lunes, 25 de octubre de 2010

CAMINEMOS A LA LUZ DEL SEÑOR

Comunicado de la
XLI Asamblea extraordinaria plenaria de la
Conferencia Episcipal de Venezuela


1.- Reunidos en Asamblea Extraordinaria, los Arzobispos y Obispos de Venezuela queremos hacer llegar a toda la familia venezolana, nuestro saludo y bendición. Siendo nuestra última reunión plenaria del año y acercándose los tiempos de Adviento y Navidad queremos compartir los esperanzadores mensajes de paz que acompañan el nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo y su presencia en el mundo como manifestación visible del amor de Dios.

2.- Los invitamos a leer con detenimiento, de manera personal, familiar o en asamblea de oración, los textos bíblicos del Adviento y la Navidad, tales como el capítulo 2 del Profeta Isaías quien nos invita a elevar nuestra mirada a Dios que salva, a convertirnos, cambiar de mentalidad, forma de vida y de actuar, abrirnos a la reconciliación y la fraternidad. Este es el camino adecuado para construir el mundo feliz que todos anhelamos. Debemos emplear los recursos para el progreso no para la destrucción, adiestrar a los niños y jóvenes para el trabajo productivo no para la guerra, forjar de las espadas arados para una convivencia fraterna.

3.- En este espíritu, compartimos la alegría y el éxito logrado por nuestros hermanos chilenos en el rescate de los 33 mineros atrapados en una mina. Su feliz reencuentro constituye una lección para el mundo entero de lo que puede la unión de esfuerzos, el respeto a la vida, la lucha mancomunada para poner los recursos de la ciencia y la tecnología al servicio de la persona humana. Al mismo tiempo, es un alerta para que se asuman las responsabilidades y se creen condiciones adecuadas para el trabajo humano. Allí estuvo presente, además, como lo señalaron muchos, la fe y la esperanza en el Señor de la vida, que eleva los espíritus y los alienta con el mandamiento supremo del amor a Dios y a los seres humanos.

4.- Concluido el proceso electoral del 26 de septiembre, estimamos que llega la hora de establecer puentes y ampliar caminos de reconciliación y de paz. La comprobación de que el país está dividido en dos, con el peligro real de mantenerse de espaldas un grupo contra el otro, nos obliga a hacer de este momento histórico un camino de entendimiento. Es la hora del reencuentro. Los venezolanos tenemos que sentirnos sujetos activos, atendidos y acompañados en las angustias y esperanzas.

5.- El gran protagonista y el auténtico ganador ha sido el pueblo venezolano, que ha participado masivamente en la jornada electoral. Esto es un claro indicio de su anhelo de buscar soluciones a los problemas sociales por caminos de mutuo respeto, de diálogo y de solidaridad sin exclusiones. El pueblo está cansado de conflictividades, odios, violencias destructoras sin sentido, promesas incumplidas. Lo que el pueblo quiere y reclama es que se le escuche y atienda, que se le dé solución concertada, pacífica y consensual a sus problemas concretos, a sus reales necesidades y a sus legítimos anhelos.

6.- De quienes han sido elegido diputados se espera que promuevan un modelo de país que supere la polarización y el enfrentamiento. Estamos ante el reto de asumir un proyecto democrático común que favorezca una cultura política de cooperación mutua y no de eliminación del adversario.

7.- Un campo de encuentro es el de la solución de la problemática educativa y universitaria. Los defectos o vicios que puedan existir deben ser denunciados y corregidos pero consideramos de justicia la lucha emprendida por los universitarios en sus reivindicaciones salariales y por un presupuesto adecuado a fin de cumplir con una educación de calidad. La democracia se consolida en la pluralidad y el respeto. No se puede desmantelar la herencia acumulada a lo largo de muchas décadas o imponer una dirección ideológica única. Un genuino humanismo debe exaltar la libertad y la responsabilidad, apoyar la pluralidad para encontrar afanosamente la verdad compartida por la mayoría.

8.- Se habla de un nuevo Código Orgánico Penal. Es un instrumento necesario en cualquier sociedad y después de la Constitución, es un instrumento jurídico fundamental. La importancia y trascendencia de los temas que debe contener este instrumento exigen una amplia consulta y un gran consenso. Este cuerpo legal debe tener un sentido pedagógico, promover la cultura de la vida y el respeto de los unos para con los otros y no alimentar la exclusión.

9.- Tener mejor calidad de vida y favorecer la convivencia ciudadana no se logra con abrir la puerta para legalizar, despenalizar o criminalizar acciones o situaciones que encierran un menosprecio a la vida como el aborto, la eutanasia, el secuestro. Los derechos de la gente tocan a la racionalidad y al discernimiento. Invitamos a releer la Encíclica “El Evangelio de la Vida” de Juan Pablo II, publicada hace quince años pues sigue teniendo vigencia hoy día.

10.- Se están cumpliendo diez años del inicio del Concilio Plenario de Venezuela. En sus documentos se nos presenta un proyecto pastoral de la Iglesia como pueblo de Dios, que anima a la participación y la corresponsabilidad de los bautizados. El Concilio desafía hacer de las diócesis, parroquias, colegios, universidades, movimientos apostólicos, espacios de diálogo, de discusión, de crecimiento y de comunión.

11.- Que el Señor en el tiempo de Adviento y Navidad despierte en nosotros el deseo de prepararnos a la venida de Cristo con la práctica de las obras de misericordia, que en estos momentos en Venezuela pasan por el diálogo y el entendimiento entre todos, para que, podamos entrar al Reino de los cielos. Con nuestra bendición.

Los Arzobispos y Obispos de Venezuela
Caracas, 21 de octubre de 2010

martes, 19 de octubre de 2010

Elogio de la siesta

Leonardo Boff
Teólogo Brasileño

Después de que el periodista y amigo Zuenir Ventura se aventurara, en un importante periódico de Río (29/05), a exaltar los beneficios de la siesta como algo que es bueno para la salud, y más aún, que es una necesidad biológica que vuelve a las personas más inteligentes, me he animado a hacer el elogio de la siesta. Es un viejo propósito que alimento desde hace años, en los que he hecho incluso investigaciones sobre el asunto. Pretendo justificar que soy un siestero inveterado. Tan inveterado que condiciono algunas conferencias a la posibilidad de echar una pequeña siesta después del almuerzo aunque sea en una butaca o en la silla.
En Friburgo (Alemania) tomaron tan en serio mi deseo que en una sala montaron una cama de campaña para que pudiese echar la bendita siesta. Pero no lo conseguí, porque algunos alemanes tienen el mal gusto de organizar durante el almuerzo un encuentro con algún grupo que quiere conversar hasta sobre cuestiones metafísicas. El resultado es que echan a perder la comida, o uno acaba no comiendo o, lo que es peor, no le queda tiempo para echarse la indispensable siestecita.
Personalmente soy siempre recalcitrante para irme a la cama. No me gusta dormir y retraso lo más que puedo la hora de acostarme. Pero pocas cosas hay mejores, entre las gratas satisfacciones que el Creador dio a los «degradados» hijos e hijas de Adán y Eva, que una buena siesta. No es necesario que sea larga. Bastan unos 20 minutos. A excepción de los sábados y domingos, en que, como buen descendiente de italianos, tomo dos vasos de vino. No tanto por el vino sino por aquello de que propicia una siesta más profunda y más prolongada. Ahí duermo «a pierna suelta», como dicen los españoles, bien traducido por nuestra gente de Minas Gerais: “durmo de pé espalhado”.
Es misterioso el origen de la siesta, pero por su bondad intrínseca debe estar ligada al proceso de la antropogénesis, o sea, debe existir desde que apareció el ser humano. Si hasta los animales hacen siesta, ¿cómo no íbamos a hacerla los humanos, hermanos y hermanas más complejos de los animales?
Algunos creen que en Occidente fue introducida oficialmente por los monjes y los frailes. Hay un sabroso dicho español que dice: «si quieres matar a un fraile, quítale la siesta y dale de comer tarde». En España la siesta es tan sagrada que gran parte del comercio cierra durante esas horas. En los conventos pude ver que algunos frailes llegaban a ponerse el pijama para hacer la siesta, especialmente después de haber tomado unos vasitos de vino seguidos de un excelente coñac.
Se dice que Newton y Churchill tuvieron sus mejores ideas después de la siesta. Víctor Hugo habló de la siesta al referirse al león en un poema que lleva por título La meridienne du lion (la siesta del león). Baudelaire en La belle Dorothée dice inteligentemente por qué hacía siesta: «la siesta es una especie de muerte sabrosa, en la cual quien duerme, semidespierto, degusta el placer de su desaparición». René Louis, en sus Mémoires d\'un Siesteur (Memorias de un siestero) dice muy bien: «la siesta me permite observar durmiendo; es el momento en que el tiempo para y se calla». F. Audouard, en sus Pensées dice hermosamente: «En Provenza amanece dos veces: por la mañana y después de la siesta».
Aquí está para mí lo bueno de la siesta: nos brinda una segunda noche y dos nacimientos del sol. La siesta nos permite tener, en el mismo día, un segundo día. Al despertar de la siesta, todo recomienza con renovado vigor como si el día volviera a empezar.
Si me quitan la siesta, el cuerpo se venga, especialmente si estoy oyendo una charla: dormito, pestañeo y no es raro que eche una cabezadita. No puedo imaginar un día entero de actividad mental, prestando atención a tantas cosas y teniendo que ordenar no sé cuantas ideas sin una siesta reparadora.
La siesta es una sabia invención de la vida. Descansa la cabeza, hace olvidar las contrariedades y nos da la rara experiencia virtual de morir dulcemente (el sueño es una bella metáfora de la muerte) y resucitar de nuevo.

Tomado: La columna semanal de Leonardo Boff

Servicios Koinonia (fue publicado el día 07-09-2010)
http://www.serviciokoinonia.org.boff

jueves, 14 de octubre de 2010

San Alberto Hurtado: una vida con sentido trascendente


Andrés Bravo
Capellán de la UNICA

El jesuita chileno Alberto Hurtado Cruchaga es un ser transparente de una existencia auténtica, vivida con sentido trascendente, fiel al seguimiento de Jesús en su Iglesia. Él mismo lo expresa diciendo que el camino de su vida es la voluntad de Dios, su santificación, colaborar con Dios, realizar su obra. Y se pregunta: “¿Habrá algo más grande, más digno, más hermoso, más capaz de entusiasmar?”. Así vive eternamente. Hoy sigue como antorcha encendida iluminando los caminos de los universitarios a quienes tanta dedicación consagró. Sigue siendo entusiasta y entusiasmando, como “un fuego que enciende otros fuegos”.
Chile lo vio nacer el 22 de enero de 1901 del seno de la familia de Alberto Hurtado Larraín y Ana Cruchaga Tocornal. A causa de la muerte de su padre, cuando apenas contaba cuatro años de edad, Alberto es obligado a trasladarse con su familia a la capital para habitar con su tío Jorge Cruchaga. Ahí recibe sus primeras enseñanzas en el Colegio San Ignacio finalizadas en 1917. Pero, su vida familiar y estudiantil va integrada a su fe cristiana vivida apostólicamente. En 1909 recibe la primera comunión y es confirmado al siguiente año. Ya en 1911 comienza su compromiso apostólico como miembro de las Congregaciones Marianas.
En 1918 inicia sus estudios universitarios de Derecho en la Universidad Católica de Chile. Un universitario inquieto, siempre movido por su seguimiento a Jesús. Activista político en el Partido Conservador, en el Centro de Alumnos de Derecho y dedicado a los pobres en el Patronato de Andacollo. La cuestión obrera también ocupa su vida apostólica con gran entusiasmo. Participa en el Círculo de Estudios León XIII y se convierte en instructor de obreros en el Instituto Nocturno San Ignacio.
Para obtener su título de Bachiller en Derecho presenta en 1922 un trabajo sobre La reglamentación del trabajo de los niños. Al año siguiente, para su licenciatura en Leyes y Ciencias Políticas, presenta: El trabajo a domicilio. El mismo año presenta su examen final calificado de sobresaliente. Sin duda, su vida universitaria entre su activismo político, su apostolado cristiano y su competencia académica, hacen de Alberto Hurtado una persona auténtica.
No podemos dejar de mencionar su amistad con quien es su compañero y más tarde Obispo y hasta Presidente del CELAM, Mons. Manuel Larraín. Junto a este gran amigo, Alberto pudo descubrir su vocación religiosa y sacerdotal. Es importante destacar que él siempre busca descubrir la voluntad de Dios, “¿Qué quiere Dios para mí?”. Toda vida es una vocación. Todos tenemos una misión que da sentido trascendente a nuestro existir. La Universidad Católica de Chile sintió que entregaba a Dios uno de sus mejores estudiantes cuando en el año 1923 Alberto entra al Noviciado de la Compañía de Jesús (Jesuitas). Entre los años 1927 y 1931 estudia filosofía y teología en Barcelona (España). Continúa la teología en Lovaina (Bélgica).
Es ordenado Sacerdote el 24 de agosto de 1933 en Lovaina. Al año siguiente aprueba el examen Ad Gradum de Teología y su examen para el Doctorado en Ciencias Pedagógicas en la misma Universidad de Lovaina.
Su Universidad Católica de Chile no deja de sentir su presencia, aun lejos trata de impulsar la Facultad de Teología. Retornando a su país el año 1936, comienza su apostolado con los jóvenes y universitarios en general. En su Universidad como profesor, predicador de retiros espirituales y su misión de Pastoral Universitaria. Además, su asesoría espiritual de la Acción Católica a nivel diocesano. También trabaja con estudiantes liceístas.
En Santiago de Chile, el año 1945, comienza su obra social de inspiración cristiana de mayor importancia en el país, el Hogar de Cristo. Ahora “Cristo, acurrucado bajo los puentes, en la persona de tantos niños que no tienen a quién llamar padre, que carecen hace muchos años del beso de madre sobre su frente”, tiene un hogar. En 1947, con un grupo de universitarios constituye la Acción Sindical y Económica Chilena (ASICH) y establece un centro de formación sindical cristiano. En 1951 funda la revista Mensaje de formación cristiana.
Con la única inquietud por los pobres y necesitados, pero con una existencia disparada a la eternidad, como él mismo lo enseña, sufrió su enfermedad manifestando su fe en las palabras inolvidables para la humanidad: “Contento Señor, contento”. Así parte a la casa del Padre Dios a las 5 de la tarde del 18 de agosto de 1952. Joven, como “un fuego que enciende otros fuegos”, Juan Pablo II lo beatifica el 16 de octubre de 1994 y es canonizado por Benedicto XVI el 23 de octubre de 2005. Al año siguiente, el 7 de abril, en una Visita Pastoral a nuestra Alma Mater, Mons. Ubaldo Santana lo proclama Patrono Oficial de la Universidad Católica Cecilio Acosta.

viernes, 8 de octubre de 2010

Oración al Padre Alberto Hurtado, Patrono de la UNICA

Padre Alberto Hurtado
Apóstol de Jesucristo,
servidor de los pobres,
amigo de los niños
y maestro de juventudes,
bendecimos a nuestro Dios
por tu paso entre nosotros.

Tú supiste amar y servir,
tú fuiste profeta de la justicia
y refugio de los más desamparados.
Tú construiste con amor
un hogar para acoger a Jesucristo.

Como un verdadero padre,
tú nos llamas a vivir la fe
comprometida, consecuente y solidaria.

Tú nos guías con entusiasmo
en el seguimiento del Maestro.
Tú nos conduces al Salvador
que nuestro mundo necesita.

Haznos vivir siempre contentos
aun en medio de las dificultades.
Haz que sepamos vencer el egoísmo
y entregar nuestra vida a los hermanos.

Padre Hurtado,
hijo de María y de la Iglesia,
amigo de Dios y de los hombres
ruega por todos nosotros.

Amén

viernes, 24 de septiembre de 2010

El cristiano y la política

Por el Padre Jesuita
Luis Ugalde
El poder domina y aplasta. Si no se le frena y controla, termina en tiranía opresora. Hay tiranías de derecha y de izquierda, antiguas y modernas, monarquías despóticas y dictaduras militares, de mesías revolucionarios y de fanáticos fundamentalistas, de ateos y de religiosos. Lo suyo es dominar e imponer, no importa con que ropaje y legitimación. El problema humano es cómo controlarlo y transformarlo de opresión a servicio.Las sociedades necesitan gobiernos buenos que ejerzan la autoridad en nombre de todos y para el bien de toda la sociedad; una autoridad-servicio respaldada y controlada por los súbditos. La autoridad necesita poder, un híbrido de autoridad-servicio y autoridad-poder. El buen gobierno es bendición para los pueblos frente a la tiranía que oprime, les quita la vida y pretende perpetuarse.
Jesús no era líder político, sino que vivía, actuaba y enseñaba como presencia encarnada y humana de Dios-Amor. Por eso mismo desenmascaró al poder en su condición opresora; señores que tratan a los gobernados como esclavos. La reflexión la hizo cuando sus discípulos disputaban quién de ellos sería el más poderoso en el terrenal reino mesiánico que esperaban de Jesús. El Maestro los reprendió comparándolos con los gobernantes que oprimen a sus pueblos. No sean como los déspotas -les dijo-, sino que entre ustedes el principal sea el que más sirve, “como el Hijo del Hombre, que no ha venido a ser servido sino a servir y dar la vida” (Marcos 10,42-45).
Es larga la lucha de la humanidad para convertir el poder opresor en servidor, transformación que requiere combinar gobernantes con positiva motivación interior al servicio con el control exterior de leyes e instituciones que le impidan oprimir. Las solas buenas intenciones se derriten al calor del poder y la ilusión salvadora. ¿Cómo lograr hombres y mujeres motivados para servir con el poder a sus gobernados y que no puedan ser déspotas porque se lo impide la sociedad?
Jesús no sólo denunció el poder-dominación y lo contrapuso al poder-servicio. En la parábola del Juicio final nos dice quién gana la apuesta de la vida y quién la pierde con consecuencias funestas: “Vengan benditos de mi Padre porque tuve hambre y me dieron de comer, estuve en la cárcel, enfermo… y me visitaron, me curaron…”(Mateo 25). No se trata de limitarse a dar una arepa al hambriento, sino de crear oportunidades para universalizar el servicio de calidad a las necesidades humanas. La política humanista moderna se alimenta del reto de la universalización de los derechos y de la dignidad humana y sus deberes y la buena gestión de sistemas públicos de educación, salud, seguridad social, oportunidades de trabajo y producción económica… De ahí el valor humano-divino de la política, pues “el bien cuanto más universal es más divino” y la política-servicio tiene como meta el bien común de todos. Que quieraN y sean capaces.
Nada de eso es posible sin que el servicio-amor se exprese en la gestión eficaz de instituciones sociales, políticas públicas, leyes y valores compartidos, alimentados por convicciones internas y espiritualidad que afirman radicalmente al otro en su dignidad inalienable. Democracia social y fortalecimiento de los débiles para evitar el poder dictatorial de un grupo económico, de un partido o de un individuo.
Jesús no era político, pero con la luz de Dios-Amor deja al descubierto el poder opresor y nos invita, en nombre de Dios, a controlarlo y enfrentarlo con instituciones, leyes, Constitución (separación de poderes…) hechas para servir y dar oportunidades de vida a todos.
El cristiano que no asume su responsabilidad política no es un buen cristiano. Quien, venciendo su individualismo y comodidad, se mete en política y se dedica profesionalmente a rescatar la Constitución, las leyes e instituciones es un santo. Hay muchos políticos ejemplares ayer y hoy. Santo Tomás Moro fue un ministro con conciencia que no se plegó a los caprichos de su rey Enrique VIII, quien en venganza lo encerró en la tenebrosa Torre de Londres y lo decapitó.
En estos días todos los venezolanos debemos ejercer nuestra responsabilidad política y defender la libertad y la justicia con instituciones democráticas que enfrenten la concentración del poder en una persona o en un grupo y sus abusos.

Tomado el día 24 de septiembre 2010 a la 8:35 pm. de

viernes, 10 de septiembre de 2010

DESPIERTA Y REACCIONA… EL TIEMPO APREMIA!!!

Por Mons. Roberto Lückert León
Arzobispo de Coro
Segundo Vice-Presidente de la
Conferencia Episcopal Venezolana

Carta Partoral

A los Sacerdotes, Religiosos y Religiosas, a los Grupos de Apostolado Seglar, a los católicos de esta Arquidiócesis, y a los falconianos en general


Próximos como estamos a la conmemoración del bicentenario de nuestra independencia y de los cuatrocientos ochenta años de la creación del Obispado de Coro, erigido por Bula del Papa Clemente VII en 1531, y ante el proceso electoral del próximo 26 de septiembre, en mi condición de Arzobispo de esta ciudad, raíz de Venezuela, Patrimonio Cultural de la Humanidad, me dirijo al pueblo de Dios que peregrina en esta Arquidiócesis para presentarles algunas reflexiones en momentos en que la amada patria debe decidir su destino ante la encrucijada en que se encuentra.
La Iglesia, como la llamara el Papa Juan XXIII, “Mater et Magistra”, Madre y Maestra de los pueblos (15 de mayo de 1961), no puede permanecer indiferente ante los dilemas históricos de las naciones, cuando algunos valores y principios del ser humano y de la sociedad, se encuentran seriamente amenazados. “La Iglesia, que por razón de su misión y su competencia no se confunde en modo alguno con la comunidad política ni está atada a sistema político alguno, es a la vez signo y salvaguarda del carácter trascendente de la persona humana” (GS 76), por lo que “no impulsa a la Iglesia ambición terrena alguna. Sólo desea una cosa: continuar, bajo la guía del Espíritu, la misma obra de Cristo…” (GS 3).
En mi condición de Pastor de esta porción del pueblo de Dios, no podría perdonarme si rehúyo la obligación de expresarme claramente sobre algunos aspectos de la situación político-social del país y de nuestra región. Esta decisión está alentada por el mandato de la Iglesia a los Obispos donde se nos pide que ante situaciones de injusticia, “y muchas veces sumidos en ellas, que abren inevitablemente la puerta a conflictos y a la muerte, el Obispo es defensor de los derechos del hombre, creado a imagen y semejanza de Dios. Predica la doctrina moral de la Iglesia, defiende el derecho a la vida desde la concepción hasta su muerte natural...asume la defensa de los débiles, haciéndose la voz de los que no tienen voz para hacer valer sus derechos...”. (Pastores Gregis, n.67).

Una realidad inquietante

Cuando hace menos de doce años, Prelados venezolanos, denunciaron el robo de los dineros públicos, el endeudamiento del país por la vía de un déficit acumulado, los procesos burocráticos que padecía la provincia que impedían su desarrollo a la par de Caracas, el acaparamiento de la democracia por los partidos políticos, los obstáculos puestos por los altos dirigentes de esas organizaciones al relevo de la dirigencia de nuestra sociedad, el crecimiento de la pobreza y de la injusticia social, la pérdida de fe ante tantas promesas incumplidas, especialmente hechas en tiempo de elecciones y tantas otras calamidades, incomprensibles en un país inmensamente rico, jamás imaginamos que el remedio al que aspirábamos no estaría a la altura de las exigencias de cambio hacia una mejor calidad de vida y la consolidación de una democracia vivida en libertades.
Si damos un vistazo a algunos elementos del panorama nacional constatamos que nuestro país se encuentra hoy ensangrentado de extremo a extremo. Los Obispos hicimos esta constatación en Enero pasado:
“Con gran dolor vemos cómo Venezuela se convierte a pasos agigantados en una sociedad violenta. Cada día se incrementa dramáticamente el índice de homicidios, que coloca a Venezuela entre los países del mundo con mayor número de muertes por asesinato. Esta violencia criminal se nos está haciendo cada vez más cercana. Hoy se asesina hasta por cuestiones banales: para robar cualquier objeto; se asesina por venganza o por encargo, a través del oscuro mundo del sicariato; se asesina bajo los efectos del alcohol o las drogas; igualmente ha habido asesinatos por cuestiones políticas. Estos asesinatos son realizados casi siempre con armas de fuego que circulan sin control alguno” (CEV. Carta pastoral sobre la violencia y la inseguridad. 12-1-2010).
Lamentablemente, esta realidad que describíamos los Obispos hace nueve meses se ha incrementado sin ver soluciones estructurales por parte de los responsables de las políticas públicas de seguridad a nivel nacional y regional.
Así como el espectro de la violencia genera muerte, la precariedad de los servicios públicos a nivel nacional y en nuestra región, son causas de desesperanza y hasta muerte. Las carencias de infraestructura y de personal bien remunerado en el sector educativo, y principalmente en el sector de la salud, provocan reiteradas violencias a los derechos humanos de los venezolanos. Algunos de ellos lamentablemente fallecen y van a los depósitos de las morgues. Las numerosas protestas del personal que labora en los centros asistenciales, dan testimonio de una situación que clama al cielo, al verse ellos mismos afectados en su práctica profesional por las carencias de infraestructura, de personal y de insumos; más lamentable es que el gobierno nacional le de un tratamiento político a estos centros, antes que un tratamiento humanitario y constitucional.
En los últimos dos lustros, el país ha recibido inmensos recursos económicos que lamentablemente no han servido del todo para mejorar permanentemente la calidad de vida del venezolano, así como para obtener una mejor educación, salud y vivienda digna; sólo han servido como paliativos momentáneos en tiempos de bonanza por los altos precios del petróleo. Pero también, y algo muy grave, sin llamarnos a consulta a todos los venezolanos, que somos los verdaderos propietarios del erario público, de manera unilateral y sin presentar cuentas, gran parte de estos recursos económicos se han repartido en dádivas de todo género a otras naciones, con un espíritu de nuevos ricos, que van desde ayudas para pagar la deuda externa de algún país, hasta ayudas en algunos casos en forma de préstamo, para comprar armas, centrales eléctricas, construcción de puentes y carreteras, refinerías de petróleo y lo que es más inquietante aún, el principal recurso de ingreso del país que es el comercio de los hidrocarburos, ha sido vendido a futuro por décadas a determinadas potencias, hipotecando en cierto sentido el futuro de las generaciones jóvenes de venezolanos. No es que el pueblo venezolano se oponga a la solidaridad con otros países hermanos, sino que pide se le atienda primero en sus necesidades básicas.
En el ámbito internacional, el país cada día tiene más inconvenientes. Quienes ostentan el poder nacional han ofendido en diversas ocasiones a los gobiernos e instituciones de los Estados Unidos, Holanda, Colombia, Chile, Perú, El Vaticano, Alemania, España, el Reino Unido de la Gran Bretaña, Canadá, México, Honduras, Israel, Costa Rica, República Dominicana, Francia, a los Congresos del Brasil y Paraguay, a la Organización de Estados Americanos, a otros credos religiosos y mantenemos una unión desventajosa con Cuba, Nicaragua e Irán.
Con inmenso dolor constatamos también como un número considerable de jóvenes venezolanos que durante años se han esforzado en preparase intelectual y técnicamente, tienen que abandonar el país en busca de oportunidades laborales en otros naciones, producto del sectarismo y la intolerancia ante las diversas posturas y convicciones de los que no piensan ni aceptan las propuestas políticas del gobierno nacional. Hay que recordar que Venezuela es diversa en sus paisajes, en el color de su gente, en sus culturas, porque hemos sido una mezcla de razas. No podemos aceptar, por tanto, que se nos pretenda uniformar con un solo color y un pensamiento único. En la esencia del ser venezolano encontramos la diversidad y la pluralidad, y doscientos años después deberíamos tener claro que fue el respeto a esa diversidad por la que derramaron su sangre nuestros libertadores.
No sin asombro, los venezolanos hemos observado en días pasados, el doloroso espectáculo que se ha ofrecido al mundo, al haberse puesto al descubierto una gigantesca adquisición de alimentos con fecha de consumo vencida o muy cerca de su vencimiento, por los cuales se pagaron inmensas cantidades de dinero, y que ha puesto en peligro la salud de la población más pobre, sin que los poderes públicos encargados de investigar y enjuiciar a los responsables hayan ofrecido una explicación satisfactoria a los venezolanos. En esto, como en diversos actos irregulares que involucran a miembros del gobierno, la impunidad está presente.
Con todo este calvario a cuestas, la Iglesia, que debo recordar con todo derecho, es elemento constitutivo de la nacionalidad venezolana, ha sido atacada, descalificando e irrespetando a su Episcopado y muy especialmente a la persona del Cardenal Jorge Urosa , Arzobispo de Caracas, a quien se le convocó casi coercitivamente a la Asamblea Nacional, por haber calificado el socialismo marxista del cual se ufana el gobierno, como verdadero comunismo, que la Iglesia condena, porque fue el responsable del atraso y del ateísmo de algunos países que fueron sometidos durante décadas a regímenes autoritarios, en los que se negaron todas las libertades y que felizmente con las consecuencias de la caída del Muro de Berlín esos Estados de Europa, pudieron abrirse a la esperanza de la libertad y la pluralidad democrática.
No es llamando a demoler a los adversarios como se construye una nación sino con oportunidades para todos. Si no prevalece el diálogo y la armonía, el respeto a la Constitución Nacional, si se coloca en entredicho la propiedad privada y prevalece la arrogancia, nos estamos encaminando a una confrontación mayor, que pondrá de frente venezolanos contra venezolanos. Es mi deber entonces hacer un llamado para corregir el rumbo del país y luchar contra las permanentes enfermedades de la democracia venezolana: “la corrupción, los privilegios, la falta de continuidad administrativa, el clientelismo político, el exagerado gasto fiscal, el deterioro moral de estructuras e instituciones públicas” (CEV. Declaración con motivo de los cuarenta años de la democracia venezolana. 20.1.1998). Como venezolano me duele el país.

Un país construido por todos.

La construcción de un país es una labor tesonera de todos los ciudadanos. El sistema democrático permite la alternancia de responsabilidades en el poder político de una nación, en vista de hacer que el bien común se haga presente en toda la colectividad, y no en un sector solamente. También permite que sean muchas las personas que en distintas comunidades ejerzan liderazgos para lograr el bien común y una mejor calidad de vida. Estos liderazgos no pueden surgir de una designación o de una mano en el hombro, mucho menos de pasearse unos días en una carroza; surgen de actitudes y carismas fehacientes, testimoniales, de servicio y entrega a la comunidad desde una ética personal, el respeto a la diversidad, la honradez en su actuación, una vida consagrada a la verdad y una prédica edificante y conciliadora. Nuestras comunidades están cansadas de personas improvisadas que no conocen la realidad social comunitaria y carecen de cualidades para gobernar con decencia ética.
Humana y cristianamente sabemos que la dignidad de toda persona humana y el desarrollo integral de la familia, la sociedad, el trabajo, las relaciones humanas, la convivencia, la educación, la salud, la participación ciudadana y otros, son y deben ser la base de preocupación y de interés de todo servidor público. Los regímenes políticos, que de diversas maneras son cambiantes en la historia, son simples medios que deben estar al servicio de la persona y la comunidad humana. No entiendo, entonces, por qué en nuestro país se invierten los términos, pidiendo que las personas y la sociedad entera se pongan al servicio de un proyecto político que en el trascurso de estos últimos once años se le ha denominado: bolivariano, revolucionario, socialista del siglo XXI, marxista y comunista. Considero que este enfoque está desfasado y es esclavizante.
Debemos ser conscientes que todo sistema político debe ser un medio para servir a los más altos y nobles intereses de la persona y la sociedad; pero, a la vez, cabe decir que los sistemas políticos no son iguales. En nuestro país hemos optado por la democracia y queremos mantenernos en ella, por ser “una opción fundamentalmente ética a favor de la dignidad de la persona, con sus derechos y libertades, sus deberes y responsabilidades, en el cual encuentra sustento y legitimidad toda forma de convivencia humana y de estructuración social” (JUAN PABLO II, Mensaje a la VII Cumbre Iberoamericana, 28.10.1997).
Todos los venezolanos y particularmente los falconianos, tendremos la oportunidad de evaluar las propuestas y las actitudes personales de quienes aspiran a un cargo parlamentario el 26 de septiembre próximo. No se trata de un juego de poderes para ver quien mete más diputados en la Asamblea Nacional, sino lo que está en juego es el futuro del pueblo y de su convivencia ciudadana, puesto que el primer servicio de la Asamblea Nacional es el diseño, elaboración y aprobación de leyes que serán aplicadas a cada uno de los venezolanos como persona y como sociedad. Por eso, la función directa de este cargo está en relación con la vida de los ciudadanos, allí se coartan o se promueven libertades. Pero también ejerce un “control” de las acciones de los gobernantes; esto permite buscar los intereses del pueblo y no de una persona o de un partido determinado. Un Poder Legislativo unicolor, silencioso, sumiso y temeroso no tiene cabida en un sistema democrático.
Para los ciudadanos y más aún para los cristianos el voto es un derecho y un deber, es un derecho irrecusable y un deber ineludible. Tiene que ver con la dignidad humana puesto que a través de él hacemos uso de nuestra libertad, nuestra solidaridad y nos comprometemos a trabajar por el bien común. Hace algunos años los Obispos declarábamos que “el voto que demos los venezolanos será el que enrumbe los destinos de la nación. Por eso debemos estar guiados no por una emotividad irracional, sino por la conciencia y la responsabilidad personal que nos lleva a elegir a quienes sean capaces de ejercer una auténtica representación, de prestar un servicio para el bien común y de buscar armonía y colaboración en el respeto al pluralismo” (CEV-Declaración ante las elecciones. 23-10-1998)
Como venezolanos y amantes de la Democracia, el voto es nuestra única arma valedera para transformar el país.
Venezuela nos exige cumplir con el sagrado deber de votar. No olvidar que por los pecados de omisión también seremos juzgados.
Elevamos una plegaria a Dios y a la Virgen de Coromoto, Patrona de Venezuela, para que encontremos el camino más expedito que permita el desarrollo armónico de todos los venezolanos. Ya que anhelamos ser un pueblo identificado con el respeto a la dignidad humana la verdad, la libertad, la justicia y el compromiso por el bien común. Ayúdanos Señor a construir la convivencia fraterna, amando a todos sin excluir a nadie, solidarizándonos con los pobres y trabajando por la reconciliación y la paz.

Agradezco a los Sacerdotes la lectura a los fieles de este documento en las Misas del domingo venidero.

Coro, 11 de septiembre del 2010,
Solemnidad de Nuestra Señora de Coromoto
PATRONA DE VENEZUELA.


+ Roberto de Coro
1.684.484

miércoles, 8 de septiembre de 2010

La Virtud de la Humanidad: Fundamento de la Sociedad

Como la naturaleza humana sea mucho más débil que la de los restantes animales, a los que ha dotado la providencia divina de defensas naturales, ya para soportar las injurias de los agentes de la naturaleza, ya para rechazar los ataques exteriores de otros animales, en compensación se le concedió al hombre el afecto de la conmiseración, que recibe el nombre de la humanidad, para que nos ayudáramos unos a otros recíprocamente.
Porque si el hombre se enfureciera a la vista de otros hombres, como vemos hacen los animales salvajes, no podría existir sociedad entre los hombres, ni orden, ni seguridad en las ciudades. No habría ninguna tranquilidad en la vida humana si la debilidad de los hombres estuviese expuesta no sólo a los ataques de los demás animales, sino también se combatieran unos a otros continuamente conforme hacen las bestias.

(Lactancio, Instituciones divinas 3, 23.)
Sobre el autor: Lucio Cecilio (o Celio) Firmiano Lactancio (245?-325?), escritor latino y apologista cristiano nacido en el norte de África, discípulo del maestro africano de retórica Arnobio