viernes, 21 de abril de 2017

“Para ser libres nos ha liberado Cristo” (Gálatas 5,1)


“Para ser libres nos ha liberado Cristo” (Gálatas 5,1)
Mensaje de Solidaridad a Venezuela
Del Centro de Estudios de Doctrina y Praxis Social de la Iglesia, de la Universidad Católica Cecilio Acosta
Pbro. José Andrés Bravo H.
Director
Alzamos la voz en defensa de la dignidad de la persona humana y sus derechos, vilmente violados por el régimen que actualmente gobierna a nuestra amada Venezuela. Valoramos la imagen cristiana de la persona humana y su más alta dignidad, desde el misterio del Dios revelado por Cristo crucificado y resucitado.
La libertad es un don de Dios, pues, “para ser libres nos ha liberado Cristo” (Gálatas 5,1). Pero, también es una tarea, una vocación. Estamos llamados a ser libres. Por eso, se protesta, para defender la dignidad de ser libres. La persona humano no puede vivir dignamente en un sistema opresor. Como lo enseña la Iglesia, “la libertad implica siempre aquella capacidad que en principio tenemos todos para disponer de nosotros mismos a fin de ir construyendo una comunión y una participación que han de plasmarse en realidades definitivas, sobre tres planos inseparables: la relación del hombre con el mundo, como señor; con las personas, como hermanos y con Dios, como hijos” (Puebla 322).
Por eso es moralmente inaceptable la situación de injusticia que impone el régimen empobreciendo al venezolano, haciendo difícil que la persona humana llegue al sentido de responsabilidad comunitaria y sea consciente de su dignidad. Se le niega su libertad cuando se sumerge en una extrema necesidad, despojándolo de los alimentos y medicinas, de los servicios básicos, de la educación de calidad, de una asistencia social eficiente, de seguridad jurídica y social.
Una sociedad libre y justa no se construye con presos políticos, con fuerzas de poder que disparan contra el pueblo, irrespetando la voluntad popular, confiscando los poderes que deben ser independientes, impidiendo el voto libre y confiable, destruyendo el aparato productivo y aplicando políticas de hambruna para los venezolanos, con odio de clase y armando a civiles para matar a sus propios hermanos.
No, una sociedad libre y justa, no deja morir a los enfermos, ni ancianos y niños sin alimentos y servicios adecuados. No deja corromper a los cuerpos policiales ni militares, mientras los delincuentes roban, violan y asesinan.
Alzamos la voz con la de los millones de hermanos venezolanos que no son indiferentes, que piden el sagrado derecho de ser libres. Pero, le exigimos que no caigan en la tentación de la violencia que resta credibilidad a la causa por la que luchamos. Igualmente, denunciamos la represión cruel que se ha aplicado como respuesta a peticiones populares justas.
En la academia, desde donde alzamos nuestra voz, nos sentimos obligados a la solidaridad, a unir nuestros esfuerzos en la recuperación de la libertad y la democracia para Venezuela.
Nos basamos en los principios y valores de la vida social que, con el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, el Magisterio Eclesial nos enseña. Entre otros, la participación ciudadana que “no puede ser delimitada o restringida a algún contenido particular de la vida social, dada su importancia para el crecimiento, sobre todo humano, en ámbitos como el mundo del trabajo y de las actividades económicas en sus dinámicas internas, la información y la cultura y, muy especialmente, la vida social y política hasta los niveles más altos, como son aquellos de los que depende la colaboración de todos los pueblos en la edificación de una comunidad internacional solidaria” (Compendio 189). Igualmente, “la participación en la vida comunitaria no es solamente una de las mayores aspiraciones del ciudadano, llamado a ejercitar libre y responsablemente el propio papel cívico con y para los demás, sino también uno de los pilares de todos los ordenamientos democráticos, además de una de las mejores garantías de permanencia de la democracia (Compendio 190).
Entre los valores de la vida social, destacamos los más destruidos por el régimen que nos gobierna, el de la libertad y el de la justicia. En cuanto al primero, el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia cita textualmente el Catecismo: “La libertad se ejercita en las relaciones entre los seres humanos. Toda persona humana, creada a imagen de Dios, tiene el derecho natural de ser reconocida como un ser libre y responsable. Todo hombre debe prestar a cada cual el respeto al que éste tiene derecho. El derecho al ejercicio de la libertad es una exigencia inseparable de la dignidad de la persona humana” (Compendio 199).
Ciertamente, la miseria del pueblo venezolano es una situación de injusticia que clama al cielo. Es, sin dudas, contraria a la voluntad de Dios y a la ley natural. Por tanto, desde la fe cristiana, la calificamos como pecado social. Como lo advierten los pastores latinoamericanos en 1968, en el documento de la Conferencia de Medellín, “el amor, la ley fundamental de la perfección humana, por lo tanto de la transformación del mundo, no es solamente el mandamiento supremo del Señor, es también el dinamismo que debe mover a los cristianos a realizar la justicia en el mundo, teniendo como fundamento la verdad y como signo la libertad” (Medellín, Justicia 4).
Hermanos venezolanos, no perdamos el objetivo de nuestra lucha: la conquista de la libertad y la democracia en Venezuela. “Para ser libres nos ha liberado Cristo” (Gálatas 5,1).

miércoles, 15 de marzo de 2017

AUTORIDAD CON FUNDAMENTO


Padre Rafael María de Balbín
rbalbin19@gmail.com



            Allí donde haya una sociedad, de cualquier índole que sea, hace falta una autoridad, que encauce las energías y los esfuerzos de los miembros hacia el bien común, que es un bien para todos. La falta de autoridad origina que los esfuerzos individuales sean  dispersos y caóticos, cuando no opuestos entre sí. Y esto vale para una familia, una empresa productora, un municipio, un país y una comunidad supranacional.

La Iglesia se ha confrontado con diversas concepciones de la autoridad, teniendo siempre cuidado de defender y proponer un modelo fundado en la naturaleza social de las personas” (PONTIFICIO CONSEJO JUSTICIA Y PAZ. Compendio de la doctrina social de la iglesia. N. 393).

La doctrina de que la autoridad es natural y necesaria para cualquier sociedad responde a la enseñanza bimilenaria del cristianismo acerca del orden social. « En efecto, como Dios ha creado a los hombres sociales por naturaleza y ninguna sociedad puede conservarse sin un jefe supremo que mueva a todos y a cada uno con un mismo impulso eficaz, encaminado al bien común, resulta necesaria en toda sociedad humana una autoridad que la dirija; una autoridad que, como la misma sociedad, surge y deriva de la naturaleza, y, por tanto, del mismo Dios, que es su autor ». (S. JUAN XXIII, Carta enc. Pacem in terris, 269; cf. LEÓN XIII, Carta enc. Inmortale Dei, 120).

En la sociedad política es evidente la necesidad de la autoridad, en razón de las tareas que le corresponden, como elemento insustituible de la convivencia civil (Cf. CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA, 1897; S. JUAN XXIII, Carta enc. Pacem in terris, 279).

Que la autoridad política sea siempre necesaria no legitima el poder absoluto ni la tiranía. “La autoridad política debe garantizar la vida ordenada y recta de la comunidad, sin suplantar la libre actividad de los personas y de los grupos, sino disciplinándola y orientándola hacia la realización del bien común, respetando y tutelando la independencia de los sujetos individuales y sociales. La autoridad política es el instrumento de coordinación y de dirección mediante el cual los particulares y los cuerpos intermedios se deben orientar hacia un orden cuyas relaciones, instituciones y procedimientos estén al servicio del crecimiento humano integral”. (PONTIFICIO CONSEJO JUSTICIA Y PAZ. Compendio de la doctrina social de la iglesia. N. 394).

Hay unas exigencias jurídicas y morales para el ejercicio de la autoridad política, «en efecto,  así en la comunidad en cuanto tal como en las instituciones representativas, debe realizarse siempre dentro de los límites del orden moral para procurar el bien común, concebido dinámicamente, según el orden jurídico legítimamente establecido o por establecer. Es entonces cuando los ciudadanos están obligados en conciencia a obedecer » (CONCILIO VATICANO II, Const. past. Gaudium et spes, 74). Y si no se respetan esas exigencias no hay ninguna obligación en conciencia de obedecer.

El pueblo tiene la facultad  soberana de elegir a sus gobernantes y de fiscalizar su gestión y “conserva la facultad de ejercitarla en el control de las acciones de los gobernantes y también en su sustitución, en caso de que no cumplan satisfactoriamente sus funciones. Si bien esto es un derecho válido en todo Estado y en cualquier régimen político, el sistema de la democracia, gracias a sus procedimientos de control, permite y garantiza su mejor actuación” (PONTIFICIO CONSEJO JUSTICIA Y PAZ. Compendio de la doctrina social de la iglesia. N. 395).

Son imperativos de justicia, no de mera popularidad. “El solo consenso popular, sin embargo, no es suficiente para considerar justas las modalidades del ejercicio de la autoridad política” (Cf. S. JUAN PABLO II, Carta enc. Centesimus Annus, 46; S. JUAN XXIII, Carta enc. Pacem in terris, 271).

domingo, 12 de marzo de 2017

Homilía de la Eucaristía Inaugural de la XI Semana de la Doctrina Social de la Iglesia

SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA 2017

HOMILIA

CAMINAR JUNTOS CON CRISTO HACIA LA PASCUA

Muy queridos hermanos y hermanas,

Hoy iniciamos una nueva etapa del camino cuaresmal. Este domingo contrasta con el domingo anterior.  El Evangelio del domingo pasado nos mostró la humanidad de Jesús sofocando las tres tentaciones que el demonio le presentó para impedir que llevara a cabo la misión que el Padre le ha encomendado. Hoy, en cambio, nos muestra el esplendor refulgente de su divinidad y oímos una vez más la voz de su Padre, como en el bautismo en el Jordán (Cf Mt 3,17), reconociéndolo como su Hijo muy amado e invitando a los tres discípulos, testigos de su transfiguración, a escucharlo y a tomar en serio el camino que él ha escogido para llevar a cabo su misión mesiánica. Es un camino escabroso que pasa por la ignominia de la cruz, pero el único que desemboca en la vida nueva de la Resurrección.

El evangelista Mateo reseña que allí, en lo alto de una montaña elevada, Jesús fue “transfigurado”. Entendemos por transfiguración la manifestación de su divinidad, de la cual, según un himno paulino, se había despojado para asumir la condición de una persona normal y corriente (Fil 2, 7-8). San Mateo la describe como un cambio que se produjo en el rostro y en los vestidos de Jesús. “Su rostro empezó a brillar como el sol y su ropa se hizo blanca como la luz”. El sol y la luz son elementos naturales de los que se valen los escritores bíblicos para describir de algún modo la presencia de lo divino en las realidades humanas, y por contraste asocian las tinieblas y l oscuridad a la ausencia de Dios.

Mateo se vale de estos símbolos para describir, con una cita del AT, el momento en que Jesús sale de su casa familiar en Nazaret para iniciar su ministerio público y su predicación en Galilea: “El pueblo que habitaba en las tinieblas vio una gran luz y a los que habitaban en una región de sombras mortales una luz les iluminó” (Mt 4,16). Zacarías y su esposa Isabel se sienten envueltos en esa misma irradiación con  el don de un hijo en la vejez, Juan Bautista, y así lo cantan: “Por la entrañable misericordia de nuestro Dios nos visitará un sol que nace de lo alto para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte y guiar nuestros pasos por los caminos de la paz” (Lc. 1, 78-79). El profeta Malaquías utiliza la misma terminología para describir el efecto que produce la irrupción de Dios en la vida de un ser humano que vive según los mandatos de Dios: “Pero a los que respetan mi nombre los alumbrará el sol de justicia que trae la salvación en sus rayos” (Mal 3,20; Cf Jue 5,31).

Jesús se transfigura en presencia de tres de sus discípulos, que tendrán más adelante un papel decisivo en el inicio de la difusión del Evangelio del Reino dentro y fuera de Palestina. Al transfigurarse ante ellos, los transforma en testigos de su verdadera identidad, de la naturaleza salvadora de su misión y del camino escogido para llevarla a cabo. El es Hijo de Dios hecho hombre que el Padre, en su infinito amor y misericordia, ha enviado al mundo para sacar a los hombres de las tinieblas de la muerte y del pecado y llevarlos a vivir en su verdadera condición de hijos de Dios, de hermanos unos de otros y de coherederos del Reino de santidad y de gracia, de amor, de  justicia, de libertad y de paz.

Lo acontecido en lo alto de esta montaña, que la tradición identifica con el monte Tabor, quedará profundamente grabado en la mente y el corazón de Pedro. Años más tarde, en su segunda carta, dará testimonio de lo que allí ocurrió: oyó, desde la nube, la voz del Padre, pidiendole que siguiera a su Hijo. Allí aprendió que él y todos los discípulos del Señor debían de  guiarse en sus vidas por la Palabra divina “como lámpara que brilla en un lugar oscuro” (2 Pe 1, 16-21).  Cuando todo lo que allí vivió se confirmó en el Gólgota y en la mañana resplandeciente de la Resurrección, Pedro quedó con la firme convicción de que Dios lo llamaba a él, a sus compañeros y a todas las comunidades cristianas del futuro a esperar, según su promesa, “cielos nuevos y una tierra nueva en los que habite la justicia” (2 Pe 3,13).

Desde hace ya once años este domingo de Cuaresma ha sido escogido para inaugurar la Semana de Doctrina Social de la Iglesia. Este evento lo realizamos conjuntamente con la diócesis de Cabimas. En nuestra arquidiócesis es el fruto de una acción mancomunada del Foro Eclesial de Laicos, fundado por el querido y recordado Dr. Jorge Porras, laico insigne y ejemplar, de la Universidad Católica Cecilio Acosta, del Centro de Estudios de Doctrina y Praxis Social de la Iglesia, y de la parroquia Claret.

La Semana de Doctrina Social de la Iglesia en Maracaibo obedece a un imperativo del Magisterio pontificio, recogidos en el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, repercutido en Latinoamérica por todas las Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano y del Caribe y concretamente en nuestro país por el Concilio Plenario de Venezuela. Mas concretamente hemos querido dar aplicación a las directrices pastorales contenidas en el documento conciliar venezolano “La contribución de la Iglesia a la gestación de una nueva sociedad”. Allí se  considera el estudio, el conocimiento y la aplicación de los grandes principios y criterios de la DSI como una de las grandes herramientas para contribuir en la construcción de una Venezuela más justa, fraterna y solidaria.

En este documento se detectan las graves deficiencias de nuestro actual sistema político: el resurgimiento del militarismo, el predominio del Estado, el centralismo, la creación de mecanismos de aparente participación que en realidad son excluyentes, el peligro del mesianismo político, el paternalismo, el uso clientelar de las políticas sociales, el debilitamiento de las organizaciones de base, comunitarias y vecinales, la corrupción administrativa generalizada. Todo incide en el gravísimo empobrecimiento del país (Ibídem NN. 4-46). Estos males, diagnosticados hace ya más de 15 años, lejos de disminuir, se han ido agravando desmesuradamente.  A todos ellos hay que sumar la hambruna, la carencia de insumos y medicamentos, la inseguridad y la anarquía, males que están causando un lento genocidio de la población venezolana, particularmente de los más pobres, y la fuga masiva al extranjero de gente joven y talentosa.

Hoy con gran dolor debemos hacer nuestras las palabras bíblicas: somos un pueblo que camina en las tinieblas y en sombras de muerte y aún no vemos asomarse ese sol que nace de lo alto trayendo en sus rayos la justicia social, la convivencia y la paz. ¡Cómo quisiéramos que se produjera un cambio democrático, institucional, pacífico, rápido y profundo que nos permitiera  recuperar la patria que amamos así como sus valores perdidos. Pero hemos de ser conscientes de que la solución completa no está a la vuelta de la esquina porque la gran mayoría de nuestros dirigentes políticos, de un polo o de otro, siguen pensando en forma excluyente,  carecen de valores éticos y morales sólidos y bien fundamentados,  son presa fácil de los grandes intereses económicos y políticos internacionales, están dominados por el ansia de poder,  no vacilan en enriquecerse, a base de corrupción y rapiña, y no están dispuestos a dar su vida por el bien y el progreso de su pueblo, particularmente de los más pobres y abandonados.

No debemos cansarnos de denunciar estas iniquidades. Pero eso no basta. Debemos sobre todo dedicar todas nuestras fuerzas a sembrar esperanza y a preparar mujeres y hombres honestos y competentes que amen con pasión a su pueblo y se entreguen, con mística y tesón, al noble ejercicio de la Política, como ciencia y arte de asegurar en justicia y equidad el bien común, partiendo de los pequeños y de los pobres.

Tenemos que superar el rechazo y el miedo a trabajar en este campo y dejar de satanizar el desempeño del servicio público. Hemos dejado el nicho de la política vacío y lo han ocupado, gracias a Dios, con sus debidas y honrosas excepciones,  gente mal preparada y corrupta, enferma de populismo perverso, que han pervertido el sentido de la verdadera democracia, han dividido a los venezolanos, han destruido nuestro sentido de convivencia y fraternidad y han clavado en el corazón de la patria el morbo del odio y del resentimiento.

Los pastores y agentes pastorales hemos cometido una grave omisión al no haber promovido e impulsado, como en otros tiempos, la formación de hombres y mujeres de fe para meterse de lleno y con tesón en el campo de la política, capacitados para influir significativamente en las decisiones que afectan a la nación en los campos cultural, social, político y económico.

Es urgente que los católicos se formen para actuar en el campo socio-político: “Los obispos, sacerdotes y religiosos orientarán y apoyarán la formación socio-política de los venezolanos en la línea de la construcción de la paz y de la justicia. Insistirán en la participación política de los seglares (los laicos) como una opción de servicio y compromiso en la construcción de nuevos modelos de sociedad” (CIGNS 153). Lo que no sembremos hoy no lo cosecharemos mañana. Esta semana social dedicada al tema “La comunidad política y la Iglesia católica”, prestigiada por la presencia de pastores y especialistas de gran valía, quiere contribuir a la consecución de este propósito. Ojalá en nuestras parroquias, grupos, movimientos y comunidades cristianas surjan iniciativas similares.

El misterio pascual que nos preparamos a celebrar en este tiempo de Cuaresma es para nosotros una poderosa fuente de esperanza. Las lecturas de hoy nos ha traído la gran figura de Abraham, que a pesar de su edad y de grandes dificultades, fue elegido por Dios para iniciar la formación del pueblo de Israel y cumplió a cabalidad su misión. Como San Pablo nosotros podemos decir también que gracias a la presencia de Dios en nuestras vidas “estamos acosados pero no angustiados, desorientados pero no desesperados, perseguidos pero no abandonados, derribados pero no aniquilados” (2 Co 4,8).

Desde el Tabor que es esta eucaristía, sabemos que Dios que resucitó al Señor Jesús, también nos resucitará con Jesús; que “todo contribuye al bien de los que amamos a Dios” y que “en todo saldremos más que vencedores gracias a Dios que nos ha amado en Cristo”. Que ni muerte ni vida, ni ángeles ni principados, ni lo presente ni lo futuro, ni los poderes ni las alturas, ni las profundidades, ni cualquiera otra creatura podrá robar nuestra esperanza ni separarnos del amor de Dios manifestado en  Cristo Jesús, nuestro Señor (Cf Rom 8,28.37-39).

Hermanos y hermanas, fortalezcamos nuestra fe, guiémonos por la Palabra de Dios “como lámpara que ilumina nuestra oscuridad”, dejémonos inundar por la luz irradiante de Jesús, alimentémonos con el pan de vida que el mismo nos ofrece, caminemos firmes con nuestra Madre María de Chiquinquirá llenos de esperanza de que saldremos de las tinieblas y sombras de muerte y aparecerá en el horizonte de nuestro país el cielo nuevo y la tierra nueva en la que habite la justicia, el sol radiante que nos traerá en sus rayos el ansiado don de la reconciliación y la paz. Amén.

Maracaibo 12 de marzo de 2017



+Ubaldo R Santana Sequera FMI

Arzobispo de Maracaibo

miércoles, 15 de febrero de 2017

XI SEMANA DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA


XI SEMANA DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA
“LA COMUNIDAD POLÍTICA Y LA IGLESIA CATÓLICA”
        Mons. Ubaldo Santana, Arzobispo de Maracaibo, Mons. Ángel Caraballo, Obispo Auxiliar de Maracaibo y Mons. William Delgado, Obispo de Cabimas, con el Centro de Estudios de la Doctrina y Praxis Social de la Iglesia de la Universidad Católica Cecilio Acosta, el Foro Eclesial de Laicos, la Parroquia Padre Antonio María Claret (DSIPadreClaret), unidos a las Pastorales Social y Universitaria de la Diócesis de Cabimas, les invita a participar de la XI Semana de la Doctrina Social de la Iglesia que busca iluminar con la luz de la fe cristiana la actual realidad socio-política de Venezuela. Semana que se desarrolla durante los días domingo 12 al viernes 17 de marzo de 2017.
PROGRAMA
Domingo 12: 11:00 a.m. Eucaristía Inaugural en el Templo Parroquial San Antonio María Claret, Maracaibo, presidida por Mons. Ubaldo Santana, Arzobispo de Maracaibo, y Mons. Ángel Caraballo, Obispo Auxiliar de Maracaibo.
Domingo 12: 11:00 a.m. Eucaristía Inaugural en Santa Iglesia Catedral de Cabimas, presidida por Mons. William Delgado, Obispo de Cabimas.
Lunes 13: 9:00 a.m. en la Universidad Católica Cecilio Acosta (UNICA). Conferencia por Mons. Ovidio Pérez Morales, Arzobispo emérito de Los Teques, sobre los aspectos bíblico-teológicos de la Comunidad Política. Fundamentación y fin de la misma: la persona humana y el pueblo.
Lunes 13: 5:30 p.m. en la Iglesia Padre Claret, conferencia dictada por el Pbro. Andrés Bravo, Director del Centro de Estudios de Doctrina y Praxis Social de la Iglesia de la Universidad Católica Cecilio Acosta, sobre los aspectos bíblico-teológicos de la Comunidad Política. Fundamentación y fin de la misma: la persona humana y el pueblo.
Martes 14: 5:30 p.m. en la Iglesia Padre Claret, conferencia dictada por Mons. Diego Padrón, Arzobispo de Cumaná y Presidente de la Conferencia Episcopal de Venezuela, sobre la Iglesia y los Derechos Humanos. La vida política y el tutelaje de los derechos humanos: relación entre la fe cristiana católica y la política, el pecado destructor de la sociedad.
Miércoles 15: 5:30 p.m. en la Iglesia Padre Claret, conferencia dictada por el R. P. Luis Ugalde, Sacerdote Jesuita, sobre la Autoridad Política. El Estado y los principios que deben orientarlo: la fuerza moral, objeción de conciencia, derecho a la resistencia, derechos y deberes de propiciar y conminar penas proporcionadas a la gravedad de los delitos.
Jueves 16: 5:30 p.m. en la Iglesia Padre Claret, conferencia dictada por el Dr. Ramón Guillermo Aveledo, sobre los Valores, Instituciones e Instrumentos de una Democracia Auténtica. El componente moral de la representación política. La participación e información cabal en una democracia digna de tal nombre.
Jueves 16: 6:30 p.m. en el Seminario de Cabimas, conferencia dictada por el Dr. David Gómez Gamboa, Profesor de la Universidad Rafael Urdaneta, sobre la Iglesia y los Derechos Humanos. La vida política y el tutelaje de los derechos humanos: relación entre la fe cristiana católica y la política, el pecado destructor de la sociedad.
Viernes 17: 5:30 p.m. en la Iglesia Padre Claret, conferencia dictada por Dr. Guillermo Yepes Boscán, Coordinador del Foro Eclesial de Laicos, sobre la Comunidad Política al servicio de la Sociedad Civil. El Estado y las comunidades religiosas: la libertad religiosa como un derecho humano fundamental. Iglesia y Comunidad Política: autonomía e independencia.

jueves, 2 de febrero de 2017

“Ábranse los espacios y viva para siempre el Canal 11 del Zulia”


Canal 11 del Zulia

“Ábranse los espacios y viva para siempre el Canal 11 del Zulia” Con estas palabras el arzobispo de Maracaibo, Mons. Domingo Roa Pérez y con la presencia de las autoridades de los Gobiernos nacional, regional y municipal quedó la señal del canal Niños Cantores T.V en el aire desde hace 30 años.
Su ejecutor Mons. Gustavo Ocando Yamarte, quien recibió el encargo de Mons. Domingo Roa Pérez de crear una televisora para el Zulia, preparó un grupo de hombres y mujeres para tal fin, contando con el apoyo de sectores económicos los cuales respaldaron el proyecto, especialmente los ex presidentes de la República, Luis Herrera Campins y Carlos Andrés Pérez durante sus gestiones gubermanentales.
El  31 de enero de 2017 el canal de televisión regional, Niños Cantores TV arriba a 30 años de transmisión ininterrumpida llevando a la región, información y entretenimiento con programas de producción local y los llamados “enlatados”, rompiendo con el patrón de los canales capitalinos y sirviendo de inspiración por parte de otros empresarios, en crear medios televisivos regionales para que entraran a competir con el pionero en materia informativa y programas en vivo en un 90 por ciento desde sus inicios como televisora regional en Venezuela.
Hablar de NCTV es hacer referencia de una institución con sello de identidad zuliana, ya que desde sus inicios el objetivo fue la defensa y difusión de los valores zulianos y proyectarlos a nivel nacional, abriendo sus dos sedes fuera de la región: una en Barquisimeto y otra en la ciudad de Valencia.
Son muchos los personeros que han hecho historia en el canal, profesionales que hoy en día brillan con luz propia en otras latitudes, y otros que ya no están con nosotros, como lo fue Mons. Domingo Roa Pérez, precursor de la idea en crear un canal de televisión perteneciente a la Arquidiócesis de Maracaibo, y que representara para los zulianos una alternativa al mensaje de los canales de Caracas, tarea encomendada al Dr. Gustavo Ocando Yamarte.
Todo comienza en 1982
Durante este año Mons. Ocando Yamarte logra a través del Ministerio de Transporte y Comunicaciones, la reserva del canal 11 de televisión, la construcción de la planta, la instalación de equipos, el entrenamiento de 20 jóvenes en la ciudad de Los Ángeles de los Estados Unidos, y la grabación de seis meses de programación. Todo listo para salir al aire.
Se manejaron varias fechas para su inauguración las cuales fueron canceladas, a pesar de haberse cumplido con las exigencias del MTC y supervisadas por personal de este ente gubernamental.
Hubo negativa por parte del gobierno de turno, presidida por Jaime Lusinchi, el cual exigía una participación del 60% de las acciones de NCTV en virtud del apoyo económico que recibió por parte de las gestiones de los presidentes Luis Herrera Campins y Carlos Andrés Pérez.
Transcurrido el tiempo, y bajo una lucha de intereses, escenificándose marchas, manifestaciones de la sociedad civil, el 18 de noviembre de 1986, durante la homilía del Día de la Virgen de Chiquinquirá el arzobispo de Maracaibo, Mons. Domingo Roa Pérez, anuncia que el gobierno había otorgado definitivamente a NCTV el permiso para salir al aire, con la condición de que el canal saldría con otro nombre “Canal 11 del Zulia”. De esta manera comienza la contratación del personal que va a laborar en la nueva planta televisiva y aprobar proyectos de programas los cuales conquistaron la audiencia zuliana.
Notionce primer noticiero en la TV zuliana
Con un equipo de cinco periodistas y tres narradores de noticias se elaboró el primer noticiero de la televisión regional. Bajo la batuta del licenciado Julio Fernández León, los periodistas Nila González, Carmen Zabala, Lourdes Fernández, Ángel Perozo y Eduardo Ochoa, el comentarista internacional, Humberto Amado Cupello y los de la sección deportiva Emiro Díaz Peña, Pepe Atilio Leal, Gilberto Ocando Yamarte tuvieron la responsabilidad de llevar a la pantalla chica el acontecer de la ciudad de Maracaibo y municipios aledaños, del mismo modo, con apenas una emisión diaria (estelar) Marypaz Martin, Carlos
Ernesto Bohórquez y Freddy Curiel fueron los narradores estrellas durante seis meses cuando se logra producir la emisión meridiana y darle paso a la matutina.
Con esta demanda, considerando que fue el noticiario que rompió con el patrón de los canales de la capital, ocupando el primer lugar en sintonía, se incrementó el número de profesionales de la comunicación destacándose cada uno en sus fuentes informativas como lo fueron: Omer Carrizo, María Toutounji, José Israel González, María del Pilar Comesaña, Elizabeth Sebrihant, Zulima Lugo, Pilar Franco, Liliana Pereda y en la parte de la narración Evelyn Márquez, Alessandro Lombardi y Henry José Chirinos.
Con el trabajo de estos profesionales al año de estar en el aire, el espacio de noticias NOTIONCE recibe el primer y único Premio Nacional de Periodismo con que cuenta la televisora, también le fue otorgado el Premio Monseñor Pellin y centenares de reconocimientos por parte de los sectores que conforman la sociedad civil, ya que siempre se caracterizó por darle “voz a los que no tienen voz”.
Programas que conquistaron la audiencia
Pensando en la población cautiva la cual estaba calculada en más de dos millones de habitantes, 387.300 hogares que poseían televisión en un 94% con un poder adquisitivo del 10,5% el segundo del país para ese entonces se diseñó una programación variada y entretenida hecha con talento regional.
Notionce: con la información más fresca y amplia sobre lo ocurre en el Zulia.
Primicias, Ángulos y Pulso: con la opinión más descarnada y desprovista, que le permitió al público expresar sus inquietudes y necesidades y obtener respuesta inmediata.
El Programa de Argenis D’Arienzo, Contrastes y A propósito, con variedades que permitieron a los televidentes disfrutar de una amena combinación entre la música y la miscelánea.
Astros, Trilla Nacional, Sábado Gaitero y la Música: considerados como los programas musicales que reflejaron el sentir del venezolano y del zuliano, convertidos en la muestra más genuina de tantos valores musicales.
Trompo de Colores, La Familia Gana, Entre Jóvenes, Competencia en los cuales se manifestó la creatividad y potencialidades de los niños y jóvenes, y la original fórmula de la participación familiar.
Patrimonio, Campo Abierto y Mundo de Hoy con los cuales se valoran el patrimonio cultural de los pueblos, la atención agropecuaria, que acerca la ciudad al campo y los concursos y atractivos que mantienen a nuestra juventud inteligente y sanamente entretenida.
Cátedra y Catacumba: con mensajes a nuestra población, tradicionalmente cristiana, se enriquecían espiritualmente en una sociedad que tantas veces se torna injusta. Programas de la década de los 90
Trascurridos los años y con la ampliación de horario el cual cubría las 24 horas del día, se incrementaron las producciones en el canal 11 con un slogan inigualable como lo es: “Dos veces número 1”
Caras diferentes fue un programa de participación sobre temas de interés y repercusión en la vida moderna.
La Paila Caliente: la cocina como centro de congregación de amigos presentes y televidentes.
Selle y Cobre, Poste Hípico con datos y la información hípica de última hora.
Lumen 2000: un espacio con la actualidad del fenómeno religioso en el mundo.
Clínica Abierta: espacio que condujo a la comunidad sobre la manera de prevenir y solucionar problemas de salud.
A la jaiba, Por Puesto, Carcajadas: Programas de humor caracterizados por las ocurrencias y chispa maracaibera única en nuestro país.
Son 30 años de historia televisiva que se ha mantenido con el tiempo y diferentes administraciones, 3 décadas que han servido de escenarios a profesionales y técnicos destacados en el área de la televisión regional…esperando seguir siendo el canal 11 del Zulia, “dos veces número uno” que se multipliquen los años.
Carmen Zabala
C.N.P: 3886




miércoles, 1 de febrero de 2017

Gracias Padre Eleuterio por ser Sacerdote


Por el Pbro. MSc. Andrés Bravo
Director del Centro de Estudios de Doctrina y Praxis Social de la Iglesia
Universidad Católica Cecilio Acosta 

            Dios a los zulianos nos ha regalado esplendidos sacerdotes, diversos en sus pensamientos y en sus acciones, pero unidos en la fe cristiana y en la gracia de la consagración sacerdotal que se traduce en la práctica en un amor profundo y una fidelidad sincera a la Iglesia y al pueblo. Una vez un periodista le preguntó a un líder político sobre lo que más le ha sorprendido durante su recorrido por los barrios de Maracaibo y por los pueblos del Zulia. El líder le contestó que en cada comunidad, especialmente en los lugares de mayor miseria, siempre se destaca el liderazgo espiritual y social del sacerdote. Los testimonios le dan la razón
         Nuestros sacerdotes son inquietos y creativos en el servicio pastoral de las comunidades. Poseen un gran sentido de responsabilidad ante sus superiores y frente a las comunidades. Con una gran sensibilidad por los problemas sociales, preferencialmente, por los que más sufren necesidades. Muchas veces, esa sensibilidad le salta en el interior y se expresa en el exterior en denuncias fuertes contra los poderosos. Otras muchas veces, también saben apoyar y acompañar a los que son solidarios y generosos con los necesitados, ayudando a fortalecer las obras sociales de la Iglesia.
Integran su piedad, su religiosidad popular, su compromiso sacramental, su atención a los grupos de apostolado seglar, su dedicación a la orientación espiritual, con sus iniciativas en obras sociales en el ámbito de la educación (especialmente, en la capacitación para el trabajo), en atención a los indigentes, a los niños abandonados, a los ancianos, a los jóvenes atrapados en los vicios.
         En todo lo que a un sacerdote zuliano identifica, el padre Eleuterio Segundo Cuevas Pereira sobresale. Podemos calificarlo por su excelencia en la competencia, honestidad y responsabilidad. Por su amor a la Iglesia y su amor a su pueblo. A él, pues, le rindo un homenaje de agradecimiento después de haber dejado en la Basílica de Chiquinquirá un legado espiritual y social de gran relieve. Quienes reciben la nueva responsabilidad en la labor pastoral de la Parroquia Nuestra Señora de Chiquinquirá y San Juan de Dios, se encuentran con una comunidad de comunidades porque se empeñó en crear y fortalecer los sectores, formarlos en la doctrina del Evangelio de Jesús y de la Iglesia, enseñándoles a participar como evangelizadores y siendo solidarios con los más necesitados.
         A este sacerdote insigne lo trajo Dios al mundo en el seno de una humilde y devota familia cristiana que se fundó con el matrimonio de sus amados padres Eleuterio Ramón Cuevas Quintero y Ana Ubal Pereira de Cuevas, en la Mene Mauroa falconiana. De un salto se convierte en zuliano puro. Su mentor primero es el padre David Hernández, párroco de la Parroquia Nuestra Señora de la Asunción, su Comunidad Cristiana de origen.
         No pasaba desapercibido en ningún lado. Su vida apostólica fue intensa en la Legión de María, donde se desempeñó como dirigente activo y entregado. Organizador de eventos pastorales como laico legionario. Lo escuchaban y obedecían con agrado porque sus palabras y acciones eran orientadas al servicio de su comunidad. La Peregrinatio pro Christi, que realizaba el Movimiento de la Legión de María bajo la consigna de servir a Cristo tal como si fuera su madre quien le sirve, actividad evangelizadora por excelencia, hizo del padre Eleuterio  un auténtico líder, un apóstol con entusiasmo y fuerza, forjó ahí su vocación sacerdotal.
         El Centro Vocacional de la Arquidiócesis de Maracaibo, iniciativa inédita y renovadora de Mons. Roa Pérez y los sacerdotes zulianos, lo acoge para su discernimiento vocacional. Pasa a seguir sus estudios de secundaria en el Seminario Menor de Caracas bajo la rectoría de otro gran pastor venezolano, hoy obispo emérito de Calabozo, Mons. Helímenas Rojo. Estudia filosofía y teología con gran éxito en el Seminario Interdiocesano Santa Rosa de Lima, de nuestra capital. Debo testimoniar, con toda responsabilidad, que la vida del padre Eleuterio en el Seminario fue de servicio comunitario en muchos ámbitos. Se destacó como responsable de diversas actividades comunitarias, especialmente en la liturgia. Organizador y perseverante, cumplía con eficacia sus tareas para el bien de todos. Es decir, se proponía realizar algo y lo lograba eficazmente. Esta habilidad lo acompañará durante toda su vida sacerdotal
         Eleuterio es ordenado sacerdote el 14 de agosto de 1982. Es Mons. Domingo Roa Pérez quien lo recibe y consagra. Entre el padre Eleuterio y el Arzobispo existió un vínculo de confianza y amor. El pastor le reconoció siempre sus extraordinarias cualidades y depositó en él una hermosa confianza, a la que el padre Eleuterio le fue fiel hasta el momento de la partida al cielo del amado Arzobispo. Mons. Roa fue para él y para todos los sacerdotes un maestro y un gran pastor, enseñaba con autoridad porque lo hacía con la palabra y el testimonio de vida. Esa fue la mejor escuela del padre Eleuterio. Ahí aprendió a ser sacerdote, amar a la Iglesia tanto como al Pueblo de Dios.
         Su servició pastoral lo realiza con un orden admirable. Su organización administrativa y pastoral, su atención a los grupos de apostolado, su cuidado al templo, su creación de obras sociales, su generosidad a los más necesitados, atención a los enfermos y el esmero de una liturgia digna del misterio divino, especialmente en los sacramentos.
Cultiva grandes e importantes amistades en los diversos ambientes de la sociedad, orientándolas hacia el servicio a los demás en comunión con la Iglesia Católica. Así ha sido siempre, como párroco en las humildes Parroquias San Juan Bautista en la Urbanización San Francisco, el Buen Pastor en la Urbanización Cuatricentenario y en la Parroquia Nuestra Señora de la Candelaria en la Urbanización San Jacinto. Así es también como Director General del Instituto Niños Cantores del Zulia y como uno de los mejores párrocos de la Basílica Nuestra Señora de Chiquinquirá. Más de treinta años de un servicio sacerdotal digno de nuestra admiración y respeto.
Quiero hacer especial mención a su gestión sacerdotal como Director del Instituto Niños Cantores, en situaciones muy difíciles, pero, confiando en Dios, por amor a su Iglesia, colocando todas sus capacidades y valorando esta excelente obra que nació por la iniciativa sacerdotal de otro gran zuliano, Mons. Gustavo Ocando, a quien respetó en condición de fundador, aún cuando el padre Eleuterio sólo recibió desprecio a su trabajo por parte de sus mismos beneficiados.
Sin embargo, la mayoría reconoce sus esfuerzos, sus acciones, sus esmeros por un buen servicio educativo. Es Mons. Roa Pérez quien le enseñó el inmenso valor cristiano de la educación. Este servicio sacerdotal por la educación lo ha expresado antes en San Jacinto como una Escuela Parroquial Artesanal y en el apoyo que desde el principio le ha brindado a las Escuelas Arquidiocesanas, fundadas por Mons. Roa Pérez.
Promotor de nuevos templos y capillas, capellán de hospitales y del mundo castrense, asesor espiritual de movimientos de apostolado. Pero, con un gran entusiasmo, competencia y diligencia, ejerce la grave responsabilidad que nuestro Arzobispo Mons. Ubaldo Santana le asignó con la dignidad de Vicario Episcopal para la Vida Consagrada. Que yo recuerde, el padre Eleuterio desde joven seminarista siempre manifestó un gran respeto y amor a las Religiosas y Religiosos. Su atención, con mayor fuerza, en los momentos de mayores dificultades, en situaciones de conflictos, su presencia generosa y solidaria, no se hace esperar.
Padre Eleuterio, hermano sacerdote, amigo y compañero de camino desde el Seminario, no soy quien para juzgar tu vida consagrada ni tu obra pastoral y social. Sólo quiero expresarte públicamente mi respeto y agradecimiento porque has sido un servidor fiel. Personas como tú, creativas y eficientes, siempre encuentran juicios contradictorios, unos te condenan y otros te santifican. Yo te valoro y respeto como un ser humano excelente que sirve a Dios, a su Iglesia y a su Pueblo. Sigue tan solidario y generoso como siempre lo has sido con tus hermanos sacerdotes menores, necesitados de tu apoyo. Yo sólo te puedo ofrecer mi agradecimiento y mis oraciones, lo que sólo pueden ofrecer los pobres del mundo.

martes, 10 de enero de 2017

Palabras de Mons. Diego Padrón Sánchez, Presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, en la Apertura de la CVII Asamblea Ordinaria Plenaria


Sres. Cardenales Jorge Urosa Savino, Arzobispo de Caracas, y Baltazar Porras Cardozo, Arzobispo de Mérida, Presidentes de Honor de la CEV
Excmo. Mons. Aldo Giordano, Nuncio Apostólico.
Sres. Arzobispos y Obispos de Venezuela
Rvdo. Padre Francisco José Virtuoso, Rector de la Universidad Católica Andrés Bello
Rvdo. Padre José San José Prisco, Rector del Colegio Español "San José" de Roma, residencia de los sacerdotes venezolanos enviados a estudiar a la Ciudad Eterna
Sres. Representantes de los diversos organismos eclesiales
Sra. Presidente y demás miembros de la Junta Directiva del Consejo Nacional de Laicos (CNL)
Sres. Delegados de los Consejos Diocesanos de Laicos (CODILAI)
Sres. Pbros. Subsecretarios de la CEV
Estimados Religiosos y Religiosas
Sres. Directores de los Departamentos del Secretariado Permanente del Episcopado Venezolano (SPEV)
Sres. Representantes de los Medios de Comunicación Social
Señoras y Señores Invitados Amigos todos.
SALUDOS
Con esperanza y confianza abrimos la Centésima Séptima Asamblea Ordinaria Plenaria del Episcopado Venezolano en un clima de comunión fraterna, oración común (Cf Hch 2,42) y diálogo franco.
Desde esta sede envío junto con todos los hermanos Obispos un cordial saludo a S.E. Mons. Roberto Lückert León quien por límite de edad termina su ministerio episcopal en Coro. La Iglesia y el pueblo venezolano le agradecen hoy y le agradecerán siempre su intenso trabajo pastoral y su valentía en la defensa de los Derechos Humanos desde la Comisión de Justicia y Paz.
Saludo y felicito a S.E. Mons. Mariano José Parra Sandoval, Arzobispo Electo de Coro, sede primada de Venezuela.
Saludo y felicito a S.E. Mons. Alfredo Torres Rondón, nuevo Obispo de San Fernando de Apure.
Saludo fraternalmente a S.E. Mons. Ubaldo Santana, Arzobispo de Maracaibo, S.E. Mons. William Delgado, Obispo de Cabimas, y a S.E. Georges Kahhale, Obispo del Exarcado Apostólico de los Griegos Melkitas en Venezuela, que han estado enfermos con el deseo, convertido en oración, de su pronta recuperación.
EXORDIO

Siguiendo sus propios Estatutos, la CEV realiza en el año dos asambleas ordinarias plenarias (Enero y Julio) para el encuentro personal, el análisis, la reflexión y toma de decisiones tanto sobre la vida de la misma Conferencia, de sus planes, programas y organismos de ejecución, como de la situación del país.


En esta ocasión, los Obispos venimos, por una parte, a reunirnos después de dos días de estudio del Motu Proprio Mitis Iudex Dominus Iesus (15-08-2015) del Papa Francisco, sobre la atención pastoral a un gran número de católicos que se encuentra en una situación matrimonial imperfecta de hecho y de derecho; es decir, de aquellos católicos que se han divorciado de su legítimo cónyuge y han vuelto a contraer nupcias civilmente, permaneciendo el vínculo de su matrimonio eclesiástico. Esta realidad exige a la Iglesia, según el Motu Proprio, la revisión del proceso de declaración de la nulidad matrimonial, con la finalidad de convertirlo en un proceso más expedito y breve en manos del Obispo diocesano. El primer párrafo del documento pontificio señala claramente el propósito de la intervención directa del Pastor diocesano:
El Obispo, en virtud del canon 383, 1, está obligado a acompañar con ánimo apostólico a los cónyuges separados o divorciados, que por su condición de vida hayan eventualmente abandonado la práctica religiosa. Por lo tanto, comparte con los párrocos (cf. Can. 529,1) la solicitud pastoral hacia estos fieles en dificultad.

Por otra parte, los Obispos dedicaremos dos días de esta Asamblea a un encuentro de estudio y reflexión con los laicos católicos de Venezuela, sean los asociados en movimientos de apostolado seglar o Consejo Nacional de Laicos (CNL), sean los no asociados, pero activos en una pluralidad de tareas. Durante estos días, la Asamblea Episcopal se convertirá en Asamblea Conjunta de Obispos y Laicos. Es la primera vez, después del Concilio Plenario de Venezuela, que los Obispos nos reunimos con ellos, como lo hemos hecho anteriormente con los Religiosos y Religiosas. Este encuentro será de extraordinaria importancia tanto para el cuerpo eclesial como para la sociedad venezolana, más aún en esta hora crítica de la nación, pues los laicos (as) están, o deben estar, como Iglesia, no detrás del clero, sino a la vanguardia de los cambios sociales y políticos.

PANORAMA ECLESIAL

En la Iglesia, el Año Litúrgico recién finalizado se desarrolló bajo el lema evangélico Misericordiosos como el Padre (Lc 6,36). Los fieles cristianos, dispersos en el mundo, movidos por el Espíritu de Dios y convocados por el Papa Francisco, redescubrimos el mensaje central de las Bienaventuranzas: la misericordia, que es la síntesis del Evangelio.
 
En la Iglesia de Venezuela, a pesar – y tal vez por ello - del contexto de tensiones y violencia nacional, la misericordia ha sido una vivencia muy sentida, que acercó a muchas personas a Dios, a la Iglesia, a los sacramentos y al ejercicio del perdón y la solidaridad. En particular, la predicación kerigmática de la misericordia, unida a sus obras corporales y espirituales, ha traído fortaleza y consuelo al país.

Tal proclamación no es un slogan ni un anuncio publicitario pasajero. Es la revelación central del Evangelio. Por consiguiente, como ha dicho el Papa Francisco, es un mensaje que no se agota en un año, afirmación de Francisco que constituye, precisamente, el punto de partida de su Carta Apostólica más reciente, Misericordia et misera (20-11-16), cuyo tema de fondo gira sobre el encuentro entre Jesús y la mujer adúltera (Jn 8,1-11). Quedaron – comenta San Agustín – solo ellos dos: la miserable y la misericordia. La enseñanza de este episodio indica el camino – continúa el Papa – que estamos llamados a seguir en el futuro. Esta es una carta programática. He aquí su importancia!
En el año 2016, fue manifiesto el apoyo del Papa Francisco al proceso de paz en Colombia, así como sus reiteradas intervenciones a favor del diálogo y reconciliación en nuestra Patria. Algo semejante a lo que antes había realizado de manera sorpresiva, pero muy significativa, por oportuna y prudente, para facilitar el restablecimiento de relaciones diplomáticas y comerciales entre La Habana y Washington ¡Francisco tiene sangre latinoamericana! Con gran sensibilidad humana comprende y sufre, como cualquier otro latinoamericano atento y sensible, los problemas de injusticia, discriminación, violencia, hambre y enfermedades que padecen nuestros pueblos. En su corazón de Padre Universal de la cristiandad, nuestro continente no ocupa un lugar exclusivo, pero sí de preferencia.

Los trabajos de los Sínodos de 2014 y 2015 se ven enteramente reflejados en la extraordinaria Exhortación Apostólica Amoris Laetitia (La alegría del Amor, 19-03.16), que hace juego con la anterior, La alegría del Evangelio (24-11-2013) y pone de relieve el Evangelio de la Familia, cuyos valores son indispensables para garantizar la convivencia social y fundamentar la inspiración cultural cristiana en el actual cambio de época.
Junto a esta Exhortación, y en el marco del proceso de reforma de la Curia Romana que viene adelantando paulatinamente, el Papa ha puesto particular interés en destacar el protagonismo de los laicos, de la mujer y de la familia en la iglesia y especialmente en la vida pública.

Para promover y difundir los valores evangélicos en la sociedad, el Papa ha creado ad experimentum el nuevo Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, en sustitución de los anteriores Consejos pontificios con finalidad semejante. Del mismo modo, otro Dicasterio para el Servicio al Desarrollo Humano Integral compuesto por cuatro Consejos mundialmente conocidos, relativos todos a la justicia y la caridad: Justicia y Paz, "Cor unum", Emigrantes e Itinerantes y Pastoral de la salud.

Igualmente, una constante del magisterio diario de Francisco es la referencia al papel de la mujer en la vida de Iglesia. A petición de la Asamblea de Superioras Generales de las Congregaciones Religiosas, ha constituido una Comisión de siete teólogos y siete teólogas, todos docentes de reconocidos centros universitarios, presidida por el Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, para iniciar un estudio sobre la posibilidad de restablecer el Diaconado para las mujeres, conforme a las enseñanzas de los Santos Padres. Después de esta investigación quizás se restablezca en la Iglesia el ministerio de las Diaconisas Permanentes, de las cuales hace alguna mención la historia de los primeros siglos cristianos.

En relación con el tema de la mujer, el Papa ha escrito recientemente (22-07-16) una nueva Constitución Apostólica, que lleva por título Vultum Dei quaerere (Buscar el rostro de Dios), en la que muestra su preocupación y afecto por la vida contemplativa femenina que se desarrolla en los monasterios. El contenido central de esta Constitución es la búsqueda de Dios a través de la historia de la humanidad, llamada a un diálogo de amor con el Creador. Es también una exhortación a los monasterios femeninos a cuidar la selección de las candidatas y la formación integral de las monjas, valiosas y valientes mujeres que, teniendo su vida oculta en Dios (Col 3,3), mantienen con el silencio y la oración, la fraternidad y el trabajo, la misión evangelizadora de la Iglesia en salida, en un mundo cada vez más complejo y exigente.
Todas estas iniciativas del Santo Padre marcan un nuevo rumbo a la Iglesia, apuntan a la descentralización clerical e impulsan a los laicos, hombres y mujeres, a tomar en serio su protagonismo en la evangelización de la cultura para la transformación de la sociedad.

Panorama Nacional

En nuestro país, el 2016 ha terminado muy mal, con gran desesperanza. El saldo está "en rojo" en todos los rubros. Casi 29.000 muertes violentas; hambre y falta de comida que solo producen agonías y desnutrición; desabastecimiento de medicinas, que provocan decesos y reaparición de epidemias; más de 120 presos políticos injusta e ilegalmente privados de libertad; la corrupción generalizada, el ataque sistémico a la empresa no oficial y a los Medios de Comunicación independientes, la inconsulta, violenta e inconstitucional ideologización de la educación; los intentos de anular a la Asamblea Nacional; el cierre del camino electoral; la crisis financiera y, últimamente, la improvisación y confusión con el uso y desuso de la moneda de mayor valor que creó gran incertidumbre y angustia en la población, sobre todo en los más pobres.
A este resumen de equivocadas políticas debo añadir, al menos, tres experiencias, diversas en su modalidad, pero convergentes en su potencial de revelar el deterioro de la calidad humana y de la convivencia social y, en consecuencia, su carácter interpelante: la masacre de Barlovento, los saqueos y el vandalismo en Cumaná, Ciudad Bolívar y otros lugares y el asalto al Monasterio Trapense en Mérida, junto con el robo y amedrentamiento a los monjes, empleados y visitantes.

Todo ello ejemplifica una verdad patente, elemental y conclusiva: en la historia venezolana de los últimos cincuenta años – si no más – los ciudadanos no habíamos atravesado una etapa tan dura, incierta e injusta.
No obstante, en el mismo panorama nacional del año, el acontecimiento más positivamente sobresaliente ha sido la elección de Mons. Baltazar Enrique Porras Cardozo para Cardenal de la Iglesia. Esta honrosa designación al actual Arzobispo de Mérida lo convierte en un actor de las decisiones de mayor envergadura en el pontificado romano. Ha pasado a ser oficialmente uno de los consejeros inmediatos del Romano Pontífice. A partir de ahora, sus opiniones y actuaciones tendrán resonancia mundial. Venezuela toda ha salido ganando. El es un atleta del Espíritu, de la dignidad, de la libertad y la verdad. Él es un experimentado defensor del hombre y de sus derechos, en cualquier escenario, dentro y fuera de nuestras fronteras.

Para la Iglesia venezolana este nombramiento ha sido una designación que nos enorgullece, pues –como dice el apóstol Pablo- en un cuerpo, cuando un miembro sufre, todos los demás sufren, y cuando un miembro es honrado, todos los demás se felicitan (Cf 1 Co 12,26). Ha sido un regalo del Papa Francisco a toda la Iglesia y para toda Venezuela. Por eso los venezolanos le estamos inmensamente agradecidos y rezamos ahora con mayor fervor por él. Ha sido, además, una evidente ratificación de las líneas de acción social evangelizadora de la Conferencia Episcopal Venezolana.
Ha sido también motivo de honda satisfacción para nuestro gentilicio y nuestra Iglesia, la elección del P. Arturo Sosa Abascal s.j., para el cargo de Prepósito General de la Compañía de Jesús y primer sucesor de San Ignacio de Loyola que no proviene del continente europeo.

El Padre Arturo, antiguo Provincial y Rector de la Universidad Católica del Táchira, reputado investigador y docente de la realidad política venezolana, es nuestro amigo y hermano. El cuenta con nuestro afecto, nuestro reconocimiento y nuestra oración. Como broche de oro, su elección ha coincidido con la clausura del Año Centenario de la reinstalación de la presencia de la Compañía de Jesús en nuestra tierra.

Durante los últimos meses del año ocupó la cartelera el tema del llamado "Diálogo", tras un prologado in crescendo de las tensiones políticas, pero, sobre todo, con un trasfondo de progresiva y dramática realidad socio-económica de carencias, desafueros, improvisaciones y manipulaciones. Sin distinción de ideologías o credos, la población, los líderes políticos, las Iglesias, las universidades, los Medios de Comunicación Social y las más diversas instituciones solicitaban, de modo apremiante, la apertura de un diálogo entre el Gobierno y la Oposición. Parecía que todos, incluso el Gobierno, estábamos de acuerdo en que ése era el camino para encontrar soluciones a los graves problemas del país. Pero después del reciente intento fallido, a muchos les parece que aquella inquietud era más una manifestación del subconsciente colectivo que una solicitud razonada y una puesta en escena diáfana, estructurada y con voluntad efectiva de llegar a acuerdos y cambios visibles a respetar y poner en práctica de inmediato. Por ejemplo, la liberación de todos los presos políticos.

La Mesa de Diálogo, integrada por cuatro Equipos de trabajo, sesionó con altibajos, y, en definitiva, su mecanismo no funcionó. La metodología empleada no condujo a resultados reales evaluables, como se esperaba; predominaron los discursos y las promesas. Pero, sobre todo, el diálogo fracasó, en esta ocasión, por una maligna conjunción de factores: no había entre las partes voluntad sincera de dialogar; no se tomaron las habituales previsiones de definición y organización para disponer medios efectivos en función de fines y objetivos definidos y consensuados, comenzando por el respeto mutuo y el reconocimiento del otro, como muy bien expresó a las partes y a los facilitadores , en carta posterior, el Secretario de Estado Vaticano y anterior Nuncio en Venezuela, Cardenal Pietro Parolin. Su pregunta clave fue y sigue siendo: ¿Dónde están los resultados?
La culpa del fracaso no fue del diálogo en sí, como mecanismo, ni de los facilitadores del proceso, en el que todos tuvieron una cuota, desigual, pero real, de preocupación, trabajo y responsabilidad, en particular, sino de las partes sentadas en la Mesa.

Y es que, en efecto, ambas partes, Gobierno y Oposición, si bien a título diverso, no asumieron el diálogo en función del país, sino que lo consideraron más bien como una simple estrategia política, útil, no para dirimir los grandes conflictos que afectan a todos por igual, sino para fines particulares, incluso subalternos. A la vista de lo ocurrido, me atrevo a concluir que para el Partido oficial y el Gobierno, el diálogo fue más bien un instrumento para ganar tiempo y frenar la presión interna y externa, y en concreto, el Referéndum Revocatorio del mandato del Presidente de la República. Para los sectores opositores, e incluso algunos ex militantes del primer oficialismo y como también simpatizantes de los llamados "ni-ni", fue ocasión para exhibir las innumerables deficiencias, principalmente del Poder Ejecutivo, pero también de los otros Poderes afines o dependientes de él, en materia de Derechos Humanos, economía, respeto a la autonomía de los Poderes del Estado, en particular del Poder Legislativo, y transparencia en sus ejecutorias.

Algunos políticos y analistas, adversarios o distantes de la Mesa de diálogo, han querido inculpar a la facilitación de la Santa Sede de haberse dejado engañar por el Gobierno y de haber enfriado los ánimos para la protesta en la calle y para proseguir la ruta del Referéndum Revocatorio, en ese momento, a medio camino. Otros han querido descalificar a la Conferencia Episcopal, atribuyéndole también una voluntad de apaciguamiento de las movilizaciones, y otros han ido más allá, pretendiendo descalificar al Facilitador enviado de Roma e incluso al propio Papa Francisco.

Sin descartar que siempre sea posible obrar con mayor oportunidad, resulta fácil, aunque atrevido, hablar a posteriori y desde fuera; pero bordea la irresponsabilidad y hasta la mala fe pasar del juicio de actos a la imputación de intenciones y la condena de personas. Es un caso emblemático de exigencia del examen de la conciencia moral y de una conversión intelectual y espiritual.

Frente a esa falsificación de los hechos, es importante recordar, aunque sea someramente, la verdad histórica: el responsable primero y principal de que no se haya realizado el Referéndum Revocatorio en 2016 es el Gobierno Nacional que, temeroso de someterse al veredicto popular, utilizó alguna indecisión opositora, pero, sobre todo, subterfugios judiciales y la mayoría que tiene en el Directorio del Consejo Nacional Electoral para secuestrar, sin fecha límite, la convocatoria del Referendo , es decir, para denegar de facto el Derecho del Pueblo al voto en ejercicio de su soberanía. Hay cuatro fechas que todo venezolano tiene que tener muy claras: el 20, 22, 24 y 30 de octubre. El 20 el Gobierno negó toda posibilidad al Referendo, el 22 se produjo el asalto violento a la Asamblea Nacional, el 24 llegó al país el representante del Papa, Monseñor Emil Paul Tscherrig, y el 30 se produjo la primera reunión del hasta ahora frustrado Diálogo Nacional. Dicho de otra manera, el "secuestro" del Diálogo se produjo diez días antes de la instalación de la Mesa y sus cuatro Equipos.

Señalar a la Santa Sede o a los Partidos políticos como supuestos responsables de que no se haya favorecido la convocatoria efectiva del Referendo, no sólo no es cierto, sino que le quita el peso de la responsabilidad histórica al único responsable real: las autoridades del Gobierno Nacional y sus operadores electorales y judiciales.

Por otra parte, denigrar del diálogo en sí, como procedimiento de solución de conflictos, es un error político, histórico, sociológico, filosófico, estratégico, pero antes y aún más, es una falta de comprensión de lo que es el ser del hombre, una negación del sentido y valor de la relación humana fundamentada en la palabra compartida, pues los seres humanos somos constituidos humanos por la palabra, y es también una actitud antiética en cuanto representa implícitamente un rechazo a la palabra como vehículo de comunicación y comunión, como instrumento de convicción y verdad, y como paradigma de la expresión de libertad. Estoy convencido de que más temprano que tarde los líderes políticos, para sacar a este país de la crisis que lo está destruyendo, invocando la democracia, tendrán que recurrir, en nombre de la democracia, al diálogo, la negociación y los acuerdos, únicos antídotos frente a la irracionalidad de la fuerza, la corrupción y la violencia, símbolos por excelencia de los peores males de esta sociedad.

En ese marco, por honestidad y deber de justicia, los Jefes de algunos partidos políticos de la Oposición deberían admitir que en los días del Diálogo no se comportaron a la altura de las circunstancias. No quisieron "retratarse" hablando con un gobierno que nunca ha dado garantías reales de cumplir lo que promete. Prefirieron preservar sus candidaturas personales de todo riesgo político-electoral. Pero este comportamiento táctico no los libra de su responsabilidad frente al pueblo.

También a este intento de diálogo ineficaz le faltó, en esa fase al menos, el apoyo decidido y oportuno, de la ciudadanía y, más aún, de la Sociedad Civil organizada. La tentación desgraciadamente recurrente tanto de las instituciones civiles y democráticas como del común de los ciudadanos, es escurrir el bulto, evadir la propia responsabilidad y fomentar la antipolítica, haciendo caer el peso de de todos los errores sobre los partidos políticos, aislados o integrados en alguna organización o alianza e incluso sobre la propia actividad política como instancia de convivencia en sociedad, y realización personal de servicio al Bien Común. Pero, al mismo tiempo, las organizaciones políticas, sus militantes y la ciudadanía en general tienen que reconocer que no pueden alcanzar dichos fines, de modo pacífico, constitucional, democrático y electoral, sin la participación coherente y articulada de las instituciones, incluida la militar, cuyos miembros todos, como integrantes del pueblo soberano, tienen derecho al sufragio electoral, dentro del respeto a las funciones que la norma Constitucional y las leyes les asignan y por las cuales se responsabilizan. ¡En este proceso no se puede excluir a ningún sector!

En nuestra sociedad, concebida como un amplio "bosque", cada sector, a manera de "árboles", tiene sus propios planes; es necesario cambiar de metodología de acción. Pasar de la metodología individual o tribal de "conuco" a la de articulación de esfuerzos, modelos y proyectos. Las condiciones de los sujetos llamados a integrar una tal "sinergia institucional" son: honestidad en las actuaciones, promoción y respeto de los Derechos Humanos, defensa de la democracia y búsqueda del bien común.

En este sentido, la Conferencia Episcopal renovará en los próximos días, como ejercicio de servicio subsidiario al pueblo, su exhortación a todos los sectores del país a traducir en programas, acciones y recursos, algunas líneas básicas, positivas, incluyentes y prospectivas, de una propuesta democrática, constitucional y pacífica, para la superación política de la grave crisis que nos agobia.
LA ASAMBLEA CONJUNTA DE OBISPOS Y LAICOS

Como señalé al principio, en la Agenda de esta Centésima Séptima Asamblea ocupará un gran espacio el programa de la Asamblea Conjunta de Obispos y Laicos durante el domingo y lunes próximos, 8 y 9 del presente mes.
A partir del Concilio Vaticano II se ha ido esclareciendo, cada vez más, la vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo. Para la Iglesia en nuestro país ha sido determinante en esta tarea tanto el magisterio conciliar y pontificio como el de los Obispos latinoamericanos y el venezolano, especialmente en el Concilio Plenario de Venezuela, hace ya diez años.

Recientemente (19-03-16) el Papa Francisco escribió una Carta al Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina sobre la importancia del compromiso de los laicos en la vida pública. La Carta, sin embargo, está dirigida a los Pastores, no a los laicos. La introduce el siguiente acápite: Los laicos son los protagonistas de la Iglesia y del mundo, a los que los Pastores están llamados a servir y no a servirse de ellos.

Partiendo del contexto de la relación Pastores y Laicos en su tierra natal, Francisco describe como un cáncer la grave deformación eclesiológica del clericalismo, más preocupado –dice él- por dominar espacios que por generar procesos.

En nuestra Iglesia, la tentación hoy no es tanto el clericalismo explícito de los Pastores como la tendencia sutil de los laicos a buscar refugio en los aleros de los templos. Pero sin duda esta tendencia tiene su origen en cierto estilo pastoral, y, más a fondo, en una eclesiología y teología ya superadas.

El compromiso más enraizado en la mentalidad común de los laicos es la incorporación a un determinado movimiento apostólico o la vivencia de una exclusiva corriente de espiritualidad, más que conciencia de pertenencia a la misma Iglesia y disponibilidad para la misión. El convencimiento general de que la fe es más devoción piadosa que "salida", riesgo y compromiso, también obstaculiza la comprensión del cristiano como discípulo misionero. De aquí proviene, entre otras causas, la separación entre fe y vida, fe y compromiso, fe y acción.

Sabemos, por otra parte, que para la mayoría de los católicos, la religiosidad popular,(o más técnicamente, la "piedad popular", que el Papa llama "pastoral popular") con todas sus riquezas, pero también con todas sus debilidades y deformaciones, es la única vía que los introduce y mantiene dentro del pueblo de Dios y su única instancia de participación en él. Por lo tanto, nuestra tarea de pastores consiste, ante todo, en acompañar al pueblo, educarlo en la fe para el testimonio y la misión, y darle apoyo de orientación moral en sus opciones de servicio al Bien Común.

Los ámbitos propios del testimonio y de la tarea evangelizadora de los laicos son la familia y la vida pública. Su espiritualidad y su compromiso son de diferente cualidad que los de los sacerdotes y religiosos, pues su vocación y misión es fundar la familia y transformar desde dentro la realidad secular. En este sentido, la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia es imprescindible recurso de los laicos y un manual de gran ayuda para su formación personal, meditación y aplicación en su vida de familia y en su apostolado.

El ámbito más desafiante y, por ello, el más temido por los laicos es el de la vida pública, en gran medida porque sus formadores han sido generalmente los sacerdotes. A esto hace referencia en su Carta el Papa, Francisco: "Muchas veces hemos caído en la tentación de pensar que el laico comprometido es aquel que trabaja en las obras de la Iglesia y/o en las cosas de la parroquia o de la diócesis y poco hemos reflexionado cómo acompañar a un bautizado en su vida pública y cotidiana; cómo él, en su quehacer cotidiano, en las responsabilidades que tiene, se compromete como cristiano en la vida pública".

Por su parte, los laicos no ejercen en el campo sociopolítico su misión solamente con espiritualidad, sino con una organización eficaz. Debemos reconocer- añade Francisco- que el laico por su propia identidad, por estar inmenso en el corazón de la vida social, pública y política, por estar en medio de nuevas formas culturales que se gestan continuamente tiene exigencias de nuevas formas de organización y celebración de la fe. Venezuela en las actuales circunstancias necesita, sí, un laicado bien formado tanto religiosa como profesionalmente, pero más aún, sólidamente organizado. Un laicado que, si bien ha de contar con el apoyo moral y la orientación doctrinal de los Pastores, actúa en cristiano bajo su propia responsabilidad. no tenga miedo de intervenir en áreas limítrofes de pensamiento referente a la familia y a la sociedad, y en cuestiones ampliamente discutidas, como la irrupción de la ciencia y la tecnología, como tales y como ideología, en la moral familiar, así como el replanteo de la relación entre la fe y la política en clima de crisis de la democracia liberal y de la sociedad industrial capitalista-financiera y, en nuestro entorno, de una estructuración socio-económico-política que se auto-define como socialista marxista. En este campo político- social más que con su opinión, los laicos participan con su acción. Que no se cumpla lo apuntado por el Papa: es "la hora de los laicos", pero el reloj se ha parado".
CONCLUSION

En la historia del país ningún gobierno había hecho sufrir tanto, por acción y omisión, al pueblo como el que ahora administra formalmente las funciones. El desabastecimiento dramático de alimentos y medicinas es la negación palpable de una economía sana. La inseguridad y la violencia incontrolada es la negación de la capacidad de gobernar con justicia y orden. La corrupción y la injusticia sistemática imperantes son la antítesis de la honestidad y la verdad. El control absoluto de las finanzas, del derecho a la libre expresión y la persecución contra la disidencia son la negación de la confianza, la libertad y el diálogo.

Lo anterior, más los intentos por vulnerar la memoria de pertenencia a una comunidad histórica y fundamentalmente una, el irrespeto a la dignidad inalienable de todos y cada uno, así como del derecho y deber de participar en el diseño y concreción de un presente común y de un futuro de esperanzas compartidas, configuran una desfiguración ética y espiritual intolerable.

La Conferencia Episcopal y cada Obispo en su diócesis a lo largo de año 2016 no cesó de ofrecer una visión realista de la situación global que caracteriza al país en el momento. De muchas maneras llamó a los dirigentes sociales y políticos a pensar en el país antes que en parcialidades. Denunció sin ambages todas las formas del mal que dañan a la sociedad. Promovió el diálogo político entre el gobierno y la oposición, y solicitó al Poder Ejecutivo autorización para abrir un canal humanitario. Cáritas Nacional ha ofrecido su infraestructura para coordinar el servicio de distribuir medicinas, servicio que, en pequeña escala, ya viene prestando.
La Conferencia Episcopal respalda al Sr. Card. Jorge Urosa Savino, Arzobispo de Caracas, en su mensaje de alerta al pueblo católico. El mayor desafío de los Obispos es iluminar con la fe en Jesucristo y en su palabra la historia presente y cooperar con el bienestar material y espiritual del pueblo.

Por todo ello, con enorme pesar, pero con realismo, debemos expresar, serena, pero firmemente, que los venezolanos iniciamos el 2017 sumidos en un caos, es decir, vivimos una real tragedia de consecuencias históricas, que afecta a personas, comunidades e instituciones, y no sólo en su modalidades funcionales, sino también en sus raíces más profundas, a la manera de un verdadero daño humano, social, espiritual.
En este 2017 no podemos, sin embargo, dejar que nadie ni nada nos robe la esperanza; este no es momento para alimentar la depresión. La desesperanza no cabe en quien confía en el ser humano, porque él es criatura redimida por Cristo. El es nuestra esperanza radical. No todo está perdido, mientras haya una ciudadanía consciente, con la fe y la esperanza activadas, capaz de diseñar y emprender nuevos y mejores rumbos. Como nos dice el Papa Francisco no tengamos "cara de velorio o cementerio", sino de fuerza transformadora de la realidad.

El llamado final es a "desarmar los espíritus", a desplegar una creatividad solidaria, y a mantener la "esperanza contra toda esperanza", (Rom. 4,18), porque la última palabra le corresponde siempre a la vida y la justicia, la verdad y el amor.

Desde los valores del Evangelio, en especial solidaridad y acompañamiento, presentes en la persona del Buen Samaritano (Lc 10, 25-37), la Iglesia en Venezuela, con la gracia de Dios, seguirá ofreciéndose como hospital de campaña, abierto a todos, curando y socorriendo a todos.

Que la estrella de Belén, que aún brilla en nuestro cielo, ilumine el camino para construir la Venezuela que soñamos.
Muchas gracias
Caracas, 07 de Enero de 2017.