viernes, 25 de agosto de 2017

San Alberto Hurtado: una vida con sentido trascendente

Pbro. Mg. José Andrés Bravo Henríquez
Director del Centro Arquidiocesano de Estudios de Doctrina Social de la Iglesia
Arquidiócesis de Maracaibo
Universidad Católica Cecilio Acosta

            El sacerdote jesuita chileno Alberto Hurtado Cruchaga es un ser transparente de una existencia auténtica, vivida con sentido trascendente, fiel al seguimiento de Jesús en su Iglesia. Él mismo lo expresa diciendo que el camino de su vida es la voluntad de Dios, su santificación, que exige colaborar con Dios y realizar su obra. Se pregunta: “¿Habrá algo más grande, más digno, más hermoso, más capaz de entusiasmar?”. Así vive eternamente. Hoy sigue presente como antorcha encendida iluminando los caminos de los universitarios y de los pobres a quienes tanta dedicación consagró. Sigue siendo entusiasta y sigue entusiasmando, como  “un fuego que enciende otros fuegos”. Esta es su mayor lección transmitida por medio de su vida, sus palabras y sus escritos: el sentido trascendente de la existencia. Así se convierte en el mejor maestro del humanismo cristiano, integral y solidario: “Pedimos heroísmo a los cristianos, y ¡tanto heroísmo! ¿En qué se basa esta exigencia? En la visión de eternidad. Uno  es santo o burgués, según comprenda o no esta visión de eternidad. El burgués es el instalado en este mundo, para quien su vida sólo está aquí. Todo lo mira en función del placer. La vida para él es un limón que hay que exprimir hasta la última gota; una colilla de cigarro que se fuma con fruición, sin pensar que luego quedará reducido a una colilla; un árbol cuyas flores hay que cortar pronto… Burguesa es la mentalidad opuesta en todo al cristianismo: es resolver los problemas con sólo el criterio de tiempo. ¡Aprovechar el día! Gozar, gozar.
Su concepción de una vida con sentido trascendente es expresada con su peculiar modo de hablar claro y sencillo: “¿Yo? Ante mí la eternidad. Yo, un disparo a la eternidad. Después de mí, la eternidad. Mi existir un suspiro entre dos eternidades. Bondad infinita de Dios conmigo. Él pensó en mí hace más de cientos de miles de años. Comenzó, si pudiera, a pensar en mí, y ha continuado pensando, sin poderme apartar de su mente, como si yo no más existiera. Si un amigo me dijera: los once años que estuviste ausente, cada día pensé en ti, ¡cómo agradeceríamos tal fidelidad! ¡Y Dios, toda una eternidad! ¡Mi vida, pues, un disparo a la eternidad! No apegarme aquí, sino a través de todo mirar a la vida venidera. Que todas las creaturas sean transparentes y me dejen siempre ver a Dios y la eternidad”.
Es necesaria una reflexión que pueda interpretar ese modo de ver y de vivir la existencia. Muchos piensan, cuando hablamos de un santo, en alguien lejano del cielo inalcanzable o del misterio incomprendido. Decidimos no hablar de ello porque es inútil. Ciertamente, el santo vive en la gloria pero recorriendo antes nuestra historia, encarnados en nuestros pueblos, deja bien marcada sus huellas y lleva en sus pies nuestro barro. Cuando se tiene una visión trascendente de la existencia, todo tiene sentido, nada deja de proyectarse lejos, hacia Dios. Los espíritus se inquietan, la vida se entrega, tal como lo hizo Jesús. Así lo enseña San Alberto a los jóvenes: “Una vida íntegramente cristiana, he ahí la única manera de irradiar a Cristo. Vida cristiana, por tanto, en vuestro hogar; vida cristiana con los pobres que nos rodean; vida cristiana con sus compañeros; vida cristiana en el trato con las jóvenes… vida cristiana en vuestra profesión; vida cristiana en el cine, en el baile, en el deporte. El cristianismo, o es una vida entera de donación, una transformación en Cristo, o es una ridícula parodia que mueve a risa y a desprecio”. Esta visión trascendente no nos aparta del compromiso de transformar el mundo, construir el reino de Dios, de la fraternidad universal. Por el contrario, dinamiza nuestro ser hacia la entrega total de la vida en la cruz para alcanzar la eternidad. Jesús dice que la vida es eterna si se entrega en el amor (cf. Jn 12,25).
          La existencia del padre Alberto comienza el 22 de enero de 1901 en el seno de la familia de Alberto Hurtado Larraín y Ana Cruchaga Tocornal, exactamente en Los Perales de Tapihue de Casablanca, en Viña del Mar, Chile. Un importante detalle en el ambiente familiar de los Hurtado-Cruchaga es la fe cristiana vivida con convicción por sus padres. Pero, además, existe en ellos una gran sensibilidad social, que los lleva a vivir su fe en el servicio social, a favor de los más necesitados. Tanto por la dedicación del trabajo fuerte de su padre como la cuidadosa educación que le brinda su madre, Alberto, el mayor de dos hermanos, crece con esta herencia espiritual que va fortaleciendo día a día, en su peregrinar histórico.
A causa de la muerte de su padre, cuando apenas contaba cuatro años de edad, Alberto es obligado a trasladarse con su familia a la capital para habitar con su tío Jorge Cruchaga. Ahí recibe sus primeras enseñanzas en el Colegio San Ignacio finalizadas en 1917. Pero, su vida familiar y estudiantil va integrada a su fe cristiana vivida apostólicamente. En 1909 recibe la primera comunión y es confirmado al siguiente año. Ya en 1911 comienza su compromiso apostólico como miembro de las Congregaciones Marianas.
Nosotros encontramos en cada instante de la historia de San Alberto un vivir en abundancia, en plenitud. Quiere su vida como una creación amorosa de Dios y como un culminar en su misma gloria. Qué será una historia donde la vida parte de la nada y llega a la nada: una pasión inútil o una náusea, como lo ha proclamado el existencialista Sartre. Pero, para el cristiano, la historia es el camino hacia Dios. Dios es fuente, modelo y meta de la historia de la persona humana. Es una vocación hacia el reino eterno. Dice nuestro santo que “la vida eterna es poseer a Dios… y llenar eternamente con nuevos y nuevos aspectos mi inteligencia sedienta de verdad. No es mirar y saciarme, sino penetrar y ahondar un libro inagotable, porque es infinito y mi inteligencia permanece finita Es un viaje infinitamente nuevo y eternamente largo”.
          En 1918 inicia sus estudios universitarios de Derecho en la Universidad Católica de Chile. Es un universitario inquieto, siempre movido por su seguimiento a Jesús. Activista político en el Partido Conservador, en el Centro de Alumnos de Derecho y dedicado a los pobres en el Patronato de Andacollo. La cuestión obrera también ocupa su vida apostólica con gran entusiasmo. Participa en el Círculo de Estudios León XIII y se convierte en instructor de obreros en el Instituto Nocturno San Ignacio.
          Para obtener su título de Bachiller en Derecho presenta en 1921 una disertación sobre La reglamentación del trabajo de los niños. Tesis que es publicada el mismo año. Esta investigación fue motivada por la realidad de Chile, de los siete mil ciento veintidós niños varones menores de 12 años de edad empleados en las industrias, con medio salario y 8,7 horas de jornada. Así también las tres mil doscientas veintiuna niñas menores de dieciocho años de edad, con medio salario y con 9,2 horas de jornada. Señala Alberto que “la comisión parlamentaria que visitó la zona salitrera expone en su informe en 1917 que sólo en la industria del nitrato había más de tres mil niños menores de 16 años incluyéndose muchos de 7 y 8 años, ocupados en trabajos no sólo superiores a sus fuerzas, en extremo peligrosos e insalubres”. Por eso, sostiene Alberto, es necesaria una legislación sobre el trabajo de los niños y niñas porque “son ellos la parte más delicada de la humanidad y la que más protección merece por ser la más incapaz de valerse por sí misma; porque un trabajo excesivo y prematuro agota sus fuerzas físicas, debilita su inteligencia, enerva su voluntad, les impide recibir la instrucción que ha de hacerlos elementos útiles a la sociedad, los incapacita para aspirar a ser algo más de lo que son y, por consiguiente, los condena a vivir una vida que poco merece ser vivida”. En suma, el autor de esta tesis pretende hacer justicia sobre las injustas situaciones de los menores y que se establezcan leyes que los protejan de la explotación. Esta inquietud se manifestará, no sólo en sus estudios profesionales, sino también en su entrega por los demás, respondiendo como seguidor de Jesús a su vocación sacerdotal.
Al año siguiente (1922), para su licenciatura en Leyes y Ciencias Políticas, presenta: su tesis sobre El trabajo a domicilio, aprobada con distinción máxima y publicada ese mismo año en Santiago de Chile. Otra de las graves realidades que vive su pueblo, que dinamiza su espíritu e inteligencia para aportar eficaces soluciones para el bien, es la cuestión obrera, primera y principal inquietud de la doctrina social de la Iglesia desde la Encíclica Rerum novarum (1891) sobre la condición de los obreros, a raíz de la revolución industrial y la ideología político-económica del capitalismo liberal. Al igual que la tesis anterior, esta apunta a uno de los más importantes problemas sociales, y que requiere una solución urgente. A Hurtado le mueve, pues, el número de estos trabajadores cuyas estadísticas oficiales en su país se desconoce. Además, el aislamiento entre los operarios a domicilio impide una lucha por sus derechos. Por otro lado, denuncia el autor, que por la carencia de una necesaria organización se hace dificultoso conocer los contratos en los cuales se basa esta realidad. Textualmente la disponibilidad de voluntades para la solución de este problema es planteado en estos términos: “Cuando los Estados han querido legislar sobre esta materia los enemigos de la intervención legal, además de repetir las objeciones que forman su credo, han alegado, para confirmar sus razonamientos, que una reglamentación del trabajo a domicilio implicaría la violación de una de las mayores libertades públicas: la inviolabilidad del hogar, que quedaría sometido a inspecciones. Cierto, el hogar es inviolable pero mientras no existe violado un derecho y así como se suspende el imperio de este principio cuando hay razones para temer que allí se oculta un delito, se suspende, por tanto, cuando con fundamento se sospecha que permanentemente se está cometiendo un delito contra la vida y la propiedad de miles de pobres seres, al privarlos de una justa remuneración, derechos éstos, más sagrados y más antiguos que la inviolabilidad de su hogar”. Ciertamente es un delicado tema, sobre todo cuando se enfrentan dos derechos que merecen igual respeto. Pero, la propuesta del joven jurista se basa en la justicia social y en la dignidad de las personas. Con fundamento, concluye presentando un proyecto de ley digno de ser estudiado por los especialistas, teniendo en cuenta el espíritu cristiano que inspira a Alberto Hurtado.
El mismo año 1922 presenta su examen final calificado de sobresaliente. Sin duda, su vida universitaria trascurre entre su activismo político, su  apostolado cristiano y su competencia académica, esto hace de Alberto Hurtado una persona de excelencia.
Pues, además, del Reglamentación del trabajo de los niños (1921) y El trabajo a domicilio (1922), Hurtado publica, El sistema pedagógico John Dewey ante las exigencias de la doctrina católica (1935), La crisis sacerdotal en Chile (1936), La vida afectiva en la adolecente (19367), La crisis de la pubertad la educación de la castidad (1937), ¿Es Chile un país católico? (1941), Puntos de educación (1942), Elección de carrera (1943), Cine y moral (1943), Humanismo social (1947), El orden social cristiano en los documentos de la jerarquía católica (1947), Sindicalismo (1950).
Entre los artículos publicados en la revista Mensaje, fundada por él, se cuentan: Signos del tiempo (Octubre 1951): aquí presenta el pensamiento pontificio en materias sociales y económicas. Denuncia la “concentración de poder, sobre todo financiero, en muy pocas manos puesto no al servicio del bien común, sino del negocio orientado al lucro como fin último. Esto trae desorden del crédito, con grave daño de los que más lo necesitarían para fines honestos. Predominio de los intereses económicos en la gestión política e internacional, con desmedro de la colectividad y de la paz internacional…”. Citando a Pío XII, también denuncia el “crecido número de hombres, desprovistos de toda seguridad directa o indirecta respecto de su vida, no se interesan ya por los valores reales y más elevados del espíritu, abandonan su aspiración de una libertad genuina y se arrojan a los pies de cualquiera que les prometa en alguna forma pan y seguridad”. Además,  “la horrible crisis de desocupación; esas inmensas multitudes vejadas por su falta de trabajo, cuya triste condición se ve aumentada por el amargo contraste que ofrecen otros viviendo en el placer y en el lujo, desinteresados de las necesidades de los pobres”. Ahora, citando la Quadragesimo anno de Pío XI, también denuncia que “la inestabilidad propia de la vida económica y, sobre todo, su complejidad exigen de los que se han entregado a ella una actividad absorbente y asidua. En algunos se han embotado los estímulos de la conciencia hasta llegar a la persuasión de que les es lícito aumentar sus ganancias de cualquier manera y defender por todos los medios las riquezas acumuladas con tanto esfuerzo y trabajo contra los repentinos reveses de la fortuna... La desenfrenada especulación hace aumentar y disminuir insensatamente a la medida de su capricho y avaricia el precio de las mercancías para echar por tierra con sus frecuentes alternativas las previsiones de los fabricantes prudentes”. En la misma línea, expresa “el nacimiento del Comunismo. Para explicar cómo ha conseguido el Comunismo que las masas obreras lo hayan aceptado sin examen, conviene recordar que éstas estaban ya preparadas por el abandono religioso y moral en que las había dejado la economía liberal; con los turnos de trabajo, incluso el Domingo, no les daba tiempo ni siquiera para satisfacer a los más graves deberes religiosos y se continuaba promoviendo positivamente el laicismo". Y para terminar, volviendo a citar la Quadragesimo anno, señala que "los gérmenes del nuevo régimen económico aparecieron por primera vez cuando los errores racionalistas entraban y arraigaban en los entendimientos y con ello pronto nació una nueva ciencia económica distanciada de la verdadera ley moral y que por lo mismo dejaba libre paso a la concupiscencia humana".
Para presentar el nacimiento de la revista Mensaje, escribe un editorial titulado El mensaje cristiano frente al mundo de hoy (Octubre 1951), donde expresa su pretensión con esta publicación en los siguientes términos: “La revista, dentro siempre de un criterio estrictamente católico y sin más limitaciones que las de él, abarcará tanto el campo de la teología y de la filosofía, como el de los problemas económicos y sociales, de la historia, de la literatura y del arte. También procurará Mensaje vincular a los lectores chilenos con los problemas que agitan al mundo entero: el hombre ya no puede vivir aislado, pues cada día lo convierte más en ciudadano del mundo. De una manera especial, eso sí, atenderá a lo tocante a Chile mismo, no sólo para conocerlo, sino también para buscar en común soluciones de mejoramiento en la vida religiosa, intelectual y social”.
Con una trilogía de artículos, le habla a la juventud: Psicología de la juventud: Pre-guerra (Octubre 1951), Psicología de la juventud: Post-guerra I (Noviembre 1951) y Psicología de la juventud: Post-guerra II (Diciembre 1951). Describe en ellos, los rasgos de la juventud chilena en esta difícil época de los primeros años del siglo XX. Una vez más, manifiesta su solícita inquietud por los jóvenes de su pueblo.
El diablo y el buen Dios de J. P. Sartre (Abril 1952), comentario, profundamente interesante, sobre la obra que el existencialista ateo publicó en la revista Les Temps Modernes (1951), con una impresionante publicidad anterior que la convirtió en la obra esperada con ansiedad, según el testimonio del mismo Hurtado. ¿Cuál es el contenido de la obra de Sartre? ¿Cuál su mensaje?, la respuesta a estas interrogantes constituye el presente escrito en la revista “Mensaje”. Concluye nuestro personaje: “El diablo y el buen Dios nos deja, sin pretenderlo, una profunda lección: su sed de absoluto, que Sartre coloca en el yo, en la adoración del hombre, como el marxista en el proletariado, palanca de la sociedad sin clases. Pero, para el cristiano, su único absoluto es Dios, y su gran descubrimiento, su mensaje. Es que la vida sin Dios nada vale”.
La búsqueda de Dios (Septiembre 1952), es un artículo colmado de un gran sentimiento. Así se despide para ir a la casa del Padre. Una vez más expresa el sentido trascendente de la existencia, cuando ésta se vive como respuesta a una vocación o llamado de Dios: “Todas nuestras peregrinaciones terrestres han sido movidas por el llamado divino, llamado que ya nos eleva a lo alto, ya nos precipita en lo hondo. Ese llamado de Dios, perceptible en nuestras almas, es el que nos ha convocado a todo lo que merece llamarse grande en nuestra vida, a todo lo que da sentido a una existencia cuando la vida es en verdad una vida”.
La muerte (Noviembre 1952), es un artículo escrito el año anterior y publicado después de su partida a la eternidad. Para Alberto Hurtado, tanto la razón como la fe nos conducen a Dios. Así, la muerte se contempla con mirada de esperanza: “la muerte para el cristiano es el momento de hallar a Dios, a Dios a quien ha buscado durante toda su vida. Es el encuentro del hijo con el Padre; es la inteligencia que halla la suprema verdad, la inteligencia que se apodera del sumo bien”. Porque “cada día y hora que pasa nos acerca alegremente al tiempo del triunfo divino, al término del pecado y la miseria”.
Misión del Universitario (Enero 1953), otro artículo póstumo escrito en 1945, exponiendo cómo debe presentarse el universitario con las bases del orden cristiano de la sociedad. Para el autor, “el universitario es un obrero intelectual de un mundo mejor”. La Universidad debe despertar en los alumnos: el sentido social, la conciencia activa por la condición humana, el sentido de responsabilidad social, el sentido crítico no sólo para destruir el mal sino también para construir el bien, el hambre y la sed de justicia, la visión de futuro como personas de fe y el espíritu realizador. Por último, nos señala, que “la acción del universitario es hacer que la doctrina de la Iglesia desarrolle su máximo de posibilidades teóricas y prácticas”.
San Ignacio Maestro de la vida espiritual (Julio 1953). Se trata de unos apuntes encontrados entre sus escritos, donde expresa la espiritualidad del fundador de la Compañía de Jesús que bien podríamos resumir así: “En medio de un mundo cristiano sin conciencia de su fe, ante una religión conformista, sentimental o servil, Ignacio levanta la bandera de un cristianismo que comprende las exigencias de la fe porque ha entrevistado la grandeza de Dios. Por otra parte ha visto Ignacio en el Evangelio el aniquilamiento de Jesucristo en su pobreza, en su obediencia y en su pasión. Admirable respuesta de Ignacio a las provocaciones del amor. Seguirá a su jefe en los más duros combates. Él, el vano y valiente capitán se hará pobre y humilde mendigo por amor de Cristo Pobre, pero enseñará a la Compañía formas menos poéticas, puede ser, pero no menos exigentes en su interior despojo. La lucha con el mundo a la que va a lanzar a la Compañía será como la lucha moderna menos aventurera, pero no menos fuerte y exigente”.
Nobleza de la Persona Humana (Agosto 1953). Se trata de una conferencia dictada en una Semana Social para jóvenes, en el año 1940. Una bella y sencilla exposición de su visión humanista basada en las enseñanzas de Santo Tomás de Aquino y de la moderna doctrina social de la Iglesia, superando toda visión monista (espiritualista o materialista) y dualista, para presentar la nobleza de la persona humana en su integridad. El texto que, a nuestro juicio, más impacto causa y mejor responde a esta visión integral y trascendente de la persona humana es este: “Triste sería que los cristianos se contentasen con esperar como única solución una medida extraordinaria de Dios, o el martirio. Quizás porque muchos han adquirido el hábito de ser víctimas, inconscientemente descansen en esta solución. ¡Cómoda solución, para los que preparan con sus omisiones y torpezas el martirio de los otros! Sto. Tomás Moro hubiera estimado presuntuoso la gloria de ser decapitado por Dios, sin haber antes agotado los otros recursos legítimos para concluir en justicia su proceso. El martirio no suprime las soluciones que guardan proporción con la naturaleza, sino que las reclama y las fecunda”.
Podemos encontrar una serie de escritos sobre la psicología pedagógica en la Revista Católica de Chile, la mayoría compuestos de los apuntes de sus clases universitarias.
Así también están a nuestra disposición obras redactadas a partir de diversos escritos recogidos en varios libros publicados por el Centro de Estudio “San Alberto Hurtado” de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Entre otros: Un disparo a la eternidad (1972), se trata de los apuntes de varios retiros espirituales, donde expresa la visión de fe como visión de eternidad y la visión de la voluntad de Dios como visión de la caridad. Aquí encontramos también un escrito sobre la misión social de la Universidad.
Otro libro editado por el Centro de Estudio es una recopilación de cartas e informes, publicado en 2003. Debemos tener presente, corroborando la visión trascendente que san Alberto tiene sobre la existencia humana, la carta escrita desde su lecho de enfermo a los amigos del Hogar de Cristo: “Al partir, volviendo a mi Padre Dios, me permito confiarles un último anhelo: el que se trabaje por crear un clima de verdadero amor y respeto al pobre, porque el pobre es Cristo”.
Otra de sus más importantes obras publicadas también por el Centro de Estudio en el 2004 es: Moral Social-Acción Social. Siguiendo su obra Humanismo Social, trata los temas que distingue la moral social de la individual; la moral social católica, el derecho del Magisterio de la Iglesia en el terreno de lo social, las varias formas del Magisterio eclesiástico, las fuentes profanas de la moral social católica, un resumen histórico del desarrollo de la moral social católica, la vida social y las sociedades naturales, el desorden social como cuestión social, los sistemas para resolver la cuestión social; entre muchos otros temas.
Por otro lado, son recogidos conferencias, artículos y discursos pastorales en un libro publicado en 2004 bajo el título La búsqueda de Dios.  En uno de estos escribe que “la Iglesia de Dios se establece y triunfa por el trabajo heroico de sus santos; por la plegaria de sus contemplativas, encerradas en vida; por la aceptación de las madres a la obra de la naturaleza, y que van a realizar en su hogar la obra de la ternura y de la fe; por la educación del que enseña y por la docilidad del que escucha; por las horas de fábrica, de navegación, de campo al sol y a la lluvia; por el trabajo del padre que cumple así su deber cotidiano; por la resistencia del patrón, del político o del dirigente de sindicato a las tentaciones del dinero, al acto deshonesto que enriquece; por el sacrificio de la viuda tuberculosa que deja niñitos chicos y se une con amor a Cristo crucificado; por la energía del jocista, que sabe permanecer alegre y puro en medio de egoístas y corrompidos; por la limosna del pobre que da lo necesario... La Iglesia, en todo momento, se construye y triunfa”. Se muestra en el padre Hurtado una espiritualidad santificante que no descuida ni la acción interior ni la praxis social.
Otro libro es La verdadera educación. Escritos sobre educación y psicología (2005). Y uno de los más excelentes libros es “Un fuego enciende otros fuegos”, que define muy bien la existencia de este excelente hombre. No es sino diversos escritos escogidos por el Centro de Estudio y publicado en 2007.
Ciertamente, entre sus libros, ¿Es Chile un país católico?, escrito en 1941, es el más famoso y de mayor controversia. Es una obra crítica, con cuestionamientos serios a nuestro catolicismo. Comienza analizando el catolicismo de su época en Chile en plena guerra mundial. Estudia las orientaciones filosóficas que influyen en la humanidad calificada por el autor como una guerra espiritual. Ataca por igual el materialismo agnóstico como el pragmatismo, el utilitarismo y el relativismo que recrudece la moral pagana contra la moral cristiana. Otra cuestión que enfrenta es denominada por él como la “Apostasía de las masas”, pues,  “una de las causas más profundas del recrudecimiento de la moral pagana es la pérdida de la fe en las masas. El gran escándalo del siglo XX es que la Iglesia haya perdido la clase obrera, decía con profundo dolor S.S. Pío XI al fundador de la J.O.C., canónigo Cardyn”. Trata de un renacimiento católico, porque a pesar de todo el panorama difícil, se abren caminos, aunque muy tímidos y selectos hacia un cristianismo más auténtico: “Indiscutiblemente dentro de este cuadro general de apostasía de las masas, de indiferentismo religioso, hay un hecho bien comprobado y comprobado en todas partes: el renacimiento religioso de grupos selectos que llevan una vida profundamente cristiana y que compensan con su fervor la indiferencia de los demás. Estos grupos serán el fermento que levantará toda la masa”. J.O.C. es la Juventud Obrera Cristiana, fundada en 1924 por el sacerdote belga Joseph Cardijn.
Siguiendo con su historia, no podemos dejar de destacar la amistad del joven Alberto con quien es su compañero y más tarde Obispo y hasta Presidente del CELAM, Mons. Manuel Larraín, pariente suyo. Junto a este gran amigo, Alberto pudo descubrir su vocación religiosa y sacerdotal. Él en su existencia siempre busca descubrir la voluntad de Dios, “¿Qué quiere Dios para mí?”. Toda vida es una vocación. Todos tenemos una misión que da sentido trascendente a nuestro existir. La Universidad Católica de Chile sintió que entregaba a Dios uno de sus mejores estudiantes cuando en el año 1923 Alberto entra al Noviciado de la Compañía de Jesús (Jesuitas). Entre los años 1927 y 1931 estudia filosofía y teología en Barcelona (España). Continúa la teología en Lovaina (Bélgica).
          Es ordenado Sacerdote el 24 de agosto de 1933 en Lovaina. Al año siguiente aprueba el examen Ad Gradum de Teología y su examen para el Doctorado en Ciencias Pedagógicas en la misma Universidad de Lovaina.
          Su Universidad Católica de Chile no deja de sentir su presencia, aun lejos trata de impulsar la Facultad de Teología. Al retornar a su país el año 1936, comienza su apostolado con los jóvenes y universitarios en general. En su Universidad como profesor, predicador de retiros espirituales y su misión de Pastoral Universitaria. Además, su asesoría espiritual de la Acción Católica a nivel diocesano. También trabaja con estudiantes liceístas.
          En Santiago de Chile, el año 1945, comienza su obra social de inspiración cristiana de mayor importancia en el País, el Hogar de Cristo. Ahora “Cristo, acurrucado bajo los puentes, en la persona de tantos niños que no tienen a quién llamar padre, que carecen hace muchos años del beso de madre sobre su frente”, tiene un hogar. En 1947, con un grupo de universitarios constituye la Acción Sindical y Económica Chilena (ASICH) y establece un centro de formación sindical cristiano. En 1951 funda la revista Mensaje de formación cristiana, como ya lo hemos expresado.
          Con la única inquietud por los pobres y necesitados, pero con una existencia disparada a la eternidad, como él mismo lo enseña, sufrió su enfermedad manifestando su fe en las palabras inolvidables para la humanidad: “Contento Señor, contento”. Así parte a la casa del Padre Dios a las 5 de la tarde del 18 de agosto de 1952. Joven, como “un fuego que enciende otros fuegos”, Juan Pablo II lo beatifica el 16 de octubre de 1994 y es canonizado por Benedicto XVI el 23 de octubre de 2005. Al año siguiente, el 7 de abril, en una Visita Pastoral a nuestra Alma Mater, Mons. Ubaldo Santana lo proclama Patrono Oficial de la Universidad Católica Cecilio Acosta.
          Hoy, San Alberto Hurtado es para nosotros un importante referente como modelo de vida humana y cristiana. Su presencia en medio de nuestra Comunidad Universitaria nos inspira a vivir la historia con sentido trascendente. Es un santo de nuestra época, del siglo XX recientemente concluido, aún sus palabras y sus acciones son actuales y nos comprometen. Las grandes cuestiones sociales vividas por él con intensidad, siguen desafiándonos y estimulando nuevas respuestas. Un santo latinoamericano como nosotros, compartiendo nuestra misma cultura y viviendo nuestras mismas necesidades. Un santo que tuvo una vida activa e inquieta como nuestra actual juventud, impulsado por la misma fuerza renovadora y una espiritualidad cristiana traducida en acciones concretas por el bien social, defendiendo los derechos humanos y sirviendo a los jóvenes y a los pobres porque así, lo enseña continuamente, sirve a Jesús de Nazaret. Un santo universitario como nosotros, como estudiante, profesor y guía espiritual. Un sacerdote que hizo de la Eucaristía su vida. Para él su existencia es la prolongación de la Eucaristía y su apostolado sacerdotal en beneficio del progreso y atención de los seres humanos, desde la vida y el Evangelio de Jesús como su profundo conocimiento de la doctrina social de la Iglesia, es la manifestación humana de su misterio. Es, con competencia intelectual y auténtica espiritualidad cristiana, un orientador y promotor de las actividades socio-políticas para los movimientos estudiantiles y obreros. En fin, un santo joven y dinámico que descubre que la vida es eterna si se entrega en el seguimiento a Jesús, nuestro Dios.

jueves, 24 de agosto de 2017

El Discernimiento Eclesial

Pbro. Mg. José Andrés Bravo Henríquez
Director del Centro Arquidiocesano de Estudios de Doctrina Social de la Iglesia
Arquidiócesis de Maracaibo
Universidad Católica Cecilio Acosta
          Celebro la entrega que el padre Richard Colmenares hace al pueblo de Dios de su primer libro “El Discernimiento Eclesial en el Concilio Vaticano II: como categoría teológica que funda la acción de la Iglesia”, fruto de sus estudios de teología pastoral en la Pontificia Universidad Lateranense de Roma, investigación que presentó para su licencia.
El padre Colmenares es un joven sacerdote de la Arquidiócesis de Maracaibo entusiasta y talentoso, que ha desarrollado su acción pastoral en nuestro pueblo zuliano. Recientemente ha regresado después de su segunda especialización, esta vez, en Sagradas Escrituras que hizo en el prestigioso Pontificio Instituto Bíblico de Roma de la Pontificia Universidad Gregoriana. Está ya entre nosotros y nos trajo esta obra de gran valor eclesiológica.
          Me gustaría interrogar al libro. Las respuestas a las preguntas las buscaré primero en la introducción. ¿Por qué discernimiento? Sin duda, es un importante tema para la vida cristiana que el joven autor presenta como parte del proceso educativo de la persona humana. Dice que no se trata sólo de un proceso intelectual, aunque necesario, sino “experiencial” que va desde el acto existencial de separar realidades – examinándolas y evaluándolas – hasta llevarnos al acto de decidir. Entiendo que es un proceso muy serio y dedicado porque compromete la conducta humana y la opción fundamental por el seguimiento de Jesús.
          Pero, ¿por qué eclesial? Ya nos está marcando al sujeto del proceso, la Iglesia. Nos indica que desde los primeros cristianos – nos remite a la excelente experiencia del concilio de Jerusalén (Hechos 15,4-5), entre otras – el discernimiento tiene la guía del Espíritu Santo. Es, sin duda, un proceso humano pero dentro de una vivencia religiosa “donde el gran protagonista es el Espíritu Santo”. Otra característica importante es que el discernimiento es comunitario. Es la comunidad cristiana, la Iglesia, el sujeto del discernimiento: “Es hablar de un discernimiento comunitario que tiene como finalidad en bien de la Iglesia, es hacer referencia al denominado: discernimiento eclesial”.
          Todavía nos queda la pregunta ¿por qué “en el concilio Vaticano II”? Aquí nos ubica en la actualidad de la investigación, porque, aunque el concilio tiene ya poco más de 50 años, aún nos debemos interrogar sobre él, como lo expresa extraordinariamente Juan Pablo II: “¡Cuánta riqueza, queridos hermanos y hermanas, en las orientaciones que nos dio el concilio Vaticano II! Por eso, en la preparación del Gran Jubileo (2000), he pedido a la Iglesia que se interrogase sobre la acogida del concilio… A medida que pasan los años, aquellos textos no pierden su valor ni su esplendor… con el concilio se nos ha ofrecido una brújula segura para orientarnos en el camino del siglo que comienza” (Novo millennio ineunte 57).
          El joven investigador lo entendió claramente. Su obra es la respuesta. Entiende que el Vaticano II es un gran ejemplo de discernimiento eclesial que ha buscado en la fuente del misterio de Dios el misterio de la Iglesia como pueblo de Dios, como sacramento (misterio) de comunión y misión, al servicio de la humanidad actual (Gaudium et spes). A mi juicio, es acertada la opción del autor en privilegiar la imagen eclesiológica de pueblo de Dios.
          Los tres capítulos de la obra teológica-pastoral responde, pues, a esta propuesta metodológica. El primero, sobre “el concilio Vaticano II como una oportunidad de discernimiento en el historia de la Iglesia del siglo XX”, enseña el proceso histórico de nuestro concilio que esencialmente es un acontecimiento de Iglesia sobre la Iglesia. Así, bajo la clave del discernimiento, el padre Colmenares, desarrolla un estudio eclesiológico: “El discernimiento ad intra en la Eclesiología del Vaticano II” (segundo capítulo) y “La Gaudium et spes, el discernimiento como clave metodológica para la acción de la Iglesia” (tercer capítulo).
          De la conclusión entiendo que la auto-comprensión que la Iglesia hace desde el concilio, es fruto de un discernimiento bien realizado. Noto que leyó el excelente artículo de Ives Congar, señalado en la amplia y organizada bibliografía, sobre el pueblo de Dios, aparecido en el primer número de la revista Concilium (1965) de donde intuye que “este discernimiento, que lo impone el reconocimiento de una igualdad ontológica entre todos los cristianos (cf. LG 11), asume, con el bautismo, la necesidad de una relación fraterna y ordenada entre cada uno de los miembros del pueblo de Dios”.
          Estamos felices de que un hermano nuestro, el padre Richard Colmenares, haya logrado tan importante éxito. Nuestro mejor homenaje es la lectura y el estudio de su obra.

lunes, 31 de julio de 2017

El Centro Arquidiocesano de Estudios de Doctrina Social de la Iglesias


El Centro Arquidiocesano de Estudios de
Doctrina Social de la Iglesia
Pbro. Mg. José Andrés Bravo Henríquez
Director del Centro Arquidiocesano de Estudios de Doctrina Social de la Iglesia
Arquidiócesis de Maracaibo
Universidad Católica Cecilio Acosta
            “La enseñanza social de la Iglesia se origina del encuentro del mensaje evangélico y de sus exigencias éticas con los problemas que surgen en la vida de la sociedad”[1]. Este es el sentido del Centro Arquidiocesano de Estudios de Doctrina Social de la Iglesia de la Facultad de Filosofía y Teología, de la Universidad Católica Cecilio Acosta, de la Arquidiócesis de Maracaibo, aprobado por su Consejo de Facultad el 11 de mayo de 2016. Consignado y aprobado definitivamente por el Consejo Universitario de nuestra Casa de Estudios Superiores el 26 del mismo mes y año, a los 49 años de la promulgación de la Populorum pregressio del beato papa Pablo VI.
Decretado por nuestro Arzobispo y Canciller de la UNICA, Mons. Ubaldo Santana, el día 13 de junio de 2017, fiesta litúrgica del gran predicador San Antonio de Padua (1191-1195). Dicho decreto, signado con la sigla Acta Curiae N° 0505-17, reza: “Decreto darle al Centro de Estudios de Doctrina Social de la Iglesia de la Universidad Católica Cecilio Acosta estatuto Arquidiocesano. Por tanto, se crea el Centro Arquidiocesano de Estudios de Doctrina Social de la Iglesia”.
Después de un serio discernimiento, consultando ampliamente con el Consejo Presbiteral y el Consejo Episcopal, confirmando la aceptación de las autoridades de la UNICA, el pastor de Maracaibo dio este paso definitivo, valorando el trabajo que por años se ha realizado en su Arquidiócesis.
Precisamente, es en el marco de la celebración de la undécima Semana de la Doctrina Social de la Iglesia es donde Mons. Santana nos anunció su deseo y, en el mismo acontecimiento, reconoce el esfuerzo de once años de la Semana que todos los segundos domingos de cuaresma inaugura con la Eucaristía. Aunque, ya desde el 2002 el Foro Eclesial de Laicos nace con el objetivo de difundir dicha doctrina social y formar en ella a los seguidores de Cristo y a todos aquellos que se acercan o nos acercamos con la actitud del buen samaritano.
Aquí es donde nos detenemos para dedicar al Dr. Jorge Porras, laico ejemplar y misionero de la doctrina social, nuestra memoria agradecida. Seguramente, desde la casa del Padre Eterno, nos sigue apoyando. El Foro Eclesial de Laicos es coordinado por el Dr. Guillermo Yepes Boscán, acompañado por el Dr. Homero Pérez, Dr. Rafael Díaz Blanco, Ing. Jóvito Chávez, entre otros. Desde ya, forman parte de nuestro Centro Arquidiocesano de Estudios.
También la UNICA, desde su comienzo, el 1 de diciembre de 1983, se ha identificado con este Magisterio Social. Su identidad de católica y humanista se expresa en la academia, en la pastoral universitaria, en las publicaciones e investigaciones, en el Área Académica de Catolicidad, en las Cátedras Libres, en la Cátedra común de Humanismo Cristiano, en Diplomados y Cursos. Recordamos el gran Congreso sobre Doctrina Social de la Iglesia que organizó nuestra universidad con éxito indiscutible en el año 1991, celebrando el centenario de la promulgación de la Rerum novarum (15/05/1891) del papa León XIII. Hoy con cátedras en todas carreras profesionales y con diversas actividades, incluyendo la Semana de la Doctrina Social de la Iglesia, crecemos con este nuevo Centro de Estudios así como ha crecido con el Centro de Estudios de Filosofía para Niños y Niñas.
También, la creación de este nuestro Centro de Estudios valora enormemente la iniciativa de la Parroquia San Antonio María Claret al unirse a esta noble misión con un grupo significativo de laicos organizados en el Equipo Parroquial DSI Padre Claret, con una extraordinaria organización, una generosa entrega y un espíritu abierto de servicio, asumiendo la tarea propia de un laicado auténtico, digno del nombre de cristiano, animado y sostenido por la acción pastoral de su párroco Ovidio Duarte. Entre otros, nombramos a Franklin Curiel, Mario Auver, Fernando Urdaneta, Silvana Giannangeli, Jóvito Chávez, Guillermo Yepes y Andrés Bravo, quienes desde este momento forman parte de este Centro de Estudios.
Entre los objetivos más pretenciosos del Centro de Estudios, se encuentra la promoción de un movimiento humanístico integral y solidario de inspiración cristiana. Proponemos crear un movimiento de reflexión, estudio, investigación y también de acción, que unifique a personas intelectuales de diversas disciplinas, abiertas y desprendidas, capaces de crear opinión y formar a jóvenes en un ideal político posible para la Venezuela de hoy. El gran reto es la verdadera educación de jóvenes inquietos para la conducción de los destinos de nuestro pueblo.
El Movimiento que proponemos debe tomar como base el Evangelio de Jesús y la Doctrina Social de la Iglesia Católica. El ideal histórico es el de, con los principios de reflexión, los criterios de juicio y las directrices de acción de dicha doctrina, promover un humanismo integral y solidario[2]. La organización y la formación nos darán el éxito.
Se trata de un movimiento de acción, no sólo asistencial, sino fundamentalmente de promoción humana. Por eso, debemos comenzar siempre por la formación en los principios de reflexión y de los criterios de juicio. La Iglesia, en estos últimos años, ha avanzado de manera significativa en marcha hacia una renovación que la ha convertido cada vez más al servicio solidario para la humanidad. Nos ha brindado un Magisterio dinámico y renovado, porque se ha vuelto a la fuente misma de la fe que es el misterio que llega a nosotros por la revelación de Jesucristo. Particularmente, en América Latina, la doctrina es maravillosamente rica e inspiradora. Y, en la Iglesia que peregrina y sirve en Venezuela, también encontramos un importante conjunto de enseñanzas, principalmente en los documentos del Concilio Plenario de 2006.
Este último nos desafía a un mayor compromiso por transformar la realidad actual del país, con los valores del Evangelio, en todos los ámbitos de la sociedad. Crear una nueva sociedad ha sido siempre el anhelo de los seguidores de Jesús. La opción evangélica y preferencial por los pobres nos debe motivar a crear y promover sistemas económicos más justos y solidarios, que tengan como objetivo el progreso integral de todo el hombre y de todos los hombres. La economía de comunión es una experiencia valiosa.
En este mismo sentido, la Iglesia nos convoca a defender y promover la paz y los derechos de la persona humana. Como sentencia el Vaticano II (1962-1965), “las instituciones humanas, tanto privadas como públicas, deben esforzarse por estar al servicio de la dignidad y el fin del hombre, luchando al mismo tiempo valientemente contra la esclavitud social o política y respetando los derechos fundamentales del hombre bajo cualquier régimen político”[3]. Al igual que debemos asumir el valor del trabajo que humaniza y hace progresar a los pueblos, evitando así instrumentalizar al ser humano.
En la formación y el ejercicio de la política, es sumamente importante enseñar y vivir su verdadero sentido que se concreta en el servicio del bien común. Pero, sobre todo, hoy se nos exige construir y consolidar la democracia perdida, promoviendo una más auténtica participación y organización de los ciudadanos, fortaleciendo así la sociedad civil. Con respecto a este tema, debemos estudiar y difundir los principios cristianos y las orientaciones de nuestros pastores sobre los problemas sociales y políticos, con el fin de ayudar eficazmente a formar la conciencia del pueblo en estos aspectos tan importantes de la doctrina; descubrir y suscitar entre los laicos verdaderas vocaciones a la actividad socio-política, y estimularlos a una óptima capacitación, no sólo doctrinal, sino también pastoral, para las tareas tan importante de servir al bien común, y promover obras para la solución de los problemas, con la prioridad de la caridad cristiana que debe expresarse en la justicia y en un ambiente de libertad.
Un Movimiento Humanístico significa un proyecto gigante que requiere la competencia de hombres y mujeres con un gran sentido humano y cristiano de la humanidad y de su historia. Que estén dispuestos a compartir sus saberes y sus ideales. Que les importe el ser humano como persona digna de ser amada por sí misma. Amarlo porque es humano, imagen e hijo de Dios.
Este acontecimiento que hoy sucede en nuestra Arquidiócesis de Maracaibo, la creación de un Centro de Estudios dedicado a la Doctrina Social de la Iglesia, responde a un mandato del Concilio Plenario de Venezuela que exige que “en el campo de la formación será preciso promover la actualización de obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y especialmente laicos en la Doctrina Social de la Iglesia”[4], exigiendo que se cumpla la norma de que “las Universidades Católicas, los Seminarios y Centros de Religiosos, Religiosas y Laicos crearán cátedras específicas sobre Doctrina Social de la Iglesia”[5].
          Un centro de estudios constituye un movimiento de avance y crecimiento. En nuestro caso, un movimiento de estudios, de investigación y de formación. Un espacio que brinda nuestra Arquidiócesis a través de la Universidad a sus profesores y estudiantes, a sus investigadores, a los agentes de pastoral y a los laicos en general. También a seminaristas y sacerdotes, para encontrar en la Doctrina Social de la Iglesia, como lo hemos señalado, “los principios de reflexión, los criterios de juicio y las directrices de acción como base para promover un humanismo integral y solidario. Difundir esta doctrina constituye, por tanto, una verdadera prioridad pastoral, para que las personas, iluminadas por ella, sean capaces de interpretar la realidad de hoy y de buscar caminos apropiados para la acción”[6].
          Un centro de estudios significa también personas en relación, que trabajan en equipo, reunidos en la fe cristiana que inspira una acción a favor de la formación de una nueva sociedad, en comunión con la Iglesia Católica que nos brinda este Magisterio Social, que nos convoca a la acción académica y pastoral. Específicamente, nuestro Centro de Estudios lo forman sacerdotes y profesionales de diversas disciplinas en nuestra Universidad Católica Cecilio acosta, y en toda la Arquidiócesis, como el “Foro Eclesial de Laicos” y el Equipo Parroquial “DSI Padre Claret” de la Parroquia el Claret. Todos ellos con una sólida vivencia y formación cristiana que han configurado su existencia histórica bajo los valores humanos contenidos en la Doctrina Social de la Iglesia.
          Un centro de estudios sobre la doctrina de la Iglesia tiene una motivación que lo dinamiza, que le da sentido y lo impulsa al trabajo. Para no irnos muy lejos, encontramos nuestra motivación, fundamentalmente, en la Iglesia Venezolana en Concilio Plenario. Los dieciséis documentos nos hablan de una Iglesia encarnada en nuestra realidad venezolana del siglo XXI, con graves desafíos que inspiran el estudio y la investigación, para el compromiso social desde nuestra fe cristiana.
En el documento “La contribución de la Iglesia a la gestación de una Nueva Sociedad” (CIGNS), el Concilio Plenario de Venezuela (CPV), clausurado solemnemente el 7 de octubre de 2006, nos presenta un extraordinario análisis histórico y pastoral, sobre nuestra situación en los ámbitos económico, social, político y cultural que desafía nuestra inteligencia de fe cristiana. Y, aún cuando se observan realidades muy crudas, las que vivimos actualmente, después de una década,  y que muestra un irracional y total deterioro de nuestro país, en todos los ámbitos señalados. Realidad que hace más urgente nuestra respuesta desde la academia y la pastoral. Hoy, este Centro de Estudios adquiere mayor importancia.
El año 2011, asistimos en Bogotá (Colombia) a la presentación de una guía del profesor sobre la “enseñanza de la Doctrina Social de la Iglesia en la Universidad” publicada por el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), con el patrocinio de la Fundación Konrad Adenauer. Esta obra es realizada por la Fundación Pablo VI de la Pontificia Universidad Católica de Salamanca (España). Esta presentación se celebró en el marco de un Curso Básico organizado por el CELAM, la Organización de Universidades Católicas de América Latina (ODUCAL) y la Fundación Konrad Adenauer, donde participamos representantes de veintiocho universidades católicas latinoamericanas. Por Venezuela asistieron el Padre Luis Ugalde de la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas (UCAB) y el Padre Andrés Bravo de la Universidad Católica Cecilio Acosta de nuestra Arquidiócesis.
Me refiero a este importante evento eclesial por la significación magisterial de donde se puede tomar ideas para nuestro proyecto. Especialmente, fue muy iluminadora la ponencia de Mons. Mario Toso, Secretario del Pontificio Consejo Justicia y Paz. Comenzó ofreciéndonos un gran desafío tomado de un informe del Departamento de Justicia y Solidaridad del CELAM que se presentó en la XXXIII Asamblea Ordinaria en el año 2011. Permítanos referirnos a varias ideas presentadas en esta magistral ponencia, en pro de lo que estamos presentando.
Dice Mons. Toso: “Se señala en el mismo informe que la búsqueda de la nueva evangelización de lo social, desde la luz del documento de Aparecida y de la encíclica Caritas in veritate han conducido al Departamento de Justicia y Solidaridad a procurar abordar los nuevos desafíos con la riqueza del Evangelio y de la Doctrina Social de la Iglesia, recogiendo el compromiso de los cristianos a favor del desarrollo humano integral y solidario y de la búsqueda del humanismo nuevo”. Esto nos hace gestionar una relación cada vez más estrecha, de cooperación mutua con este departamento del CELAM, cuyo secretario ejecutivo es uno de nuestros profesores de la Universidad Católica Cecilio Acosta, Elvy Monzant, uno de nuestros mejores colaboradores de este Centro de Estudios. Compartimos, pues, los compromisos del proyecto pastoral más querido del papa Juan Pablo II, la nueva evangelización. Trabajaremos específicamente en este concepto de “Nueva Evangelización de lo Social”, reconociendo el lugar de la Doctrina Social de la Iglesia en la acción evangelizadora y proyectando sus conclusiones en la pastoral social de nuestra Arquidiócesis.
También señala la ponencia, algo que define el propósito de nuestro Centro de Estudios, que la doctrina social debe ser incorporada en la formación integral y permanente de los fieles. Pues, esto nos inquietó enormemente, Mons. Toso recoge un grave dato de la Pastoral Social-Caritas del CELAM, que dice: “El 80% de las personas que estaban vinculadas a estas instituciones no habían recibido preparación en este campo. Habían sido contratados como especialistas o técnicos en algunos campos del desarrollo social, o en cargos secretariales, pero sin haber tenido una mínima inducción en los temas centrales de la Doctrina Social de la Iglesia”. Esto exige de parte del Centro de Estudios una mayor y efectiva relación con nuestra Pastoral Social-Caritas de Maracaibo y, si se nos permiten, de Venezuela.
Una idea más que de esta ponencia tomaremos para el Centro de Estudios. Se trata de hacer a todos los creyentes sujetos de la Doctrina Social de la Iglesia. Porque ésta doctrina “no es una cosa que nos viene impuesta desde el exterior. Es vocación y compromiso que surgen de nuestro ser-en-Cristo. Es responsabilidad de todos, no sólo de algunos… Es deber-derecho de cada creyente y de las comunidades eclesiales, de los movimientos y de las asociaciones, de las escuelas y de las universidades católicas. Precisamente porque la doctrina social no es una peculiaridad de unos pocos, ninguno puede reservarse su exclusividad. Todos la poseen in nuce y, por tanto, son capaces de ser de ella sujetos activos y responsables”.
Todo esto nos exige salir al encuentro de los cristianos, buscarlos donde estén, para servirles. Este es el sentido y la naturaleza de los Equipos de DSI Parroquiales, tomando como modelo el Equipo DSI Padre Claret. La relación con las parroquias y comunidades cristianas, con grupos y movimientos de apostolado seglar, especialmente, la relación con el Consejo Arquidiocesano de Laicos, es fundamental. Igualmente, debemos estar presentes en las escuelas e instituciones católicas de nuestra Iglesia Local.
A todos les ofreceremos, con el indiscutible alto nivel académico que siempre ha caracterizado a nuestra Católica de Maracaibo, la UNICA, cursos y talleres, ciclos de estudios, líneas de investigación, diplomados, sobre las principales cuestiones de la sociedad y los diversos temas de la Doctrina Social. Además, debemos anunciarlo desde ya, estamos realizando el proyecto de postgrado en teología, una maestría o especialidad en Doctrina Social de la Iglesia, esperando mejores oportunidades para el avance de nuestros estudios. Esta Maestría se presentará como estudios especializados de post-grado del programa de teología de nuestra Facultad de Filosofía y Teología, con los siguientes elementos elaborados hasta ahora:
·       Descripción sinóptica del programa: Se señala el propósito y las razones que hacen necesarios estos estudios de postgrado, con la trayectoria histórica del tema central.

·       Se tienen los datos generales y la identificación de la Institución que la propone.

·       Se tiene la planilla de los datos del Coordinador de la Maestría que el Consejo de Facultad nombre. En esa espera, se tiene listo para consignar su currículo.

·       Se tiene la Justificación expresada en estos términos: “La Universidad Católica Cecilio Acosta, desde su Programa de Teología, adscrito a la Facultad de Filosofía y Teología, en búsqueda de una cada vez mayor pertinencia social en la Venezuela contemporánea, ha diseñado la Maestría en Teología, mención Doctrina Social de la Iglesia. Es una propuesta presentada como un movimiento hacia la asunción de un mayor compromiso social en perspectiva humanista y cristiana. Consciente de que el estudio de la Doctrina Social de la Iglesia no es sólo aggiornamento intelectual o cognitivo, sino más bien una concreción de la pertinencia social de la UNICA y de su corresponsabilidad en la construcción del bien común, desde la opción preferencial por los pobres, asumida por la Iglesia Latinoamericana y ratificada por el Concilio Plenario de Venezuela”.

·       Se tienen las características del programa: sus tres objetivos generales, sus objetivos específicos, la nota donde se garantiza el uso de las tecnologías de información y comunicación, los criterios de selección, requisitos de ingreso, requisitos de permanencia, requisitos de egreso, los créditos estipulados para la obtención del grado y el plan de estudio.

·       Se tiene el programa listo con el número de semestres, los ejes académicos y las asignaturas con sus números de créditos.

·       Se tiene el plan de estudio con las siete asignaturas obligatorias y las catorces asignaturas electivas. Se han señalado los profesores (Se espera por los currículos).

·       Se tiene la distribución de las unidades curriculares por eje: Tablas de unidades con sus ejes, asignaturas, números de horas y de créditos.

·       Se tiene el pensum de estudio: Desarrollo histórico de la Doctrina Social de la Iglesia. Metodología de la investigación. Familia y Sociedad. Fundamentos teológicos. Seminario de investigación. La política. La cultura. Seminario de grado. Trabajo de grado. Tres electivas.

·       Se tiene las normas de tutoría y el reglamento interno para la evaluación de la tesis o trabajo de grado.
Así pues, estamos avanzando en este proyecto que pronto presentaremos al Consejo de Facultad para ser estudiado y aprobado, organismo al que corresponde presentardo al Consejo Universitario y seguir los pasos correspondientes para poderlo ofrecer a los interesados. El Señor, con la ayuda intercesora de nuestro patrono san Alberto Hurtado, nos dará el final triunfo.
Permítanos, para finalizar esta presentación, transmitirle este excelente texto tomado de la citada ponencia de Mons. Mario Toso, secretario del Pontificio Consejo Justicia y Paz, donde habla de la responsabilidad de las instituciones universitarias, basándose en la Conferencia de Aparecida. En el texto que a continuación ofrecemos nos aclara que la naturaleza propia de las Universidades Católicas es la de ser centro de evangelización y lugar de encuentro del Evangelio de Jesús con la realidad humana – la sociedad y sus culturas –, en el servicio de la verdad que libera, aquí es donde este Centro Arquidiocesano de Estudios de Doctrina Social de la Iglesia de la UNICA se ubica y brinda su más valiosa contribución. Es texto es este:
“De las instituciones educativas y más específicamente de las Universidades el Episcopado Latinoamericano ha reconocido particulares responsabilidades. Ellas están llamadas de modo específico y según su propia naturaleza a cumplir con sus específicas responsabilidades evangélicas. La Universidad Católica que es reconocida como una importante ayuda a la Iglesia en su misión evangelizadora, está llamada a ofrecer una formación desde la fe, formando a las personas que en ella participan, la conciencia de la dignidad trascendental de la persona humana.
Una particular tarea que le es reconocida, es la de promover el diálogo entre fe y razón, entre la fe y la cultura, así como la promoción de la formación de profesores, alumnos y todos sus miembros, a través de la doctrina social y la moral de la Iglesia, en orden a un responsable y solidario compromiso con la dignidad humana y con la comunidad, testimoniando la novedad profética del cristianismo en cada sociedad.
Finalmente, podemos recordar el llamado que el Documento de Aparecida dirige a las Universidades Católicas de convertirse en espacios de gestación del humanismo nuevo que nace del pensamiento católico. A la luz de las importantes tareas confiadas a las Universidades Católicas se advierte la importancia de la enseñanza de la Doctrina Social de la Iglesia en ellas”.


[1] Congregación para la Educación Católica, Orientaciones para el Estudio de la Doctrina Social de la Iglesia, PPC, Madrid 1995. (Este documento eclesial fue promulgado el 30 de diciembre de 1988. Para este trabajo se dita así: Orientaciones DSI).
[2] Pontificio Consejo “Justicia y Paz”, Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), Bogotá 2005. (Este documento eclesial fue promulgado el 30 de diciembre de 1988. Para este trabajo se cita así: Compendio DSI). Cf. Compendio DSI 7.
[3] Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el Mundo Actual Gaudium et spes. (La versión de los documentos del Vaticano II es tomado de de la edición bilingüe promovida por la Conferencia Episcopal Española, Ed. B.A.C., Madrid 2004. Los documentos son citados por las siglas de esta edición). GS29.
[4] Concilio Plenario de Venezuela, Contribución de la Iglesia en la Gestación de una Nueva Sociedad, CIGNS 133.
[5] CIGNS 1171.
[6] Compendio DSI 7.