domingo, 15 de abril de 2012

Señor Comandante Hugo Chávez Frías, Presidente de la República

Mons. Eduardo Herrera Riera
Obispo Emérito de Carora
C.I. 650.501
Carora 09 de abril

Se dirige a usted este anciano obispo emérito de Carora, con 84 años acuesta, que además padece las graves consecuencias de un fuerte tratamiento de quimioterapia y de radioterapia, que me han dejado extremadamente débil por haber rebajado 16 kilos de peso. Soy como un esqueleto ambulante, que no se puede movilizar por sí solo, llevándome siempre en silla de ruedas. Todo eso me da la seguridad de que mi muerte está muy cercana. De todo esto podrá deducir la sinceridad y el sano deseo que me mueven para hablarle con la mayor claridad...
Hay una frase de Jesús en el Evangelio, que por cierto la acaba de citar el Cardenal Urosa en Televisión, que dice: "No todo el que dice Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre Celestial”. Usted ha dado diversas demostraciones de fe y de confianza en Dios, llamándolo "Diosito mío", abrazando y besando crucifijos, visitando el santuario del Santo Cristo de La Grita y muchas otras cosas por el estilo. Si todo eso se hace con sinceridad, es muy laudable y se lo aplaudo; pero, lamentablemente, eso no basta para recibir el perdón de Dios y entrar en el reino de los cielos. Es estrictamente necesario, además, reparar el mal y las injusticias que se le han causado a las personas y a las instituciones, y que usted llevado por su soberbia, las ha cometido en innumerables ocasiones. "El gran pecado" llama la sagrada escritura a la soberbia, y eso fue lo que llevó al bellísimo y poderoso arcángel Luzbel a rebelarse y querer emular el poder de Dios, alzándose contra Él, junto con un grupo de ángeles que le siguieron en su loca empresa. Pero Dios envió contra ellos al poderoso arcángel San Miguel, que les presentó batalla y los venció enviándolos a los terribles y eternos sufrimientos del infierno. Desde entonces Luzbel, que ahora se llama satanás y que no ha perdido sus dotes de inteligencia y poder, no cesa de trabajar por llevar a su reino a todos los humanos que desprecian el infinito amor y misericordia de nuestro padre Dios.
Como le decía, señor Presidente, usted ha cometido muchas y muy graves injusticias. Sólo para recodarle algunos casos más emblemáticos: La injusta prisión de María de Lourdes Afiuni y la de los tres comandantes de la policía; y así como ellos, innumerables casos más que han hecho sufrir muy gravemente a ellos y a sus familias.  Todo eso debe y puede ser reparado con una orden suya, que estoy cierto se cumpliría de inmediato de abrir las puertas de las prisiones a todos los presos políticos y, además, las puertas del país a todos los exiliados que se han visto obligados de abandonar su patria huyendo de las casi seguras represalias.

Prédica de violencia

Hay, además, Presidente, otro mal tremendo que le ha causado al país: Su inexplicable prédica de odio y de violencia que le han proporcionado a casi todas las ciudades de nuestra patria ese doloroso río de sangre que diariamente corre por nuestras calles. Usted como Jefe del Estado, es el que tiene la gravísima obligación, en primerísimo lugar, de procurar la paz y la seguridad de los venezolanos, empezando por todo aquel que posea un arma ilegalmente; atacando con firmeza y decisión a todos los grupos violentos, después de un estudio serio realizado y llevado a cabo por técnicos en la materia que los hay muy buenos en el país. Lamentablemente usted ha sido muy débil y descuidado en enfrentar ese gravísimo problema. Si no se enfrenta con decisión y valentía a solucionar ese terrible mal,  también Dios le pedirá cuentas de su negligencia.
Habría, señor Presidente, algunos otros pecados sobre los cuales debería llamarle la atención, pero no quiero terminar sin hacerle ver su culpa en su inexplicable negligencia de enfrentar con decisión la horrorosa corrupción que asola a Venezuela, tanto es así que muchos piensan en su complicidad en esos -hechos. De allí se deriva la venalidad de la mayoría de los jueces que dictan sentencias injustas, las decisiones tomadas por los altos poderes del Estado que maneja a su leal saber y entender sin control ni respeto ala Constitución y a las leyes. De todo eso le tomará cuenta Dios, si Ud. no corrige de inmediato esas graves faltas.
Le dirijo esta ya larga carta, públicamente, porque quiero que la lean también sus seguidores. También ellos, si quieren salvar sus almas, tienen la gravísima obligación de pedir con la mayor sinceridad de sus corazones el perdón de Dios y de reparar todas las tropelías e injusticias cometidas.
Como podrá apreciar, mi estimado Presidente, le he hablado, quizás con mucha rudeza, pero con el mejor y más santo deseo de que algún día nos encontremos gozando de la felicidad eterna en el Reino de nuestro Dios y Señor.
Atentamente,
Tomado del: DIARIO EL IMPULSO (Martes, 10 de Abril de 2012)

viernes, 6 de abril de 2012

De Pilatos a Jesús

Padre Luís Ugalde S.J.
En la Semana Santa hay dos lavatorios que nos impresionan desde niños: Pilatos se lava las manos y Jesús lava los pies a los discípulos. Aquel no quiere poner en riesgo su poder por salir en defensa de un pobre inocente, se lava las manos y lo entrega. En la liturgia del Jueves Santo impresiona ver a Jesús arrodillado lavando los pies a sus discípulos, incluso a Judas. El Señor no los trata como siervos sino como amigos, y les dice que serán felices si hacen lo mismo unos con otros (Juan 13,17). Todo un símbolo de una humanidad nueva en la que el poder es para servir y no para oprimir. Lavar los pies significa reconocer la dignidad del otro y proclamar que servir no es rebajarse, sino ejercer la propia dignidad: que el mayor entre ustedes sea el que más sirve.
Jesús expresamente relacionó el rescate de la dignidad humana y la paz con el amor y el servicio mutuo. También la humanización de la riqueza y del poder pasa por convertirlos en servicio y vida. Ese es el sentido del Hijo del Hombre y el sueño de la humanidad, en sus versiones religiosas y también en las seculares que proponen el horizonte de libertad, igualdad y fraternidad, con economía y poder al servicio de la vida.
En Venezuela estamos enredados en un campo minado de odio, exclusión, ineptitud y deseos de revancha, de todo lo que impide un verdadero renacer humano compartido. Si los otros sólo cuentan como instrumentos para el poder, no es posible construir la República.
En el más reciente documento de la Conferencia Episcopal (19-03-12), los obispos rememoran el terrible terremoto de 1812 con unas oportunas reflexiones sobre la ruina de la Primera República que se derrumbó ese año, luego de una efímera vida de 10 meses. No pudo tener éxito ­dicen­, pues cada sector social iba a lo suyo: "La libertad e igualdad, proclamada desde 1810, fue en los hechos selectiva y excluyente de las mayorías, conformadas por los pardos, mestizos, indios y negros" (n.5). La República era un proyecto histórico que las mayorías no sentían propio y cada provincia miraba a lo suyo, dispuesta a enfrentarse a las otras. Eso causó la derrota de la Primera República en 1812. Mucho peor fue la ruina de la Segunda República ahogada en sangre de venezolanos en 1814.
La actitud espiritual hacia el otro tiene raíces interiores, que florecen en la plaza pública y alimentan para bien o para mal la vida económica y política. De ahí que frente a las amenazas y las esperanzas que preñan el año 2012, los obispos nos llamen a la reconciliación como actitud espiritual: "Reconciliarnos va más allá del buen trato; lleva en sí un cambio de mentalidad y paradigma, donde el centro de nuestra dedicación esté en el otro, en el ser que tiene igual dignidad, pero que vive en medio de elementos contradictorios para una vida plena. Trabajar por construir la unidad entre los venezolanos no es tarea fácil.
El progreso y el bienestar de este país sólo podrán lograrse con la participación de todos los ciudadanos.
Ante las dificultades, por grandes que sean, no debemos desesperar, ni como personas, ni como creyentes. (...) "Construyamos un futuro de entendimiento y de paz, el único camino que nos puede ofrecer la alegría de vivir juntos como hermanos".
La Semana Santa nos invita a no condenar al justo lavándonos las manos, y a servir a los demás lavándoles los pies; a pasar de Pilatos a Jesús. No a la violencia y al desastre cotidiano en que millones viven muriendo de mengua. Ahí está la responsabilidad de construir el futuro social, político y económico de Venezuela. Ese es el Espíritu del Dios-amor que da vida frente a tanta muerte desatada que aflige a nuestro país en contraste con tanto poder usado para dominar y oprimir, y no para servir y dar vida. Jesús no es líder político, pero encarna el Amor de Dios y revela la dignidad humana de dar la propia vida en el servicio a los demás, y también en la política.

sábado, 24 de marzo de 2012

Educación para transformar

Padre Luís Ugalde S.J.

Hay enfermedades que alarman al primer síntoma. Otras avanzan sigilosamente y sólo se les presta atención cuando ya no hay remedio; de este último tipo es la educación de mala calidad que va minando la sociedad, hasta que a mediano plazo aparece la tragedia irremediable. Hoy la gente parece medio conforme con la educación y las encuestas se centran en otros malestares. Al no medirnos con la buena educación de países exitosos, aumenta la inconsciencia.
Un grupo de venezolanos convencidos de que tenemos una extraordinaria oportunidad para convertir nuestra educación en la gran palanca de transformación del país, con reuniones sistemáticas mes a mes a lo largo de un año, estudiamos los nudos claves para hacer propuestas audaces y realistas con el objetivo de convertirlas en hechos en una década, tomando ejemplo de los países más exitosos. Se trata de tomar en serio lo que está en la Constitución de 1999: "Toda persona tiene derecho a una educación integral de calidad, permanente, en igualdad de condiciones y oportunidades...(es obligatoria) desde el maternal al nivel medio diversificado" y el Estado debe garantizar el financiamiento educativo en todos los niveles preuniversitarios (artículo103). Se trata de tomar en serio el derecho y el deber de ofrecer una educación de calidad para todos durante, al menos, los doce primeros años de escolaridad: ¡todo un cambio radical! Entendemos que todos los venezolanos estamos de acuerdo con este mandato constitucional, pero es evidente que la realidad contradice el logro de este objetivo y no hay señales de que la situación se esté superando. En consecuencia, necesitamos crear una nueva conciencia nacional educativa para dar un salto que cambie las inercias del pasado y la realidad, y nos encamine a una educación de calidad.
En el grupo de trabajo donde participamos hay gente competente que ha dedicado toda su vida a la educación nacional ­privada y oficial­, investigadores, docentes, actores significativos, como rectores y directores en diversos niveles, un ex ministro y algunos empresarios.
Empezamos nuestro trabajo identificando una decena de puntos claves y, sin quedarnos en el diagnóstico y la lamentación, pasamos a elaborar las propuestas con base en la siguiente metodología: escogíamos a uno de nosotros por sus conocimientos en determinado tema específico, que debía escribir alrededor de 15 páginas con sus propuestas.
Otro para que redactara cerca de 5 páginas de comentarios sobre ese texto, y luego todos (aproximadamente 20 personas en cada sesión) discutíamos sobre el tema y el escrito. Finalmente, el autor inicial recogía las observaciones, correcciones y sugerencias y volvía a redactar el informe que después se transformaría en un capítulo de este libro que recogería nuestras ideas. Nos llamaron la atención las discusiones por la libertad, apertura y creatividad de un grupo tan variado. Así surgieron los 10 capítulos del libro Educación para transformar el país y una Síntesisfinal formulada en Siete Perspectivas y Siete Propuestas. El libro y la síntesis, como separata, han sido presentados en estos días en varios ámbitos a nombre de la treintena de autores, quienes trabajaron bajo mi coordinación, en el Foro-Cerpe que los aglutina.
No queremos quedarnos en un libro, sino activar una conciencia nacional movilizada para el logro de una educación de calidad para todos, empezando por los más pobres, entre los cuales se pierden millones de talentos castigados por la baja calidad de su educación y la escasa prosecución escolar que los condena a luchar en condiciones de inferioridad.
Debemos insistir en que no nos interesa cualquier educación, sino aquella que despierte y desarrolle las potencialidades y valores personales, eleve la condición ciudadana democrática y nos vincule al hecho productivo con una capacitación y eficiencia que permita salir victorioso en un mundo tan globalizado. Es cierto, que se puede aliviar la pobreza con limosnas, pero el único modo de derrotarla es transformando el ingreso petrolero en educación de calidad para cada venezolano.
El Foro-Cerpe no debe entenderse como un grupo cerrado de treinta personas, sino como un espacio abierto a la discusión orientada a la acción y a los acuerdos eficaces. A él puede pertenecer todo aquel que comparta nuestros objetivos, independientemente del carácter de sus ideas.

martes, 13 de marzo de 2012

La Iglesia e invasiones a la propiedad

+C. Oswaldo Azuaje Pérez, OCD
Obispo Auxiliar de Maracaibo

Nos preocupa como iglesia lo que vemos y padecemos en estos  tiempos con las invasiones a la propiedad privada. La doctrina social de la iglesia nos señala que “la propiedad privada es un elemento esencial de una política económica auténticamente social y democrática y es garantía de un recto orden social. La doctrina social de la iglesia postula que la propiedad de los bienes sea accesible a todos por igual, de manera de covertirse todos, al menos en cierta medida en propietarios y excluye el recurso a formas de posesión indivisa para todos” (Compendio de DSI, 176).
La función social de la propiedad está sujeta a las normativas constitucionales y legales por ellas reguladas. No puede atropellarse de ningún modo un derecho defendido taxativamente por nuestra constitución  nacional: "Se garantiza el derecho de propiedad. En virtud de su función social la propiedad estará sometida a las contribuciones, restricciones y obligaciones que establezca la ley con fines de utilidad pública o de interés general" (a. 99).  Mientras, el código civil señala en su artículo 545 que "la propiedad es el derecho de usar, gozar y disponer de una cosa de manera exclusiva, con las restricciones y obligaciones establecidas por la ley”. El código civil dispone que "tampoco pueden servir de fundamento a la adquisición de la posesión legítima, los actos violentos ni los clandestinos..." (a. 777). Otro artículo del mismo establece que "nadie puede ser obligado a ceder su propiedad, ni a permitir que otros hagan uso de ella, sino por causa de utilidad pública o social, mediante juicio contradictorio e indemnización previa"(a.547)
Las invasiones son un delito de orden público, por ello en el código penal se establecen una serie de sanciones para quienes se apropien de un terreno o inmueble:   “... quien para apropiarse en todo o en parte una cosa inmueble de ajena pertenencia o para sacar provecho de ella, promueva o altere sus linderos, será castigado con prisión de uno o cinco años...” (a. 471), “... quien con el propósito de obtener para si o para un tercero, provecho ilícito, invada terreno, inmueble o bienhechurías ajenos, incurrirá a prisión de cinco a diez años y multa de 50 U.T., a 200 U.T...” (a. 471), “... todas aquellas personas que utilizando la violencia perturben la posesión pacífica que se tenga de bienes inmuebles con prisión de uno a dos años y multa de 50 U.T. a 100 U.T” (a. 472).
Me perdonan este exceso de leyes. No soy abogado y estoy escribiendo un editorial, pero como ciudadano tengo derecho a exigir el cumplimiento de la ley. La ley está subordinada al bien de todos y cada uno de los ciudadanos, ella vela por el bien común y está para que la cumplamos sin distinción. El cumplimiento de la ley es un principio básico de toda convivencia que sustenta la relación social. Es garantía de la armonía de una sociedad y el más claro indicio de su madurez ciudadana. Las leyes pueden cambiar cuando existe el consenso entre los que conforman, sin exclusión, el tejido social. Es deber de las legítimas autoridades facilitar los cambios requeridos por la ciudadanía en orden a mejorar las leyes. Las autoridades instrumentan el cumplimiento de la ley y deben ser sus más inmediatas defensoras.
El magisterio de la iglesia detenta un formidable record de reflexiones fundamentadas en su experiencia secular de lo social. En días pasados en nuestra arquidiócesis realizamos la sexta semana de doctrina social de la Iglesia,  conscientes como somos del aporte de la doctrina social en este momento histórico de crisis económica y social mundial. La doctrina social es una luz, un llamado a retomar los valores del evangelio centrados en el amor, la justicia, la solidaridad, el respeto, la paz, la educación y muchos valores más.
A la luz de los principios expresados, no puedo callar ante la ola de invasiones que nos ha afectado en el Zulia. Este comportamiento anárquico, que considero condenable aún con conocimiento de la crisis aguda de vivienda, ha caído como un mazazo sobre las propiedades de la iglesia y los terrenos donde hay incipientes obras eclesiales de beneficio para la comunidad y para su servicio religioso. Tenemos  invasiones en los terrenos del seminario arquidiocesano, en los terrenos de El Roble adyacentes al prescolar Pompeya, en el terreno de la capillita San Agustín (en construcción en el 24 de julio), en el terreno destinado a templo, casa parroquial y salones en El Caujaro. También ha habido serios intentos de invasión en el antiguo edificio del Diario La Columna.
La solución a los problemas que nos aquejan como sociedad pasa por el diálogo pacífico y respetuoso. Hay una bienaventuranza que nos inspira en contra de la violencia: “dichosos los constructores de la paz”. Y a ella se añade un mandamiento: “no codiciarás los bienes ajenos”. El compendio del Catecismo de la Iglesia Católica dice: “este mandamiento exige una actitud interior de respeto en relación con la propiedad ajena, y prohíbe la avaricia, el deseo desordenado de los bienes de otros y la envidia, que consiste en la tristeza experimentada ante los bienes del prójimo y en el deseo desordenado de apropiarse de los mismos”. La iglesia en su misión de evangelización no se pertenece a sí misma, es de todos y para todos. Por eso requiere de los espacios propios y de los medios necesarios para la legítima realización del mandato del Señor: vayan y evangelicen a todos los pueblos bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Hago un llamado al pueblo de Dios para que con espíritu pacífico, apoyado en su amor por la iglesia de la que es parte, defienda con acciones y oraciones la justa reivindicación que la arquidiócesis de Maracaibo hace de sus espacios físicos. Con la colaboración de todos lograremos realizar los proyectos que actualmente están en curso y que se ven afectados por la penuria económica. Finalmente exhortamos a las autoridades para que velen por el cumplimiento de la ley y para que se busquen soluciones que impidan el irrespeto a la propiedad.

martes, 28 de febrero de 2012

VI Semana de la Doctrina Social de La Iglesia: Iglesia, educación y economía


Domingo 4 de marzo de 2012
11:00 am: Eucaristia en la Iglesia Parroquial San Antonio María Claret (Maracaibo)
11:00 am: Eucaristía en la Santa Iglesia Catedral (Cabimas)

Lunes 5 de marzo de 2012
10:00 am: Conferencia "Fundamentos Bíblico-Teológicos de la Educación", por el Dr. Antonio Teixeira, SCJ. Comentario del Pbro. Dr. Eduardo José Ortigoza, Vicatio Episcopal de Educación y Cultura de la Arquidiócesis de Maracaibo.
Salón de Conferencia de la Universidad Católica "Cecilio Acosta" (UNICA), Maracaibo

Martes 6 de marzo de 2012
De 8:00 am a 12:00 m: Charla y Exposición "Educación y la Doctrina Social de la Iglesia"
Centro de Formación "San Francisco", Av. 1° de mayo, Maracaibo

Jueves 8 de marzo de 2012
7:00 pm: Conferencia "Doctrina Social de la Iglesia y Economía Social de Mercado", por el Dr. Homero Pérez Aranaga, Economista y Politólogo
Instituto Diocesano de Pastoral "Monseñor Marco Tulio Ramírez", Cabimas

Viernes 9 de marzo de 2012
4:00 pm: Conferencia "Educación para Venezuela", por el R.P. Dr. Luís Ugalde, S.J. Cordinador Provinciales Jesuitas en América Latina
Centro de Formación "San Francisco", Av. 1° de mayo, Maracaibo

Sábado 10 de marzo de 2012
De 9:00 a 10:30 am: "Solidaridad21.com - Una Propuesta de Comunicación y Aprendizaje sobre Doctrina Social de la Iglesia", por Antero Alvarado e Isabela Iturriza, directores de Solidaridad21.com
Auditorio de la Universidad Rafael Belloso Chacín (URBE), Maracaibo

De 10:45 am a 12:15 pm: EcoSocial21.com - La Economía Social de Mercado, un modelo para Venezuela basado en los principios de la Doctrina Social de la Iglesia", por el Dr. Georg Eickhoff, Representante de la Fundación Konrad Adenauer en Venezuela y Fernando Spiritto, Director de EcoSocial21.com
Auditorio de la Universidad Rafael Belloso Chacín (URBE), Maracaibo

martes, 21 de febrero de 2012

Apostar por el futuro

Andrés Bravo
Capellán de la UNICA
Uno de los valores más importante que el cristianismo brinda a la humanidad es el poder siempre apostar por el futuro, la esperanza. El Evangelio de Jesús consiste en un llamado a construir un mundo nuevo, cada vez mejor. El sentido de la historia se vive cuando no nos resignamos a ser lo mismo, a dejar las cosas como están. Tampoco vivir en la añoranza, pensando siempre en el pasado. Por eso, sin querer ser propagandista de una opción política, puedo afirmar con plena libertad y responsabilidad que me gustó el discurso del candidato opositor la noche de su postulación cuando dijo, más o menos, que no podemos vivir del pasado como quien retrocede, ni podemos quedarnos en el presente como quien se estanca. Debemos avanzar hacia el futuro. Y lo complementa con su lema “hay un camino” y su simbólica invitación a montarnos en el autobús del progreso.
Esto es un lema electoral como lo fue “el cambio va” de la campaña de Rafael Caldera de 1968 o aquellas exitosas palabras del hoy presidente Chávez ante el fracaso del golpe de 1992, “por ahora”, que le ganó la admiración popular porque prometía un futuro mejor. Sin embargo, el discurso de Capriles, en la actual realidad, es necesario porque nos indica que una nueva sociedad es posible. No es pensar que alguien se comprometa a realizarlo por nosotros, como mesías redentor, sino porque nos invita a montarnos en esta tarea (el autobús del progreso).
De modo que nuestra acción no se limita a darle el voto, sino a ser protagonista de nuestra común historia. Si nos sentimos desafiados, dinamicemos todo nuestro ser pensando que ni el pasado ni el presente han dado  las respuestas que hemos necesitado para el progreso humano que soñamos.
Debo expresar, una vez más, que nos conviene escuchar a la Iglesia que vive en un caminar continuo hacia el futuro trascendente, en continua renovación, en continua conversión, planeando nuevos proyectos. Como Ella, Venezuela debe abrirse caminos nuevos. No nos conformemos con callejones, nuestro horizonte es inmenso, necesitamos más que autopistas. Somos constructores de una nueva sociedad.
Esto nos indica que tenemos más preguntas que respuestas, más desafíos que soluciones. Debemos comenzar a buscarnos los unos a los otros y empezar a concretar unidos las respuestas y las soluciones. Debemos transformar el sistema económico para hacerlo más justo, solidario, para el desarrollo integral de todos. Dejemos de gastar esfuerzos en defender sistemas pasados que nos han hecho mucho daño y nos llevan al fracaso de siempre. Basta de asegurar que el capitalismo liberal o el comunismo es la solución. Me resisto a creer que no hay vías nuevas. Sería decir que no hay futuro. Si el “autobús del progreso” significa copiar estos sistemas viejos, yo no me monto. Construyo otro, no me quedo parado, ni retrocedo. Estamos obligados a ser creativos.
Para finalizar estas pequeñas notas, sólo me queda invitarles a que unidos construyamos el futuro, recuperando así la democracia, donde es posible la participación libre y responsable. Pues, nos corresponde fortalecer la sociedad civil, hacia una Venezuela de progreso humano.

jueves, 16 de febrero de 2012

El Vaticano II, 50 años de su apertura

Andrés Bravo
Capellán de la UNICA
Las personas que tejen la historia del este nuevo milenio, tendrán que reconocer que el Concilio Ecuménico Vaticano II (1962-1965) es el evento eclesial más importante del siglo XX. Los cristianos lo hemos vivido como “un nuevo pentecostés”, haciendo referencia al acontecimiento salvífico de la venida del Espíritu Santo (Hch 2), que renovó radicalmente la faz de la tierra con el nacimiento de la Iglesia. Así, con la acción del mismo Espíritu, se renueva la Iglesia y, rejuvenecida, se presenta a la humanidad como su servidora, enriqueciéndola con los valores del Evangelio de Jesús.
El próximo 11 de octubre celebraremos el jubileo de oro de su apertura. Pues, fue ese día, cincuenta años atrás, cuando solemnemente Juan XXIII inaugura el Concilio Vaticano II. Este mismo Papa había sorprendido a todos cuando el día 25 de enero de 1959 anunció su determinación de convocar un Concilio ecuménico para la Iglesia universal. Ninguno pensaba en la posibilidad de un evento de tal magnitud, pues se creía que con la proclamación de la infalibilidad del Sumo Pontífice los concilios no eran necesarios. Pero, el Papa Bueno, se deja guiar por el Espíritu y, abriendo ventanas y puertas, lo deja entrar como viento impetuoso para un cambio total de la manera de ser y de actuar de la Iglesia encarnada en la nueva época de la humanidad. Después de este sorprendente anuncio, se comienza a trabajar en su preparación.
Importante es la Constitución Apostólica Humanae Salutis (25/12/1961) con la que el Papa convoca formalmente el Concilio. Pues, en ella expone su necesidad y sus fines. Es urgente ocuparse con afán en pro de la unidad de los cristianos y, por otro lado, para que la misión de la Iglesia sea creíble, escrutando los signos de los tiempos, es necesaria una apertura de diálogo sincero con el mundo moderno. Se deben superar las relaciones hostiles con una humanidad que espera ser comprendida, respetada en su autonomía, servida y enriquecida por los valores cristianos, no censurada y condenada. Para eso, la Iglesia en el Concilio se debe renovar totalmente, comenzando por buscar en el mismo misterio de Dios trinidad, su propia naturaleza. A partir de aceptar una nueva comprensión de lo que significa la revelación divina, comienza a descubrirse en la historia salvífica, como fruto amoroso del Padre y de la misión del Hijo y del Espíritu Santo.
Juan XXIII muere el 3 de junio de 1963. Algunos comentan que lo eligieron, por ser un anciano de 77 años de edad, como un Papa de transición. Ciertamente, como más tarde interpreta el prestigioso teólogo dominico Ives Congar, Juan XXIII obró un paso: “Transición o paso de una Iglesia en sí a una Iglesia para los hombres, abierta al diálogo con los otros. Este aspecto se puso de relieve en el Concilio o con ocasión del Concilio, pero también en el estilo tan pastoral y tan evangélico de este corto Pontificado” (Diario del Concilio p.41).
Pocos días después, el 21 de junio de 1963, es elegido Papa el Cardenal Juan Bautista Montini con el nombre de Pablo VI. Éste, siendo Arzobispo de Milán, estando en Roma para participar del Concilio, escribe una extraordinaria Carta Pastoral para su Iglesia Local. Hago referencia a ella porque irradia luces de comprensión sobre el evento. Para el Cardenal Montini, este Concilio es anhelado ocultamente, pues, “podría decirse que si la concatenación exterior de los hechos, que llamamos históricos, no esperaba un acontecimiento semejante, lo esperaba, como si lo estuviese madurando casi sin darse perfecta cuenta de ello, el estado de ánimo de la catolicidad. Se sentía la necesidad de esta llamada”. Completa su pensamiento diciendo que “por eso, cuando el Papa anunció el Concilio Ecuménico, parece como si hubiera adivinado un ansia secreta, no sólo del Colegio episcopal, sino de la catolicidad entera”. Sin pensar que, como sucesor de Juan XXIII, él va a seguir, culminar y dar cumplimiento al Vaticano II.
Ya en esta Carta Pastoral, siente que el Concilio debe tratar como tema central la Iglesia misma. Afirma que “conviene que nos habituemos a hacer este esfuerzo, humilde, atento, amoroso, de buscar el origen de la Iglesia en el pensamiento divino, saboreando las palabras de la sagrada Escritura”. Así lo manifestará también en su discurso de inauguración del segundo período del Concilio (29/09/1963). Ahí plantea la necesidad de una noción más plena de la Iglesia; la renovación de la Iglesia católica, según él, causa principal del Concilio; la reconstrucción de la unidad entre todos los cristianos y el diálogo con la humanidad actual. Más ampliamente lo tratará en su primera Encíclica Ecclesiam suam (06/08/1964).
Este Concilio se desarrolla en tres años. Una solemne ceremonia, el 8 de diciembre de 1965, marca el término de sus sesiones. Me parece que es digno de mención de la luminosa homilía de Pablo VI el día anterior en el cierre de la última sesión conciliar (la sesión IX). En principio, nos deja abierta un interrogante que espera todavía una respuesta, que se debe dar en su recepción continua. Por su parte, Juan Pablo II, al comienzo del presente milenio nos invita a seguirnos interrogando sobre el Vaticano II. En la homilía referida, Pablo VI confirma que el Concilio se refiere fundamentalmente de la Iglesia, de su naturaleza, de su composición, de su vocación ecuménica, de su actividad apostólica y misionera, en perfecta coherencia con sus objetivos. Pero, sobre todo, se presenta a la humanidad como su sirvienta. Expresa el Papa que “tal vez nunca como en esta ocasión ha sentido la Iglesia la necesidad de conocer, de acercarse, de comprender, de penetrar, de servir, de evangelizar a la sociedad que la rodea y de seguirla; por decirlo así, de alcanzarla casi en su rápido y continuo cambio”.
Estas líneas que presento pretenden ser sólo un estimulo para que se estudie, se acoja y se siga el camino renovador que ha suscitado este gran evento eclesial. Sin duda, sus enseñanzas aún son un tesoro por descubrir y vivir.