viernes, 4 de abril de 2014

Primero de mayo cargado de futuro



Padre Luis Ugalde S.J.

01-04-2014 14:35
Estamos en un callejón sin salida, toda inteligencia no cegada por el poder reconoce que este callejón es ciego y que la narrativa que nos ha traído allí -compartida por millones de venezolanos gobiernistas y opositores- bloquea mentalmente las salidas colaterales.
El relato liberador venezolano se basaba en el mito del país riquísimo necesitado de un buen repartidor; una  falsedad generalizada que bloquea el talento de los venezolanos al hace creer que productivamente ya tenemos lo que nos hace falta. Además predica que cada mitad social para su éxito debe anular a la otra mitad, precisamente a la que necesita como aliada. El desbloqueo de este callejón mental y de este relato engañoso pasa por el trabajador y por un Primero de Mayo futurista y novedoso, portador de esperanza para 29 millones de venezolanos.
Un Primero de Mayo que camine hacia una sociedad donde el eje de la dignidad y del poder social sea la condición productora y creadora de las personas y no la sombra del árbol petrolero. La mal llamada “fuerza de trabajo” somos 14 millones de venezolanos, de los que a ocho se les priva (entre desempleo, subempleo y trabajo precario) de un trabajo productivo que dignifique y genere riqueza social para su familia y la sociedad. Hoy los trabajadores formales con buen salario integral son una minoría y exiguo el número de los sindicalizados.
Necesitamos una nueva narrativa en torno al trabajo productivo con el trabajador como eje central de la reconstrucción social, económica y política del país. La primera piedra de la falsa narrativa dice: somos un país inmensamente rico gracias al petróleo, que no es producto, sino renta; con lo cual se priva al trabajador de su condición clave, pues lo reduce a mantenido (y no fuente) de la riqueza nacional. Estamos luchando por una botella rentista medio vacía, en lugar de un país creado por el talento humano de millones de trabajadores.
La nueva narrativa no es sólo para los potenciales trabajadores, sino para toda la población,  especialmente para los políticos y los empresarios. El actual régimen tomó heredada la distorsionada narrativa petro rentista y le injertó la plusvalía marxista, según la cual el empresario, es por definición, explotador que se apropia de la plusvalía y amasa su riqueza con la sangre del pobre trabajador. Por eso la “revolución socialista” consiste en: 1) toda la renta petrolera para los pobres; 2) guerra a la productividad, pues cuanto más produce el trabajador más sangre chupa el empresario; y 3)  eliminación definitiva de la empresa privada. De ahí nacen la consigna de “PDVSA es de todos”, y es bueno el gobierno que enchufa la inagotable riqueza petrolera directamente con las necesidades de la población pobre, sin tener que pasar por la  laboriosidad de la producción.
Con un Primero de Mayo –gobiernista u opositor- sobre esta narrativa falsa, el país seguirá empobreciéndose. Necesitamos una nueva narrativa donde el trabajador se vea a sí mismo produciendo la riqueza del país y disfrutándola de manera compartida y solidaria en una sociedad de socios plurales. Narrativa con los siguientes puntos claves:
1-Venezuela es pobre, porque pobre es la producción de su gente, pero con una enorme potencialidad humana si utiliza la poderosa palanca petrolera como instrumento para la revolución productiva y no simplemente como dádiva para el consumo.
2- La educación de calidad es clave para potenciar a los más pobres y fortalecer su talento y su equipamiento productivo. Educación pública democrática, financiada por la renta petrolera en procesos educativos plurales donde se dan la mano la familia, la sociedad y el Estado.
3-  Educación entendida como tránsito hacia la ciudadanía  y la empresa productiva con alta calificación laboral. Empresa basada en el talento productivo y no en la fuerza productiva.
4- Empresa en la que se alían el capital y la tecnología, con toda la gama de talento productivo compitiendo juntos en altos niveles de calidad mundial. Empresarios y trabajadores como aliados, complementarios y copartícipes de los beneficios.
En la actual Venezuela todo conjura para que la producción vaya palo abajo. Es imposible el éxito si los empresarios no están convencidos de que su mejor aliado es el trabajador calificado y si ambos no ponen todo su empeño para lograr esa cualificación trabajadora permanente. Transformación del país con millones de trabajadores cualificados con su talento activado y empoderados a través de una educación de primera con habilidades productivas, organizados y aliados con la inversión, tecnología y espíritu de empresa. Al mismo tiempo en el nuevo imaginario de la población subordinada y pobre, el trabajador y el empresario tienen  que convertirse en aliados imprescindibles para el futuro suyo, de su familia y de Venezuela. El Estado es el pacto social donde se concretan esas sinergias virtuosas y la política y los gobiernos los medios para lograrlo. Si del Estado se apropia el gobierno y de este el partido o los militares, necesariamente serán clientelistas repartidores de renta.
Un Primero de Mayo con los estudiantes y la sociedad en la calle unidos en la denuncia del empobrecimiento del pobre, por desabastecimiento básico, porque la inflación (no compensable con sólo aumentos) le roba al trabajador el quince y último, y porque la actual falta de educación de calidad perpetúa la pobreza de los hijos de los pobres.  Con empresarios con visión y audacia y políticos cargados de futuro, y no de retrógrado rentismo donde ellos se vean como repartidores de dádivas a cambio de fidelidades clientelares. Venezuela necesita de trabajadores con experiencia exitosa de su condición productiva y ciudadana que agrega valor transformando los recursos naturales y la sociedad con su talento creativo.

Publicado en el diario El Nacional el 3 de abril de 2014

RESPONSABLES DE LA PAZ Y EL DESTINO DEMOCRÁTICO DE VENEZUELA





 



 COMUNICADO DE LA PRESIDENCIA DE LA
CONFERENCIA EPISCOPAL VENEZOLANA

RESPONSABLES DE LA PAZ Y EL DESTINO DEMOCRÁTICO DE VENEZUELA

Caracas, 02 de Abril 2014

1.      La crisis que desde el pasado 12 de Febrero vive Venezuela es sumamente grave tanto por su magnitud, ya que abarca dimensiones diversas de la vida nacional, como por su duración, violencia y nefastas consecuencias para nuestro presente y nuestro futuro. Por tal motivo, los Obispos de la Presidencia de la Conferencia Episcopal Venezolana queremos dirigirnos de nuevo a todos los venezolanos, cualquiera sea su simpatía política.

2.      Causa fundamental de la actual crisis es la pretensión del partido oficial y autoridades de la República de implantar el llamado “Plan de la Patria”, detrás del cual se esconde la promoción de un sistema de gobierno de corte totalitario, que pone en duda su perfil democrático; las restricciones a las libertades ciudadanas, en particular, la de información y opinión; la falta de políticas públicas adecuadas para enfrentar la inseguridad jurídica y ciudadana; los ataques a la producción nacional, que ha conducido a que en nuestro país hoy se haga necesaria la importación de toda clase de productos; la brutal represión de la disidencia política; el intento de “pacificación” o apaciguamiento por medio de la amenaza, la violencia verbal y la represión física.  

3.      Los estudiantes y otros manifestantes pacíficos, ejercen su legítimo derecho, previsto en la Constitución, y merecen, por tanto, todo respeto. Las manifestaciones se han visto a veces empañadas por actos de violencia que han dejado muertos, heridos y destrozos en instituciones y propiedades. Es difícil señalar el origen de todos ellos, pero es evidente que muchas acciones delictivas son originadas por personas o grupos infiltrados con el objeto de tergiversar o desacreditar las protestas y provocar su condena. El empleo de barricadas y el ataque hacia personas  e instituciones, así como la quema de vehículos particulares y de servicio público, crean una situación que no se debe aceptar ni aplaudir. 

4.      Reiteramos nuestra firme exigencia de que el Gobierno desarme a los grupos civiles armados. Su actuación coordinada, siguiendo unos patrones determinados, demuestra que no se trata de grupos aislados o espontáneos, sino entrenados para intervenir violentamente. En muchos casos han actuado impunemente bajo la mirada indiferente de las fuerzas del orden público, por lo cual la actuación de éstas ha quedado seriamente cuestionada. 

5.      Lamentamos los asesinatos de civiles y de Guardias Nacionales ocurridos en las manifestaciones. Queremos recordar que el valor de la vida es absoluto y Dios lo protege con el quinto mandamiento. De igual modo rechazamos la criminalización de la protesta ciudadana y la negación práctica de los derechos humanos en el trato a los manifestantes. Denunciamos la abusiva y desmedida represión contra ellos, las torturas de que han sido objeto muchas de las personas detenidas y la persecución judicial a los Alcaldes y Diputados contrarios al oficialismo.

6.      La restricción de la información tanto en la prensa como en los medios radioeléctricos atenta contra el derecho del pueblo a estar bien informado y también contra la posibilidad de que se conozca la verdad de los hechos y se sancione a los culpables. Sin determinar la verdad será imposible lograr la paz. Una "Comisión de la Verdad" que sea plural y que genere confianza en los ciudadanos, puede ser una gran ayuda. 

7.      El desabastecimiento, la carestía de la vida, la inseguridad y las restricciones en la venta de gasolina, más notables en el interior del país y en las zonas fronterizas, se traduce en angustia y malestar creciente de la población. A esto se añade que no pocas personas inescrupulosas, amparados en la crisis que atraviesa la nación, se han dedicado a especular con los bienes y servicios, que han subido a precios exorbitantes. Si no se toman los necesarios correctivos a estas situaciones, ellas serán una chispa que seguirá encendiendo la violencia.

8.      El Gobierno se equivoca al querer resolver la crisis por la fuerza. La represión no es el camino. Con ella no ha podido evitar las manifestaciones de protesta ni dar respuesta al descontento y la rebeldía de la gente. La salida de la crisis es clara: el diálogo sincero del Gobierno con todos los sectores del país, con una agenda previa y condiciones de igualdad, y con gestos concretos, evaluables en el tiempo, como señales de la necesaria  rectificación.  Consideramos oportuna y de gran valor la participación de la Santa Sede en el diálogo entre el Gobierno y la oposición. El pueblo venezolano apreciará en sumo grado dicha participación y sabrá reconocer el valioso aporte de la Iglesia.

9.      Hacemos un llamado a todos los venezolanos, especialmente a los dirigentes del Gobierno y de la oposición, a considerar la extrema gravedad del momento presente, y a evitar que el país se siga desangrando y se derrumbe por la violencia. Más aún,  los exhortamos al dialogo y a poner todo su esfuerzo por construir nuevas relaciones basadas en el mutuo reconocimiento, la reconciliación y la búsqueda de la normalización de la situación nacional.

10.  La fe cristiana bien entendida nos exige a todos los creyentes responsabilizarnos del destino del país, no permanecer indiferentes sino más bien involucrarnos en la defensa de la vida, de los derechos humanos, de la libertad y la democracia. Nadie que viva en Venezuela debe decir que no le interesa o preocupa la violencia y las muertes que están aconteciendo en ciudades y pueblos. Todos, sin excepción, somos responsables de la libertad, la paz y el destino democrático de nuestra Patria. 

11.  Inspirados en la Palabra de Dios, todos los creyentes en Cristo tenemos que asumir decididamente el servicio de la reconciliación. Aprovechando la Cuaresma y la próxima Semana Santa, los sacerdotes, religiosas, laicos comprometidos en acciones pastorales y los Obispos contribuiremos a edificar la paz desde la verdad y la caridad, pues a la Iglesia le corresponde ser el ámbito de la comunión donde todos podremos encontrarnos asumiendo razonablemente nuestras diferencias. Como enseña San Pablo, nos toca derribar todo muro de divisiónCristo es nuestra paz (Ef 2,14) 

12.  Nos solidarizamos con la población de las ciudades que más han sufrido la violencia y los efectos de la militarización. Particularmente con los habitantes de San Cristóbal. Invitamos a todos los católicos a ofrecer a Dios el  AYUNO del próximo VIERNES SANTO EN SOLIDARIDAD con todas las familias que lloran a sus seres queridos, pidiendo para ellas consuelo, esperanza y fortaleza espiritual.

13.  Invitamos a todos los ciudadanos, independientemente de su simpatía política, a unirnos como venezolanos, a superar el odio y la violencia, a evitar falsos rumores e informaciones que producen zozobra en la población y a comprometernos con Dios a resolver nuestros conflictos de manera pacífica. Ponemos estas intenciones en las manos amorosas de Nuestra Señora de Coromoto, Patrona de Venezuela.

XEmmo. Sr. Cardenal
Jorge Urosa Savino
Arzobispo de Caracas
    Presidente de Honor de la CEV


XDiego Rafael Padrón Sánchez
Arzobispo de Cumaná
Presidente de la CEV

 
XJosé Luis Azuaje Ayala
         Obispo de Barinas  
1° Vicepresidente de la CEV



XMario Moronta Rodríguez
Obispo de San Cristóbal
2° Vicepresidente de la CEV

XJesús González de Zárate
Obispo Auxiliar de Caracas
          Secretario General de la CEV

lunes, 10 de marzo de 2014

VIII SEMANA DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA




VIII SEMANA DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

Doctrina Social de la Iglesia y los Derechos Humanos en Venezuela
 En homenaje  in memoriam a Jorge Porras Moreno

Arquidiócesis de Maracaibo del 16 al 21 de marzo de 2014

Mons. Ubaldo Santana por medio de la Universidad Católica Cecilio Acosta (UNICA), el Foro Eclesial de Laicos y la Fundación Konrad Adenauer (KAS), le invita a participar de la VIII Semana de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), con el fin de reflexionar sobre la situación actual de los derechos humanos en Venezuela.

Domingo 16/03/14: Solemne Eucaristía Inaugural presidida en Maracaibo por Mons. Ubaldo Santana Arzobispo de Maracaibo y en Cabimas por Mons. William Delgado Obispo de Cabimas.
En Maracaibo:
Lugar: Templo Parroquial “San Antonio María Claret”.
Hora: 11:00 a.m.

En Cabimas:
Lugar: Iglesia Catedral.
Hora: 11:00 a.m.

Lunes 17/03/14: Conferencia: “El tratamiento de los Derechos Humanos en Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo II”. Ponente: Monseñor Ovideo Pérez Morales.
Lugar: UNICA.
Hora: 9:00 a.m.

Martes 18/03/14: Cine Fórum sobre la película: “Los Cristeros”.  Moderador: Rector Ángel Lombardi.
Lugar: UNICA.
Hora: 8:30 a 12:30 a.m.


Miércoles 19/03/14: Conferencia: “El Derecho a la Información y sus Límites”.  Ponente: Carlos Correa.
Responsables: Consejo Técnico de la Cátedra Libre Juan Pablo II LUZ.

Lugar: Auditorio de la Facultad de Humanidades de LUZ “Hesnor Rivera”.
Hora: 8:30 a.m.

Jueves 20/03/14: Conferencia: “La educación y Promoción de los Derechos Humanos en el marco de la Doctrina Social de la Iglesia”.  Ponente: Dra. Ligia Bolívar.
En la mañana:
Lugar: Centro de Formación San Francisco. Maracaibo.
Hora: 9:00 a.m.


En la tarde:
Responsables: Pastoral Universitaria y Social.
Lugar: Auditorio de la facultad de Ingeniería. Núcleo LUZ Costa Oriental del Lago (COL). (Cabimas).
Hora: 6:00 p.m.

Viernes 21/03/14: Conferencia: “Iglesia y Derechos Humanos”. Ponente: David Gómez Gamboa.
Lugar: Centro de Formación San Francisco.
Hora: 5:00 p.m.


jueves, 6 de marzo de 2014

Se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza (cfr. 2 Cor 8, 9)

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA CUARESMA 2014
Se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza (cfr. 2 Cor 8, 9)

Queridos hermanos y hermanas:
Con ocasión de la Cuaresma os propongo algunas reflexiones, a fin de que os sirvan para el camino personal y comunitario de conversión. Comienzo recordando las palabras de san Pablo: «Pues conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza» (2 Cor 8, 9). El Apóstol se dirige a los cristianos de Corinto para alentarlos a ser generosos y ayudar a los fieles de Jerusalén que pasan necesidad. ¿Qué nos dicen, a los cristianos de hoy, estas palabras de san Pablo? ¿Qué nos dice hoy, a nosotros, la invitación a la pobreza, a una vida pobre en sentido evangélico?
La gracia de Cristo
Ante todo, nos dicen cuál es el estilo de Dios. Dios no se revela mediante el poder y la riqueza del mundo, sino mediante la debilidad y la pobreza: «Siendo rico, se hizo pobre por vosotros…». Cristo, el Hijo eterno de Dios, igual al Padre en poder y gloria, se hizo pobre; descendió en medio de nosotros, se acercó a cada uno de nosotros; se desnudó, se “vació”, para ser en todo semejante a nosotros (cfr. Flp 2, 7; Heb 4, 15). ¡Qué gran misterio la encarnación de Dios! La razón de todo esto es el amor divino, un amor que es gracia, generosidad, deseo de proximidad, y que no duda en darse y sacrificarse por las criaturas a las que ama. La caridad, el amor es compartir en todo la suerte del amado. El amor nos hace semejantes, crea igualdad, derriba los muros y las distancias. Y Dios hizo esto con nosotros. Jesús, en efecto, «trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de nosotros, en todo semejante a nosotros excepto en el pecado» (Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, 22).
La finalidad de Jesús al hacerse pobre no es la pobreza en sí misma, sino —dice san Pablo— «...para enriqueceros con su pobreza». No se trata de un juego de palabras ni de una expresión para causar sensación. Al contrario, es una síntesis de la lógica de Dios, la lógica del amor, la lógica de la Encarnación y la Cruz. Dios no hizo caer sobre nosotros la salvación desde lo alto, como la limosna de quien da parte de lo que para él es superfluo con aparente piedad filantrópica. ¡El amor de Cristo no es esto! Cuando Jesús entra en las aguas del Jordán y se hace bautizar por Juan el Bautista, no lo hace porque necesita penitencia, conversión; lo hace para estar en medio de la gente, necesitada de perdón, entre nosotros, pecadores, y cargar con el peso de nuestros pecados. Este es el camino que ha elegido para consolarnos, salvarnos, liberarnos de nuestra miseria. Nos sorprende que el Apóstol diga que fuimos liberados no por medio de la riqueza de Cristo, sino por medio de su pobreza. Y, sin embargo, san Pablo conoce bien la «riqueza insondable de Cristo» (Ef 3, 8), «heredero de todo» (Heb 1, 2).
¿Qué es, pues, esta pobreza con la que Jesús nos libera y nos enriquece? Es precisamente su modo de amarnos, de estar cerca de nosotros, como el buen samaritano que se acerca a ese hombre que todos habían abandonado medio muerto al borde del camino (cfr. Lc 10, 25ss). Lo que nos da verdadera libertad, verdadera salvación y verdadera felicidad es su amor lleno de compasión, de ternura, que quiere compartir con nosotros. La pobreza de Cristo que nos enriquece consiste en el hecho que se hizo carne, cargó con nuestras debilidades y nuestros pecados, comunicándonos la misericordia infinita de Dios. La pobreza de Cristo es la mayor riqueza: la riqueza de Jesús es su confianza ilimitada en Dios Padre, es encomendarse a Él en todo momento, buscando siempre y solamente su voluntad y su gloria. Es rico como lo es un niño que se siente amado por sus padres y los ama, sin dudar ni un instante de su amor y su ternura. La riqueza de Jesús radica en el hecho de ser el Hijo, su relación única con el Padre es la prerrogativa soberana de este Mesías pobre. Cuando Jesús nos invita a tomar su “yugo llevadero”, nos invita a enriquecernos con esta “rica pobreza” y “pobre riqueza” suyas, a compartir con Él su espíritu filial y fraterno, a convertirnos en hijos en el Hijo, hermanos en el Hermano Primogénito (cfr Rom 8, 29).
Se ha dicho que la única verdadera tristeza es no ser santos (L. Bloy); podríamos decir también que hay una única verdadera miseria: no vivir como hijos de Dios y hermanos de Cristo.
Nuestro testimonio
Podríamos pensar que este “camino” de la pobreza fue el de Jesús, mientras que nosotros, que venimos después de Él, podemos salvar el mundo con los medios humanos adecuados. No es así. En toda época y en todo lugar, Dios sigue salvando a los hombres y salvando el mundo mediante la pobreza de Cristo, el cual se hace pobre en los Sacramentos, en la Palabra y en su Iglesia, que es un pueblo de pobres. La riqueza de Dios no puede pasar a través de nuestra riqueza, sino siempre y solamente a través de nuestra pobreza, personal y comunitaria, animada por el Espíritu de Cristo.
A imitación de nuestro Maestro, los cristianos estamos llamados a mirar las miserias de los hermanos, a tocarlas, a hacernos cargo de ellas y a realizar obras concretas a fin de aliviarlas. La miseria no coincide con la pobreza; la miseria es la pobreza sin confianza, sin solidaridad, sin esperanza. Podemos distinguir tres tipos de miseria: la miseria material, la miseria moral y la miseria espiritual. La miseria material es la que habitualmente llamamos pobreza y toca a cuantos viven en una condición que no es digna de la persona humana: privados de sus derechos fundamentales y de los bienes de primera necesidad como la comida, el agua, las condiciones higiénicas, el trabajo, la posibilidad de desarrollo y de crecimiento cultural. Frente a esta miseria la Iglesia ofrece su servicio, su diakonia, para responder a las necesidades y curar estas heridas que desfiguran el rostro de la humanidad. En los pobres y en los últimos vemos el rostro de Cristo; amando y ayudando a los pobres amamos y servimos a Cristo. Nuestros esfuerzos se orientan asimismo a encontrar el modo de que cesen en el mundo las violaciones de la dignidad humana, las discriminaciones y los abusos, que, en tantos casos, son el origen de la miseria. Cuando el poder, el lujo y el dinero se convierten en ídolos, se anteponen a la exigencia de una distribución justa de las riquezas. Por tanto, es necesario que las conciencias se conviertan a la justicia, a la igualdad, a la sobriedad y al compartir.
No es menos preocupante la miseria moral, que consiste en convertirse en esclavos del vicio y del pecado. ¡Cuántas familias viven angustiadas porque alguno de sus miembros —a menudo joven— tiene dependencia del alcohol, las drogas, el juego o la pornografía! ¡Cuántas personas han perdido el sentido de la vida, están privadas de perspectivas para el futuro y han perdido la esperanza! Y cuántas personas se ven obligadas a vivir esta miseria por condiciones sociales injustas, por falta de un trabajo, lo cual les priva de la dignidad que da llevar el pan a casa, por falta de igualdad respecto de los derechos a la educación y la salud. En estos casos la miseria moral bien podría llamarse casi suicidio incipiente. Esta forma de miseria, que también es causa de ruina económica, siempre va unida a la miseria espiritual, que nos golpea cuando nos alejamos de Dios y rechazamos su amor. Si consideramos que no necesitamos a Dios, que en Cristo nos tiende la mano, porque pensamos que nos bastamos a nosotros mismos, nos encaminamos por un camino de fracaso. Dios es el único que verdaderamente salva y libera.
El Evangelio es el verdadero antídoto contra la miseria espiritual: en cada ambiente el cristiano está llamado a llevar el anuncio liberador de que existe el perdón del mal cometido, que Dios es más grande que nuestro pecado y nos ama gratuitamente, siempre, y que estamos hechos para la comunión y para la vida eterna. ¡El Señor nos invita a anunciar con gozo este mensaje de misericordia y de esperanza! Es hermoso experimentar la alegría de extender esta buena nueva, de compartir el tesoro que se nos ha confiado, para consolar los corazones afligidos y dar esperanza a tantos hermanos y hermanas sumidos en el vacío. Se trata de seguir e imitar a Jesús, que fue en busca de los pobres y los pecadores como el pastor con la oveja perdida, y lo hizo lleno de amor. Unidos a Él, podemos abrir con valentía nuevos caminos de evangelización y promoción humana.
Queridos hermanos y hermanas, que este tiempo de Cuaresma encuentre a toda la Iglesia dispuesta y solícita a la hora de testimoniar a cuantos viven en la miseria material, moral y espiritual el mensaje evangélico, que se resume en el anuncio del amor del Padre misericordioso, listo para abrazar en Cristo a cada persona. Podremos hacerlo en la medida en que nos conformemos a Cristo, que se hizo pobre y nos enriqueció con su pobreza. La Cuaresma es un tiempo adecuado para despojarse; y nos hará bien preguntarnos de qué podemos privarnos a fin de ayudar y enriquecer a otros con nuestra pobreza. No olvidemos que la verdadera pobreza duele: no sería válido un despojo sin esta dimensión penitencial. Desconfío de la limosna que no cuesta y no duele.
Que el Espíritu Santo, gracias al cual «[somos] como pobres, pero que enriquecen a muchos; como necesitados, pero poseyéndolo todo» (2 Cor 6, 10), sostenga nuestros propósitos y fortalezca en nosotros la atención y la responsabilidad ante la miseria humana, para que seamos misericordiosos y agentes de misericordia. Con este deseo, aseguro mi oración por todos los creyentes. Que cada comunidad eclesial recorra provechosamente el camino cuaresmal. Os pido que recéis por mí. Que el Señor os bendiga y la Virgen os guarde.
Vaticano, 26 de diciembre de 2013
Fiesta de San Esteban, diácono y protomártir

FRANCISCO