viernes, 6 de abril de 2012

De Pilatos a Jesús

Padre Luís Ugalde S.J.
En la Semana Santa hay dos lavatorios que nos impresionan desde niños: Pilatos se lava las manos y Jesús lava los pies a los discípulos. Aquel no quiere poner en riesgo su poder por salir en defensa de un pobre inocente, se lava las manos y lo entrega. En la liturgia del Jueves Santo impresiona ver a Jesús arrodillado lavando los pies a sus discípulos, incluso a Judas. El Señor no los trata como siervos sino como amigos, y les dice que serán felices si hacen lo mismo unos con otros (Juan 13,17). Todo un símbolo de una humanidad nueva en la que el poder es para servir y no para oprimir. Lavar los pies significa reconocer la dignidad del otro y proclamar que servir no es rebajarse, sino ejercer la propia dignidad: que el mayor entre ustedes sea el que más sirve.
Jesús expresamente relacionó el rescate de la dignidad humana y la paz con el amor y el servicio mutuo. También la humanización de la riqueza y del poder pasa por convertirlos en servicio y vida. Ese es el sentido del Hijo del Hombre y el sueño de la humanidad, en sus versiones religiosas y también en las seculares que proponen el horizonte de libertad, igualdad y fraternidad, con economía y poder al servicio de la vida.
En Venezuela estamos enredados en un campo minado de odio, exclusión, ineptitud y deseos de revancha, de todo lo que impide un verdadero renacer humano compartido. Si los otros sólo cuentan como instrumentos para el poder, no es posible construir la República.
En el más reciente documento de la Conferencia Episcopal (19-03-12), los obispos rememoran el terrible terremoto de 1812 con unas oportunas reflexiones sobre la ruina de la Primera República que se derrumbó ese año, luego de una efímera vida de 10 meses. No pudo tener éxito ­dicen­, pues cada sector social iba a lo suyo: "La libertad e igualdad, proclamada desde 1810, fue en los hechos selectiva y excluyente de las mayorías, conformadas por los pardos, mestizos, indios y negros" (n.5). La República era un proyecto histórico que las mayorías no sentían propio y cada provincia miraba a lo suyo, dispuesta a enfrentarse a las otras. Eso causó la derrota de la Primera República en 1812. Mucho peor fue la ruina de la Segunda República ahogada en sangre de venezolanos en 1814.
La actitud espiritual hacia el otro tiene raíces interiores, que florecen en la plaza pública y alimentan para bien o para mal la vida económica y política. De ahí que frente a las amenazas y las esperanzas que preñan el año 2012, los obispos nos llamen a la reconciliación como actitud espiritual: "Reconciliarnos va más allá del buen trato; lleva en sí un cambio de mentalidad y paradigma, donde el centro de nuestra dedicación esté en el otro, en el ser que tiene igual dignidad, pero que vive en medio de elementos contradictorios para una vida plena. Trabajar por construir la unidad entre los venezolanos no es tarea fácil.
El progreso y el bienestar de este país sólo podrán lograrse con la participación de todos los ciudadanos.
Ante las dificultades, por grandes que sean, no debemos desesperar, ni como personas, ni como creyentes. (...) "Construyamos un futuro de entendimiento y de paz, el único camino que nos puede ofrecer la alegría de vivir juntos como hermanos".
La Semana Santa nos invita a no condenar al justo lavándonos las manos, y a servir a los demás lavándoles los pies; a pasar de Pilatos a Jesús. No a la violencia y al desastre cotidiano en que millones viven muriendo de mengua. Ahí está la responsabilidad de construir el futuro social, político y económico de Venezuela. Ese es el Espíritu del Dios-amor que da vida frente a tanta muerte desatada que aflige a nuestro país en contraste con tanto poder usado para dominar y oprimir, y no para servir y dar vida. Jesús no es líder político, pero encarna el Amor de Dios y revela la dignidad humana de dar la propia vida en el servicio a los demás, y también en la política.

sábado, 24 de marzo de 2012

Educación para transformar

Padre Luís Ugalde S.J.

Hay enfermedades que alarman al primer síntoma. Otras avanzan sigilosamente y sólo se les presta atención cuando ya no hay remedio; de este último tipo es la educación de mala calidad que va minando la sociedad, hasta que a mediano plazo aparece la tragedia irremediable. Hoy la gente parece medio conforme con la educación y las encuestas se centran en otros malestares. Al no medirnos con la buena educación de países exitosos, aumenta la inconsciencia.
Un grupo de venezolanos convencidos de que tenemos una extraordinaria oportunidad para convertir nuestra educación en la gran palanca de transformación del país, con reuniones sistemáticas mes a mes a lo largo de un año, estudiamos los nudos claves para hacer propuestas audaces y realistas con el objetivo de convertirlas en hechos en una década, tomando ejemplo de los países más exitosos. Se trata de tomar en serio lo que está en la Constitución de 1999: "Toda persona tiene derecho a una educación integral de calidad, permanente, en igualdad de condiciones y oportunidades...(es obligatoria) desde el maternal al nivel medio diversificado" y el Estado debe garantizar el financiamiento educativo en todos los niveles preuniversitarios (artículo103). Se trata de tomar en serio el derecho y el deber de ofrecer una educación de calidad para todos durante, al menos, los doce primeros años de escolaridad: ¡todo un cambio radical! Entendemos que todos los venezolanos estamos de acuerdo con este mandato constitucional, pero es evidente que la realidad contradice el logro de este objetivo y no hay señales de que la situación se esté superando. En consecuencia, necesitamos crear una nueva conciencia nacional educativa para dar un salto que cambie las inercias del pasado y la realidad, y nos encamine a una educación de calidad.
En el grupo de trabajo donde participamos hay gente competente que ha dedicado toda su vida a la educación nacional ­privada y oficial­, investigadores, docentes, actores significativos, como rectores y directores en diversos niveles, un ex ministro y algunos empresarios.
Empezamos nuestro trabajo identificando una decena de puntos claves y, sin quedarnos en el diagnóstico y la lamentación, pasamos a elaborar las propuestas con base en la siguiente metodología: escogíamos a uno de nosotros por sus conocimientos en determinado tema específico, que debía escribir alrededor de 15 páginas con sus propuestas.
Otro para que redactara cerca de 5 páginas de comentarios sobre ese texto, y luego todos (aproximadamente 20 personas en cada sesión) discutíamos sobre el tema y el escrito. Finalmente, el autor inicial recogía las observaciones, correcciones y sugerencias y volvía a redactar el informe que después se transformaría en un capítulo de este libro que recogería nuestras ideas. Nos llamaron la atención las discusiones por la libertad, apertura y creatividad de un grupo tan variado. Así surgieron los 10 capítulos del libro Educación para transformar el país y una Síntesisfinal formulada en Siete Perspectivas y Siete Propuestas. El libro y la síntesis, como separata, han sido presentados en estos días en varios ámbitos a nombre de la treintena de autores, quienes trabajaron bajo mi coordinación, en el Foro-Cerpe que los aglutina.
No queremos quedarnos en un libro, sino activar una conciencia nacional movilizada para el logro de una educación de calidad para todos, empezando por los más pobres, entre los cuales se pierden millones de talentos castigados por la baja calidad de su educación y la escasa prosecución escolar que los condena a luchar en condiciones de inferioridad.
Debemos insistir en que no nos interesa cualquier educación, sino aquella que despierte y desarrolle las potencialidades y valores personales, eleve la condición ciudadana democrática y nos vincule al hecho productivo con una capacitación y eficiencia que permita salir victorioso en un mundo tan globalizado. Es cierto, que se puede aliviar la pobreza con limosnas, pero el único modo de derrotarla es transformando el ingreso petrolero en educación de calidad para cada venezolano.
El Foro-Cerpe no debe entenderse como un grupo cerrado de treinta personas, sino como un espacio abierto a la discusión orientada a la acción y a los acuerdos eficaces. A él puede pertenecer todo aquel que comparta nuestros objetivos, independientemente del carácter de sus ideas.

martes, 13 de marzo de 2012

La Iglesia e invasiones a la propiedad

+C. Oswaldo Azuaje Pérez, OCD
Obispo Auxiliar de Maracaibo

Nos preocupa como iglesia lo que vemos y padecemos en estos  tiempos con las invasiones a la propiedad privada. La doctrina social de la iglesia nos señala que “la propiedad privada es un elemento esencial de una política económica auténticamente social y democrática y es garantía de un recto orden social. La doctrina social de la iglesia postula que la propiedad de los bienes sea accesible a todos por igual, de manera de covertirse todos, al menos en cierta medida en propietarios y excluye el recurso a formas de posesión indivisa para todos” (Compendio de DSI, 176).
La función social de la propiedad está sujeta a las normativas constitucionales y legales por ellas reguladas. No puede atropellarse de ningún modo un derecho defendido taxativamente por nuestra constitución  nacional: "Se garantiza el derecho de propiedad. En virtud de su función social la propiedad estará sometida a las contribuciones, restricciones y obligaciones que establezca la ley con fines de utilidad pública o de interés general" (a. 99).  Mientras, el código civil señala en su artículo 545 que "la propiedad es el derecho de usar, gozar y disponer de una cosa de manera exclusiva, con las restricciones y obligaciones establecidas por la ley”. El código civil dispone que "tampoco pueden servir de fundamento a la adquisición de la posesión legítima, los actos violentos ni los clandestinos..." (a. 777). Otro artículo del mismo establece que "nadie puede ser obligado a ceder su propiedad, ni a permitir que otros hagan uso de ella, sino por causa de utilidad pública o social, mediante juicio contradictorio e indemnización previa"(a.547)
Las invasiones son un delito de orden público, por ello en el código penal se establecen una serie de sanciones para quienes se apropien de un terreno o inmueble:   “... quien para apropiarse en todo o en parte una cosa inmueble de ajena pertenencia o para sacar provecho de ella, promueva o altere sus linderos, será castigado con prisión de uno o cinco años...” (a. 471), “... quien con el propósito de obtener para si o para un tercero, provecho ilícito, invada terreno, inmueble o bienhechurías ajenos, incurrirá a prisión de cinco a diez años y multa de 50 U.T., a 200 U.T...” (a. 471), “... todas aquellas personas que utilizando la violencia perturben la posesión pacífica que se tenga de bienes inmuebles con prisión de uno a dos años y multa de 50 U.T. a 100 U.T” (a. 472).
Me perdonan este exceso de leyes. No soy abogado y estoy escribiendo un editorial, pero como ciudadano tengo derecho a exigir el cumplimiento de la ley. La ley está subordinada al bien de todos y cada uno de los ciudadanos, ella vela por el bien común y está para que la cumplamos sin distinción. El cumplimiento de la ley es un principio básico de toda convivencia que sustenta la relación social. Es garantía de la armonía de una sociedad y el más claro indicio de su madurez ciudadana. Las leyes pueden cambiar cuando existe el consenso entre los que conforman, sin exclusión, el tejido social. Es deber de las legítimas autoridades facilitar los cambios requeridos por la ciudadanía en orden a mejorar las leyes. Las autoridades instrumentan el cumplimiento de la ley y deben ser sus más inmediatas defensoras.
El magisterio de la iglesia detenta un formidable record de reflexiones fundamentadas en su experiencia secular de lo social. En días pasados en nuestra arquidiócesis realizamos la sexta semana de doctrina social de la Iglesia,  conscientes como somos del aporte de la doctrina social en este momento histórico de crisis económica y social mundial. La doctrina social es una luz, un llamado a retomar los valores del evangelio centrados en el amor, la justicia, la solidaridad, el respeto, la paz, la educación y muchos valores más.
A la luz de los principios expresados, no puedo callar ante la ola de invasiones que nos ha afectado en el Zulia. Este comportamiento anárquico, que considero condenable aún con conocimiento de la crisis aguda de vivienda, ha caído como un mazazo sobre las propiedades de la iglesia y los terrenos donde hay incipientes obras eclesiales de beneficio para la comunidad y para su servicio religioso. Tenemos  invasiones en los terrenos del seminario arquidiocesano, en los terrenos de El Roble adyacentes al prescolar Pompeya, en el terreno de la capillita San Agustín (en construcción en el 24 de julio), en el terreno destinado a templo, casa parroquial y salones en El Caujaro. También ha habido serios intentos de invasión en el antiguo edificio del Diario La Columna.
La solución a los problemas que nos aquejan como sociedad pasa por el diálogo pacífico y respetuoso. Hay una bienaventuranza que nos inspira en contra de la violencia: “dichosos los constructores de la paz”. Y a ella se añade un mandamiento: “no codiciarás los bienes ajenos”. El compendio del Catecismo de la Iglesia Católica dice: “este mandamiento exige una actitud interior de respeto en relación con la propiedad ajena, y prohíbe la avaricia, el deseo desordenado de los bienes de otros y la envidia, que consiste en la tristeza experimentada ante los bienes del prójimo y en el deseo desordenado de apropiarse de los mismos”. La iglesia en su misión de evangelización no se pertenece a sí misma, es de todos y para todos. Por eso requiere de los espacios propios y de los medios necesarios para la legítima realización del mandato del Señor: vayan y evangelicen a todos los pueblos bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Hago un llamado al pueblo de Dios para que con espíritu pacífico, apoyado en su amor por la iglesia de la que es parte, defienda con acciones y oraciones la justa reivindicación que la arquidiócesis de Maracaibo hace de sus espacios físicos. Con la colaboración de todos lograremos realizar los proyectos que actualmente están en curso y que se ven afectados por la penuria económica. Finalmente exhortamos a las autoridades para que velen por el cumplimiento de la ley y para que se busquen soluciones que impidan el irrespeto a la propiedad.

martes, 28 de febrero de 2012

VI Semana de la Doctrina Social de La Iglesia: Iglesia, educación y economía


Domingo 4 de marzo de 2012
11:00 am: Eucaristia en la Iglesia Parroquial San Antonio María Claret (Maracaibo)
11:00 am: Eucaristía en la Santa Iglesia Catedral (Cabimas)

Lunes 5 de marzo de 2012
10:00 am: Conferencia "Fundamentos Bíblico-Teológicos de la Educación", por el Dr. Antonio Teixeira, SCJ. Comentario del Pbro. Dr. Eduardo José Ortigoza, Vicatio Episcopal de Educación y Cultura de la Arquidiócesis de Maracaibo.
Salón de Conferencia de la Universidad Católica "Cecilio Acosta" (UNICA), Maracaibo

Martes 6 de marzo de 2012
De 8:00 am a 12:00 m: Charla y Exposición "Educación y la Doctrina Social de la Iglesia"
Centro de Formación "San Francisco", Av. 1° de mayo, Maracaibo

Jueves 8 de marzo de 2012
7:00 pm: Conferencia "Doctrina Social de la Iglesia y Economía Social de Mercado", por el Dr. Homero Pérez Aranaga, Economista y Politólogo
Instituto Diocesano de Pastoral "Monseñor Marco Tulio Ramírez", Cabimas

Viernes 9 de marzo de 2012
4:00 pm: Conferencia "Educación para Venezuela", por el R.P. Dr. Luís Ugalde, S.J. Cordinador Provinciales Jesuitas en América Latina
Centro de Formación "San Francisco", Av. 1° de mayo, Maracaibo

Sábado 10 de marzo de 2012
De 9:00 a 10:30 am: "Solidaridad21.com - Una Propuesta de Comunicación y Aprendizaje sobre Doctrina Social de la Iglesia", por Antero Alvarado e Isabela Iturriza, directores de Solidaridad21.com
Auditorio de la Universidad Rafael Belloso Chacín (URBE), Maracaibo

De 10:45 am a 12:15 pm: EcoSocial21.com - La Economía Social de Mercado, un modelo para Venezuela basado en los principios de la Doctrina Social de la Iglesia", por el Dr. Georg Eickhoff, Representante de la Fundación Konrad Adenauer en Venezuela y Fernando Spiritto, Director de EcoSocial21.com
Auditorio de la Universidad Rafael Belloso Chacín (URBE), Maracaibo

martes, 21 de febrero de 2012

Apostar por el futuro

Andrés Bravo
Capellán de la UNICA
Uno de los valores más importante que el cristianismo brinda a la humanidad es el poder siempre apostar por el futuro, la esperanza. El Evangelio de Jesús consiste en un llamado a construir un mundo nuevo, cada vez mejor. El sentido de la historia se vive cuando no nos resignamos a ser lo mismo, a dejar las cosas como están. Tampoco vivir en la añoranza, pensando siempre en el pasado. Por eso, sin querer ser propagandista de una opción política, puedo afirmar con plena libertad y responsabilidad que me gustó el discurso del candidato opositor la noche de su postulación cuando dijo, más o menos, que no podemos vivir del pasado como quien retrocede, ni podemos quedarnos en el presente como quien se estanca. Debemos avanzar hacia el futuro. Y lo complementa con su lema “hay un camino” y su simbólica invitación a montarnos en el autobús del progreso.
Esto es un lema electoral como lo fue “el cambio va” de la campaña de Rafael Caldera de 1968 o aquellas exitosas palabras del hoy presidente Chávez ante el fracaso del golpe de 1992, “por ahora”, que le ganó la admiración popular porque prometía un futuro mejor. Sin embargo, el discurso de Capriles, en la actual realidad, es necesario porque nos indica que una nueva sociedad es posible. No es pensar que alguien se comprometa a realizarlo por nosotros, como mesías redentor, sino porque nos invita a montarnos en esta tarea (el autobús del progreso).
De modo que nuestra acción no se limita a darle el voto, sino a ser protagonista de nuestra común historia. Si nos sentimos desafiados, dinamicemos todo nuestro ser pensando que ni el pasado ni el presente han dado  las respuestas que hemos necesitado para el progreso humano que soñamos.
Debo expresar, una vez más, que nos conviene escuchar a la Iglesia que vive en un caminar continuo hacia el futuro trascendente, en continua renovación, en continua conversión, planeando nuevos proyectos. Como Ella, Venezuela debe abrirse caminos nuevos. No nos conformemos con callejones, nuestro horizonte es inmenso, necesitamos más que autopistas. Somos constructores de una nueva sociedad.
Esto nos indica que tenemos más preguntas que respuestas, más desafíos que soluciones. Debemos comenzar a buscarnos los unos a los otros y empezar a concretar unidos las respuestas y las soluciones. Debemos transformar el sistema económico para hacerlo más justo, solidario, para el desarrollo integral de todos. Dejemos de gastar esfuerzos en defender sistemas pasados que nos han hecho mucho daño y nos llevan al fracaso de siempre. Basta de asegurar que el capitalismo liberal o el comunismo es la solución. Me resisto a creer que no hay vías nuevas. Sería decir que no hay futuro. Si el “autobús del progreso” significa copiar estos sistemas viejos, yo no me monto. Construyo otro, no me quedo parado, ni retrocedo. Estamos obligados a ser creativos.
Para finalizar estas pequeñas notas, sólo me queda invitarles a que unidos construyamos el futuro, recuperando así la democracia, donde es posible la participación libre y responsable. Pues, nos corresponde fortalecer la sociedad civil, hacia una Venezuela de progreso humano.

jueves, 16 de febrero de 2012

El Vaticano II, 50 años de su apertura

Andrés Bravo
Capellán de la UNICA
Las personas que tejen la historia del este nuevo milenio, tendrán que reconocer que el Concilio Ecuménico Vaticano II (1962-1965) es el evento eclesial más importante del siglo XX. Los cristianos lo hemos vivido como “un nuevo pentecostés”, haciendo referencia al acontecimiento salvífico de la venida del Espíritu Santo (Hch 2), que renovó radicalmente la faz de la tierra con el nacimiento de la Iglesia. Así, con la acción del mismo Espíritu, se renueva la Iglesia y, rejuvenecida, se presenta a la humanidad como su servidora, enriqueciéndola con los valores del Evangelio de Jesús.
El próximo 11 de octubre celebraremos el jubileo de oro de su apertura. Pues, fue ese día, cincuenta años atrás, cuando solemnemente Juan XXIII inaugura el Concilio Vaticano II. Este mismo Papa había sorprendido a todos cuando el día 25 de enero de 1959 anunció su determinación de convocar un Concilio ecuménico para la Iglesia universal. Ninguno pensaba en la posibilidad de un evento de tal magnitud, pues se creía que con la proclamación de la infalibilidad del Sumo Pontífice los concilios no eran necesarios. Pero, el Papa Bueno, se deja guiar por el Espíritu y, abriendo ventanas y puertas, lo deja entrar como viento impetuoso para un cambio total de la manera de ser y de actuar de la Iglesia encarnada en la nueva época de la humanidad. Después de este sorprendente anuncio, se comienza a trabajar en su preparación.
Importante es la Constitución Apostólica Humanae Salutis (25/12/1961) con la que el Papa convoca formalmente el Concilio. Pues, en ella expone su necesidad y sus fines. Es urgente ocuparse con afán en pro de la unidad de los cristianos y, por otro lado, para que la misión de la Iglesia sea creíble, escrutando los signos de los tiempos, es necesaria una apertura de diálogo sincero con el mundo moderno. Se deben superar las relaciones hostiles con una humanidad que espera ser comprendida, respetada en su autonomía, servida y enriquecida por los valores cristianos, no censurada y condenada. Para eso, la Iglesia en el Concilio se debe renovar totalmente, comenzando por buscar en el mismo misterio de Dios trinidad, su propia naturaleza. A partir de aceptar una nueva comprensión de lo que significa la revelación divina, comienza a descubrirse en la historia salvífica, como fruto amoroso del Padre y de la misión del Hijo y del Espíritu Santo.
Juan XXIII muere el 3 de junio de 1963. Algunos comentan que lo eligieron, por ser un anciano de 77 años de edad, como un Papa de transición. Ciertamente, como más tarde interpreta el prestigioso teólogo dominico Ives Congar, Juan XXIII obró un paso: “Transición o paso de una Iglesia en sí a una Iglesia para los hombres, abierta al diálogo con los otros. Este aspecto se puso de relieve en el Concilio o con ocasión del Concilio, pero también en el estilo tan pastoral y tan evangélico de este corto Pontificado” (Diario del Concilio p.41).
Pocos días después, el 21 de junio de 1963, es elegido Papa el Cardenal Juan Bautista Montini con el nombre de Pablo VI. Éste, siendo Arzobispo de Milán, estando en Roma para participar del Concilio, escribe una extraordinaria Carta Pastoral para su Iglesia Local. Hago referencia a ella porque irradia luces de comprensión sobre el evento. Para el Cardenal Montini, este Concilio es anhelado ocultamente, pues, “podría decirse que si la concatenación exterior de los hechos, que llamamos históricos, no esperaba un acontecimiento semejante, lo esperaba, como si lo estuviese madurando casi sin darse perfecta cuenta de ello, el estado de ánimo de la catolicidad. Se sentía la necesidad de esta llamada”. Completa su pensamiento diciendo que “por eso, cuando el Papa anunció el Concilio Ecuménico, parece como si hubiera adivinado un ansia secreta, no sólo del Colegio episcopal, sino de la catolicidad entera”. Sin pensar que, como sucesor de Juan XXIII, él va a seguir, culminar y dar cumplimiento al Vaticano II.
Ya en esta Carta Pastoral, siente que el Concilio debe tratar como tema central la Iglesia misma. Afirma que “conviene que nos habituemos a hacer este esfuerzo, humilde, atento, amoroso, de buscar el origen de la Iglesia en el pensamiento divino, saboreando las palabras de la sagrada Escritura”. Así lo manifestará también en su discurso de inauguración del segundo período del Concilio (29/09/1963). Ahí plantea la necesidad de una noción más plena de la Iglesia; la renovación de la Iglesia católica, según él, causa principal del Concilio; la reconstrucción de la unidad entre todos los cristianos y el diálogo con la humanidad actual. Más ampliamente lo tratará en su primera Encíclica Ecclesiam suam (06/08/1964).
Este Concilio se desarrolla en tres años. Una solemne ceremonia, el 8 de diciembre de 1965, marca el término de sus sesiones. Me parece que es digno de mención de la luminosa homilía de Pablo VI el día anterior en el cierre de la última sesión conciliar (la sesión IX). En principio, nos deja abierta un interrogante que espera todavía una respuesta, que se debe dar en su recepción continua. Por su parte, Juan Pablo II, al comienzo del presente milenio nos invita a seguirnos interrogando sobre el Vaticano II. En la homilía referida, Pablo VI confirma que el Concilio se refiere fundamentalmente de la Iglesia, de su naturaleza, de su composición, de su vocación ecuménica, de su actividad apostólica y misionera, en perfecta coherencia con sus objetivos. Pero, sobre todo, se presenta a la humanidad como su sirvienta. Expresa el Papa que “tal vez nunca como en esta ocasión ha sentido la Iglesia la necesidad de conocer, de acercarse, de comprender, de penetrar, de servir, de evangelizar a la sociedad que la rodea y de seguirla; por decirlo así, de alcanzarla casi en su rápido y continuo cambio”.
Estas líneas que presento pretenden ser sólo un estimulo para que se estudie, se acoja y se siga el camino renovador que ha suscitado este gran evento eclesial. Sin duda, sus enseñanzas aún son un tesoro por descubrir y vivir.

sábado, 14 de enero de 2012

2012 AÑO DE RECONCILIACION NACIONAL

Introducción

1. Los Obispos de Venezuela, reunidos en nuestra XCVII Asamblea Plenaria Ordinaria, en la que hemos elegido una nueva Presidencia, hacemos llegar un saludo de Año Nuevo a todos nuestros hermanos en la fe y a todos los ciudadanos, haciendo votos al Señor por su bienestar personal, familiar y social. Invocamos la bendición de Dios sobre nuestro país, a fin de que sea un ámbito de libertad y solidaridad, de fraternidad y paz.
2. Nos dirigimos a todos con la profunda conciencia de la compleja situación ética, política, económica y social que encara nuestro país en este 2012, la cual se enmarca en un escenario mundial de particular gravedad y dramatismo, tal como lo acaba de señalar el Papa Benedicto XVI en su Mensaje con motivo de la Jornada Mundial de la Paz. "Vivimos en un mundo en el que la familia, y también la misma vida, se ven constantemente amenazadas y, a veces destrozadas." (Benedicto XVI, Mensaje de para la Celebración de la Jornada Mundial de la Paz 2012, no. 2) Dirigimos la presente Exhortación en una actitud de esperanza, virtud cristiana fundamental, y desde un compromiso decidido de cambio y renovación, como corresponde a creyentes en Cristo, Salvador y Liberador. Nos detenemos en algunos puntos de particular sensibilidad en el momento actual.

1 - Reencuentro nacional

3. Cuando se hace el inventario de las necesidades y expectativas del país, destacan como más urgentes la seguridad, el empleo, la vivienda, la salud, la orientación y calidad de la educación, los servicios viales y la capacidad alimentaria. Así mismo destaca la extraordinaria importancia de contar con un Estado de derecho, efectivo y confiable, para la convivencia ciudadana. Sin embargo hay un anhelo que se debe tener como máxima prioridad: la reconciliación de los venezolanos. Este ha sido un tema recurrente en nuestras anteriores exhortaciones.
4. El deseo y la necesidad de reconciliación implican restablecer la convivencia nacional a partir del respeto y aprecio mutuos, el efectivo reconocimiento del pluralismo político-ideológico, cultural y religioso y la correspondiente tolerancia hacia los demás. Esta tolerancia o, mejor, aceptación del "otro", en la perspectiva del bien común, favorecerá un clima político-social idóneo para el entendimiento mutuo y para superar la agobiante polarización que padecemos. Por tanto, ratificamos la necesidad de un proyecto común compartido, como el que tenemos en la Constitución, y reiteramos nuestro rechazo a la imposición de un determinado proyecto de país que conlleve la exclusión política de quienes no lo acepten o lo adversen, porque tal pretensión atenta contra los derechos garantizados en la Constitución, el verdadero interés nacional y los principios éticos que deben sustentar una sociedad.
5. Trabajar por construir la unidad entre los venezolanos no es tarea fácil. El progreso y el bienestar de este país sólo podrán lograrse con la participación de todos los ciudadanos. Ante las dificultades, por grandes que sean, no debemos desesperar, ni como personas ni como creyentes. Aunque el pasado de Venezuela registra intermitentes rupturas internas, registra también experiencias de acuerdos y períodos de paz. La convivencia democrática, con rango constitucional desde hace un poco más de medio siglo, aunque limitada y defectuosa, como toda obra humana, pertenece también a nuestra historia nacional.

2. Derechos Humanos

6. Para fundamentar el reencuentro y la paz un elemento clave es el respeto, defensa y promoción de los Derechos Humanos. Estos no son una concesión del Estado ni de gobierno alguno, sino que tienen su origen en el plan de Dios, al crear al ser humano como persona a su imagen y semejanza (Gn. 1, 26) llamada a realizarse plenamente en la comunión con los demás. Tales derechos se vulneran por la violencia generalizada, el irrespeto, impunidad o manipulación de la justicia, la utilización de listas discriminatorias, por el empleo sistemático de la mentira y por la actitud de indiferencia y pasividad ante los problemas comunes. Estas actitudes equivalen a una negación de los mismos derechos.
7. Entre los Derechos Humanos sobresale el derecho a la vida de las personas, desde la concepción hasta la muerte natural, de donde emana el compromiso de conciencia que tenemos todos de defender la vida y de generar condiciones y oportunidades de un desarrollo auténticamente humano para todos. Este es el horizonte que debe orientar cualquier proyecto de país.

3. Violencia e inseguridad

8. La seguridad ciudadana constituye un amplio sistema de relaciones entre realidades, entidades, organismos del Estado y ciudadanía organizada. Es una situación de vida, salud, protección y defensa de las personas, que tiene su fundamento en una concepción integral de la vida misma, en la Constitución Nacional, en una política de compromisos con los Derechos Humanos y en un plan global de seguridad.
9. La inseguridad, por el contrario, es un problema pluridimensional que no se resuelve con medidas parciales ni militarización de la sociedad. No basta tampoco la represión sin la prevención, ni el desarme de la población civil manteniendo la impunidad. Hay que ir a las causas del mal, erradicar la pobreza no con dádivas sino con empleo y educación de calidad. Nos unimos al clamor de tantas familias y personas, víctimas de la delincuencia y de la inseguridad, en la solicitud de la aplicación de la Ley para el Desarme y Control de Municiones. Este instrumento legal, entre otros, contribuirá a bajar el índice de delitos y el clima de violencia.

4.- Situación carcelaria

10. La valoración de los Derechos Humanos contrasta con la terrible situación de las cárceles venezolanas. La primera propuesta desde el Evangelio es el reconocimiento de la dignidad de las personas privadas de libertad que son hijos de Dios y hermanos nuestros, aunque hayan cometido delitos. Es necesario profundizar el proceso de humanización de los recintos carcelarios mediante el respeto a la vida, la educación para el trabajo y la transmisión de valores. Apreciamos grandemente la ardua labor, callada pero eficaz, de los Capellanes y del voluntariado penitenciario católico.
11. Consideramos como un aporte necesario, requerido por razones humanitarias y de justicia, el otorgamiento de medidas de gracia a los presos políticos. Por ello, como hemos hecho en tiempos pasados, renovamos esta petición a quienes tienen el poder de decisión en sus manos.

5. Participación y decisión electoral

12. El año que comienza es de particular significación para el país. En efecto, el pueblo se pronunciará electoralmente en diversas oportunidades y, en particular, el próximo octubre decidirá sobre quién será el Presidente de la República en el período constitucional 2013-2019. Este acontecimiento reviste esta vez una importancia especial, habida cuenta de la magnitud de los problemas que están sobre el tapete nacional y los contrapuestos modelos sociales presentados como vías de solución.
13. A la elección de octubre los venezolanos no debemos llegar como bandos enfrentados en guerra. Por eso, tenemos que excluir la idea de un proceso electoral concebido como una batalla que sólo deja vencedores y vencidos irreconciliables. Al contrario, hemos de potenciar la convicción de que se puede y se debe lograr, a través de unas elecciones libres y el comportamiento cívico, una convivencia democrática multicolor en la cual se puedan tejer acuerdos básicos incluyentes y alcanzar colaboraciones en puntos fundamentales para un progreso compartido y sostenible.
14. La decisión electoral de octubre debe asumirse en esta perspectiva humana y cristiana de reconciliación nacional. Por eso, ratificamos nuestro llamado a ejercer de modo consciente, libre y responsable el derecho y deber constitucional de votar. Junto con todo el pueblo exigimos al Consejo Nacional Electoral actuar con total independencia y garantizar las condiciones para que haya equilibrio en la campaña electoral, sin ventajismos que pongan en duda la credibilidad del evento y hacer respetar los resultados. De la misma manera pedimos la presencia de una Observación Internacional respetable y plural.

Nuestro Compromiso

15. Al comienzo de un año tan especial y exigente para el país y la Iglesia, renovamos nuestra fe en Jesucristo el Señor, conscientes de nuestras limitaciones y debilidades, pero confiados en su amor misericordioso, y formulamos nuestro compromiso de servir con particular entrega, junto con todo el Pueblo de Dios, a la causa de la paz y de la unión en este 2012, que reclama un esfuerzo común para el encuentro de todos los venezolanos.
16. Debemos esforzarnos en construir y vivir la comunión fraterna entre los diversos sectores e instancias de la Iglesia, y al mismo tiempo en el país, mediante el seguimiento permanente de su diario acontecer, en todas sus dimensiones, desde una perspectiva pastoral. Invitamos a todos los católicos a unirse en oración e iniciativas para promover la reconciliación nacional, y dar esta orientación a las jornadas, campañas y actividades que realizamos este año. Extendemos esta invitación a los creyentes de las diversas confesiones religiosas y a los hombres y mujeres de buena voluntad.
17. Ponemos en manos de Nuestra Señora de Coromoto, Patrona de Venezuela, estas intenciones y la nación entera, suplicándole que interceda ante su Hijo Jesucristo por todos los hombres y mujeres de nuestro país.
Caracas, 12 de Enero de 2012

Con un saludo y bendición
Los Arzobispos y Obispos de Venezuela