jueves, 19 de septiembre de 2013

LAS DECISIONES DE CAPRILES


Dr. Homero Pérez Aranaga

Tomado del periódico “Venezuela al Día”
Miami, Florida, Septiembre 2013

El 7 de Octubre de 2012 se realizaron elecciones presidenciales en Venezuela, siendo electo Hugo Chávez Frías Presidente de la República para el período 2013-2019.  El 14 de Abril del 2013, seis (6) meses después, se realizaron de nuevo elecciones presidenciales, como consecuencia de la muerte del Presidente Chávezacaecida en Marzo del 2013, sin haber tomado posesión del cargo para el cual fue electo.  En estas elecciones del 14 de Abril del 2013, la diferencia de votos entre Nicolás Maduro y Henrique Capriles es apenas de 1,4%, incrementándose severamente el nivel de conflicto y no de consenso entre los principales actores y fuerzas políticas de Venezuela.
            Los acontecimientos desarrollados entre Octubre 2012 y Abril 2013 y aún hasta el presente, se han expresado en el marco de una crisis político electoral donde Henrique Capriles Radonski desconoce el triunfo, proclamación y juramentación de Nicolás Maduro ante la Asamblea Nacional. En efecto, el 14 de Abril del 2013, H.C.R afirma que sus números electorales difieren de los presentados por el Consejo Nacional Electoral, los cuales dan la victoria a Nicolás Maduro. El 24 de Abril, Capriles expresa textualmente: “Se robaron las elecciones”. El 02 de Mayo y el 07 de Mayo del 2013, impugna el proceso electoral del 14 de Abril ante el Tribunal Supremo de Justiciaal negarse el C.N.E. a realizar una auditoría electoral integral en los términos exigidos por H.C.R. y la Mesa de la Unidad Democrática. Esta auditoría la realiza el C.N.E a partir del 29 de Abril sin tomar en cuenta las exigencias de Henrique Capriles Radonski, con el agravante de que por primera vez desde 1958, el candidato que obtiene más del 49% de los votos y es colocado en 2do lugar, desconoce la proclamación realizada por la autoridad electoral bajo los conceptos de fraude y robo.
            A estos severos ingredientes de inestabilidad, conflicto y carencia de consenso a nivel de la dinámica sociopolítica, debemos agregar que la realidad económica y social también es de crisis. En base a las cifras e indicadores emitidos por el Banco Central de Venezuela para el primer semestre del 2013, los economistas Francisco Faraco, Orlando Ochoa, Pedro Palma y José Guerra, afirman que la inflación en Venezuela para el 2013, estará ubicada entre el 40% y 50%, lo cual la convertiría en la más alta de América Latina y entre las cinco (5) más altas del planeta. Igualmente, según las encuestadoras Datanálisis e I.V.A.D., en promedio, el 72% de la población venezolana se siente afectada por la delincuencia y la inseguridad, el 58% por la inflación y el 48% por el desabastecimiento de bienes y servicios, unido al deterioro de la infraestructura física del país, la cobertura y calidad de la salud pública y privada y el transporte público entre los conceptos esenciales que afectan la calidad de vida de los ciudadanos.
            En este contexto, H.C.R expresa el contenido estratégico-conceptual y operativo de su liderazgo, especialmente tomando en cuenta los acontecimientos ocurridos en el mes de Agosto del 2013. El día 04 de Agosto del 2013, Capriles afirma en una concentración pública en Caracas, el estar considerando la posibilidad de promover la convocatoria de una asamblea constituyente en el 2014. El 07 de Agosto, el Tribunal Supremo de Justicia declara inadmisibles los diez (10) recursos de impugnación expuestos contra los resultados electorales del 14-04-2013. En consecuencia, H.C.R decide impugnar estos resultados ante organizaciones internacionales como la O.N.U y la O.E.A, afirmando su decisión de luchar para impedir que Nicolás Maduro cumpla la totalidad del período presidencial 2013-2019, aduciendo la ineficiencia y la incompetencia del actual gobierno y su acusación contra el Tribunal Supremo de Justicia de ser “cómplice del gobierno”.
            Claro está entonces, que el propósito estratégico esencial de H.C.R. es el lograr la finalización o revocación de Nicolás Maduro como presidente de Venezuela antes del 2019 que sería la fecha de culminación del actual período constitucional.  En la conquista de este propósito estratégico, H.C.R ha expresadoen diversas ocasiones que el objetivo esencial es el lograr en las elecciones de Alcaldes y Concejales del 08-12-2013 una votación total de la oposición a nivel nacional superior a la del partido de gobierno y conquistar adicionalmente, las alcaldías de las principales ciudades de Venezuela.
            De conquistar Henrique Capriles Radonski los objetivos planteados para las elecciones del 08-12-2013, el líder de la oposición venezolana expresa el estar ya evaluando las distintas opciones estratégicas a ejecutar a partir del 2014.  Esto incluye las siguientes alternativas: a) Revocatorio de diputados, b) Referéndum o enmiendapuntual para recortar el período presidencial, c) Obtener mayoría parlamentaria en las elecciones para la Asamblea Nacional del 2015, d) Intentar un referéndum revocatorio del mandato de Nicolás Maduro en el 2016.En relación a la posibilidad de convocar una asamblea constituyente en el 2014, el 13 de Agosto del 2013 H.C.R., declaró en su programa semanal transmitido vía internet que desechaba esta opción estratégica.
            Este conjunto de opciones estratégicas, tienen un contenido vital de evaluación y toma de decisiones y expresan la necesidad de clarificar y definir un camino definitivo para la expresión del liderazgo de H.C.R y la acción de la oposición política en Venezuela. Henrique Capriles Radonski, tiene el desafío de ser la expresión de liderazgo de un inmenso capital político en Venezuela. Entre el 2006 y Abril del 2013, la oposición venezolana ha llevado la votación de la Presidencia de la República del 36,4% al 49,4%, esto constituye un avance formidable pero es también un formidable desafío a la imaginación, coraje y sentido de oportunidad del liderazgo de H.C.R. y la capacidad política y organizativade la Mesa de la Unidad Democrática.
En la actualidad, el gran desafío para el liderazgo de la oposición venezolana, es como combinar el ejercicio de la opción electoral con la presión social y política a través de la protesta, la llamada acción de calle y la plena participación de la sociedad civil venezolana en la defensa de la Democracia y la promoción del inmenso potencial de Desarrollo Integral que tiene Venezuela. En el presente, H.C.R, a través de declaraciones a los medios de comunicación social y redes sociales, le da más peso a la opción electoral, mientras que María Corina Machado y Leopoldo López, apoyan la opción electoral pero otorgándole una función más importante a la protesta y la presión social. Los tres líderes, expresan consenso en el objetivo de acortar en lo posible la duración en el tiempode la presidencia de Nicolás Maduro.
            El análisis realizado sobre las opciones estratégicas y decisionales de H.C.R y la oposición venezolana, reflejan una clara tendencia al incremento del nivel de confrontación con el gobierno de Nicolás Maduro y el resto de los poderes públicos, sobre los cuales tienen una gran influencia la élite gobernante de Venezuela encabezada por Nicolás Maduro y Diosdado Cabello.  Esta élite que dirige el gobierno en Venezuela desde el Poder Ejecutivo y la Asamblea Nacional, ejerce también una gran presión y acción de desgaste sobre la oposición venezolana encabezada por H.C.R y la Mesa de la Unidad, intentando adicionalmente ejercer una clara acción de intervención y control sobre el proceso de formación de la opinión pública.
            Lo acontecido en el mes de Agosto del 2013 con el canal de noticias Globovisión, el cierre de televisoras regionales  tales como Global TV y ATEL en el Estado Zulia, las acciones contra el diario El Nacional, revelan el ejercicio de una clara estrategia de control del proceso de formación de opinión pública por parte del Gobierno de Nicolás Maduro, ante una realidad política, económica y social adversa y unas elecciones de Alcaldes y Concejales para el 08 de Diciembre del 2013 que se han transformado en un plesbicito sobre el destino del actual Gobierno.
            La tendencia clara de la realidad sociopolítica venezolana para los próximos meses y quizás años, no es hacia el consenso sino por el contrario de alta confrontación en un país escindido en dos mitades políticas con prácticamente nulos puentes de diálogo y entendimiento que recuerdan la expresión de Mao Tse Tung: “Cuando la pradera está seca una sola chispa puede incendiarla”.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Miedo a la Libertad


Dr. Antonio Pérez Esclarín
Maestro
Así se titula un libro que escribió Erich Fromm hace ya algunos años y que hoy tiene una gran vigencia.  Ciertamente, porque  le tenemos mucho miedo a la libertad, llegamos a confundirla  con su opuesto: con llenarnos de cadenas.  Muchos dicen “Soy libre y por ello hago lo que me da la gana”, sin caer en la cuenta que están encadenados a su capricho, a su flojera, a su agresividad, a su  poder, a su egoísmo, a su droga, a su alcohol, a su lujuria, a su avaricia…
No es libre el que hace lo que quiere, sino el que hace lo que debe, el que se responsabiliza completamente de su conducta y de su vida.  Viktor Frankl solía decir que la estatua de la libertad de Nueva York debía complementarse con la estatua de  la responsabilidad en Los Ángeles para que todos comprendiéramos que es imposible la libertad sin responsabilidad.   Libre es la persona que logra desamarrarse de sus miedos, caprichos y ataduras y vive comprometido con la conquista de sí mismo.
Hoy hace falta mucho valor para ser libre, para salirse del rebaño y levantarse del egoísmo y la sumisión al vuelo valiente de la autonomía y el servicio.  En un mundo que cada vez más nos va llenando de cadenas, la genuina libertad debe traducirse en liberación, en lucha tenaz contra todas las formas de opresión, dominación y represión.
Para ser genuinamente libres, cada persona debe analizar cuáles son sus cadenas que le impiden crecer y ser cada vez mejor. Sólo donde hay libertad hay disponibilidad para el servicio que ayuda a los demás a romper sus propias ataduras. Por ello, sólo corazones libres, es decir, comprometidos en  romper sus propias cadenas, podrán contribuir a romper las cadenas externas de la injusticia, la opresión y la violencia. Con corazones aferrados al poder, nunca construiremos verdadera participación ni genuina democracia; con corazones esclavos del tener y acumular,  nunca acabaremos con la corrupción; con corazones  llenos de rabia y de violencia, nunca construiremos la paz. Ser libre es, en definitiva, vivir para los demás, disponibilidad total para ayudar a cada persona a desarrollar sus potencialidades y lograr su propia autonomía,  combatiendo todo tipo de dependencia y sumisión. Somos libres, en definitiva, para amar, para servir.
Si Dios es amor y nos hizo a su imagen y semejanza, somos seres para amar.  El sentido de la vida es el amor y sin amor la vida no tiene sentido. El amor es la experiencia más honda y plenificante del ser humano. Todos aspiramos a amar y a ser amados. Amar nunca es debilidad, sino poder. El amor confiere fuerza y es fuente de alegría y de vida. Sin amor la vida languidece y se va secando. La peor enfermedad es la incapacidad de amar. Nunca pesa más un corazón que cuando está vacío  o cuando está solo lleno de sí mismo, que es la mejor forma de estar vacío. El amor pone alas a la libertad, colabora en el crecimiento del ser amado y se alegra de sus éxitos y triunfos. El que ama acepta a las personas como son, sabe descubrir sus necesidades  y atenderlas, comprende las limitaciones y está siempre dispuesto a perdonar.

miércoles, 21 de agosto de 2013

El Papa Francisco: Encuentro y unidad

Andrés Bravo
Capellán de la UNICA
            El Papa Juan XXIII fue una sorpresa agradable, una acción divina que rompió lo cotidiano y creó cambios importantes. Un acontecimiento evangélico, es decir, una buena noticia para la Iglesia y la humanidad. Este hecho eclesial dio como fruto el Concilio Vaticano II, una gracia divina que rejuveneció a la Iglesia y la puso al frente de los más grandes desafíos de la época. De su inauguración se ha celebrado cincuenta años con la exigencia que nos diera Juan Pablo II al comienzo de nuestro milenio, de seguirnos interrogando sobre su acogida y puesta en práctica. Pues, “con el Concilio se nos ha ofrecido una brújula segura para orientarnos en el camino del siglo que comienza” (Novo millennio ineunte 57).
            Por esta celebración conciliar, el Señor nos ha regalado un Papa nuevo, latinoamericano, de gestos y palabras claras y sencillas para que su mensaje penetre en el interior de cada persona, invitándonos a abrir nuestras vidas al Evangelio de Jesús. Desde que el Papa Francisco se asomó al balcón del Vaticano, pidiendo al pueblo que lo bendijera antes de bendecir él al pueblo, se siente la presencia de un tiempo nuevo, de renovaciones, de despertar, especialmente, con respecto a la vocación universal de construir un mundo fraterno, fundado en el amor. Y de la exigencia de una visión de Iglesia como Jesús, pobre para los pobres.
            Últimamente he leído un libro de dos periodistas, el paisano del Papa Sergio Rubin y la romana Francesca Ambrogetti, que trata de una conversación con el entonces Cardenal de Buenos Aires Jorge Bergoglio. En esta obra, el rabino amigo del primado de Argentina, Abraham Skorka, define el pensamiento de Francisco con dos vocablos: “encuentro y unidad”. A mi juicio, es esto lo que expresan sus gestos y palabras, desde que comenzó su ministerio como Obispo de Roma.
            En el referido libro, habla ya sobre un tema apasionante y urgente: “la construcción de una cultura del encuentro”, como propuesta concreta a una situación de individualismo, discordia y desencuentro: “En este momento creo que, o se apuesta a la cultura del encuentro, o se pierde. Las propuestas totalitarias del siglo pasado –fascismo, nazismo, comunismo o liberalismo- tienden a atomizar. Son propuestas corporativas que, bajo el cascarón de la unificación, tienen átomos sin organicidad. El desafío más humano es la organicidad. Por ejemplo, el capitalismo salvaje atomiza lo económico y social, mientras que el desafío de una sociedad es, por el contrario, cómo establecer lazos de solidaridad”. Y confiesa con dolor: “No haber puesto todos los medios a mi alcance para llegar a una comunión con alguien en conflicto”.
            Esto es lo que nos ha estado transmitiendo últimamente. Por ejemplo, en su discurso al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, calificando el acto como un encuentro con todas las naciones del mundo, “que quiere ser idealmente el abrazo del Papa al mundo”; plantea un proyecto común: el amor a los pobres y el esfuerzo en construir la paz. Y les manifiesta el auténtico sentido de su ministerio como pontífice. De ahí su programa más caro: crear puentes de encuentro entre las personas humanas con Dios y entre sí. En concreto, “la lucha contra la pobreza, tanto material como espiritual; edificar la paz y construir puentes. Son como los puntos de referencia de un camino al cual quisiera invitar a participar a cada uno de los Países que representan”.
            Otro de sus discursos emblemáticos sobre el mismo tema es el del encuentro con los representantes de las Iglesias y comunidades eclesiales, y de las diversas religiones. De entrada los invita a asumir de nuevo el deseo de Jesús de la unidad en la fe: “Éste será nuestro mejor servicio a la causa de la unidad entre los cristianos, un servicio de esperanza para un mundo todavía marcado por divisiones, contrastes y rivalidades”. Luego, manifiesta su deseo sincero de un diálogo respetuoso con las comunidades judías y musulmanas, con el fin de cooperar para el bien de la humanidad. Pues, con la promoción de la amistad entre las personas de diversas tradiciones religiosas, “podemos hacer mucho por el bien de quien es más pobre, débil o sufre, para fomentar la justicia, promover la reconciliación y construir la paz”.
            Por último, quisiera referirme también al discurso que ofrece a la clase dirigente del Brasil el día 27 de julio pasado. Aquí insiste en “un proceso que hace crecer la humanización integral y la cultura del encuentro y de la relación; ésta es la manera cristiana de promover el bien común, la alegría de vivir”. Así invita, en primer lugar, a valorar la cultura brasileña y sus tradiciones.
Luego pasa a llamar la atención sobre la responsabilidad social. Claramente afirma que “quien actúa responsablemente pone la propia actividad ante los derechos de los demás y ante el juicio de Dios. Este sentido ético aparece hoy como desafío histórico sin precedentes, tenemos que buscarlo, tenemos que insistir en la misma sociedad. Además de la racionalidad científica y técnica, en la situación actual se impone la vinculación moral con una responsabilidad social y profundamente solidaria”.
Completa su reflexión sobre el humanismo integral, respetando la cultura original y asumiendo la responsabilidad solidaria, con el tema recurrente que traza su línea fuerte de encuentro y unidad, “el diálogo constructivo”. Asegura que “el único modo de que una persona, una familia, una sociedad, crezca, la única manera de que la vida de los pueblos avance, es la cultura del encuentro, una cultura en la que todo el mundo tiene algo bueno que aportar, y todos pueden recibir a cambio. El otro siempre tiene algo que darme cuando sabemos acercarnos a él con actitud abierta y disponible, sin prejuicios. Esta actitud abierta, disponible y sin prejuicios, yo la definiría como humildad social, que es la que favorece el diálogo”.


 

domingo, 11 de agosto de 2013

TU ERES SACERDOTE PARA SIEMPRE

Dr. Emilio Fereira
Profesor emérito de la Universidad del Zulia (LUZ)
 

El próximo 25 de Agosto se cumplen cincuenta años de la ordenación sacerdotal de Mons. Gustavo Ocando Yamate,  persona que me ha honrado con sesenta y dos años de amistad sólida.  

Contábamos con solo doce años cuando comenzamos a cultivar nuestra relación, como compañeros, en el Seminario Menor Santo Tomas de Aquino de Maracaibo. Desde entonces, se visionaba, en Gustavo, el sacerdote emprendedor y líder que es. Bajo la égida de los padres Paules y de los Eudistas, se fue construyendo  su perfil sacerdotal, su vocación a realizar en su vida tres tareas principales: Educar a otros en la fe a través de sus homilías, instrucciones y ejemplo; Pastorear,  guiar, unir y animar a sus hijos espirituales; Santificar: Administran los sacramentos.

En efecto, todos esperamos de los sacerdotes: que sean especialistas en promover el encuentro entre el hombre y Dios. No se pide al sacerdote que sea un especialista en economía, en construcción o en política. Se espera de él que sea un experto en la vida espiritual. (Cfr. Benedicto XVI, 2006, Encuentro con el Clero, Catedral de Varsovia).

He visto, muy de cerca, como Gustavo se ha venido esmerando, cada día de sus últimos cincuenta años, en satisfacer tal expectativa, sin duda, originada, desde muy temprano en su vida,  por la acción del seminario en su espíritu indagador y emprendedor.

En el Seminario nació su admiración por la historia y por la profunda dedicación al estudio del pensamiento civilista y acciones de personajes como Simón Bolívar, Simón Rodríguez, Andrés Bello, José María Vargas, Rafael María Baralt, Cecilio Acosta, Juan Vicente González, Andrés Eloy Blanco, Adolfo Colina; de Sacerdotes  como Carlos Borges, Olegario Villalobos, Roberto Acedo, Julio César Faría, José Méndez Romero y Obispos: Juan Bautista Castro, Marcos Sergio Godoy, Gregorio Adam,  Jesús María Pellín, Ramón Lizardi, Mariano J. Parra León, José Rafael Pulido Méndez, Humberto, Cardenal Quintero, Domingo Roa Pérez.

Su inclinación natural por la historia, las letras y el arte, se fortaleció bajo las orientaciones del Mons. Helímenas Rojo, en el Seminario de Maracaibo y Mons. Miguel Antonio Salas, rector del Seminario Interdiocesano, para nuestra época, posteriormente Arzobispo de Mérida, y el Profesor Hostos, nuestros docentes de Historia e Venezuela Documental y Critica y de Literatura Venezolana. El seminario acrecentó su deseo de ser especialista en Historia, tarea que culminara con su doctorado en esa disciplina, en Roma. Su extensa obra historiográfica es muestra de su inquietud en demostrar la repercusión de los acontecimientos en la vida de los pueblos y, especialmente, en la iglesia venezolana.

En el seminario se hizo afecto a las lenguas clásicas, latín y griego, a la Literatura Universal, Castellana, Latinoamericana.  Venezolana y a la Preceptiva Literaria. Gustavo, además, se aficionó  al teatro y la comedia. Era un lector acucioso de los clásicos griegos, españoles y franceses. Dios le dio grandes habilidades para hacer montajes y dirigir  obras como el Medico a Palos de Moliere y el Divino Impaciente, de José M. Peman.

Más aun, ya en el seminario menor comenzó a cultivar el arte de diseño y producción de escenografía, vestuario y maquillaje para las obras que él mismo seleccionaba, montaba y dirigía. Como no recordar el empeño de Gustavo adolescente en producir obras como  Damián el Leproso, de cuyo guion fue autor. La experiencia del seminario fortaleció su vocación y lo motivó a construir en el  Complejo Niños Cantores, la mejor sala de teatro que existe en Maracaibo.

A Gustavo le atraía no solo el teatro sino, en general todas las bellas artes y, especialmente la música orquestal,  coral y gregoriana. Sus dotes las ponía al servicio de los demás. Con que gusto convocaba a sus amigos, cada domingo, muy temprano, a embellecer la liturgia eucarística, con cantos polifónicos, en el oratorio de las Hermanas de Santa Ana, quienes prestaban amoroso servicio en la cocina y la enfermería del Seminario Interdiocesano. El seminario vigorizo el desafío de crear y desarrollar un coro de niños capaz de competir con las mejores corales de niños del mundo: La Croix du Bois y los Niños Cantores de Viena, los Niños Cantores del Zulia.

Gustavo nació educador. Su vocación docente se despertó en la catequesis dominical para los niños pobres de los barrios vecinos al seminario de Caracas. Para ellos contribuía a organizar momentos de formación y recreación.  Esta inquietud la rememoramos, al regresar de la Universidad de Michigan, en Setiembre de 1981, cuando visite por vez primera su obra monumental, el Instituto Niños Cantores, síntesis de su amor a quienes, como el mismo ha dicho sabiamente, carecen de posibilidades de desarrollo pleno de sus talentos.

De Gustavo es aquella hermosa sentencia: “No hay pueblos subdesarrollados sino pueblos sin oportunidades”.  En el instituto les ofrecía el pan para la vida corporal y espiritual los formaba para alcanzar la madurez y el éxito profesional. Este proceso formador lo culminaban, muchos de ellos, en otra de sus obras perennes: La Universidad Católica Cecilio Acosta (UNICA).

También es testimonio de su acción catequética su concepción de la Ciudad de Dios, museo inspirado en la tradición docente de las grandes catedrales góticas, traducida en el lenguaje figurativo. Sus muros estaban destinados, con el apoyo de los medios actuales de comunicación de masas y, sobre todo, de la telivisión Niños Cantores, a la contemplación de la obra de Dios en la vida del hombre. Desvirtuada esta obra en la actualidad, es posible, pero que puede llegar a ser un instrumento para la formación cristiana de esta región y del país.

Es más, el sacerdote está llamado a ser mediador entre Dios y los hombres. “[…] es elegido entre los hombres y nombrado su representante ante Dios, para ofrecer dones y sacrificios por los pecados. Puede ser indulgente con ignorantes y extraviados, porque también él está sujeto a la debilidad humana, y a causa de ella tiene que ofrecer sacrificios por sus propios pecados, lo mismo que por los del pueblo. Y nadie puede tomar tal dignidad para sí mismo si no es llamado por Dios, como Aarón” (Heb. 5, 1-3).

En su aspecto exterior, como manifestase Juan Pablo II (1996, Don y Misterio), cada sacerdote debe reflejar su dignidad y, por eso, debe distinguirse de los demás como el pastor se distingue de sus ovejas. Debe ser un padre para todos, siempre disponible. Debe ser un hombre de fe, un hombre de Dios. Y debe sentir, como una responsabilidad, la salvación de todos los hombres. Por lo cual, cada día, durante la celebración de la misa, debe encomendarlos a todos como un padre a sus hijos. Porque cada sacerdote debe vivir la solicitud por toda la Iglesia y sentirse, de algún modo, responsable de ella. Gustavo testimonia esta actitud. Muestra de ello,  su empeño de hacerse especialista en liturgia. Cada una de sus celebraciones estimula la piedad de quienes viven con él la eucaristía. El esplendor del culto que él desea, se refleja en cada rincón de la Iglesia de San Tarsicio.

A pesar de su obra, como suele ocurrir en la historia de la iglesia, no han faltado ocasiones en las que Gustavo ha sido acusado falsamente. Sin embargo, ha sabido descubrir en ello la mano providente de Dios. Bien expresa Santa Teresa: “Aquí me enseño el Señor el grandísimo bien que es pasar trabajos y persecuciones por Él, porque fue tanto el acrecentamiento que vi en mi alma de amor de Dios y otras muchas cosas, que yo me espantaba; y esto me hace no poder dejar de desear trabajos. Y las otras personas pensaban que estaba muy corrida, y sí estuviera si el Señor no me favoreciera en tanto extremo con merced tan grande […]  Harto mal sería para mi alma si en ella hubiese cosa que fuere de suerte que yo temiese la Inquisición; que si pensare había para qué, yo me la iría a buscar; y que si era levantada (una calumnia), el Señor me libraría y quedaría con ganancia" (Libro de la Vida, Cap. 33).

Al acercarse esta fecha memorable en la vida de mi amigo, quiero dejar esta reflexión como expresión de mi respeto a quien es, educador, emprendedor y, sobre todo,  SACERDOTE  de quien se puede afirmar sin titubear, es figura incomparable del sacerdocio en  esta porción del pueblo de Dios, a quien nuestra ciudad debe tantos beneficios, no solo en el campo de la fe y de la predilección cristiana por los más necesitados, sino también en el de la educación y el desarrollo sociocultural.

Ad multos annos!!!

lunes, 15 de julio de 2013

La primera encíclica de Francisco (I)

Andrés Bravo
Capellán de la UNICA

            Lumen Fidei – La Luz de la Fe (LF). Así se titula la primera encíclica del Papa Francisco, firmada 29 de junio y ofrecida al pueblo de Dios el 5 de julio de este año 2013, Año de la Fe. Precisamente, el tema es sobre la fe, completando así la trilogía que constituye el centro del magisterio de Benedicto XVI sobre las tres virtudes teologales. El Papa emérito dedicó su primera encíclica a la caridad (Deus Caritas est – Dios es Amor) y más tarde nos entregó otra sobre la esperanza (Spe Salvi – en la esperanza fuimos salvados). Sin duda, como el mismo Francisco lo aclara con la sencillez que lo caracteriza, esta nueva encíclica, en su mayor parte, fue elaborada por Benedicto XVI: “Él ya había completado prácticamente una primera redacción de esta carta encíclica sobre la fe. Se lo agradezco de corazón y, en la fraternidad de Cristo, asumo su precioso trabajo, añadiendo al texto algunas aportaciones” (LF 7).
Quiero comunicarles algunas ideas tomadas del primer capítulo: “Hemos creído en el Amor”. Así invitarles a leer y reflexionar esta rica enseñanza de nuestro actual Pastor universal. Antes, Benedicto XVI, convocando al Año de la Fe, nos dejó una serie de catequesis pronunciadas en las tradicionales audiencias generales de los miércoles. Aquí se expresó como lo que es, un auténtico teólogo y pastor, un maestro de la fe. El 17 de octubre de 2012 introduce el tema convencido de que la fe es un encuentro personal con Dios: “Se trata del encuentro no con una idea o con un proyecto de vida, sino con una Persona viva que nos transforma en profundidad a nosotros mismos, revelándonos nuestra verdadera identidad de hijos de Dios”. Es, pues, un acto humano, existencial, histórico. Dios viene a nosotros. Es un Dios que se acerca y se entrega durante la historia. Esta irrupción de Dios en la historia convierte el tiempo humano en historia de salvación.
Es el sentido de la encíclica de Francisco: “La fe nace del encuentro con Dios vivo, que nos llama y nos revela su amor, un amor que nos precede y en el que nos podemos apoyar para estar seguros y construir la vida” (LF 4). Por eso, Francisco desarrolla toda su enseñanza sobre la fe basándose en las experiencias de encuentros que nos narra la historia de la salvación y testimoniada por las Sagradas Escrituras. Comienza con la experiencia de encuentro de Dios con Abrahán, considerado padre en la fe. A él “Dios le dirige la Palabra, se revela como un Dios que habla y lo llama por su nombre. La fe está vinculada a la escucha. Abrahán no ve a Dios, pero oye su voz” (LF 8). Es que Dios tiene la primera iniciativa. Él nos amó primero y se acerca a nosotros para revelarnos que es amor y nos ama. Por eso ser creyente es ser oyente de la Palabra de Dios. Así comienza la fe cristiana, hablando Dios y escuchando nosotros. La comunicación es el primer acto de fe.
Esta Palabra del Dios vivo y actuante, presente entre nosotros, que se encuentra personalmente con una persona humana concreta, llamándolo con su nombre propio Abrahán, tiene un propósito que lo vincula. Dios hace alianza con Abrahán. Se compromete con él y exige una respuesta sincera, a prueba de todo, con una confianza extrema. “Lo que esta Palabra comunica a Abrahán es una llamada y una promesa. En primer lugar es una llamada a salir de su tierra, una invitación a abrirse a una vida nueva, comienzo de un éxodo que lo lleva hacia un futuro inesperado” (LF 9). La fe nos dinamiza, nos hace despertar, levantarnos y comenzar a recorrer el camino señalado por la luz de la Palabra de Dios. La respuesta es pronta y sin vacilación.
“Esta Palabra encierra además una promesa: tu descendencia será numerosa, serás padre de un gran pueblo” (LF 9). Dios se compromete también. El encuentro de Dios con Abrahán, la exigencia de ponerse en camino, dejando atrás su estilo de vida y sus tierras, hacia un lugar desconocido, sin mayor detalle, y el compromiso de Dios de una promesa, marca el comienzo de un nuevo pueblo que surge del amor de Dios y por la fe de Abrahán. Podemos adelantar, con Francisco, una primera conclusión: “Para Abrahán, la fe en Dios ilumina las raíces más profundas de su ser, le permite reconocer la fuente de bondad que hay en el origen de todas las cosas, y confirmar que su vida no procede de la nada o la casualidad, sino de una llamada y un amor personal”.
Otra experiencia de fe, referida por Francisco en su primera encíclica, es la fe del pueblo de Israel. La estructura dinámica es casi igual: un acercamiento de Dios que ha escuchado el gemido de un pueblo oprimido, comunica su Palabra con el deseo de liberar al pueblo que es llamado a tomar el camino por el desierto obedeciendo y confiando en Dios, bajo el liderazgo de Moisés, hacia una tierra de libertad. Así lo dice la nueva encíclica: “Israel se abre a la intervención de Dios, que quiere librarlo de su miseria. La fe es la llamada a un largo camino para adorar al Señor en el Sinaí y heredar la tierra prometida. El amor divino se describe con los rasgos de un padre que lleva de la mano a su hijo por el camino. La confesión de fe de Israel se formula como narración de los beneficios de Dios” (LF 12). Así, el pueblo formado en la fe de Abrahán y su familia, consigue la libertad y se convierte en el Pueblo de Dios por la Alianza del Sinaí, alianza de amor.
Esta experiencia de fe amorosa que se expresa a lo largo de la historia de la salvación, desde Abrahán y su pueblo Israel, llega a la plenitud de la revelación de Dios que se entrega a nosotros por la encarnación de su Hijo Jesucristo. Desde entonces la fe cristiana está centrada en la persona de Cristo que muere en la cruz y resucita para dar pleno cumplimiento a la promesa de Dios. Pues, “si Israel recordaba las grandes muestras de amor de Dios, que constituían el centro de su confesión y abrían la mirada de su fe, ahora la vida de Jesús se presenta como la intervención definitiva de Dios, la manifestación suprema de su amor por nosotros… La fe reconoce el amor de Dios manifestado en Jesús como el fundamento sobre el que se asienta la realidad y su destino último” (LF 15).
En la experiencia de encuentro del Hijo que revela al Padre, podemos subrayar algo más. Lo enseña la encíclica en cuestión: “Cristo no es sólo aquel en quien creemos, la manifestación máxima del amor de Dios, sino también aquel con quien nos unimos para poder creer. La fe no sólo mira a Jesús, sino que mira desde el punto de vista de Jesús, con sus ojos: es una participación en su modo de ver” (LF 18). Es decir, nos unimos en comunión con Él para que Él viva en nosotros y nosotros en Él. Así, en la fe, el creyente se hace amor como Dios es amor. “En la fe, el yo del creyente se ensancha para ser habitado por Otro, para vivir en Otro, y así su vida se hace más grande en el Amor” (LF 21). La experiencia de fe cristiana se convierte en vivencia del amor.
Además, esta experiencia de fe y amor da sentido a nuestra existencia como Iglesia, “la fe tiene una configuración necesariamente eclesial, se confiesa dentro del cuerpo de Cristo, como comunión real de los creyentes… La fe no es algo privado, una concepción individualista, una opinión subjetiva, sino que nace de la escucha y está destinada a pronunciarse y a convertirse en anuncio… La fe se hace entonces operante en el cristiano a partir del don recibido, del Amor que atrae hacia Cristo, y le hace partícipe del camino de la Iglesia, peregrina en la historia hasta su cumplimiento” (LF 22).

Mons. Alfredo Enrique Torres Rondón, Obispo Auxiliar de Mérida


VATICANO, 15 Jul. 13 / 10:39 am (ACI/EWTN Noticias ).- El Papa Francisco nombró a al sacerdote P. Alfredo Enrique Torres Rondón, como nuevo Obispo Auxiliar de Mérida en Venezuela. El nuevo Prelado sucede así a Mons. Luis Alfonso Márquez Molina, cuya renuncia fue aceptada por haber llegado al límite de edad.
 El Obispo electo nació en Maracaibo el 4 de marzo de 1950. Estudió en el Seminario Menor de Mérida bajo la dirección de los Padres Eudistas. El Seminario Mayor lo cursó en el Interdiocesano de Caracas (1969-1976). En Roma obtuvo la licenciatura en teología moral en el Ateneo Alfonsiano, siendo residente de los Padres Eudistas, en su Casa Generalicia (1991-1993).
 Recibió la ordenación sacerdotal el 25 de julio de 1976 en la Catedral de Mérida.
 Entre otros, ha desempeñado los siguientes cargos: Rector del Seminario Menor de Mérida (1977-1978); Párroco de San José de Mucuchachí (1978-1979). Párroco de San Rafael de Mucuchíes (1979-1980); Párroco de Santa Cruz de Mora (1981-1991); Párroco de Milla, Mérida (1993-1998); Párroco de San Miguel del Llano, Mérida (1998-2013).
 Es Vicario General de la Arquidiócesis de Mérida desde 1997. Se desempeña también como Profesor del Seminario Mayor, Moderador de la Curia, Asesor de la pastoral familiar, miembro del Consejo Presbiteral, del Consejo Económico y del Colegio de Consultores; y Administrador del Centro Pastoral Mons. Miguel Antonio Salas.
 El Arzobispo de Mérida, Mons. Baltazar Porras Cardozo, agradeció al Obispo Auxiliar saliente, Mons. Luis Alfonso Márquez; e hizo votos y pidió oraciones por el nuevo ministerio confiado a Mons. Alfredo Torres.

jueves, 11 de julio de 2013

NECESIDAD DE UN HOMBRE NUEVO

Dr.Emilio Fereira
Profesor emérito de La Universidad del Zulia (LUZ)
11/07/2013
La humanidad atraviesa actualmente una nueva era de su historia caracterizada por rápidos y profundos cambios debidos a la inteligencia y a la actividad creadora del hombre que progresivamente se extienden al mundo entero.   Tales cambios recaen tanto sobre los hombres como sobre las cosas, sobre sus juicios y deseos individuales y colectivos, sobre su modo de pensar y obrar. Cabe, por lo tanto, hablar de una verdadera transformación social y cultural que redunda en el sentido de nuestra vida.
Esta transformación lleva consigo no leves dificultades. El hombre cuando trata de penetrar en el conocimiento más íntimo de su propio espíritu, con frecuencia aparece más inseguro de sí mismo. Y, cuando progresivamente va descubriendo con mayor claridad las leyes de la vida personal y social, permanece perplejo sobre la dirección que se le debe imprimir.
Nunca como hoy, ha tenido el hombre sentido tan agudo de su libertad, mas al mismo tiempo se encuentra prisionero de nuevas formas de esclavitud social y psíquica. Aumenta intensamente el intercambio de ideas, pero las palabras mismas correspondientes a los más importantes conceptos, reciben significados muy distintos, según las diversas ideologías. Y, mientras con todo ahínco se busca un ordenamiento temporal más perfecto, no se avanza paralelamente en el progreso espiritual.
La filosofía nos enseña que no hay vida ajena a un fin. Toda vida, en efecto,  está animada por un principio del obrar. Sólo el BIEN, por esencia, Dios, no obra por un fin diverso de sí-mismo. Eso hace de Dios, la Vida Suma. Sólo  Él no es causado por nada y no es ordenado a nada fuera de Sí-mismo, como un bien.
El ser humano es algo más complejo. Al ser humano, señalaba ya Pío XII en 1953 ante el Congreso Mundial de Psicopatología y Psiquiatría reunido en Roma,  hay que considerarlo como: Totalidad psíquica, Unidad estructurada en sí mismo, Unidad social, Unidad trascendental naturalmente orientada hacia Dios.
En efecto,  cada ser humano es un compuesto de cuerpo, alma  y espíritu íntimamente unidos en una sola naturaleza y una sola persona. Su vida, por tanto, es biología y transbiología.
Como vegetal, el ser humano, se oxigena; como animal, conoce los objetos sensibles, se dirige a ellos por el apetito sensitivo con sus emociones y pasiones, y se mueve con movimiento espontáneo; como espíritu conoce intelectualmente al ser suprasensible, lo verdadero, y su voluntad se dirige libremente hacia el Bueno. “He vivido la sensación de la presencia de Dios en muchas ocasiones. Cuando me pasó por primera vez (durante un servicio religioso a la edad de quince años) me sentí físicamente ebrio ((¡No lo estaba¡) y apenas podía caminar. En otras ocasiones, sólo he tenido una sensación sobrecogedora de paz y amor y, a menudo, me he olvidado del tiempo (Happold, The Case of Spiritual Experience, en Donah Zohar / Ian Marshall, Inteligencia Espiritual, 2001).
Para que un ser humano esté vivo,  no sólo debe ejercer los actos que pertenecen a la vida vegetativa y animal, no sólo debe subsistir, crecer y tener sensibilidad, no sólo moverse, alimentarse y demás. Debe realizar las actividades propias de su vida específicamente humana. Es decir, dirigir sus acciones mediante decisiones libres, tomadas a la luz de su propio pensamiento y de su desarrollo intelectual, moral y espiritual, del propio significado de su vida, el significado que nos ha revelado Dios. (Cfr. Thomas Merthon, El Hombre Nuevo, 1966).
Como expresa San Pablo: “Hagan morir en ustedes todo lo terrenal: la inmoralidad sexual, la impureza, la pasión desordenada, los malos deseos y la avaricia, que es una especie de idolatría. […] Dejen todo eso: el enojo, la pasión, la maldad, los insultos y las palabras indecentes. No se mientan unos a otros, porque ustedes se despojaron del hombre viejo y de sus obras para revestirse del hombre nuevo, que por el conocimiento se va renovando a imagen de su Creador. […] Como elegidos de Dios, consagrados y amados, revístanse de sentimientos de profunda compasión, de amabilidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; sopórtense mutuamente; perdónense si alguien tiene queja de otro; el Señor los ha perdonado, hagan ustedes lo mismo. Y por encima de todo el amor, que es el broche de la perfección” (Col, 3: 5-14).