nosotros. Con caridad y misericordia trabajemos unidos por la reconciliación de nuestra Patria.
Les invito a acoger las dos invitaciones que nos ha hecho la presidencia de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), en su reciente mensaje del 19 pasado:
a) Organizar este domingo de resurrección u otro cercano, en cada una de nuestras comunidades parroquiales, una olla solidaria, una mesa de misericordia, un convite fraterno con los pobres y necesitados, en la que todos participemos como expresión de nuestra fe en esta nueva vida en Cristo resucitado.
b) Llevar a cabo, en el fin de semana del 19 al 22 de abril, en todas las comunidades parroquiales de Venezuela una jornada nacional de oración, al estilo de las “Cuarenta Horas”, acompañadas con gestos significativos de misericordia y caridad.
¡No tengamos miedo! ¡La piedra ya está corrida! ¡El sepulcro está vacío! ¡El crucificado está vivo para siempre! Con humildad y valentía, pongamos nuestra parte, como María de Nazaret y sus compañeras, para que la luz y la vida de Cristo resucitado, que empezó a desparramarse por el mundo en la noche de Pascua, salgan al encuentro de nuestros hermanos, ilumine sus senderos y transforme sus existencias. Nuestra Iglesia, nuestro país, el mundo entero, por donde se están regando tantos compatriotas, lo necesitan hoy más que nunca.
¡Felices Pascuas de Resurrección! ¡Jesucristo ha resucitado!
Maracaibo, 31 de marzo de 2018



martes, 21 de febrero de 2012

Apostar por el futuro

Andrés Bravo
Capellán de la UNICA
Uno de los valores más importante que el cristianismo brinda a la humanidad es el poder siempre apostar por el futuro, la esperanza. El Evangelio de Jesús consiste en un llamado a construir un mundo nuevo, cada vez mejor. El sentido de la historia se vive cuando no nos resignamos a ser lo mismo, a dejar las cosas como están. Tampoco vivir en la añoranza, pensando siempre en el pasado. Por eso, sin querer ser propagandista de una opción política, puedo afirmar con plena libertad y responsabilidad que me gustó el discurso del candidato opositor la noche de su postulación cuando dijo, más o menos, que no podemos vivir del pasado como quien retrocede, ni podemos quedarnos en el presente como quien se estanca. Debemos avanzar hacia el futuro. Y lo complementa con su lema “hay un camino” y su simbólica invitación a montarnos en el autobús del progreso.
Esto es un lema electoral como lo fue “el cambio va” de la campaña de Rafael Caldera de 1968 o aquellas exitosas palabras del hoy presidente Chávez ante el fracaso del golpe de 1992, “por ahora”, que le ganó la admiración popular porque prometía un futuro mejor. Sin embargo, el discurso de Capriles, en la actual realidad, es necesario porque nos indica que una nueva sociedad es posible. No es pensar que alguien se comprometa a realizarlo por nosotros, como mesías redentor, sino porque nos invita a montarnos en esta tarea (el autobús del progreso).
De modo que nuestra acción no se limita a darle el voto, sino a ser protagonista de nuestra común historia. Si nos sentimos desafiados, dinamicemos todo nuestro ser pensando que ni el pasado ni el presente han dado  las respuestas que hemos necesitado para el progreso humano que soñamos.
Debo expresar, una vez más, que nos conviene escuchar a la Iglesia que vive en un caminar continuo hacia el futuro trascendente, en continua renovación, en continua conversión, planeando nuevos proyectos. Como Ella, Venezuela debe abrirse caminos nuevos. No nos conformemos con callejones, nuestro horizonte es inmenso, necesitamos más que autopistas. Somos constructores de una nueva sociedad.
Esto nos indica que tenemos más preguntas que respuestas, más desafíos que soluciones. Debemos comenzar a buscarnos los unos a los otros y empezar a concretar unidos las respuestas y las soluciones. Debemos transformar el sistema económico para hacerlo más justo, solidario, para el desarrollo integral de todos. Dejemos de gastar esfuerzos en defender sistemas pasados que nos han hecho mucho daño y nos llevan al fracaso de siempre. Basta de asegurar que el capitalismo liberal o el comunismo es la solución. Me resisto a creer que no hay vías nuevas. Sería decir que no hay futuro. Si el “autobús del progreso” significa copiar estos sistemas viejos, yo no me monto. Construyo otro, no me quedo parado, ni retrocedo. Estamos obligados a ser creativos.
Para finalizar estas pequeñas notas, sólo me queda invitarles a que unidos construyamos el futuro, recuperando así la democracia, donde es posible la participación libre y responsable. Pues, nos corresponde fortalecer la sociedad civil, hacia una Venezuela de progreso humano.

jueves, 16 de febrero de 2012

El Vaticano II, 50 años de su apertura

Andrés Bravo
Capellán de la UNICA
Las personas que tejen la historia del este nuevo milenio, tendrán que reconocer que el Concilio Ecuménico Vaticano II (1962-1965) es el evento eclesial más importante del siglo XX. Los cristianos lo hemos vivido como “un nuevo pentecostés”, haciendo referencia al acontecimiento salvífico de la venida del Espíritu Santo (Hch 2), que renovó radicalmente la faz de la tierra con el nacimiento de la Iglesia. Así, con la acción del mismo Espíritu, se renueva la Iglesia y, rejuvenecida, se presenta a la humanidad como su servidora, enriqueciéndola con los valores del Evangelio de Jesús.
El próximo 11 de octubre celebraremos el jubileo de oro de su apertura. Pues, fue ese día, cincuenta años atrás, cuando solemnemente Juan XXIII inaugura el Concilio Vaticano II. Este mismo Papa había sorprendido a todos cuando el día 25 de enero de 1959 anunció su determinación de convocar un Concilio ecuménico para la Iglesia universal. Ninguno pensaba en la posibilidad de un evento de tal magnitud, pues se creía que con la proclamación de la infalibilidad del Sumo Pontífice los concilios no eran necesarios. Pero, el Papa Bueno, se deja guiar por el Espíritu y, abriendo ventanas y puertas, lo deja entrar como viento impetuoso para un cambio total de la manera de ser y de actuar de la Iglesia encarnada en la nueva época de la humanidad. Después de este sorprendente anuncio, se comienza a trabajar en su preparación.
Importante es la Constitución Apostólica Humanae Salutis (25/12/1961) con la que el Papa convoca formalmente el Concilio. Pues, en ella expone su necesidad y sus fines. Es urgente ocuparse con afán en pro de la unidad de los cristianos y, por otro lado, para que la misión de la Iglesia sea creíble, escrutando los signos de los tiempos, es necesaria una apertura de diálogo sincero con el mundo moderno. Se deben superar las relaciones hostiles con una humanidad que espera ser comprendida, respetada en su autonomía, servida y enriquecida por los valores cristianos, no censurada y condenada. Para eso, la Iglesia en el Concilio se debe renovar totalmente, comenzando por buscar en el mismo misterio de Dios trinidad, su propia naturaleza. A partir de aceptar una nueva comprensión de lo que significa la revelación divina, comienza a descubrirse en la historia salvífica, como fruto amoroso del Padre y de la misión del Hijo y del Espíritu Santo.
Juan XXIII muere el 3 de junio de 1963. Algunos comentan que lo eligieron, por ser un anciano de 77 años de edad, como un Papa de transición. Ciertamente, como más tarde interpreta el prestigioso teólogo dominico Ives Congar, Juan XXIII obró un paso: “Transición o paso de una Iglesia en sí a una Iglesia para los hombres, abierta al diálogo con los otros. Este aspecto se puso de relieve en el Concilio o con ocasión del Concilio, pero también en el estilo tan pastoral y tan evangélico de este corto Pontificado” (Diario del Concilio p.41).
Pocos días después, el 21 de junio de 1963, es elegido Papa el Cardenal Juan Bautista Montini con el nombre de Pablo VI. Éste, siendo Arzobispo de Milán, estando en Roma para participar del Concilio, escribe una extraordinaria Carta Pastoral para su Iglesia Local. Hago referencia a ella porque irradia luces de comprensión sobre el evento. Para el Cardenal Montini, este Concilio es anhelado ocultamente, pues, “podría decirse que si la concatenación exterior de los hechos, que llamamos históricos, no esperaba un acontecimiento semejante, lo esperaba, como si lo estuviese madurando casi sin darse perfecta cuenta de ello, el estado de ánimo de la catolicidad. Se sentía la necesidad de esta llamada”. Completa su pensamiento diciendo que “por eso, cuando el Papa anunció el Concilio Ecuménico, parece como si hubiera adivinado un ansia secreta, no sólo del Colegio episcopal, sino de la catolicidad entera”. Sin pensar que, como sucesor de Juan XXIII, él va a seguir, culminar y dar cumplimiento al Vaticano II.
Ya en esta Carta Pastoral, siente que el Concilio debe tratar como tema central la Iglesia misma. Afirma que “conviene que nos habituemos a hacer este esfuerzo, humilde, atento, amoroso, de buscar el origen de la Iglesia en el pensamiento divino, saboreando las palabras de la sagrada Escritura”. Así lo manifestará también en su discurso de inauguración del segundo período del Concilio (29/09/1963). Ahí plantea la necesidad de una noción más plena de la Iglesia; la renovación de la Iglesia católica, según él, causa principal del Concilio; la reconstrucción de la unidad entre todos los cristianos y el diálogo con la humanidad actual. Más ampliamente lo tratará en su primera Encíclica Ecclesiam suam (06/08/1964).
Este Concilio se desarrolla en tres años. Una solemne ceremonia, el 8 de diciembre de 1965, marca el término de sus sesiones. Me parece que es digno de mención de la luminosa homilía de Pablo VI el día anterior en el cierre de la última sesión conciliar (la sesión IX). En principio, nos deja abierta un interrogante que espera todavía una respuesta, que se debe dar en su recepción continua. Por su parte, Juan Pablo II, al comienzo del presente milenio nos invita a seguirnos interrogando sobre el Vaticano II. En la homilía referida, Pablo VI confirma que el Concilio se refiere fundamentalmente de la Iglesia, de su naturaleza, de su composición, de su vocación ecuménica, de su actividad apostólica y misionera, en perfecta coherencia con sus objetivos. Pero, sobre todo, se presenta a la humanidad como su sirvienta. Expresa el Papa que “tal vez nunca como en esta ocasión ha sentido la Iglesia la necesidad de conocer, de acercarse, de comprender, de penetrar, de servir, de evangelizar a la sociedad que la rodea y de seguirla; por decirlo así, de alcanzarla casi en su rápido y continuo cambio”.
Estas líneas que presento pretenden ser sólo un estimulo para que se estudie, se acoja y se siga el camino renovador que ha suscitado este gran evento eclesial. Sin duda, sus enseñanzas aún son un tesoro por descubrir y vivir.

sábado, 24 de diciembre de 2011

Un Movimiento Humanístico


Andrés Bravo
Capellán de la UNICA

Termina un año y comienza otro. Siempre comienza otro. La historia aún no dice la última palabra, no llega a su fin. El ser humano es peregrino y a sus pasos deja la construcción de un mundo que se debate entre el bien y el mal, entre sus éxitos y fracasos. Pero, siempre hay posibilidad de lo mejor.
Ya los astrólogos están anunciando sus pronósticos para el nuevo año. Los analistas políticos, económicos y sociales también se arriesgan con los suyos. Ante la planificada realización de las elecciones presidenciales y de gobernantes regionales, este comienzo de año nace acompañado de propuestas, anuncios y promesas.
Los astrólogos juegan con lo probable. Los analistas, por el contrario, trabajan con métodos más confiables y muchos de ellos son serios, aunque, otros no son sino aficionados o simples bocones. Los políticos de oficio se la juegan con sus promesas de tipo populista, dicen sólo aquello que la gente quiere escuchar para obtener sus votos.
Termina, pues, un año que ha durado mucho. Para Venezuela fue una prolongación de doce años más de un deterioro sostenible y en avance. Una revolución que no ha revolucionado nada. Por el contrario, ha seguido profundizado la destrucción del país que ya, hace tiempo, había comenzado. Con el agravante de acabar con las conquistas que se habían logrado, así como la pérdida de la libertad y la soberanía nacional. He ahí el reto que nos trae el nuevo año.
No soy astrólogo, ni analista, ni precandidato o candidato. Ni tengo la mínima posibilidad de serlo, entre otras cosas, porque no quiero. Pero, antes que pronosticar, quiero proponer. Atento, no dije prometer, sino proponer. “Propuesta”, según la vigésima segunda edición del diccionario de la Real Academia Española, significa “proposición o idea que se manifiesta y ofrece a alguien para un fin”. En este sentido, me atrevo a ofrecer una idea que, aunque sea difícil, podría ayudarnos a hacer una verdadera revolución que parta de una concepción cristiana de la persona humana.
Propongo crear un movimiento de reflexión, estudio, investigación y, también, de acción que unifique, interdisciplinarmente, a personas intelectuales, abiertas y desprendidas, capaces de crear opinión y formar a jóvenes en un ideal político posible. El gran reto es la verdadera educación de jóvenes inquietos para la conducción de los destinos de nuestro pueblo.
El Movimiento que propongo debe tomar como base el Evangelio de Jesús y la Doctrina Social de la Iglesia Católica (DSI). El ideal posible es el de, con los principios de reflexión, los criterios de juicio y las directrices de acción de dicha doctrina, promover un humanismo integral y solidario. La organización y la formación nos darán el éxito.
Se trata de un Movimiento de acción, no asistencial, sino de promoción. Por eso, debemos comenzar siempre por la formación en los principios de reflexión y de los criterios de juicio. La Iglesia, en estos últimos años, ha avanzado de manera significativa en marcha hacia una renovación que la ha convertido cada vez más al servicio solidario a la humanidad. Nos ha brindado un Magisterio dinámico y renovado, porque se ha vuelto a la fuente misma de la fe que es el misterio que llega a nosotros por la revelación de Jesucristo. Especialmente, en América Latina, la doctrina es maravillosamente rica e inspiradora. Y, en la Iglesia que peregrina y sirve en Venezuela, también encontramos un importante conjunto de enseñanzas, principalmente en los documentos del Concilio Plenario de 2006.
Este último nos desafía a un mayor compromiso por transformar la realidad actual del país, con los valores del Evangelio, en todos los ámbitos de la sociedad. Crear una nueva sociedad ha sido siempre el anhelo de los seguidores de Jesús. La opción evangélica y preferencial por los pobres nos debe desafiar para crear y promover sistemas económicos más justos y solidarios, que tengan como objetivo el progreso integrar de todo el hombre y de todos los hombres. La economía de comunión, es una experiencia por valorar y promover. Por otro lado, la Iglesia nos convoca a defender y promover la paz y los derechos de las personas humanas, fuertemente violados por el régimen imperante en nuestro pueblo. Debemos asumir el valor del trabajo que humaniza, evitando así instrumentalizar al ser humano. En la formación y el ejercicio de la política, es sumamente importante enseñar y vivir su verdadero sentido que se concreta en el servicio del bien común. Pero, sobre todo, hoy se nos exige construir y consolidar la democracia perdida, promoviendo una más auténtica participación y organización de los ciudadanos, fortaleciendo así la sociedad civil.
Un Movimiento Humanístico significa un proyecto gigante que requiere la competencia de hombres y mujeres con un gran sentido humano y cristiano de la humanidad y de su historia. Que estén dispuestos a compartir sus saberes y sus ideales. Que les importe el ser humano como persona digna de ser amada por sí misma. Amarlo porque es humano, imagen e hijo de Dios.
Este es sólo una propuesta que hago para responder al reto de un nuevo año.

viernes, 2 de diciembre de 2011

A la UNICA en su vigésimo octavo aniversario


Andrés Bravo
Capellán de la UNICA

(Homilía de la Eucaristía aniversario de la UNICA celebrada el 1° de diciembre 2011 a las 9 de la mañana)

Agradecemos a Dios por su bondad, porque nos ha regalado un instrumento de su gracia que es nuestra Universidad Católica “Cecilio Acosta”. Este motivo nos reúne hoy como comunidad cristiana para participar de la comunión divina del Padre, por el Hijo Jesús, en el Espíritu Santo.
Permítanme una reflexión que me inspira una predicación del padre Alberto Hurtado en 1945, tiempo de turbulencia para una sociedad que aún está saliendo de la más cruel guerra mundial del siglo pasado. En esa oportunidad les hablaba a los universitarios sobre su misión. Pues bien, también hoy estoy yo frente a universitarios que saben muy bien sobre su misión.
Nuestro padre Hurtado, en aquella oportunidad, critica una concepción puramente pragmática y hasta mercantilista de la Universidad, como simple instrumento para construir profesionales para un trabajo rentable o un sitio para obtener un título profesional que le permita ganarse la vida y resolver su situación económica en el futuro. Aunque, si tuviera que hablar hoy ante nosotros y aquí en la Venezuela actual, no dudaría en decir, con su acostumbrada voz profética, clara y sencilla, que más bien formamos profesionales con un futuro incierto, desempleados y frustrados.
Pero, el padre Hurtado es más optimista y, creyendo en Dios y en nosotros, dice que “felizmente hay excepciones muy honrosas y nos gloriamos de contar con profesores y alumnos que tienen una concepción mucho más amplia de la vida universitaria, de la misión de la Universidad”. Hoy, sin ser adulador, puedo dar gracias al Señor que estas excepciones aquí son más visibles. Pero, no podemos dejar pasar este momento sin que nos interroguemos sobre este desafío. Porque si todavía pensamos que nuestra misión es la de hacer o construir profesionales para el mundo del mercado, es hora de convertirnos a lo que sigue siendo el ideario de nuestra Casa de Estudio, humanista y cristiana. Creando profesionales para el verdadero progreso humano, integral y solidario, que nos permita pasar de una vida menos humana a una vida más humana, como nos ha enseñado la Iglesia. Para ello, nos corresponde orientar las vocaciones hacia la realización de la fraternidad, formar personas para la paz, que sean capaces de instaurar un orden armónico en la libertad y la responsabilidad, respetándonos y aceptándonos los unos con los otros. En pocas palabras y difícil misión, hacer del mundo una casa para todos.
Como lo reza nuestra misión, debemos formar integralmente al ser humano. Hacerlo más humano, formándolo en los valores, capaz de comprometerse con el desarrollo científico, humanístico y artístico de nuestro pueblo venezolano. Sólo en el ejercicio sincero de nuestra vocación como docentes con autenticidad, podemos seguir creciendo para lograr realizar en nosotros una comunidad cristiana de fe, esperanza y caridad. Respondiendo a nuestra propia naturaleza de universidad católica, como lo enseña Juan Pablo II en la Ex corde Ecclesiae, “mediante el esfuerzo por formar una comunidad auténticamente humana, animada por el espíritu de Cristo”. Pues, nuestra visión nos compromete al diálogo con las culturas y al desarrollo humano integral sostenible.
Para terminar con esta reflexión, vuelvo al padre Alberto Hurtado que enseña: “La Universidad debe ser el cerebro de un país, el centro donde se investiga, se planea, se discute cuando dice relación al bien común de la nación y de la humanidad. Y el universitario debe llegar a adquirir la mística de que en el campo propio de su profesión no es sólo un técnico, sino el obrero intelectual de un mundo mejor”. Subrayo: somos obreros intelectuales para construir la fraternidad universal.
El Señor nos siga bendiciendo.

sábado, 15 de octubre de 2011

Al Dr. Angel Lombardi

Andrés Bravo

Capellán de la UNICA

Paulo VI dice que el testimonio de vida es la mejor manera de anunciar el Evangelio de Jesús a la humanidad actual. Pues, la verdad se enseña mejor cuando viene de un maestro con autoridad. Esta virtud del verdadero maestro sólo es fruto de una existencia auténtica. Un cristiano no es ajeno a la misión de Jesús. Debe ser, por el contrario, la verdadera razón de su existir. Esto exige ser signo, modelo, ejemplo, donde hombres y mujeres encuentren a Jesús que es el Cristo en su manera de ser, pensar, sentir y actuar. Es, por otro lado, la única manera que la humanidad acceda al misterio al que estamos llamados.
Con estas sencillas líneas, deseo unirme, o arrimarme al menos, al homenaje que se le está ofreciendo al estimado Dr. Angel Lombardi. Humanista, historiador, educador y maestro, escritor y editor, político y muchas cualidades más. Yo deseo ofrecerle el agradecimiento como Iglesia, a un Laico que sirve a la humanidad con sentido trascendente. Admiro con sincero sentimiento, lo he expresado en otras oportunidades, a estos cristianos como el profesor Lombardi que asumen con integridad su condición de laicos ante la sociedad y, encarnado en su ambiente propio, testimonian su fe en una vida profesional competente, con excelencia y con un profundo compromiso social, sentido que se ha empeñado darle a la Universidad católica Cecilio Acosta, como su Rector.
Me honra servir a la Iglesia y a la humanidad bajo su rectoría, desde la capellanía y la docencia en la UNICA. Pero, me siento aún más dignificado cuando comparte sus responsabilidades, dándome participación y compromiso, confiando y valorando mi servicio. He gozado de su presencia, de sus conversaciones, de sus recomendaciones, de sus análisis sociales, políticos, económicos y universitarios. He aprendido de sus lecciones en conferencias, en sus libros y artículos de opinión e investigación. Muchas veces he aprendido de él a discernir mis pensamientos y mis actuaciones. Algunas otras veces he abandonado un proyecto para emprender otro, después de sus consejos y recomendaciones. Valora mis iniciativas y las acoge con toda libertad, así como mis opiniones expresadas en palabras o por escrito.
Desde seminarista me apasiona la doctrina social de la Iglesia, la he estudiado y la he enseñado. Gracias al Dr. Lombardi y muchos otros laicos comprometidos que Dios ha puesto en mi camino, he tenido un espacio en la universidad para promover y fomentar esta doctrina social. También con este insigne profesor, he podido seguir profundizando en el humanismo cristiano. Con sentido crítico de la historia, examina los signos de nuestros tiempos y se proyecta hacia el futuro, comenzando de nuevo al amanecer del día. Con él he aprendido a mirar profundo y lejos, a ser crítico y autocrítico, a romper y rehacer siempre, a tomar de las tradiciones y crear nuevos caminos. Rectificar para hacer mejor el trabajo.
Observo que el pensamiento y la vivencia de comunión y las iniciativas de paz, de diálogo interreligioso y cultural de Chiara Lubich y su movimiento Focolares, les han dinamizado su espíritu ya de por sí inquieto, activo y siempre abierto. Me atrevo a creer que se ha convertido en su inspiración en su lucha constante de construir la fraternidad universal.
Cuando se rinde homenaje a un una persona, aparecen las contradicciones. O se canoniza o se sataniza. El Dr. Lombardi es un ser humano, esa es su grandeza. Es peregrino en este mundo, se va realizando en la historia a la vez que hace la historia. Pero, cuando se ha sido protagonista, luchador y constructor, se encuentran siempre con aquellos que los adversan y aquellos que lo siguen. Yo lo admiro y valoro como una excelente persona.

lunes, 5 de septiembre de 2011

La reflexión del Presidente

Andrés Bravo

Capellán de la UNICA

Reflexionar significa reflejar nuestra existencia para ser contemplada por uno mismo. Es, como muchos lo han considerado, una mirada interior para darnos cuenta de lo que ha sido nuestra vida. Algo así como un conocerse a sí mismo desde las profundidades de la historia. En el acto de reflexión, a algunos nos ayuda hacernos una especie de entrevista. Formularnos preguntas y respondérnoslas. Tenemos, naturalmente, que tener un alto grado de sinceridad para que sea efectiva.
Para la reflexión necesitamos una verdadera referencia de vida que nos sirva de modelo donde nos veamos reflejados cómo deberíamos ser. El deber ser, como dicen ahora. Ahondando más, toda reflexión parte de una opción fundamental de nuestra vida. Por ejemplo, los cristianos hemos optado por el proyecto de vida de la persona y el Evangelio de Jesús de Nazaret. Es decir, nuestra existencia tiene sentido en la medida en que vivamos nuestra fe en el seguimiento a Jesús. Como toda reflexión tiene como fruto la conversión o cambio de vida, necesitamos saber dónde debemos hacer mayor énfasis para corregir lo malo y asumir lo que es correcto. Para ello, necesitamos ser valientes. Un rebelde político de los años sesenta del siglo pasado escribió a su novia: “Crecer causa dolor”. Porque no es fácil romper con lo que nos hemos acostumbrado a ser para asumir una nueva manera de vivir. Jesús lo expresa con radicalidad: Sácate el ojo o arráncate el brazo si te hacen pecar. Romper con el mal de raíz para ser el “hombre nuevo” del que habla San Pablo.
Quizá, nos convenga plantearnos nuestra relación con nosotros mismos: ¿Qué hemos hecho con nuestra vida? ¿Por qué no somos felices? ¿En qué hemos fallado? Ojo, estas cuestiones no son sólo para filósofos. Ahí está nuestro error superior, creyendo que es filosofía, no nos atrevemos a planteárnoslas a nosotros mismos. Estas interrogantes implican vernos frente a los otros: frente a Dios, a las demás personas humanas y a la naturaleza y cosas materiales. Porque, no hay duda, nuestra existencia no es individualidad pura, implica comunión o vida social. Es decir, el cambio no es sólo para nuestro beneficio, aun tratándose de la salud. Se trata de ser distinto también ante los otros.
Escribo estas líneas por el presidente que ha dicho: "... He reflexionado sobre los errores cometidos, sobre los modos de vida que a veces son hasta suicidas. Yo era uno de esos insensatos que no me cuidaba. De aquí está naciendo un nuevo Chávez. Creo que estas enfermedades sirven para reflexionar...". Si queremos en serio reflexionar, lo mejor es retirarnos y buscar el silencio para encontrarnos con nosotros mismos. A veces, Dios nos brinda la oportunidad en la enfermedad. Ignacio de Loyola y Francisco de Asís lograron cambiar radicalmente sus vidas desde sus lechos de enfermos. Para el Presidente es una buena ocasión para cuestionarse de sus errores: "... He reflexionado sobre los errores cometidos”. Pero, sólo se ha preguntado sobre sus errores a él mismo, “sobre los modos de vida que a veces son hasta suicidas”. Y hasta se reprocha diciendo: “Yo era uno de esos insensatos que no me cuidaba”.
Pero, al presidente se le olvida que “los modos de vida que a veces son hasta suicidas”, no son sólo porque ha descuidado su salud, sino porque ha vivido por una causa equivocada, ha proyectado su existencia en la búsqueda del poder a toda costa, hasta hacerse mucho daño y hasta hacer mucho daño. Si en verdad está naciendo un “nuevo Chávez”, entonces cuestiónese ¿cuál es mi nueva opción fundamental? Es posible que descubra una nueva forma de vivir y deje de hacerse y hacer tanto daño. Deje de tratar a los demás como simples súbditos o sirvientes, y deje de sentirse que es un “súper hombre”. Que el soberano es el pueblo, no él. Y, mejor aún, un “nuevo Chávez” surgirá cuando abandone su poder autócrata y gobierne al servicio del pueblo.

viernes, 12 de agosto de 2011

El Evangelio de la Política

Andrés Bravo
Capellán de la UNICA

Para el cristiano el fundamento de su reflexión doctrinal y de su praxis pastoral es el dato de fe de Dios que irrumpe en la historia y se autorevela hasta tal extremo de hacerse hombre y habitar en nosotros. Este misterio de la encarnación del Hijo de Dios le da sentido superior a todo lo humano. Sin olvidar lo definido en el segundo Concilio Constantinopolitano reafirmado por el Vaticano II y el Catecismo de la Iglesia Católica, de que por la encarnación Dios asume todo lo humano, pero no lo absorbe. Es decir, lo humano no desaparece ante la misteriosa unión con lo divino. Más bien lo humano se enaltece y adquiere una nueva dignidad mucho más enaltecedora. De ahí que nada hay humano que no sea asumido por Jesucristo, como tampoco hay nada humano que le sea indiferente a la Iglesia. Ella no sólo está al servicio de los seres humanos, es humana, es la comunidad de los seres humanos que siguen a Jesús.
La misión de la Iglesia es la de anunciar el Evangelio de Jesús. Él vino a predicar el Reino de Dios que, aunque debe realizarse en nuestra historia, sólo encuentra su plenitud en la eternidad. Por eso Jesús indica, por un lado, que su Reino está en medio de los hombres y, por el otro, que no es como los de este mundo. Se trata de un nuevo dominio en los pueblos, que se realiza en la fraternidad universal y se manifiesta en el extremo del amor en la cruz donde el Hijo se entrega a la muerte. Es pues, una buena noticia (Evangelio) que ocupa la vida y la doctrina de Jesús y su Iglesia. Esto, necesariamente, trastoca el orden de la sociedad con sus sistemas socio-políticos. Los hombres de poder se ven amenazados por la presencia de Jesús. Sin embargo, los pobres de la tierra, se abren a una nueva esperanza de liberación. Esto está significado en el anuncio del Ángel a los pastores: “No tengan miedo, porque les traigo una buena noticia, que será motivo de gran alegría para todos: Hoy les ha nacido en el pueblo de David un salvador, que es el Mesías, el Señor” (Lc 2,10-11). También en el himno de María donde anuncia que Dios “actuó con todo su poder: deshizo los planes de los orgullosos, derribó a los reyes de sus tronos y puso en alto a los humildes…” (Lc 1, 46-55). Por eso, ante el testimonio de los sabios de oriente, Herodes y su poder temblaron de miedo (cf. 2,1-12).
Al comenzar su ministerio, Jesús entra a la Sinagoga de Nazaret y lee el comienzo del capítulo 61 del profeta Isaías y, con este pasaje profético, presenta su programa de acción: anunciar el Evangelio a los pobres, dar la libertad a los presos y la vista a los ciegos, liberar al oprimido y anunciar el año del Señor (cf. Lc 4,16-21). Esta es la prioridad de su acción. Felizmente, Juan Pablo II ha referido esta escena de Jesús, en su convocatoria al Jubileo del tercer milenio, indicando su relación con la práctica del Año Sabático del pueblo de la antigua alianza. Ahí podemos saber en qué consiste “el año del Señor” anunciado por el Profeta y asumido por Jesús como su misión. Sencillamente, podríamos interpretar que se trata de la reconciliación de la humanidad entre sí y con Dios, para lograr la comunión del amor, símbolo del Reino predicado por Jesús. En concreto, leemos en el capítulo 15 del libro del Deuteronomio: toda deuda sea perdonada porque es el año del perdón, “de esta manera no habrá pobres entre ustedes… Si hay algún pobre entre tus compatriotas en alguna ciudad del país que el Señor tu Dios te da, no seas inhumano ni le niegues tu ayuda a tu compatriota necesitado; al contrario, sé generoso con él y prestare lo que necesite… No dejará de haber necesitado en la tierra, y por eso yo te mando que seas generoso con aquellos compatriotas tuyos que sufran pobreza y miseria en tu país”. Es el año de la libertad.
Todo esto nos ayuda a comprender lo que para el cristiano significa la política. No crean que los discípulos le Jesús entendían lo que consiste su Reino predicado. Aún tienen la idea de un Rey soberano que impone su voluntad ante todo un pueblo que se convierte en súbdito, con un orden jerárquico estricto. Ya ven ustedes que la Madre de Juan y Santiago ingenuamente le pedía a Jesús los mejores puestos para sus hijos. Jesús aprovecha la oportunidad para enseñarnos que existe un tipo de gobierno y sistema político autocrático, dictatorial y tiránico: “Como ustedes saben, entre los paganos los jefes gobiernan con tiranía a sus súbditos, y los grandes hacen sentir su autoridad sobre ellos” (Mt 20,25). Pero, para Jesús gobernar es servir. El ejercicio de la política es esencialmente el arte del servicio al bien de todos, siguiendo los criterios del Evangelio del Reino que tiene como meta la fraternidad universal: “El que entre ustedes quiera gobernar, deberá servir a los demás” (Mt 20,26). A eso llamo el Evangelio de la política.

sábado, 6 de agosto de 2011

A Humberto “Mamaota” Rodríguez: El Maestro del Folklor Zuliano

Andrés Bravo

Capellán de la UNICA

Para escribir sobre este insigne zuliano nacido en Carora, prospero pueblo larense, el 27 de noviembre de 1945, Humberto Rodríguez conocido en el ambiente fraternal de los gaiteros como Mamaota, gozando sin embargo del respeto merecedor de un verdadero maestro del folklor zuliano, debo manifestar en primer lugar mi respeto y admiración hacia él y su distinguida esposa Dora Hernández de Rodríguez, amante guardiana del amado hasta la eternidad. Dios me dio la dicha de gozar de su cariño y amistad, del cual muchas veces me he sentido deudor por no haberle correspondido como tal. No es esto una reparación, sino un deber de mantener en la memoria de nuestra historia a una persona tan especial por sus valores humanos y espirituales. Un caballero cortes con la sencillez de pueblo y la altura de un señor distinguido. Competente compositor e intérprete excepcional de nuestra gaita, director y ductor de importantes Conjuntos Gaiteros, conductor de varios programas radiales dando lecciones con profunda sabiduría de lo que verdaderamente conocía: el folklor de nuestro pueblo chiquinquireño.
Estamos hablando, pues, de un músico y cantor de excepción, reconocido por todos. Su papá Pedro Ramón Rodríguez fue farmaceuta y su mamá Yolanda Balestrini Añez era una importante soprano y pianista, quien le transmite con su leche materna el espíritu musical de ella y su pariente Laudelino Mejías, conocido compositor trujillano. Trabajador de oficio como su papá Humberto se desempeñó como administrador y gerente en varias empresas, y músico y cantor como su mamá. Humberto unió su vida hasta el infinito cielo esposándose con Dora Liduina Hernández Oquendo el 14 de febrero de 1970, otra no menos competente y admirada compositora gaitera. Sin ella no podríamos conocer a Humberto. Ella es de El Hornito, ensoñador pueblo de la Villa de Altagracia, del Zulia, de una gran fe cristiana que compartió siempre con su esposo. Ese día del amor y la amistad se casó el furro con el cuatro, en la más bella armonía del amor consagrado en el sacramento del matrimonio, fue, sin duda, su mejor composición gaitera. Dora es compositora, además de unas 223 gaitas, de tamboreras, contradanzas, decimas, aguinaldos y otros estilos románticos y populares. “Inspiración Zuliana” quedó estigmatizada como su primera composición gaitera.
Humberto no era un simple coleccionista de discos de gaitas, es verdad que la más completa colección de discos le pertenece, pero porque fue para él el elemento más valioso de sus investigaciones musicales y folclóricas para sus valiosas lecciones. Si me permite una agradable anécdota, dentro de su mismo oficio de investigador y estudioso del folklor zuliano, me abrió sus puertas para realizar una importante recopilación de composiciones de Luís Oquendo Delgado. Llegué a las seis de la tarde de un caloroso domingo, nos sentamos ante sus discos y su equipo de sonido, con la grata atención de la Señora Dora, comenzamos como un curso intensivo sobre el tema. Cada composición que grabamos era una larga y valiosa lección, con el cuidado pedagógico del Maestro. Así pasó el tiempo, hasta que mi equivocada intuición anunciaba que se hacía tarde, calculando las nueve de la noche. El amable y paciente Maestro me recomendó esperar la salida del sol porque en ese momento el reloj marcaba como las cinco de la mañana. Grato el momento en el que el tiempo pasa sin molestar. Ese día me convertí en su alumno. Cada vez que tuve la bendición de conversar con él, me quedaba satisfecho de aprender más sobre la más genuina y original gaita zuliana. Porque, hay que decirlo con toda fuerza, Humberto Rodríguez fue un gran defensor de la tradición gaitera y se opuso con pasión a que otros instrumentos desvirtuaran la gaita tradicional.
En Zapara comenzó sus andanzas gaiteras, fundando con Ary Bracho, José Arcángel Gil, Nelson Espina, Jorge Rubio y otros, su primer conjunto gaitero denominado “Los Antillanos”, cuando se cantaba en un enlosado o en cualquier casa señalada por la bandera asomada en una ventana. También la famosa orquesta “Los Melódicos”, las “Estrellas del Zulia”, “Los Dragones” y “Los Lacustres” gozaron de su actuación. Es muy difícil conocer un gaitero de gran fama que no haya compartido con nuestro Maestro Humberto Rodríguez. Son innumerables los conjuntos donde participó, además de los fundados o dirigidos por él y aquellos que recibieron sus sabias asesorías. Se destacan el conjunto “Rincón Morales”. Entrar en 1965 en este conjunto fue para él una experiencia nueva y de mayor prestigio en sus primeros pasos como gaitero. Según su cuñado Arnoldo Hernández Oquendo, autor de uno de las pocas obras sobre la gaita titulada “El Libro de oro de la Gaita”, el joven Mamaota, al ser aceptado en “Rincón Morales”, expresaba jochado: “Esa madrugada no pude dormir, sólo pensando en que estaba en el conjunto más cotizado de la época: Rincón Morales y por supuesto, mirando y mirando aquellos uniformes”. Al año siguiente, Lila Morillo le graba su primera composición gaitera: “Sentir Zuliano”, mientras él canta como solista en “Rincón Morales”. Pero sigue fundando conjunto como “El Número 1” en 1970. Participa en “Guaco” como solista, compositor y como intérprete del cuatro. En esto último era extraordinario. Para Humberto, todo conjunto se identifica por el modo de tocar el cuatro, particularmente en el comienzo de cualquier gaita. Esta lección la daba con una maestría impresionante.
“Rincón Morales” le graba sus más famosas composiciones como “Auyantepuy”. Se cuentan de su autoría, si se puede, unas setecientas gaitas, quizás más. Participó en un gran número de concursos y festivales y en muchos otros fue miembro del jurado. Recibió muchos merecidos premios y reconocimientos. Con su esposa Dora, funda en 1978 su propio conjunto que identifica como “Mamaota y la Familia Gaitera” que comienza a grabar al año siguiente. Este conjunto responde a un deseo de seguir una tradición de la familia de su esposa y de hacer de él su propia familia.
Como locutor, participa en varios programas radiales como “El Súper Show de la Gaita”, “Mamaota de 3 a 5”, “La Gaita Antañona”, “Así canta Venezuela”. Reuniendo a los más veteranos gaiteros de la época, como un reconocimiento a la memoria de la gaita tradicional, dirige en 1995, el conjunto “Los Mismos de Ayer” con un gran impacto en el Zulia. Un importante espacio por NCTV-Canal 11 hace cátedra con “La Cátedra del Cantor”. Extiende sus lecciones en sus artículos en diversos periódicos y revistas de la región. Su libro, de grata satisfacción para él, su esposa, su familia y su querido pueblo zuliano, “Entre Gaitas y Gaiteros” fue publicado en el 2008 por la Universidad del Zulia. Tuve el honor, por petición expresa del mismo Mamaota, de bendecir el libro en un sencillo homenaje. También dictó cátedra en la página Web nuestragaita.com con su columna “El Mundo de la Gaita”.
Existe una fundación con su nombre en Maracaibo fundada por él mismo en el año 2009 con el deseo de crear el Museo de la Gaita. Fue su más caro deseo en sus últimos años de vida. Proyecto que debe ser realizado si el aprecio a Mamaota es sincero. Después de una larga enfermedad que, ante el deterioro de su organismo, lucha espiritualmente con la amorosa compañía de su amada esposa, hasta el sábado 12 de marzo de 2011 cuando marca su despedida y parte a la casa del Padre Dios. Con la Eucaristía que me tocó presidir, armonizada por sus gaiteros queridos, le dijimos a Humberto Mamaota Rodríguez que siempre estará con nosotros. Muchos lo recordaran como “La Biblia de la Gaita” o “El Cronista de la Gaita”. Yo prefiero llamarlo “El Maestro del folklor zuliano”.

Publicado en: Amuz, Amigos de la Música Zuliana, Año II, Agosto 2011, N° 5, pp. 21-25

sábado, 2 de julio de 2011

Presidente… arrepiéntase

Pbro. Andrés Bravo Capellán de la UNICA
Dudé mucho… pero mucho, para escribirle estas líneas desde mi condición de venezolano y cristiano. Yo tengo mucho temor a Dios. Esto significa que me da miedo ofender a mi Dios con mis acciones y palabras y no responderle al amor que Él me tiene. Yo trato en todo posible de no hacerlo. Como decía santo Domingo Savio, es preferible morir antes que pecar. Pero, cuando lo hago acudo enseguida al sacramento de la confesión, me arrepiento, pido perdón y, especialmente, trato de reparar mis errores. Yo pienso que no hay que hacer leña del árbol caído. Jamás desear un mal a nadie… pero a nadie, ni a nuestro peor enemigo. Y, aunque Usted no es mi enemigo porque en verdad procuro no tenerlo, le deseo no sólo su total salud corporal, sino, sobre todo, su salud espiritual. Cuando a san Alberto Hurtado, sacerdote chileno, le dieron la noticia de que tenía cáncer, exclamó con fe: “Dios ha sido tan bueno conmigo que me ha dado tiempo para purificar mi vida y arrepentirme de mis pecados”. Y cuando le preguntaban por su salud respondía: “contento, Señor, contento”. Señor presidente, yo le digo lo que Dios mismo le dijo a los israelitas por medio del profeta Isaías, vuelva a Dios mientras va de camino.
No quisiera que mis palabras le lastimen el alma. Mucho menos que ofendan a sus humildes seguidores que son los que en verdad sufren por su enfermedad, no así sus secuaces que ya están pensando qué hacer para no perder sus privilegios. Yo rezo por Usted al Dios de mis Padres que es el mismo que Jesús de Nazaret me reveló en la cruz, a quien sigo, para que le convierta su corazón. Presidente, lea bien lo que el Señor le está queriendo decir con este acontecimiento de su vida. La Iglesia católica, estoy seguro, le acoge con la misma misericordia del Padre eterno. No se alegra como lo hizo Usted con la enfermedad del Cardenal Velazco, no lo enviará al infierno como lo hizo Usted cuando el Pastor de Caracas murió. Tampoco mandará a tirar perros muertos y gritar insultos como lo hizo Usted en el entierro del valiente misionero Cardenal Velazco. Lo primero que hizo la Conferencia Episcopal, cuando Usted oficializó su estado de salud, es ordenar a todos los católicos que oráramos por su salud. Así lo haremos, estoy seguro. Les pediremos a nuestros amados cardenales Velazco y Rosario Castillo y al Sr. Brito, así como a los asesinados el 4 de febrero del 92 y el 11 de abril del 2002, para que intercedan por su salud ante el Señor de la historia.
Presidente… arrepiéntase. Pida perdón por la muerte del Sr. Brito y rectifique devolviéndole sus propiedades a su familia. Devuélva las propiedades y las empresas confiscadas por su régimen. Deje libre a los presos políticos e invite a los perseguidos por usted a que regresen a nuestro País. Devuélvale sus trabajos a los numerosos despedidos injustamente de PDVSA y de otros lugares de trabajos oficiales. Llame a la reconciliación nacional. Ordene a sus secuaces no atropellar a ningún venezolano. No echar gas del bueno ni del malo a los estudiantes ni a los familiares de los presos ni a los profesionales y obreros que reclaman justicia. No persiga más a los comunicadores sociales, no cierre más Medios de Comunicación Social y ordene abrir o devolver los cerrados o confiscados. Y muchas más acciones de su régimen que ha hecho sufrir al prójimo.
Presidente… estamos conmovidos por su enfermedad. Pero conmuévase usted por la enfermedad de muchos presos políticos a quienes se les está negando sus derechos humanos más elementales de asistencia médica.
Repito, que mis palabras no lo ofendan. Pero insisto en mi invitación a convertir su corazón y reparar sus pecados. Nada sana y libera más que el perdón. Dios lo cuide presidente y proteja a mi pueblo de la tiranía.

miércoles, 27 de abril de 2011

A los 50 años de la "Mater et Magistra"



Por Andrés Bravo
Capellán de la UNICA

La humanidad celebra los cincuenta años de la promulgación de la encíclica Mater et Magistra (15-5-1961) escrita por Juan XXIII para homenajear a su predecesor León XIII en el septuagésimo aniversario de su encíclica Rerum novarum (15-5-1891). Como lo hizo a los cuarenta años Pío XI con la encíclica Quadragesimo anno (15-5-1931), a los cincuenta Pío XII con el radiomensaje La Solemnitá (15-5-1941). Y, después del Papa Bueno, lo siguió haciendo Paulo VI con la carta apostólica Octogesima adveniens (14-5-1971) a los ochenta años, y Juan Pablo II con la encíclica Centesimus annus (1-5-1991) celebrando el centenario del documento leoniano que marcó el inicio del extraordinario Magisterio Social de la Iglesia, que se ha ido enriqueciendo con las diferentes enseñanzas que iluminan la historia en sus relaciones sociales, ofreciéndoles principios de reflexión, criterios de juicio y directrices de acción para la construcción de una convivencia humana en la libertad, la paz, la justicia y el amor.
Ser Juan XXIII el autor de la Mater et Magistra, le da a la doctrina social un sentido profundamente renovador. Aquel que se ha aventurado a abrir las puertas de la Iglesia para que los nuevos vientos del Espíritu Santo penetre para rejuvenecerla, convocando al Concilio Vaticano II, no podía sino aprovechar tal aniversario para dar un elevado impulso hacia el futuro a la doctrina social de la Iglesia. Le toca abrir etapas nuevas en su relación de valoración del mundo y enfocar la cuestión social con modernos métodos. En este sentido es claro al afirmar: “Juzgamos, por tanto, necesaria la publicación de esta nuestra encíclica, no ya sólo para conmemorar justamente la Rerum novarum, sino también para que, de acuerdo con los cambios de la época, subrayemos y aclaremos con mayor detalle, por una parte, las enseñanzas de nuestros predecesores, y, por otra, expongamos con claridad el pensamiento de la Iglesia sobre los nuevos y más importantes problemas del momento” (MM 50). Es época de opciones democráticas e independencias. Tal como hoy, se anda en la búsqueda de gobiernos democráticos derrotando los totalitarismos destructores e inhumanos. Destaca la encíclica las participaciones más amplia de las clases sociales, la independencia política de pueblos afroasiáticos, las notables relaciones internacionales e interdependencia de los pueblos, los nacimientos de organismos mundiales en los campos no sólo políticos, sino también culturales, económicos y científicos.
En cuanto al contenido, no puede ser más renovador. Destaca la necesidad de la iniciativa privada en armonía con una justa intervención de los poderes públicos, en el campo de la economía. Esta intervención del estado se debe regir por el principio de la subsidiariedad, principio propuesto por primera vez por Pío XI en la Quadragesimo anno. Juan XXIII en la Mater et Magistra se convierte en un defensor de la iniciativa privada para una mayor participación, porque “la experiencia diaria prueba que cuando falta la actividad de la iniciativa particular, surge la tiranía política” (MM 57). Otro principio que expone ampliamente el Papa Bueno es la socialización que promueve la convivencia humana. Dedica un espacio a la remuneración del trabajo como lo exige el momento: “Una profunda amargura embarga nuestro espíritu ante el espectáculo inmensamente doloroso de innumerables trabajadores de muchas naciones y de continentes enteros a los que se remunera con salarios tan bajos que quedan sometidos ellos y sus familias a condiciones de vida totalmente infrahumanas” (MM 68). Y, como criterio propuesto para la regulación del salario, rechaza la libre competencia del mercado al igual que su fijación arbitraria por los poderosos. Es aquí donde se debe ser justo y equitativo, prevaleciendo las exigencias del bien común. También nos enseña que toda estructura económica debe ajustarse a la dignidad de la persona humana; así como las organizaciones de trabajadores; el derecho de propiedad dentro de un recto orden social. Existe toda una inquietud por parte del autor de la encíclica cincuentenaria por el sector económico de la agricultura que merece un apartado grande de reflexión.
Para concluir, nos conviene subrayar el gran impulso renovador que dio a la doctrina social, sobre todo al establecer su método antropológico de ver-juzgar-actuar para esta doctrina (Cf. MM 236). Es decir, partiendo de la realidad, ésta es confrontada con el Evangelio de Jesús, para luego tomar el camino de una acción pastoral que cambie tal realidad a los criterios de los valores evangélicos. Porque, Juan XXIII insiste en el carácter práctico de la doctrina y el compromiso del laico en ella. Pero, con fuerte resaltador debemos leer: “Exhortamos, en primer lugar, a que se enseñe como disciplina obligatoria en los colegios católicos de todo grado, y principalmente en los seminarios” (MM 223).

martes, 19 de abril de 2011

El Evangelio de la vida



Reflexiones del Padre Andrés Bravo (Capellán de la UNICA) en la inauguración de la muestra individual “Artista Plástico Gladys Torres” titulada “Yeshúa”. Evento realizado por la Cátedra Libre Juan Pablo II de la Universidad Zulia el día 14 de abril 2011, sobre la Evangelium vitae, celebrando la beatificación del Papa Juan Pablo II realizada el próximo primero de mayo.

“El Evangelio de la vida está en el centro del mensaje de Jesús” (EV 1), así comienza la decima primera Encíclica de Juan Pablo II, promulgada el 25 de marzo de 1995 y titulada Evangelium vitae (El Evangelio de la vida). Esto indica que también la vida humana está en el centro del mensaje de la Iglesia, más aún, como lo reitera una y otra vez el Papa, la persona humana es el camino de la Iglesia porque así se lo ha ordenado su Fundador (cf. EV 2).
Estamos contemplando un documento “sobre el valor y el carácter inviolable de la vida humana”. Muchos lo califican de un canto a la vida por lo armónico de su constitución y lo grande del tema. Sin embargo, yo prefiero verlo como una de las más terribles enseñanzas y protesta ante las crecientes amenazas de destrucción de la humanidad, muchas veces en nombre del mismo progreso humano. Muchos piensan que ser progresista es promover el asesinado de niños inocentes con el aborto, bajo la excusa de que la mujer es dueña de su cuerpo. Lo que no nos dicen es que no es dueña de la vida que lleva en su seno. Igualmente, se creen progresistas los que propician el asesinato de ancianos, bajo la terrible tesis de la eutanasia. “El resultado al que se llega es dramático: si es muy grave y preocupante el fenómeno de la eliminación de tantas vidas humanas incipientes o próximas a su ocaso, no menos grave e inquietante es el hecho de que a la conciencia misma, casi oscurecida por condicionamientos tan grandes, le cuesta cada vez más percibir la distinción entre el bien y el mal en lo referente al valor fundamental mismo de la vida humana” (EV 4). Desgraciadamente, hoy estamos viviendo el peligro destructor casi sin límites de la energía nuclear, ante la mirada aterrorizada de los más inocentes y el sufrimiento de los que siempre han denunciado proféticamente su eminente peligro de muerte. Así, la lista de amenaza de la vida es larga, incluyendo “a las tradicionales y dolorosas plagas del hambre, las enfermedades endémicas, la violencia y las guerras, se añaden otras, con nuevas facetas y dimensiones inquietantes” (EV 3).
Así como la sangre de Abel, asesinado por su hermano Caín por envidia, sigue hoy clamando desde el suelo, al cielo (cf. Gn 4,8). Igualmente, hoy sigue el Señor preguntando por nuestros hermanos y, tal como ocurrió en el principio, tampoco a nosotros nos acepta una respuesta de indiferencia. Juan Pablo II advierte que, “como en el primer fratricidio, en cada homicidio se viola el parentesco espiritual que agrupa a los hombres en una única gran familia donde todos participan del mismo bien fundamental: la idéntica dignidad personal” (EV 8). Porque si Dios es Padre de todos, como nos lo reveló Jesús, todos somos hermanos. Este es el Evangelio de Jesús.
La Iglesia, para todos aquellos que quieran acoger sus palabras con fe, nos ha predicado que el valor de la vida, todo integral, cuerpo y alma, corazón e inteligencia, es fruto del amor de Dios que lo ha creado con el polvo de la tierra, es tierra (humano); pero, soplando su aliento en él, le dio vida que sale del mismo Creador. El ser humano es tierra y cuando destruimos la tierra, nos destruimos nosotros mismo. Sin embargo, posee una dignidad mayor a toda creatura, es imagen y semejanza de Dios. Si bien no somos dioses, el mismo Creador nos ha hecho partícipe de su ser divino. Juan Pablo II lo expresa así: “El hombre está llamado a una plenitud de vida que va más allá de las dimensiones de su existencia terrena, ya que consiste en la participación de la vida misma de Dios. Lo sublime de esta vocación sobrenatural manifiesta la grandeza y el valor de la vida humana incluso en su fase temporal. En efecto, la vida en el tiempo es condición básica, momento inicial y parte integrante de todo el proceso unitario de la vida humana. Un proceso que, inesperada e inmerecidamente, es iluminado por la promesa y renovado por el don de la vida divina, que alcanzará su plena realización en la eternidad” (EV 2).
Jesús es el mensaje cristiano sobre la vida. La misión de Jesús es que tengamos vida en abundancia. Para terminar esta reflexión que con gusto he aceptado hacer entre ustedes, pero con la natural sensación de no poder abarcar sino una mínima parte de esta tan amplia y rica encíclica, les dejo sin más con palabras del mismo Juan Pablo II: “Ante las innumerables y graves amenazas contra la vida en el mundo contemporáneo, podríamos sentirnos como abrumados por una sensación de impotencia insuperable: ¡el bien nunca podrá tener la fuerza suficiente para vencer el mal! Este es el momento en que el Pueblo de Dios, y en él cada creyente, está llamado a profesar, con humildad y valentía, la propia fe en Jesucristo, Palabra de vida (1Jn 1,1). En realidad, el Evangelio de la vida no es una mera reflexión, aunque original y profunda, sobre la vida humana; ni sólo un mandamiento destinado a sensibilizar la conciencia y a causar cambios significativos en la sociedad; monos aún una promesa ilusoria de un futuro mejor. El Evangelio de la vida es una realidad concreta y personal, porque consiste en el anuncio de la persona misma de Jesús, el cual se presenta al apóstol Tomás, y en él a todo hombre, con estas palabras: Yo soy el camino, la Verdad y la Vida (Jn 14,6). Es la misma identidad manifestada a Marta, la hermana de Lázaro: Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás (Jn 11,25-26). Jesús es el Hijo que desde la eternidad recibe la vida del Padre (cf. Jn 5,26) y que ha venido a los hombres para hacerles partícipes de este don: Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia (Jn 10,10). Así, por la palabra, la acción y la persona misma de Jesús se da al hombre la posibilidad de conocer toda la verdad sobre el valor de la vida humana” (EV 29).

domingo, 17 de abril de 2011

Beato Juan Pablo Magno

Por Andrés Bravo
Capellán de la UNICA


La humanidad postmoderna está signada por la persona y mensaje del Papa Grande Juan Pablo II. No sólo la Iglesia ha celebrado su grandeza, sino también la humanidad entera reconoce que el paso de Juan Pablo II peregrinando por nuestra historia, ha significado una renovada presencia del Evangelio, sembrado en lo íntimo de cada raza y pueblo. Los hombres, al sentir su presencia cercana y su mensaje claro y entendible en el idioma de cada grupo humano, han gozado a la vez de la presencia del mismo Jesús que los llama insistentemente a una convivencia pacífica, en libertad y responsabilidad.

Nuestros ojos vieron y nuestros oídos oyeron lo que muchos de nuestros antepasados desearon. Pues, aun celebramos su presencia en Venezuela y, particularmente en Maracaibo, estremeciéndonos al verle invocar con nuestra misma fe a la Sagrada Dama del Saladillo: “Nuestra acción de gracias al Altísimo se renueva por la presencia entrañable entre vosotros de la Madre de Cristo, la Virgen Santa de Chiquinquirá, Patrona del Zulia, a quien los habitantes de esta zona llamáis con gran cariño la Chinita. Ella, con los rasgos autóctonos de su imagen venerada, preside nuestro encuentro. Ella nos instruye en las sendas del Señor”, así comenzó su homilía en el campus universitario LUZ de nuestra ciudad.

Su Magisterio es tan magno como su persona y su pontificado. Numerosos documentos en diversos estilos y formas distintas, habla a hombres y mujeres de todas condiciones y de toda raza. Habla al corazón de cada uno con la Palabra de Dios. Todos sus escritos están inspirados y fundamentados en la revelación divina. No hace otra cosa que anunciar el Evangelio obedeciendo con gozo y seguridad de fe a Aquel que lo llamó a remar mar adentro como al mismísimo San Pedro. Por ejemplo, la Christifideles laici es una excelente hermenéutica de la parábola del dueño de la viña que llama a obreros para trabajar en su campo. De esta manera desarrolla una catequesis sobre la vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo, haciendo que el llamado de Jesús siga resonando hoy e inquietando los espíritus. De la misma manera habla sobre la formación de los sacerdotes en la Pastores dabo bobis, tomando como fundamento la Palabra de Dios comenzando por los profetas: “Les daré Pastores según mi corazón” (Citando a Jeremía 3,15). La Evangelium vitae está entretejida por el plan de salvación de Dios para enseñarnos el valor de la vida humana. Cada título y cada subtítulo es una escena de la historia de la salvación. El capítulo primero interpreta el relato del Génesis donde se manifiesta la turbulenta relación entre los hermanos Caín y Abel, para concluir que, “como en el primer fratricidio, en cada homicidio se viola el parentesco espiritual que agrupa a los hombres en una única gran familia donde todos participan del mismo bien fundamental: la dignidad personal” (EV 8). Lo que sigue en este himno sobre la vida humana es el anuncio evangélico de la persona de Jesús, el Evangelio de la vida.

Además, Juan Pablo II nos dejó, como uno de sus mayores legados, el “Espíritu de Asís”. Es un impulso del Espíritu Santo al encuentro y al diálogo amistoso y cordial que inauguró nuestro Beato el 27 de octubre de 1986 en el Encuentro Interreligioso celebrado en la ciudad de Asís. En esa pequeña ciudad, la cuna de San Francisco y de Santa Clara, respondieron a su invitación 150 líderes representantes de las 12 principales religiones históricas del mundo. Allí oraron y ayunaron juntos, inundados por el Espíritu Santo, para clamar y lograr la armonía y la paz del mundo. Es uno de los más significativos eventos del siglo XX a favor de la comunión universal, respuesta al designio amoroso de Dios.
Ciertamente, su peregrinar por nuestra historia renovó la fe y la esperanza, fortaleció la caridad y la Iglesia juvenecida se presenta con una nueva evangelización todavía en marcha.

lunes, 11 de abril de 2011

"Novo millennio ineunte" (Al comienzo del nuevo milenio)


Reflexiones del Padre Andrés Bravo (Capellán de la UNICA) para el diálogo pastoral en el Encuentro Provincial de Pastoral Universitaria (Maracaibo, Coro, Cabimas y Punto Fijo), realizado en Cabimas el 8 y 9 de abril 2011, tomando como base la Carta Apostólica de Juan Pablo II Novo millennio ineunte (6-1-2000), en homenaje del autor por su beatificación el próximo 1 de mayo 2011

Existe un documento de Juan Pablo II, titulado Novo millennio ineunte, que despertó al principio mucho interés ya que se trata del primero que nos brinda al comenzar el milenio actual y recoge los frutos de la celebración del gran Jubileo 2000. Sin embargo, a mi juicio, ese interés fue desvaneciendo con el tiempo hasta ser olvidado por muchos. Me da la impresión de que nos quedamos con ideas que sólo servían de eslogan como remar mar adentro, sin pensar en la extraordinaria fuerza pastoral de la escena evangélica (Lc 5, 1-11) propuesta por el Papa. Pues, es con este llamado a los pescadores como comienza Jesús su actividad pastoral. Es un llamado que Juan Pablo II ha querido renovar con nuevo ardor para los agentes pastorales de la Iglesia del tercer milenio. Hoy nos toca volver a escuchar a Jesús quien nos llama a remar mar adentro y echar las redes, pero no contando sólo con nuestros esfuerzos sino con su gracia: Porque tú lo pides, echaremos las redes.

En concreto, el mar adentro para nosotros es el mundo universitario. Un mundo pluralista y secularista, lleno de retos, inquietudes e interrogantes. Un mundo de razón y ciencia, de encuentros y choques. Pero, con personas ansiosas de recibir un mensaje que sea capaz de inquietar los espíritus para la construcción de una mejor humanidad. En la búsqueda sincera de la verdad, el deseo de una vida con sentido, auténtica, con razones claras para pensar y actuar, ahí es donde es urgente no quedarnos en la orilla, es necesario penetrar el interior de las vidas, de las culturas, para que con la siembra de la Palabra de Dios podamos crear una comunidad cristiana, una comunidad universitaria de fe, esperanza y caridad. Aprendamos de esta Carta Apostólica que nos invita a asumir con nuevo ímpetu la misión evangelizadora. Pues, “es preciso ahora aprovechar el tesoro de gracia recibida, traduciéndola en fervientes propósitos y en líneas de acción concretas” (NMI 3). Nos llama el Papa a analizar su fervor y recuperar el nuevo impulso para nuestro compromiso espiritual y pastoral.

Es importante tener como modelo de acción el misterio de la encarnación del Hijo de Dios, porque “el cristianismo es la religión que ha entrado en la historia” (NMI 5). No está en el límite, sino en el centro de los pueblos, en medio de las oficinas públicas y de los mercados, en las fábricas y centros de estudios. Ahí, donde los hombres se reúnen, donde pasan, trabajan o estudian, está encarnada la Iglesia con su mensaje evangélico. A nosotros, particularmente, se nos exige como pastoral universitaria, penetrar en todos los espacios del mundo universitario. No podemos dejar nada sin penetrar, porque cuando el Hijo de Dios se encarna, asume todo lo humano… todo, la totalidad del ser. Juan Pablo II afirma que Cristo es el fundamento y el centro de la historia. Es penetrando en el interior de la humanidad como se traduce en vida este principio fundamental.

El Papa en la Novo millennio ineunte destaca tres importante sectores de la vida cristiana donde nos exige mayor dedicación de nuestra parte. En primer lugar, Juan Pablo II hace como una renovada opción por los jóvenes. Especialmente para nosotros es esta afirmación que nos transmite el documento referido: “Si a los jóvenes se les presenta a Cristo con su verdadero rostro, ellos lo experimentan como una respuesta convincente y son capaces de acoger el mensaje, incluso si es exigente y marcado por la Cruz” (NMI 10). No podemos desfigurar, ni con nuestro testimonio de vida ni con nuestros discursos, la imagen de Jesús que nos presentan los Evangelios. Un Siervo Sufriente capaz de asumir toda clase de sacrificio, de amar hasta el extremo de morir crucificado por la causa del bien, de la verdad, de la justicia, del amor, de la vida con sentido, mueve a los jóvenes de nuestras Universidades que están luchando con tesón por la causa común de la justicia y libertad. Ciertamente, Jesús es y será siempre el gran inspirador de las luchas sinceras por causas autenticas de la historia. Nosotros estamos llamados a encarnarlo en el mundo universitario con hechos y palabras.

Otro sector importante que merece nuestro empeño es referido por el autor de la Novo millennio ineunte como urgente, se trata del diálogo ecuménico, muy importante en un mundo como el universitario. Reconoce el Papa que “el camino ecuménico es ciertamente laborioso, quizás largo, pero nos anima la esperanza de estar guiados por la presencia de Cristo resucitado y por la fuerza inagotable de su Espíritu, capaz de sorpresas siempre nuevas” (NMI 12). Y el otro sector, aun más comprometedor es el problema de los pobres, bandera populista en cada campaña electoral, pero para la Iglesia es el sector de mayor privilegio, donde la Palabra de Dios se hace humana. Categórico es el Papa al enseñarnos que “si verdaderamente hemos partido de la contemplación de Cristo, tenemos que saberlo descubrir sobre todo en el rostro de aquellos con los que Él mismo ha querido identificarse… Ateniéndonos a las indiscutibles palabras del Evangelio, en la persona de los pobres hay una presencia especial suya, que impone a la Iglesia una opción preferencial por ellos” (NMI 49).

Debemos ahondar más en el compromiso nuestro de hacer Iglesia en nuestras Universidades, haciendo cristianas a las Comunidades Universitarias. Es decir, hacer de nuestras Universidades auténticas Comunidades Cristianas. Pues, la mayor fuerza del esta Carta Apostólica de Juan Pablo II es la de reafirmar una vez más la comunión cristiana. Es una verdad fundamental de la Iglesia sobre Ella misma que marcó el camino renovador que parte del Vaticano II y, de una u otra manera, referida en casi todos los escritos de Juan Pablo II. Por ejemplo, en la Christifideles Laici le da al tema una gran atención. En este documento sobre los laicos, enseña que “la comunión genera comunión” (CL 32), pues, “la comunión y la misión están profundamente unidas entre sí, se compenetran y se implican mutuamente, hasta tal punto que la comunión representa a la vez la fuente y el fruto de la misión: la comunión es misionera y la misión es para la comunión” (CL 32). Por su parte, la Novo millennio ineunte expresa que la manera como la Iglesia puede crear comunión es siendo Ella misma una casa y una escuela de comunión. Para Juan Pablo II, “éste es el gran desafío que tenemos ante nosotros en el milenio que comienza, si queremos ser fieles al designio de Dios y responder también a las profundas esperanzas del mundo” (NMI 43).

Un proyecto pastoral semejante se desarrolla desde una profunda espiritualidad encarnada en la humanidad actual, que nos dinamiza desde nuestro interior para responder, como lo señala el próximo beato, a las aspiraciones de una sociedad que se destruye por las relaciones de guerras, guerrillas, terrorismos y diversos tipos de violencias. Esta espiritualidad lleva el sello de la comunión. Juan Pablo II se pregunta por el significado concreto de lo que él mismo denomina como “espiritualidad de comunión” (NMI 43-45). Su respuesta no podía ser más clara y concreta: “Espiritualidad de la comunión significa ante todo una mirada del corazón sobre todo hacia el misterio de la Trinidad que habita en nosotros, y cuya luz ha de ser reconocida también en el rostro de los hermanos que están a nuestro lado. Espiritualidad de la comunión significa, además, capacidad de sentir al hermano de la fe en la unidad profunda del Cuerpo místico y, por tanto, como uno que me pertenece, para saber compartir sus alegrías y sus sufrimientos, para intuir sus deseos y atender a sus necesidades, para ofrecerle una verdadera y profunda amistad. Espiritualidad de la comunión es también capacidad de ver ante todo lo que hay de positivo en el otro, para acogerlo y valorarlo como regalo de Dios: un don para mí, además de ser un don para el hermano que lo ha recibido directamente. En fin, Espiritualidad de la comunión es saber dar espacio al hermano, llevando mutuamente la carga de los otros (cf. Ga 6,2) y rechazando las tentaciones egoístas que continuamente nos asechan y engendran competitividad, ganas de hacer carrera, desconfianza y envidias” (NMI 43). Sin esta espiritualidad no pudiéramos hacer posible nuestra misión de crear comunión, advierte el Papa.

Esta espiritualidad tiene su sentido más profundo en el encuentro personal con Cristo Jesús. El Papa lo trata en el capítulo donde nos llama a contemplar su rostro. Primero, señala la meditación de la Sagrada Escritura donde ha quedado plasmada en lenguaje humano la revelación de Dios. Cristo nos revela plenamente al Padre y nos envía el Espíritu para que, abiertos a su acción, podamos encontrarnos cara a cara, rostro a rostro con Él, en el testimonio de los Apóstoles y demás Discípulos que con Él vivieron. Luego, en el camino de la fe. En este maravilloso documento, Juan Pablo II nos ofrece uno de los más impresionantes testimonios de fe y seguimiento a Jesús, es la de los Apóstoles: “A Jesús no se llega verdaderamente más que por la fe, a través de un camino cuyas etapas nos presenta el Evangelio” (NMI 19). Pero, lo más resaltante el encuentro personal de Jesús en su Evangelio es donde se presenta con el rostro de siervo sufriente y el rostro glorioso del resucitado. Es, pues, a esta experiencia religiosa a la que nos invita Juan Pablo II y nos compromete a provocar esta misma experiencia a los demás, con nuestra misión universitaria.

Termino estas reflexiones con la sensación de no poder abarcar toda la riqueza doctrinal y pastoral de este tan importante documento, poco recordado y menos leído y estudiado. Pero, si consigo animarlos a leerlo y reflexionarlo desde nuestra condición de agentes de pastoral universitaria, me quedo un poco más motivado. Como lo indica casi al final, son abundantes y copiosos los retos actuales que nos exige respuesta: el desequilibrio ecológico, los problemas de la paz, los vilipendios de los derechos humanos, la defensa del respeto a la vida desde la concepción hasta su ocaso natural, las nuevas potencialidades de la ciencia sobre todo el terreno de las biotecnologías, en fin, innumerables y crecientes retos. Sin embargo, concluye la Novo millennio ineunte, “es notorio el esfuerzo que el Magisterio eclesial ha realizado, sobre todo en el siglo XX, para interpretar la realidad social a la luz del Evangelio y ofrecer de modo cada vez más puntual y orgánico su propia contribución a la solución de la cuestión social, que ha llegado a ser ya una cuestión planetaria” (NMI 52).