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viernes, 6 de mayo de 2011

Juan Pablo II: principal referencia de la bondad humana entre creyentes y no creyentes

Dr. Luís Xavier Grisanti
Economista


viernes 6 de mayo de 2011 12:00 AM
La vida de Karol Wojtyla trascendió la condición de líder de la Iglesia Católica para convertirse en la principal referencia de la bondad humana entre creyentes y no creyentes.
Pudo haber sido un designio de Dios el que el joven dramaturgo polaco que padeció los totalitarismos nazi-fascista y soviético, viniera al mundo para dejar un testimonio superior de paz, amor y tolerancia cuando la globalización secularista parecía renunciar al reino del bien y del espíritu como ejes de la presencia del hombre y la mujer en la tierra.
Juan Pablo II fue el primer Papa del siglo XXI, no sólo por la humanización del papado, por su ilustrado intelecto, por abrazar la era tecnológica o por sus viajes pastorales. Su pontificado ya tenía trascendencia histórica antes de que accediera al solio de Pedro en 1978.
Quién puede olvidar su acercamiento al judaísmo, cuando en 1986 visitó por primera vez en siglos el barrio judío de Roma y oró al lado del Rabino para afirmar la raíz común de ambas religiones; su reunión con el Dalai Lama en 2003; o sus encuentros ecuménicos con musulmanes y cristianos protestantes, anglicanos y ortodoxos.
Sus 14 encíclicas son piezas esenciales de la doctrina social de la Iglesia. Evangelium Vitae, Centesimus Annus y Solicitudo Rei Socialis giran en torno de lo que será su mayor legado: el respeto sacrosan- to por la dignidad humana y la preeminencia de la libertad y los derechos humanos como valores que están por encima de sistemas políticos o económicos.
No dejó de recordar que la verdadera liberación de la Humanidad se halla en la revelación del espíritu en toda su capacidad creativa y no en la entronización de lo material y perecedero. Es este el significado de su beatificación.

lxgrisanti@cantv.net
Tomado de http://opinion.eluniversal.com/

El poder y la conciencia

Pbro. Luis Ugalde S.J.
Viernes, 6 de mayo de 2011
Estamos en la batalla de las conciencias, civilizadamente en democracia y con leyes e instituciones contra la perpetuación del poder por la fuerza
El poder manda fuera y la conciencia dentro. Casi siempre viven en tensión, pero cuando se alían son indetenibles y revolucionan todo. Cuando se enfrentan hay conflictos de grandes proporciones. Calderón de la Barca expresa con palabras de otros tiempos la insumisión de la conciencia ante el poder: “Al rey la hacienda y la vida se ha de dar, pero el honor es patrimonio del alma y el alma sólo es de Dios”. Cuando se alza la conciencia, paradójicamente tiene más poder que el poder mismo. Por eso éste busca ganarse las conciencias y se presenta - con verdad o con mentira - como poder “por la gracia de Dios”. En los diversos imperios y poderes (imperio japonés, azteca, inca; reyes católicos; jeques; sultanes y caciques…), los jefes son dioses, hijos de dioses o por voluntad de los dioses. El acatamiento va más suave con la legitimación divina en la conciencia de sus súbditos.
Jesús dice a sus seguidores” no sea así entre ustedes”. Quien manda no lo debe hacer como dueño y tratar a los súbditos como si fueran esclavos o animales de granja. Él es el servidor. Servir o dominar, eh ahí el dilema.
Los cristianos desde el primer día reconocieron el poder de los gobernantes en el imperio romano, pero se negaron a adorarlos y ofrecerles incienso como a dioses. No era una voluntad de rebelión sino una conciencia que impedía adorar a ídolos.
También los modernos reinos ateos, como los de Stalin, Mao y Hitler, se legitiman “religiosamente” por la promesa de la plena felicidad y la fe en el hombre nuevo. El ideal para ellos es tener súbditos que, sin necesidad de obligarlos, les sigan incondicionalmente.
En toda forma de gobierno hay unos que mandan y otros que obedecen. Esta diferencia y asimetría se convierte en un orden político deseado y querido en la medida en que los jefes sean servidores y haya más gente convencida de lo beneficioso de ese modo de gobernarse. Pero los gobernantes buscan también ser temidos por sus súbditos, además de amados.
En las revoluciones políticas, irrumpen nuevas ideas y emociones que prenden en las conciencias y los ayer adorados gobernantes son vistos como la causa de todos los males, y su derrocamiento es considerado un servicio a la humanidad. Con las nuevas convicciones y emociones, las muchedumbres abandonan la sumisión e irrumpen en las plazas públicas dispuestos a dar la vida por la liberación. Las revoluciones, francesa, rusa, china, las que terminaron con gobiernos coloniales y las que de modo increíble tumbaron el “muro de Berlín” o acabaron con las recientes satrapías en el mundo islámico, tienen como fuerza incontenible la contagiosa liberación de las conciencias. Muchos que fueron revolucionarios, que movieron conciencias, y que derribaron regímenes inhumanos, ahora perpetúan la opresión, la convierten en herencia familiar y a falta de legitimidad, tratan de reprimir a las conciencias a base de miedo, armas y policía.
Venezuela cumple 200 años como república soberana con legitimación democrática: la soberanía es del pueblo y los gobernantes son servidores temporales, con poderes limitados y divididos, que se hacen contrapeso. Eso en el papel. Pero detrás y por encima de la legitimación democrática hemos tenido el dominio fáctico de la espada de los caudillos con promesas mesiánicas. Siglo y medio de caudillos y de “gendarmes necesarios”, ante la supuesta incapacidad democrática del pueblo.
A un mes del plebiscito “triunfal” de la dictadura invencible, el 23 de enero de 1958 fue un amanecer de conciencias liberadas, que dieron paso a la primavera de esperanzas y de fe con las propias capacidades democráticas. Desde entonces la democracia ha tenido importantes logros sociales, con división de poderes y alternancia en el gobierno. Pero el poder embriaga, se concentra y busca perpetuarse y hoy, un iluminado pretende encarnar a Cristo, a Bolívar y al pueblo.
Actualmente los estudiantes y trabajadores con sus medidas extremas de protesta como la huelga de hambre se mueven por sus conciencias a favor de los presos políticos, de universidades libres y dignas y justo salario al trabajador. Estamos en la batalla de las conciencias, civilizadamente en democracia y con leyes e instituciones contra la perpetuación del poder por la fuerza
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viernes, 25 de marzo de 2011

Participación y comunidad política

Por el Dr. Jorge Sánchez Meleán
Con motivo de la V semana de la Doctrina Social de la Iglesia, se me asignó la tarea de reflexionar sobre la "Participación de los laicos en la Comunidad Política", en el Instituto Diocesano de Pastoral Monseñor Marco Tulio Ramírez en Cabimas.
En las sociedades democráticas actuales, igualmente se abren muchas puertas para que los ciudadanos participen en la gestión pública en nuevas y diferentes formas. Todos los cristianos tenemos el deber de contribuir a la consecución del bien común. Como paradigma de lo que ello significa, resalta la figura de Tomás Moro, patrón de los gobernantes y políticos cristianos, quien entre los siglos XV y XVI supo subordinar la política a la moral y la ética, sin importarle su propia vida.
Hoy, la enseñanza social católica descansa en un conjunto de principios y valores, que deben ser la referencia básica para la acción de los laicos católicos en la vida política y social. Dentro de esos principios el de participación está en íntima relación con el de subsidiaridad. Allí está el fundamento del pluralismo social, base para la participación.
La participación es un deber que los cristianos debemos ejercer de manera responsable. Esta es una de las mayores aspiraciones de los ciudadanos y uno de los pilares de la democracia. De allí la preocupación por aquellos países con regímenes totalitarios o dictatoriales, donde desaparece la participación libre y democrática y también el principio de la subsidiaridad. El deber de la participación es inherente a la dignidad de la persona humana.
La participación es una responsabilidad personal y social. En consecuencia, los laicos cristianos comprometidos, tenemos el derecho y el deber de ocuparnos del desarrollo de las instituciones que mejoren las condiciones de la vida humana. La participación comienza con la educación y la cultura y debe llegar hasta el trabajo constante para erradicar la pobreza.
Los laicos en la Venezuela de hoy no pueden olvidar que "la legítima pluralidad de opciones temporales" no puede obviar el compromiso de los católicos en la política con los valores de la doctrina social y moral cristiana. No existe pluralismo ético. Por ello, con valentía, debemos rechazar lo que sea "absolutamente inaceptable" en el orden político, económico y social. Sólo así podremos transmitir a las futuras generaciones razones para "vivir y para esperar".
Tomado de: http://www.laverdad.com/
el día 25-3-2011

lunes, 28 de febrero de 2011

La Psicohistoria de la revolución

Dr. Ángel Lombardi
Rector de la UNICA


Las “revoluciones” se alimentan de una especie de complejo de Edipo colectivo como sería la necesidad del asesinato simbólico del padre para poder liberarse de él y así poder acceder a la condición de adulto. Igualmente puede asumirse como una catarsis colectiva para exorcizar la orfandad afectiva, real y psíquica de muchos. Normalmente los dirigentes “revolucionarios” son huérfanos en muchos sentidos y de allí la necesidad patológica de la compensación en una dialéctica de amor-odio, piénsese en Robespierre, en Stalin, en Hitler y en tantos otros, siendo la crueldad uno de sus rasgos principales. Estos liderazgos necesitan tanto del amor como del odio sin límites, un buen ejemplo reciente es Gadafi enloquecido en su crueldad.
Otra interpretación mítico-psicológica es el mito de Saturno, el poder a vencer, que vive devorando a sus hijos. La “revolución” siempre es fratricida. A través de la “revolución” se busca una gratificación, psíquica y material a través del poder y sus derivados como la riqueza y el reconocimiento. Necesidad que abreva profundamente en la conciencia de la modernidad, alimentada desde el Renacimiento, la Reforma y la Ilustración y particularmente entre los autores destaca Jeremías Bentham con su sentido utilitario y hedonista de la vida. En lenguaje de Spengler es la raíz “faústica” del capitalismo pero igualmente del comunismo, como expresión antagónica o dialéctica de la misma filosofía de la modernidad. El hombre moderno es el mismo en todas partes, como lo es el revolucionario en la modernidad más allá de su condición o ideología, en su psique consciente o inconscientemente se busca el poder y el prestigio, o como diría Bentham "las penas y los placeres de los sentidos” en un laicismo acentuado y en un relativismo moral y cultural que configura una verdadera erótica del poder.
Desde otro punto de vista la “revolución” implica de hecho un secuestro de la historia, dominando el presente se inventa y domina tanto el pasado como el futuro. La “revolución” es asumida social e históricamente como un tsunami o cataclismo natural que no sólo subvierte todo sino pretende cambiarlo todo, en una proyección mítico-fantasmagórica como una especie de asalto a la razón desde la imaginación y las emociones para recuperar el paraíso perdido.
“Revolución” y “revolucionarios” forman parte de la mitología de la contemporaneidad a partir de una rebelión, se pretende instaurar un nuevo orden, que termina siendo un reacomodo para que con el discurso del cambio, en el fondo nada cambie, lo único real es que unos nuevos grupos de poder sustituyen a los antiguos amos del poder.

el 28-02-2011

miércoles, 5 de enero de 2011

A vueltas con Pío XII



Por el Dr. César Vidal
Escritor, periodista e historiador español
Escrito el 29.X.2008 en http://www.conoze.com/

Una de las razones —y no son escasas— por las que el cultivo de la Historia resulta indispensable es que nos acerca a la realidad por encima del mito. Uno de los más recurrentes es el que adjudica a Pío XII el papel de pontífice de Hitler. La acusación intenta sustentarse en la germanofilia del pontífice y, de manera especial, en su silencio ante el Holocausto. Que Pío XII gustaba de la cultura alemana es cierto, pero pretender que todos los que aman la obra de Beethoven, Bach o Goethe son unos nazis es una majadería. Por otro lado, acusarlo de pasividad ante el Holocausto es una calumnia.
Eugenio Pacelli, el futuro Pío XII, vivió en una época crispadamente difícil. En Rusia, se había creado el primer estado totalitario de la Historia y millones de creyentes — en su mayoría ortodoxos, pero también católicos y protestantes — fueron fusilados, torturados o enviados a campos de concentración. El propio Pacelli pudo comprobar cuando era nuncio en Alemania de lo que eran capaces los comunistas y nunca lo olvidó. A pesar de lo que esa experiencia lo marcó, no lo llevó a contemplar con simpatía a Hitler. Ya siendo papa, Pío XII se planteó la posibilidad de una denuncia pública y explícita de la persecución de los judíos, pero las consecuencias de ese tipo de acción resultaron terribles. La represión sufrida por los católicos en Holanda —donde se adoptó esa conducta— la certeza de que las represalias contra los católicos en naciones ocupadas por Hitler podrían ser pavorosas y, posiblemente, el ejemplo de lo que había pasado con la Iglesia confesante en Alemania acabaron determinando otro comportamiento. Sin dejar de condenar el nacional-socialismo alemán de manera pública y contundente —el discurso de Navidad de 1942 es un buen ejemplo— Pío XII optó por proporcionar información al exterior acerca de los crímenes cometidos por el III Reich y por intentar salvar a cuantos judíos fuera posible. Resulta significativo que el departamento de Estado norteamericano recibiera en 1942 las primeras noticias sobre las cámaras de gas de fuentes vaticanas.
También es harto elocuente que en Italia —y no sólo en Italia— las autoridades eclesiásticas y las órdenes religiosas organizaran un sistema de salvamento de judíos que permitió que decenas de millares no fueran deportados a Auchswitz. Así lo comprendieron desde Zolli, el rabino de Roma que se convirtió al catolicismo y fue bautizado con el nombre de Eugenio por Pío XII, a Einstein pasando por Golda Meir que señaló como «la voz del pontífice se ha levantado en favor de las víctimas». Pío XII seguramente hizo todo lo que podía teniendo en cuenta que de sus palabras dependía el futuro de millones que no eran judíos y cuyos sufrimientos quiso también aliviar.
Y, desde luego, se comportó mejor que el Stalin que no movió un dedo para impedir el Holocausto y firmó un pacto con el Hitler de las leyes de Nuremberg o que Roosevelt que se negó, a pesar de las peticiones de Churchill, a bombardear las vías férreas que llevaban a Auchswitz por temor a las represalias sobre sus pilotos. La pregunta sobre si pudo salvar a más —pregunta que atormentó al propio Schindler— no se responde calumniándolo a posteriori sino reconociendo que casi todo el mundo, a diferencia de él, contempló el Holocausto sin reaccionar.

jueves, 30 de diciembre de 2010

La paz como actitud de vida

Dr. Antonio Pérez Esclarín
Filósofo y teólogo, sobre todo, Maestro


Había una vez un rey que ofreció un gran premio al artista que lograra captar en una pintura la paz perfecta. Numerosos artistas presentaron sus cuadros en los que intentaron plasmar sus visiones de la paz. El rey, tras observar todas las pinturas, seleccionó dos que le habían impactado profundamente.
La primera recogía la imagen de un lago muy tranquilo. En él se reflejaban las montañas plácidas y sobre ellas un cielo inmensamente azul con unos tenues brochazos de nubes blanquecinas. Ciertamente, la visión del cuadro producía paz y todos estaban seguros que esta pintura sería la ganadora. La segunda pintura ofrecía un paisaje de montañas abruptas y escabrosas, sobre las que un cielo enfurecido descargaba una colosal tormenta de rayos y truenos. De la montaña caía un torrente impetuoso.
La gente no entendía cómo el rey la había seleccionado como finalista. Mayor fue su asombro cuando, después de largas cavilaciones, el rey la eligió como ganadora.
—Observen bien el cuadro —les dijo el rey al explicar su decisión-. Detrás de la cascada hay un pequeño arbusto que crece en la grieta de la roca. En el arbusto hay un nido con un pajarito que descansa tranquilo a pesar de la tormenta y del fragor de la cascada. Paz no significa vivir sin problemas ni conflictos, llevar una vida sin luchas ni sufrimientos. Paz significa tener el corazón tranquilo en medio de las dificultades.
Sólo los que tienen el corazón en paz podrán ser sembradores de paz y contribuirán a gestar un mundo mejor en medio de tantas violencias, tormentas y problemas. La lucha por la paz y la justicia debe comenzar en el corazón de cada persona. Ser pacífico o constructor de paz no implica adoptar posturas pasivas, ni ser sumiso, sino comprometerse y luchar por la verdad y la justicia.
Pero no seremos capaces de romper las cadenas externas de la injusticia, la violencia, la miseria, si no somos capaces de romper las cadenas internas del egoísmo, el odio, el consumismo…, que atenazan los corazones. No derrotaremos la corrupción, que actualmente corroe la entraña de la sociedad, con corazones apegados a la riqueza y el tener; no construiremos participación y democracia con corazones ávidos de poder; no estableceremos un mundo fraternal con corazones llenos de odio y de violencia.
Se acerca la Navidad, tiempo para la reflexión profunda, para el reencuentro, la fraternidad y la paz. De nada servirá decorar casas y oficinas, llenar de luces plazas y avenidas, poner pinos y pesebres en nuestros hogares, si no tenemos la disposición de cambiar nuestros corazones, de deponer toda actitud violenta, excluyente, vengativa. Hoy tenemos el peligro de ahogar las navidades en un consumismo desenfrenado o de vivirlas superficialmente, de un modo sensiblero, sin ahondar en su significado y en consecuencia, sin conversión profunda de nuestras actitudes y valores.
En Navidad celebramos el misterio de un Dios que se despoja de sus atributos divinos para nacer en la total precariedad. Aceptar a ese niño que tiembla de frío en un pesebre es aceptar a todos los excluidos, a todos los marginados, a todos los que sufren cualquier tipo de discriminación o de carencia; es aceptar la sencillez en lugar de la prepotencia, la fraternidad en vez de la dominación, el amor en vez del odio, el perdón en vez de la venganza.
En Belén los ángeles anunciaron el nacimiento del Niño con un mensaje de paz a los “hombres y mujeres de buena voluntad”, es decir a los sencillos y humildes de corazón, a los que se comprometen a actuar con honestidad y respeto.
En Navidad no celebramos el recuerdo del nacimiento de un niño hace más de dos mil años, que luego llegaría a ser un maestro famoso. Los nacimientos de los personajes ya muertos no se celebran. A nadie se le ocurre celebrar el nacimiento de Sócrates, de Pericles, de Virgilio, o incluso de nuestros familiares que ya se fueron. Celebramos el nacimiento de los que están vivos, de los que siguen con nosotros. Para los católicos y cristianos en general celebrar la Navidad es afirmar que Dios sigue con nosotros, que continúa naciendo en los corazones de todos aquellos que se comprometen a trabajar por la paz, por la justicia, por la inclusión; en todos los que eligen el servicio y el amor como proyecto de vida. Celebrar la Navidad es, en definitiva, convertirse a los valores de Jesús.
Celebrar la Navidad de espaldas a las necesidades de los demás es repetir la actitud de todos los que cerraron sus puertas a José y María cuando solicitaban posada. Celebrar la Navidad y alimentar el odio y la venganza es celebrar no a Jesús, sino a Herodes, que quiso matar al niño porque lo consideró una amenaza a su poder.

martes, 7 de diciembre de 2010

SANTA MARÍA DEL ADVIENTO

Por Mons. Mario Moronta
Obispo de San Cristobal

Figura emblemática para el adviento es la de María, la madre de Jesús. Ella es considerada el ejemplo más vivo de lo que es la esperanza. De hecho, sus meses de embarazo, en la espera de su hijo, con todo lo que ello había significado para ella y lo que iba a significar para la humanidad, se convierten en un tiempo de esperanza: ya se está cumpliendo la promesa hecha por Dios a los padres y se iba a sentir la misericordia divina de generación en generación. Esa espera maternal de María nos ayuda a entender cuál es la postura que debemos tener los creyentes al preparar en este adviento la próxima Navidad
Se trata de dos actitudes muy propias de una madre: el cuidar que su hijo llegue bien, con salud; y la ternura, que la lleva a tener ilusiones y a pensar en cómo irá a atenderlo después del parto. Esas actitudes nos pueden iluminar sobre cómo ha de ser nuestra preparación inmediata a la Navidad. En primer lugar, cuidar del Niño Dios. Esto implica reafirmar nuestra fe en Él, pero a la vez cuidar porque la fiesta de Navidad no pierda su sentido cristiano. Es decir, cuidar porque sea el Niño Dios –Dios-con-nosotros-, el centro de toda nuestra atención.
Junto a esto, por otra parte, la otra actitud nos ayuda a entender que hemos de imitar a María en lo que a la atención futura de su Hijo se refiere. No es otra cosa sino el estar pendiente de darlo a conocer, de que sea considerado la razón de ser de la humanidad. Esto tiene que ver directamente con la evangelización. Con la ternura que nos viene del amor de Dios, hemos de cuidar este aspecto fundamental de nuestro compromiso cristiano: que Jesús sea conocido y amado por todos. Esto nos ayudará a hacer de esta Navidad la fiesta del amor de Dios.
Por otro lado, en estos días del adviento celebramos dos fiestas marianas que apuntalan nuestra esperanza. Una, el 8 de diciembre: la Inmaculada Concepción. Viene a ser como la garantía de cumplimiento de nuestra esperanza. En vistas a su maternidad divina, María es concebida sin pecado original. Fue la primera en tener el privilegio de vivir anticipadamente el fruto de la acción redentora de su Hijo. Así, la fiesta de la Inmaculada sale a nuestro encuentro para darnos como mensaje que la esperanza sí tiene sentido. Nuestra esperanza ve en este misterio de María un motivo de confianza plena en la realización de la promesa hecha por Dios.
La otra fiesta es la de Nuestra Señora de Guadalupe. Ella es la emperatriz de América y estrella de la evangelización,. Su imagen recuerda a una joven encinta, en espera de su hijo. Es María que se hace presente en nuestras tierras americanas para hacer sentir que también entre nosotros nace el Redentor. Jesús es el Dios humanado que se hizo presente en la historia de la humanidad. María es su madre, el instrumento más hermoso del cual el Padre se valió.
A pocos días de la Navidad, María ilumina nuestra esperanza. Nos invita su figura a ser como ella, capaces de caminar al encuentro del Señor y de hacer de esta fiesta, la celebración de la presencia del Dios en la historia de la humanidad para salvarnos.

lunes, 22 de noviembre de 2010

CONSAGRACION A NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DE CHIQUINQUIRÁ, PATRONA DEL ZULIA

Por Mons. Jesús Enrique Hernández Bracho
Párroco de la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús
en la Eucaristía Solemne el 18 de noviembre 2010

Al iniciar esta consagración a Nuestra Señora de Chiquinquirá, nuestra Patrona del Zulia, profesamos nuestra fe en la Santa Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo y creemos que el Hijo “fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo y nació de Santa María Virgen.”(1)
Porque ciertamente nuestra fe y devoción a la Madre del Señor Jesús pertenece a la esencia de nuestra fe cristiana.
La que conservaba en su corazón todas las cosas que sucedían a su alrededor (Lucas 2,19), cómo no va a llevar consigo en su alma
(2) de su pueblo zuliano que , en esta vida . (3)
Y como nuestra Madre la Iglesia , María < se siente íntima y realmente solidaria> . (4) con sus hijas e hijos zulianos dondequiera que estemos.
*En las ondas de las otrora limpias aguas de nuestro lago < lavando una viejecita> (5), llegó (6) la Santa Virgen María a nuestra tierra del sol amada.
Y en una pequeña tablita quiso renovar su preciosa imagen. Desde entonces es lo más preciado que nuestra tierra guarda.
De este modo nuestra devoción a la Santísima Virgen María en la advocación de la Chiquinquirá, .(7)
Por eso, Madre Bendita Desde tu santuario Saladillero, desde nuestras casas y calles, barrios y urbanizaciones de nuestra ciudad, más allá de nuestro lago y más allá de las fronteras, desde cualquier lugar donde se encuentra una zuliana, un zuliano, desde lo más profundo de nuestro ser nos consagramos a Ti, Virgen Santa y Madre nuestra.
Te consagramos en primer lugar nuestras familias , .(8)
Que el hombre y la mujer que contraen matrimonio y forman una familia sean decididamente apoyados por el Estado; para que se defienda la vida de los hijos como sagrada e inviolable desde el momento de su concepción; para que la natalidad sea dignificada, valorada y apoyada jurídica, social y legislativamente. (…)>.(9)
Te consagramos, también a . (10)
(Benedicto XVI ante el Niño Jesús de Praga, 26/09/2009).
Que los padres y madres tengan un trabajo digno, estable, remunerado suficientemente para sostener su hogar.
Te consagramos y te pedimos, especialmente por las mujeres, que por diversas circunstancias de la vida tienen que seguir adelante ellas solas con los hijos. Cuídalas y guárdalas de todo mal.
Que la familia participe asiduamente de la Eucaristía, celebración de la familia de la Iglesia, sobre todo en el día domingo.
* Te consagramos, Señora nuestra, a nuestros maestros y educadores.
Que ofrezcan a los niños y jóvenes < razones y metas para el camino de la vida >. Que sean en la verdad. para .
Que ofrezcan a las nuevas generaciones <(…) puntos firmes para hacer sus opciones y construir su vida, del mismo modo que una planta pequeña necesita un apoyo sólido hasta que crezcan sus raíces, para convertirse en un árbol robusto, capaz de dar fruto” (…). (11)
Y que guiados por el Evangelio de Cristo y la doctrina de nuestra Iglesia Católica tengan y para que e incluyan a todos, especialmente a . (12)
Te consagramos, Madre santa a nuestros niños, adolescentes y jóvenes, que tengan razones para vivir como personas y como hijos de Dios, razones para esperar en un futuro mejor en medio, con frecuencia, de un presente adverso.
Que los jóvenes superen el relativismo que da <(..) inestabilidad… desconcierto… y conformismo (…). (13) Y para vencer <(…) el egoísmo, las divisiones … el odio…la falta de amor, alegría y esperanza …(…)>, (14) que Jesucristo sea su luz y su faro permanente . De la realización de sus sueños e ilusiones juveniles, portadores de verdaderos valores humanos y cristianos, depende el presente y el futuro de ellos y de nuestra querida Patria Venezuela.
Que muchachas y muchachos, sean < amigos de un Amigo grande>, , constantes amigos de Jesús (15) y devotos tuyos, Madre querida .
Te consagramos , Madre de Jesucristo Sacerdote a los obispos, sacerdotes, religiosas , religiosos, diáconos permanentes, a todos los consagrados, , seminaristas y jóvenes de las casas de formación .
Según el designio del Padre y de su Hijo, . (16)
Que tus hijas e hijos consagrados busquemos al Dios verdadero, que no es , sino que se ha hecho cercano y . (17)
Te consagramos a todos los miembros de nuestra Iglesia, laicos comprometidos y quienes laboran con generosidad y desprendimiento en nuestras comunidades, movimientos de apostolado, asociaciones.
Que todos propicien <(…) un encuentro comunitario con Cristo y con su Iglesia, una experiencia espiritual y la alegría en el servicio de la fe (..) >. (18)
Y tomando en cuenta las orientaciones del Concilio Plenario y del Proyecto Arquidiocesano de Renovación Pastoral, que todos trabajemos por la < (…) única y común Iglesia de Cristo, que en su diversidad es, en definitiva, una sola.(…) . (19)
Excelsa Patrona del Zulia, Casta Señora nuestra, Autóctona Virgen , Reina del Lago, China Amada por tu pueblo zuliano desde cerca de trescientos años, te consagramos a todos los que vivimos en esta tierra de gracia y a todos los que en estos momentos están fuera de aquí.
En medio de las luces y de las sombras, de los sufrimientos y de los consuelos, de las angustias y alegrías, te pedimos por los campesinos, los productores del campo, los obreros , los técnicos, los empresarios, los profesionales, los intelectuales , por todos nuestros gobernantes, a todos te los consagramos a Ti . También a quienes están perdiendo sus propiedades, a los presos, a los exiliados, a los secuestrados, a tantos que son víctimas de una violencia incontrolada.
Sentimos, con nuestros Obispos <(…) que Dios y la Patria nos llaman e interpelan (…) a colaborar (…) en la reconstrucción material y espiritual (del Zulia y de toda ) la República en un clima de de solidaridad y convivencia, que incluya a todos y en la que todos tengamos vida en libertad. (…). (20)
Que construyamos < juntos, en unión de corazones, de ideales y esperanzas, (un Zulia) y una Venezuela de hermanos, entregada con trabajo y responsabilidad a transformar los inmensos recursos con que Dios la ha dotado, para convertirlos en salud, educación, seguridad, vivienda digna y sobre todo en oportunidades de trabajo productivo, pilar fundamental del desarrollo humano integral para todos (…)>. (21).
Tu santa Reliquia, Madre Bendita del Zulia ,< (…) nos expresa (tu) sencillez , (tu) deseo de evangelizar nuestra región desde los pobres, (tu) propósito de entablar un diálogo evangelizador con cada poblador, de entrar en cada vivienda marabina para iluminar sus familias con la presencia del Niño que lleva(s) en (tus) brazos. (…)>. (22)
Por todo lo que hemos expresado Virgen de Chiquinquirá y Madre nuestra y por todo lo que Tú sabes que llevamos en nuestros corazones, nosotros tus hijas e hijos dondequiera que nos encontremos te seguiremos diciendo una y mil veces: “Oh Madre clemente y pía, escuchad nuestros clamores, pues sois de los pecadores, el consuelo y la alegría”. (23) AMEN.

¡QUE VIVA LA VIRGEN!


viernes, 30 de julio de 2010

En nombre de Jesucristo

Por el Padre Luis Ugalde, S.J.

Venezuela necesita como nunca obispos y sacerdotes que acompañen a los perseguidos

La naciente comunidad cristiana, hace 2.000 años, con audacia y libertad de espíritu, salió a proclamar que su jefe, recién ejecutado como malhechor, había sido resucitado por Dios y puesto como Salvador de todos. Como era de esperar, las autoridades de Jerusalén los pusieron presos y luego los soltaron con la prohibición de seguir hablando del Crucificado. Ellos respondieron “juzguen ustedes mismos si hay que obedecer más a los hombres que a Dios. Nosotros no podemos callar lo que hemos visto y oído” (Hechos Apóst. 4,19). Sin esa disposición espiritual, la Iglesia no es nada.

Vivir para servir

Jesús no era líder político, era el rostro humano y la Palabra liberadora del amor de Dios, que derribó las barreras que rechazaban a los leprosos, a los pecadores, a los herejes samaritanos y a los impuros… Dios no es barrera ni rechazo. Jesús, de hecho y de palabra, denunció la pretensión de entronizar el dinero en lugar de Dios, aunque siempre reconoció la necesidad de recursos para vivir. Reprendió en sus discípulos la tentación del poder que oprime a los demás, como lo hacen ¬dice¬ los tiranos de la tierra que tratan a sus pueblos como esclavos. Les enseñó la importancia del poder para servir, como lo hace el Hijo del Hombre que vino a servir hasta dar la vida. Nosotros en nombre de Jesucristo nada distinto podemos hacer ni enseñar; de lo contrario, seríamos farsantes.
Recientemente, el cardenal Urosa habló para “denunciar el peligro que cierne sobre nuestra querida Patria”: “Sin presión de ningún sector, y sin que nadie me mande a decir nada, sino obedeciendo sólo a la voz de mi conciencia como venezolano y arzobispo de Caracas”. Bien por el Cardenal: él sabía que la denuncia del mal uso del dinero y del poder iba a generar reacciones duras, pero su conciencia le decía: “Nosotros no podemos callar lo que hemos visto y oído”; como en la primera Iglesia.

El día del bautismo nos ungieron para que cada cristiano sea con Cristo “sacerdote, profeta y rey”.

Sacerdote. Cristo, nuestro sumo sacerdote, “no es insensible a nuestra debilidad, ya que, como nosotros, ha sido probado en todo, excepto el pecado” (Hebreos 4,15), y la Palabra de Dios “es viva y eficaz y más cortante que espada de dos filos” (Hebreos 4,12).
En este momento, Venezuela necesita como nunca obispos y sacerdotes que acompañen a los perseguidos y compartan el sufrimiento de su pueblo en sus carencias y frustraciones por promesas incumplidas.
Sanar las heridas y avivar la esperanza de una sociedad libre, con vida digna y con oportunidades, con capacidad de reconocer al otro y construir la paz juntos.

Hace 2.700 años vivió el profeta judío Jeremías.

Muy joven, movido del Espíritu, empezó a decir verdades exigentes. Como consecuencia, lo cuestionaron sus familiares, lo evitaron sus amigos y lo persiguieron las autoridades políticas.
Jeremías entró en crisis y peleó con Dios. En su desesperación, maldijo su nacimiento: “¡Maldito el día en que nací!…” (Jeremías 20,1418), y decidió no volver a dar la palabra, a hablar a su fuego interior. Pero Dios lo volvió a seducir y él retomó su voz profética porque sentía su Palabra dentro: “Como fuego ardiente encerrado en mis huesos, hacía esfuerzos por contenerla y no podía” (Jer. 20,9). Murió asesinado.
En nuestros tiempos dictatoriales, en la Iglesia han brillado grandes profetas-obispos, como el cardenal Silva Henríquez en Chile, Helder Cámara en Brasil, Angelelli en Argentina, Gerardi en Guatemala, Romero en El Salvador… Los tres últimos asesinados por los dictadores de su país.
Rey. Jesús es rey, pero no ¬le corrige a Pilatos¬ como los reyes mundanos que usan el poder para oprimir, sino con el Amor de servicio que da vida al Reino de Dios, que es de paz, justicia y amor.
Gracias, cardenal Urosa. Usted no inventó eso de que nos quieren llevar al mar de la felicidad comunista de Cuba; todos lo oímos antes. Pero en el propio Partido Comunista cubano se reconoce la miseria, la opresión y la desesperanza, a causa de un modelo totalitario impuesto con la promesa de que era el camino al Paraíso en la tierra. En Venezuela estamos a tiempo para evitarlo con responsabilidad de todos. Nos corresponde a la gente de la Iglesia, obispos, sacerdotes, laicos, hablar y actuar con el Espíritu de Jesucristo para denunciar, consolar y construir.

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jueves, 22 de julio de 2010

A Mons. Roberto Lückert León en sus bodas de plata

Homilia pronunciada por el Pbro. Eduardo Ortigoza en la Eucaristía celebrada en la Basílica Nuestra Señora de Chiquinquirá el día 18 de julio de 2010 por motivo de dar gracias a Dios y a la Virgen por las Bodas de Plata Episcopal de Mons. Roberto Lückert León, Arzobispo de Coro

Homenaje de la Iglesia de Maracaibo

Conocí a Mons. Roberto Lückert en el mes de agosto del año 1969, cuando llegó a mi casa preguntando si todavía deseaba continuar en el Seminario. La razón de esa visita y de esa pregunta fue que a todos los alumnos del Seminario, se nos habían devuelto nuestros documentos mientras nos comunicaban que el Seminario dejaba de funcionar y que cada uno de nosotros podríamos escoger libremente el colegio o el liceo donde continuar los estudios. No se nos había indicado la razón de esa clausura ni qué pasaría después. A todos los muchachos, entre 15 y 16 años, que hacía poco tiempo habíamos comenzado a transitar el camino de la vocación sacerdotal aparentemente se nos había terminado muy rápidamente dicho proyecto.
Gracias a ese joven sacerdote, se dio inicio a una experiencia que ha dado abundantes frutos a esta Iglesia. La mayor parte de los integrantes del clero de Maracaibo han surgido del Centro Vocacional Arquidiocesano impulsado por él. Del grupo rescatado de la dispersión únicamente este servidor llegó a ordenarse, en el camino se fueron juntando otros a la nueva experiencia, para luego contar los frutos.
Desde esa época somos muchos, los que hemos visto en el Padre Lückert al sacerdote maestro y amigo de toda la vida. Por ello, hoy le ofrecemos este homenaje por ser buen pastor de esta Iglesia venezolana.
Su experiencia sacerdotal se inició como Vicario cooperador en la Parroquia de Santa Bárbara al lado de Mons. Mariano José Parra León. Sin duda que de él aprendió la valentía para proclamar la verdad, con la conciencia clara de que quien asume la misión de profeta debe anunciar la palabra de Dios y denunciar el pecado aún a costa de la propia vida. Si él no lo hace lo harán las piedras. Porque esa palabra debe ser anunciada y todo pecado debe ser denunciado y corregido. Posteriormente recibió la encomienda de reunir al pequeño rebaño de seminaristas e iniciar la ya mencionada experiencia de formación sacerdotal. A lo que siguió la Parroquia de Ntra. Sra. de Lourdes, una pequeña iglesia de barrio, convulsionada y dividida por las pasiones contestarias que habían motivado la intervención del Arzobispo y el alejamiento de los sacerdotes que la habían conducido. Nada fácil, eran tiempos en que los Documentos de Medellín estaban muy frescos, en que dentro de la Iglesia efervescia la teología de la revolución y de la liberación, tiempos de curas obreros y de jóvenes que se sentían comprometidos con Cristo y con los más pobres. Preferían al sacerdote que, según ellos, optaba preferencialmente por los pobres y que llegaba hasta a emplearse como expendedor de combustible en la estación de servicio más cercana. Hasta ese ambiento llegó el Padre Lückert, con su sotana y con su viejo Mercedes Benz, que más que automóvil parecía un autobús dada la capacidad que tenía para transportar muchachos a reuniones y paseos. Los seminaristas permanentemente hacíamos la caricatura de los severos esfuerzos que debía realizar para realizar la simple maniobra de girar el volante.
Con la prédica constante de la reconciliación y los gestos continuos de amistad y humanidad, combinando sus tareas de Párroco y de Promotor vocacional, el Padre Lückert fue reconstruyendo su nueva Parroquia en la que especialmente había que dedicarse a fortalecer las bases del templo espiritual, pues el futuro del templo físico era incierto en razón del urbanismo que ya avanzaba y cambiaba la fisonomía de la ciudad.
Ese mismo urbanismo fue el que había arrasado al viejo Saladillo al que llegó el Padre Lückert en el año 1972 para asumir las funciones de Párroco de esta Basílica. Sustituía en el cargo a Mons. Medardo Luzardo, recién nombrado Obispo de San Carlos en Cojedes; debía continuar la tarea de sacerdotes de la talla de Ángel Ríos Carvajal, José Ángel Rosado, David Hernández, Olegario Villalobos, Antonio María Soto. Del territorio parroquial encontró los escombros de las antiguas casas familiares, así como también muchos corazones desgarrados por el avance despiadado de un modernismo inconsciente y desenfrenado. En dos períodos, y durante 13 años, ejerció como Párroco y Rector de este Santuario Mariano, Corazón del Zulia. Varios espacios vitales fueron convertidos en sus escenarios principales para ejercer la misión de reconstruir el tejido parroquial y sanar los corazones heridos: el altar para ofrecer diariamente la divina eucaristía por todo y por todos, a la vez que anunciar sin descanso el mensaje de esperanza; el confesionario para ofrecer un espacio de permanente intimidad a cada uno de sus feligreses y tenderles la mano amiga en el camino de encuentro con Cristo salvador, el despacho parroquial, atendido con rigurosa puntualidad, como lugar propicio para ayudar a resolver los problemas de los fieles y permitir la apertura necesaria para el diálogo amistoso de la asesoría espiritual, y finalmente la visita a los hogares de la parroquia, el caminar sus calles, la atención a los enfermos, el conocer uno a uno sus feligreses, compartiendo con ellos sus alegrías por los nacimientos, bautizos y matrimonios, acompañando sus duelos con la presencia consoladora y la palabra oportuna. Un espacio privilegiado para este apostolado fue el Hospital Chiquinquirá, donde ejerció como Capellán.
Desde la Basílica y con la maternal conducción de la Patrona de todos los zulianos, el Padre Lückert se fue convirtiendo en el cura amigo de todos, en la referencia obligada y permanente del clero zuliano. La fidelidad inquebrantable a Mons. Domingo Roa Pérez, su Arzobispo, lo llevó a compartir nuevas responsabilidades, la Dirección del Diario Católico La Columna, la Vicaría General de la Arquidiócesis, la fundación de las Parroquias de San Juan Bautista y de La Caridad del Cobre en San Francisco, etc.
Un espíritu de pleno dinamismo eclesial ha acompañado toda la vida sacerdotal de Mons. Lückert. Su característica fundamental ha sido la permanente obediencia a sus superiores y la íntegra dedicación a cualquier trabajo al servicio de la Iglesia y de los hermanos.

ME DESPRENDO DE MI VIDA, PARA RETOMARLA DE NUEVO

Luego de 19 años de eficaz ministerio sacerdotal en la Arquidiócesis de Maracaibo, el Papa Juan Pablo II lo elige Obispo de la Diócesis de Cabimas. El 29 de junio de 1985 es ordenado Obispo en esta misma Basílica. Era el mismo año de la inolvidable Visita de Juan Pablo II quien en gesto de devoción y humildad colocó a los pies de la Virgen Chinita su blanco solideo.
El Vicario General de Maracaibo y Cura de la Basílica debía abandonar su querida parroquia, a sus amigos y a sus fieles para entregar su vida «al otro lado del puente». De custodio de Ntra. Sra. del Rosario de Chiquinquirá se convertía en Pastor de los hijos de Ntra. Sra. del Rosario de Aránzazu. Durante ocho años, la Costa Oriental del Lago fue el espacio de acción para este Obispo que día a día se entregó al servicio de los más pequeños y de los más grandes. Haciéndose amigo de todos y cada uno de los hijos de esa Grey.

AL SERVICIO DEL PUEBLO, A LA SOMBRA DE LA CRUZ DE SAN CLEMENTE.

El 20 de julio de 1993, se conoce la noticia del traslado de Mons. Lückert a la Diócesis de Coro, de la cual tomó posesión el 2 de octubre de ese año. Es esta la Diócesis Primada de América Meridional, puesto que fue la Primera Sede Episcopal de la América del Sur, y la Primera Diócesis de la Patria. La Divina Providencia ha querido que sea el Primer Arzobispo de Coro a partir del 23 de noviembre de 1999.

LA MISION DEL OBISPO

Desde Coro, con la prominencia de 500 años de historia de esta Iglesia, Mons. Lückert ha continuado su misión de Pastor de la Grey: velando por el bien de su rebaño, que no solamente es Coro si no Venezuela toda, en espíritu de unidad y colegialidad con sus hermanos en el episcopado, comprendiendo cada día más que, como pastor del Evangelio de Jesucristo confiado a la Iglesia “…tiene el deber y el derecho de predicarlo a todas las gentes, independientemente de cualquier poder humano” (CIC 747 §1); debe proclamar los principios morales, incluso los relacionados con el orden social, y dar su juicio sobre cualquier asunto humano, en la medida en que lo exijan los derechos fundamentales de la persona humana o la salvación de las almas”. (CIC 747 §2).

LA IGLESIA ES EXPERTA EN HUMANIDAD

Esta frase fue pronunciada por el Papa Pablo VI, cuando respondía a la pregunta de si la Iglesia debía opinar sobre las diversas situaciones concretas que viven las personas, las sociedades o los pueblos. Y es que la Iglesia, con sus luces y sus sombras, con su pecado y con su gracia, siempre ha tenido presente las palabras de San Pedro cuando decía que Jesucristo: “fue un hombre que pasó haciendo el bien”.
Y es ese el bien que la Iglesia y sus Obispos deben continuar realizando. Es su obligación; ya que su tarea no se limita al ámbito “espiritual”. Su tarea no es solamente salvar el alma, es salvar a las personas concretas que viven el dolor, las alegrías, los sufrimientos, los gozos, las injusticias; y eso afecta su vida, su integridad, su dignidad. Es esa realidad total en la que viven las personas que forman parte de la Iglesia, o están fuera de ella, a la que hay dirigir una palabra de humanidad, para iluminarla con la luz del Evangelio y de la fe.
La Iglesia, con sus pastores y todo el pueblo de Dios, no puede permanecer callada e insensible ante la realidad en la que viven los seres humanos; una realidad llena de injusticia no solo individual sino también institucional, una realidad oscura en todos sus ámbitos: en lo familiar, laboral, político, económico, cultural, social, etc. Para todos las personas, y para todos esos ámbitos de vida, la Iglesia debe tener una palabra iluminadora, de consuelo, de acompañamiento para que ellos, libremente y guiados por su conciencia, puedan aplicarlas a su vida de cada día.

AGRADAR A DIOS, NO A LOS HOMBRES

Esta predicación de los Obispos y de la Iglesia toda, se realiza siguiendo las enseñanzas de los Apóstoles, como enseña San Pablo: “Nuestra predicación no se inspira en el error, ni en la impureza, ni en el engaño. Al contrario, Dios nos encontró dignos de confiarnos la Buena noticia, y nosotros la predicamos, procurando agradar no a los hombres, sino a Dios, que examina nuestros corazones. Ustedes saben –y Dios es testigo de ello– que nunca hemos tenido palabras de adulación, ni hemos buscado pretexto para ganar dinero. Tampoco hemos ambicionado el reconocimiento de los hombres, ni de ustedes ni de nadie, si bien, como Apóstoles de Cristo, teníamos el derecho de hacernos valer” (1Tes 2,3–7).

ADVERTENCIAS PARA EL MOMENTO PRESENTE

Lamentablemente en la sociedad contemporánea, a nivel mundial y no solamente en Venezuela, parece irse imponiendo una dictadura ideológica que se molesta ante la “firmeza insobornable” de la Iglesia y su anuncio de la verdad. Se pretende instaurar nuevas normas de conducta, tanto personal como social, en la sociedad, inspiradas en principios abiertamente antievangélicos”.
Se pretende secuestrar a Jesucristo y a su Evangelio, prescindiendo de la Iglesia a quien se le confió la misión de custodiar ese mismo Evangelio. Asimismo se procura instaurar un nuevo orden social “aparentemente cristiano” inspirado en un Jesucristo extraño al Evangelio, o en un Evangelio sin Jesucristo, acompañándolo de ideas y doctrinas no acordes con la verdad evangélica, carentes de una genuina jerarquía de los valores humanos.
Por ello se hace necesario escuchar y atender a la Iglesia, experta en humanidad. Con una experiencia de 21 siglos trabajando para reconciliar al ser humano con Dios, su creador; y para unir al ser humano consigo mismo y con su prójimo. En este sentido es que la Iglesia presenta una lista de derechos humanos indeformables e irrenunciables que Dios ha otorgado a cada hombre y a cada mujer, más allá de sus méritos o culpas personales. En primer lugar están los derechos básicos a la vida, a la enseñanza, a la salud, al trabajo, a la libertad, etc., y se extiende a exigencias irrevocables que abarcan el desarrollo de la vida personal, familiar y social.
El actual momento por el que atraviesa la historia de nuestro país exige de los obispos y de los sacerdotes que sepamos ser verdaderos pastores y amigos de todos. Que nunca nos cansemos de propiciar el diálogo y de tender puentes que faciliten el acercamiento y el entendimiento. Que tengamos presente que en nuestras comunidades hay gente de todos los bandos y facciones. Que no tenemos ningún derecho a expresar preferencias por alguna opción política, ya que discriminaríamos a una parte de nuestros pastoreados. Como pastores no se nos permite hacer públicas nuestras preferencias políticas o de partidos. Todo esto no debe impedir la predicación de la verdad, el anuncio del Reino de Dios, la denuncia de la mentira y del pecado. Esta sigue siendo la enseñanza permanente de nuestro homenajeado.
Fundamentalmente a los pastores les toca hacerse, como enseña San Pablo, débiles con los débiles para ganar a los débiles. Hacerse todo a todos para salvar a toda costa a algunos. (1 Cor. 9,22).
Y qué mejor manera de hacerse «todo a todos» en el hoy de Venezuela que a través de la vivencia y la predicación de la misericordia divina, que no hace acepción de personas, que es infinita comprensión y perdón. Ante tanto ofensa, tanto dolor, ante tanta herida abierta, la única salida es que nos decidamos a ser como el Buen Samaritano. Que no nos fijemos en los detalles o en las palabras, sino que reconozcamos el rostro del hermano.
El Evangelio de hoy (Lc.10,38-42) nos convoca, con los ejemplos de Marta y María en la casa de Betania, a saber combinar nuestra contemplación y nuestra escucha de la Palabra de Dios con la acción decidida para ayudar a los hermanos y transformar este mundo en el reino de paz y amor que Jesucristo vino a inaugurar con su presencia.
Mons. Roberto Lückert, Arzobispo de Coro, ha celebrado con alegría y en unión de sus amigos y fieles esta Acción de Gracias al Señor por sus 25 años de vida episcopal; el próximo mes de agosto celebrará sus 44 años de ordenación sacerdotal. Él mismo decía el pasado 29 de junio en Coro que el comején ya se comienza a sentir en su organismo. Pidamos que se siga inmunizando en contra de ese flagelo; y que siga siendo como nuestras viejas Catedrales y como esta Basílica que, aún cargadas de años, siguen permaneciendo en pie y dando calor familiar a cada uno de sus hijos. En Venezuela necesitamos, todavía por mucho tiempo, la voz clara y tronante de este Pastor que sin titubeos anuncia la buena noticia; pero que también denuncia las injusticias y desenmascara las mentiras. Pidamos que pueda seguir siendo el Obispo amigo que construye puentes y que acerca distancias, que como lo hizo tanto en el febrero de 1992, como en el abril de 2002, como en tantas otras ocasiones menos conocidas, pueda acercarse a quienes lo necesiten, aún cuando su presencia pudiera ser inesperada e incomprendida.
Mons. Lückert, con la gratitud de discípulo y amigo, junto a todos estos hermanos que te aprecian y admiran, pido a Dios te siga dando la salud, el coraje y la constancia para que junto a tus hermanos Obispos venezolanos puedas seguir siendo luz y guía para este pueblo venezolano que es cristiano, fiel y devoto, que en la vida y en la muerte ama y lucha, canta y ora. El Señor y la Chinita te sigan bendiciendo.

martes, 20 de julio de 2010

El enemigo necesario

Este es el Editorial de http://www.nanalitica.com/

Editorial
Lunes, 19 de julio de 2010



Se acercan las elecciones del 26 de septiembre y los números de las encuestas no son nada alentadores para Chávez y la revolución. En menos de 70 días, si los indicadores siguen su tendencia el Presidente, aún obteniendo la mayoría, podría estar frente a una de sus más rotundas derrotas políticas, ante un parlamento que le pedirá cuentas, revisará las leyes y los proyectos, y hará verdadera contraloría.
El correlato del panorama electoral ha sido el problema de la comida podrida y su tremenda incidencia en la opinión pública. El Gobierno no sólo ha sido torpe en intentar rociar con ambientador el hedor que despide toda la trama de corrupción e ineficiencia, sino que se ha visto en la necesidad de actuar reactivamente, algo que no hacía desde hace mucho tiempo.
Chávez parece tener claro que con sus desesperados llamados a convencer al sector Ni-ni o No Alienado (que progresivamente se desplaza hacia la acera opositora), no tendrá suficientes votos el 26S y por eso ha buscado la manera de cohesionar el “voto duro” de su militancia. ¿Cómo? Pues como siempre: buscando un enemigo necesario con el cual confrontar y polarizar.
Uribe está a punto de entregar el gobierno, Santos apenas comienza y anda en son de paz, por los momentos; Obama ni le contesta ni le hace mucho caso; la oposición venezolana ha aprendido a no enganchanse con “trapos rojos” y seguir su agenda. ¿Qué le queda? El cardenal Urosa y la jerarquía eclesiástica. De ahí el ataque furibundo, la descalificación continuada y hasta la “cayapa” junto con los otros poderes sumisos al Ejecutivo, un recurso que demuestra toda su desesperación y necesidad de cazar pelea con un “enemigo”, así tenga sotana.
¿Qué pasaría si los jerarcas de la Iglesia católica lo dejan plantado y sólo en el ring de boxeo? ¿A qué enemigo nuevo se buscará? Interesante ¿no?

miércoles, 14 de julio de 2010

Carta sobre la oración

 Por Mons. Bruno Forte

Me preguntas ¿por qué rezar? Te contesto, para vivir. Porque, en efecto, para vivir de verdad hay que rezar. ¿Por qué? Porque vivir significa amar. Una vida sin amor no es vida. Es soledad vacía, es cárcel y es tristeza. Sólo quien ama vive de verdad. Y solamente ama quien se siente amado, alcanzado y transformado por el amor. Así como la planta no puede florecer y dar sus frutos si no recibe los rayos del sol, también el corazón humano no puede abrirse a la vida verdadera y plena si no es alcanzado por el amor. Ahora bien, el amor nace y vive del encuentro con el amor de Dios, el más grande y verdadero de todos los amores posibles; más aún: el amor que está más allá de cualquier definición que podamos dar y de todas nuestras posibilidades. Al rezar nos dejamos amar por Dios y nacemos al amor. Por lo tanto, quien ama vive en el tiempo y para la eternidad.
¿Y quién no reza? Quien no reza corre el riesgo de morir interiormente, porque tarde o temprano le faltará el aire para respirar, el calor para vivir, la luz para ver, el alimento para crecer y la alegría que da sentido a la existencia.
Me dices: ¡pero yo no sé rezar! Me preguntas: ¿cómo se reza? Te contesto: empieza por darle algo de tu tiempo a Dios. Al comienzo, no importará que ese tiempo sea mucho, sino que tú se lo des con fidelidad. Fija tú mismo un tiempo para darle cada día al Señor, y dalo con fidelidad, cotidianamente, cuando lo sientas y cuando no. Busca un lugar tranquilo, donde si es posible haya algún signo que remita a la presencia de Dios. Medita en silencio, invoca al Espíritu Santo para que sea él quien diga en ti: «Abbá, Padre». Llévale a Dios tu corazón, aunque esté confuso. No tengas miedo de decirle todo: tus dificultades y tu dolor, tu pecado y tu incredulidad, y también tu rebelión y tu oposición, si así lo sientes.
Abandonándolo todo en las manos de Dios. Recuerda que es Padre-Madre en el amor, que todo lo recibe, todo lo perdona, todo lo ilumina, todo lo salva. Escucha su silencio. No quieras recibir en seguida respuestas. Persevera. Como el profeta Elías, camina en el desierto hacia el monte de Dios. Y cuando te hayas acercado a él, no lo busques en el viento, en el temblor o en el fuego, en signos de fuerza o de grandeza, sino en la voz sutil del silencio. No pretendas poseerlo, deja en cambio que pase por tu vida y por tu corazón, que toque tu alma y se deje contemplar por ti aunque sólo sea de espaldas.
Escucha la voz de su silencio. Escucha su Palabra de vida. Abre la Biblia y medita con amor. Deja que la palabra de Jesús hable al corazón de tu corazón. Lee los salmos, donde encontrarás expresado todo lo que querrías decirle. Escucha a los apóstoles y a los profetas. Enamórate de la historia de los patriarcas, del pueblo elegido y de la iglesia naciente. Cuando hayas escuchado la Palabra de Dios, sigue caminando por los senderos del silencio, dejando que el Espíritu te una a Cristo, Palabra eterna del Padre. Al comienzo, te podrá parecer que el tiempo es demasiado. Persevera con humildad, dándole a Dios todo el tiempo que logres darle, pero nunca menos de lo que estableciste poder darle cada día. Verás que, de cita en cita, tu fidelidad se verá premiada. Y advertirás que poco a poco crecerá en ti el gusto por la oración: lo que al inicio te parecía inalcanzable, se tornará cada vez más fácil y hermoso. Comprenderás que lo que cuenta no es obtener respuestas, sino ponerse a disposición de Dios. Y verás que todo lo que presentes en la oración poco a poco se irá transfigurando.
Cuando vayas a rezar con el corazón agitado, si perseveras, advertirás que luego de haber rezado largamente no obtendrás respuestas a tus interrogantes, pero ellos se irán derritiendo como la escarcha ante el sol. Y en tu corazón irrumpirá una gran paz: la paz de estar en las manos de Dios y de dejarte conducir con docilidad por él hacia el lugar que te ha preparado. Entonces, tu corazón renovado podrá cantar el cántico nuevo, y el «Magnificat» de María estará espontáneamente en tus labios y será cantado por la silenciosa elocuencia de tus obras.
Sin embargo, no faltarán momentos de dificultad. A veces no podrás acallar el ruido que te rodea y que está en ti; a veces sentirás el cansancio y hasta el desagrado de rezar; a veces tu sensibilidad preferirá cualquier otra cosa menos que estar en oración frente a Dios, como si ese fuera sólo «tiempo perdido». Sentirás, finalmente, las tentaciones del Maligno, que tratará de separarte del Señor, de alejarte de la oración. No temas. Las mismas pruebas que tú vives las experimentaron antes los santos, a menudo mucho más abrumadoras. Persevera, resiste y recuerda que lo único que realmente podemos darle a Dios es la prueba de nuestra fidelidad. Con la perseverancia salvarás tu oración y tu vida.
Llegará después la hora de la «noche oscura», cuando todo te parecerá árido o inclusive absurdo en las cosas de Dios. No temas. Ese es el momento en que Dios lucha junto a ti: remueve todo pecado en la confesión humilde y sincera de tus culpas y busca el perdón sacramental. Dale a Dios más de tu tiempo. Deja que la noche de los sentidos y del espíritu se convierta para ti en la hora de la participación en la pasión del Señor. En este punto Jesús mismo cargará con tu cruz y te conducirá consigo hacia la alegría de la Pascua. No te asombrará, entonces, descubrir como amable esa noche, ya que la verás transformada para ti en noche de amor, inundada por la alegría de la presencia del Amado.
No tengas miedo, por tanto, de las pruebas y de las dificultades de la oración. Recuerda solamente que Dios es fiel y no permitirá nunca una prueba sin salida, no dejará nunca que seas tentado sin darte la fuerza para soportar y vencer. Déjate amar por Dios. Como una gota de agua que se evapora bajo los rayos del sol y sube para volver a la tierra como lluvia fecunda o rocío consolador, deja así que tu ser sea cincelado por Dios, plasmado por el amor de los Tres, absorbido y restituido a la historia como regalo fecundo. Deja que la oración haga crecer en ti la libertad de todo miedo, el valor y la audacia del amor, la fidelidad a las personas que Dios te ha confiado y a las situaciones en las que te ha puesto, sin buscar evasiones o consuelos mediocres. Aprende, al rezar, a vivir la paciencia de esperar los tiempos de Dios, que no son los nuestros, y a seguir sus caminos, que a menudo tampoco son los nuestros.
Un don especial, fruto de la fidelidad en la oración, será el amor por los demás y el sentido de Iglesia. Cuanto más reces, mayor misericordia sentirás por los demás, más querrás ayudar a quien sufre, más tendrás hambre y sed de justicia para con todos, especialmente con los más pobres y débiles, más te harás cargo del pecado de los otros para completar en ti lo que falta a la pasión de Cristo.
Al rezar, sentirás qué bello es estar en la barca de Pedro, solidario, dócil, sostenido por la oración de todos, dispuesto a los demás con gratuidad, sin pedir nada a cambio. Al rezar sentirás crecer en ti la pasión por la unidad del cuerpo de Cristo y de toda la familia humana. Al rezar se aprende a rezar, y se gustan los frutos del espíritu que dan verdad y belleza a la vida. Al rezar, uno se transforma en amor; y la vida cobra el sentido y la hermosura que Dios ha querido. Al rezar se advierte la urgencia de llevar el Evangelio a todos, hasta los últimos confines de la tierra. Al rezar se descubren los infinitos dones del Amado y se aprende a darle gracias por cada cosa. Al rezar se vive. Al rezar se ama, se alaba.
Si tuviera, entonces, que desearte el regalo más preciado, si quisiera pedírselo a Dios para ti, no dudaría en solicitar el don de la oración. Se lo pido. Y tú no dudes en pedírselo a Dios para mí. Y para ti. Que la paz de Nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios Padre y la comunión del Espíritu Santo estén contigo. Y tú en ellos, porque al rezar entrarás en el corazón de Dios, escondido con Cristo en él, envuelto en su amor eterno, fiel y siempre nuevo. Ya lo sabes, quien reza con Jesús y en él, quien reza a Jesús o al Padre o invoca su Espíritu, no le está rezando a un Dios genérico y lejano. Desde el Padre, por medio de Jesús, gracias al Espíritu, cada uno recibirá el don perfecto, el más oportuno, el que le ha sido preparado desde siempre. Es el regalo que nos espera. El regalo que te espera.

Unidos en la oración.
Nota: Mons. Bruno Forte nace en 1949 en Nápoles. Sacerdote desde 1973 y arzobispo de Chieti-Vasto desde 2004. Estudió en Tubinga y en París. Doctor en teología y filosofía, ha sido profesor de teología dogmática en la Pontificia Facultad teológica de Italia meridional y consultor del Consejo pontificio para la unidad de los cristianos y del Consejo pontificio para el diálogo con los no creyentes. Es miembro de la Comisión teológica internacional.