martes, 8 de julio de 2014

Ministros de la Palabra



Andrés Bravo 

Capellán de la UNICA

            El pasado sábado siete de junio nuestro Arzobispo, Mons. Ubaldo Santana, celebró la Eucaristía en mi Parroquia Santa Teresita del Niño Jesús (Amparo – Maracaibo) donde confirió el ministerio del lectorado y del acolitado a personas que están viviendo el proceso de formación para ser diáconos permanentes. Fue una ceremonia litúrgica que causó mucho agrado en nuestra comunidad. Más aún, porque uno de los nuestros recibió el ministerio del lectorado. Este hecho me motiva a escribir estas líneas sobre el sentido de los ministerios eclesiales.

            Ya sabemos que “ministerio” significa servicio y que, por tanto, el ministro es un servidor. En este caso, el ministro de la Palabra es, en nuestra comunidad cristiana, un servidor de la Palabra de Dios. El acólito, por su parte, es el que acompaña o asiste en el altar donde celebramos la Eucaristía. Es decir, el ministro o servidor de la Eucaristía. Para conocer su sentido necesitamos leer el Ministeria quaedam (16/8/1972), Motu Proprio de Pablo VI, sobre los grandes cambios, exigidos por el Concilio Vaticano II, sobre los ministerios u órdenes menores, como se llamó hasta entonces, recibidos previos a las ordenes sagradas. Quiero, en esta oportunidad, dedicarme al ministerio de la Palabra.

            El ministro de la Palabra es instituido lector con la misión “de leer la Palabra de Dios en la asamblea litúrgica”. Pablo VI especifica más: este ministro es un anunciador de la Palabra de Dios para la comunidad. Es decir, tiene una grave responsabilidad porque no se trata simplemente de leer, sino de transmitir, de comunicar, de hacer que con fidelidad los oyentes sepan exactamente lo que está escrito en las Sagradas Escrituras. Para eso debe familiarizarse antes con la Palabra que anuncia. Implica una seria preparación: “El lector, sintiendo la responsabilidad del oficio recibido, debe aplicarse y valerse de todos los medios oportunos para adquirir cada día más plenamente el suave y vivo amor, así como el conocimiento de la Sagrada Escritura, para llegar a ser más perfecto del Señor”. Porque, el ministro eclesial no es un funcionario, es una persona de fe profunda y conocimiento claro de lo que anuncia. Sí, es un privilegio. Pero, más que privilegio, es una gracia recibida del Señor que nos hace evangelizadores, que nos obliga a responder con competencia, responsabilidad y honestidad.

            Con este documento, Pablo VI, siguiendo los postulados del Vaticano II, declara que este ministerio de la Palabra de Dios lo pueden recibir también todo laico, con una profunda y exigente preparación, con la misma responsabilidad y competencia. En nuestra Iglesia local son ya muchos los laicos que han sido formados e instituidos como ministros de la Palabra. A ellos les recomiendo aprovechar el rico magisterio actual que, desde el mismo Concilio hasta el último documento ofrecido por el Papa Francisco, Evangelii gaudium, nos guía a una vivencia más auténtica del ministerio de la Palabra de Dios. Ante todo, porque en toda comunidad cristiana, además de centrar la pastoral en la Eucaristía y conducirnos hacia la práctica de la caridad, es prioridad la Palabra de Dios, anunciada, vivida y celebrada.

            El bello proemio de la constitución conciliar Dei Verbum, nos enseña que la Iglesia es la oyente de la Palabra que proclama con valentía, “para que todo el mundo con el anuncio de la salvación, oyendo crea, y creyendo espere, y esperando ame”. Esto indica que ser ministro de la Palabra no es un estatus eclesial que nos posesiona de un cargo. Es más bien un siervo, alguien que tiene la misión de hacer que nuestras comunidades convocadas por la Palabra, vivan la fe, la esperanza y la caridad.

            Es importante asumir las sugerencias que el Papa Benedicto XVI nos da en la exhortación Verbum Domini: promover celebraciones de la Palabra en las comunidades, no para sustituir la Eucaristía, sino para ampliar más aún las celebraciones litúrgicas. Enseñar la práctica del silencio y su relación con la Palabra: “En efecto, la Palabra sólo puede ser pronunciada y oída en el silencio, exterior e interior”. Resaltar la solemnidad del anuncio de la Palabra, con dignidad y reverencia. Se debe prestar atención al lugar del templo donde la Palabra es anunciada: “Ha de colocarse en un sitio bien visible, y al que se dirija espontáneamente la atención de los fieles durante la liturgia de la Palabra”, con un buen sonido. Parece obvio, pero, aún así, Benedicto XVI recuerda “que las lecturas tomadas de la Sagrada Escritura nunca sea sustituidas por otros textos, por más significativos que parezcan desde el punto de vista pastoral o espiritual”. Además, “para ensalzar la Palabra de Dios durante la celebración litúrgica, se tenga también en cuenta el canto en los momentos previstos por el rito mismo, favoreciendo aquel que tenga una clara inspiración bíblica y que sepa expresar, mediante una concordancia armónica entre las palabras y la música, la belleza de la Palabra divina”. Y, por último, el Papa emérito pone atención especial a los discapacitados de oído y vista.

            Un ministro de la Palabra de Dios, debe ser un estudioso y un místico. Inteligencia y espíritu. Estudio y oración. La Palabra se interioriza, pero también se entrega. En nuestra Parroquia, por gracia divina, contamos con un equipo de pastoral bíblica, con una clara conciencia de su misión evangelizadora. Pienso, por tanto, que la institución de un hermano nuestro al ministerio de lector, debe enriquecer nuestra pastoral comunitaria y, desde ya, colocarse al servicio de la pastoral bíblica, respetando su metodología y naturaleza.

lunes, 7 de julio de 2014

FE Y CAFÉ: Mensaje al Pueblo Venezolano desde nuestra Fe Cris...

FE Y CAFÉ: Mensaje al Pueblo Venezolano desde nuestra Fe Cris...: Mensaje al Pueblo Venezolano desde nuestra Fe Cristiana Universidad Católica “Cecilio Acosta ”             Nos dirigimos a todo...

Mensaje al Pueblo Venezolano desde nuestra Fe Cristiana - Universidad Católica “Cecilio Acosta”



Mensaje al Pueblo Venezolano desde nuestra Fe Cristiana
Universidad Católica “Cecilio Acosta

            Nos dirigimos a todos los hombres y mujeres del pueblo venezolano, desde nuestra fe cristiana que vivimos en comunión con la Iglesia Católica, la que nos da nuestra identidad y misión. Como la Iglesia, somos servidores de la humanidad, concretamente de ustedes, hermanos venezolanos sumergidos en un mar de crisis social y en la búsqueda de una solución que no termina de aparecer, a pesar de las luchas sacrificadas de gran parte de los ciudadanos, especialmente del movimiento estudiantil. Nos sentimos íntima y realmente solidarios por la causa del bien, de la fraternidad como fundamento de la paz, como lo enseña el Papa Francisco. Paz que sólo se construye con la verdad, la libertad, la justicia y el amor.
            Manifestamos que, con toda responsabilidad y asistidos por la gracia de Dios, asumimos las enseñanzas que el Santo Padre Francisco nos transmite en su Exhortación Apostólica Evangelii gaudium (La Alegría del Evangelio. Se cita EG). Aceptamos su invitación a ser misioneros, “callejeros de la fe”, dejando la seguridad de la orilla y apasionándonos “en la misión de comunicar vida a los demás” (EG 10). Porque estamos convencidos de que “la vida se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad” (EG 10). Por eso, en la UNICA vivimos nuestra fe cristiana y nuestra vocación humanística entregándonos, sufriendo, luchando, creyendo y esperando con el pueblo venezolano.
            Sabemos que nuestra misión es evangelizar. Es decir, anunciar el Evangelio de Jesús, su proyecto de vida, su reinado, que innegablemente tiene una dimensión social. Es que, “en la medida en que Él logre reinar entre nosotros, la vida social será ámbito de fraternidad, de justicia, de paz, de dignidad para todos” (EG 180). Es urgente, pues, que nosotros inyectemos los valores sublimes del Evangelio de Jesús en las venas de nuestra sociedad venezolana, para sanarnos de nuestras enfermedades mortales de violencia, odio, desprecio, injusticia, corrupción, mediocridad, egoísmo, y toda clase de idolatrías. Porque el mensaje cristiano tiene una “inmediata repercusión moral cuyo centro es la caridad” (EG 177).
            En este sentido nos identificamos con el Papa Francisco y nos hacemos eco de sus enseñanzas. Pensamos con él que “una auténtica fe, que nunca es cómoda e individualista, siempre implica un profundo deseo de cambiar el mundo, de transmitir valores, de dejar algo mejor detrás de nuestro paso por la tierra” (EG 183). Por eso, nuestra comunidad universitaria, en lo académico, en la responsabilidad social, en el servicio comunitario de nuestros estudiantes, en nuestra pastoral universitaria, en nuestra praxis y gestión de la institución, nos hemos dejado influir de la doctrina social de la Iglesia que está al servicio de la verdad y la promoción del ser humano, parte esencial de la evangelización.
            Un punto fundamental de la evangelización, nuestra misión, es la solidaridad, entendida como servicio a favor de la liberación y promoción de los más pobres, los que más padecen la situación de crisis que experimentamos los venezolanos. Por ello, especialmente, existimos y nos entregamos. Nuestra opción más importante, como Iglesia, siguiendo el Concilio Plenario de Venezuela, es por los pobres y los jóvenes. Pero, jamás optamos por el camino de la violencia. Trabajamos por la paz “que comporta una justicia más perfecta entre los hombres” (EG 219). Porque, “en definitiva, una paz que no surja como fruto del desarrollo integral de todos, tampoco tendrá futuro y siempre será semilla de nuevos conflictos y de variadas formas de violencia” (EG 219).
            Es importante, seguimos al papa, “asumir la tensión entre plenitud y límite, otorgando prioridad al tiempo” (EG 223). Porque “uno de los pecados que a veces se advierten en la actividad sociopolítica consiste en privilegiar los espacios de poder en lugar de los tiempos de los procesos” (EG 223). Además, “el conflicto no puede ser ignorado o disimulado. Ha de ser asumido. Pero si quedamos atrapados en él, perdemos perspectivas, los horizontes se limitan y la realidad misma queda fragmentada” (EG 226). Ante el conflicto no podemos pasar de largo indiferentemente, ni quedar prisionero en las insatisfacciones. El papa nos aconseja a “aceptar sufrir el conflicto, resolverlo y transformarlo en eslabón de un nuevo proceso” (EG 227).
Sería irracional rechazar el diálogo como camino de una solución pacífica. Igualmente es inaceptable un llamado al diálogo sólo para imponer un sistema que está cuestionado desde muchos puntos de vista. Nuestro Papa afirma que “la Iglesia proclama el Evangelio de la paz y está abierta a la colaboración con todas las autoridades nacionales e internacionales para cuidar este bien universal tan grande” (EG 239). Pero, subraya el compromiso del Estado del “cuidado y la promoción del bien común de la sociedad. Sobre la base de los principios de subsidiariedad y solidaridad, y con un gran esfuerzo de diálogo político y creación de consensos” (EG 240).
            Como Iglesia, la Universidad Católica “Cecilio Acosta”, asume la tarea de la evangelización en los ámbitos de nuestra comunidad universitaria. Desde este compromiso, invitamos a todos los venezolanos a interiorizar los valores del Evangelio de Jesús, que nos hace crecer como humanos y construir la Patria, lugar de convivencia pacífica y libre.

lunes, 23 de junio de 2014

J. J. Bravo Ríos, el poeta marense



Andrés Bravo

Capellán de la UNICA

            Permítanme hablarles sobre una de las personas más importante para mí, porque es mi padre, el maestro y poeta José Joaquín Bravo Ríos. J. J. Bravo Ríos, como lo identifican sus contemporáneos. Una extraordinaria persona, de un alto porte ético, espiritual y cultural, brindado a la humanidad por el pueblo marense San Rafael de El Moján. Nace el 18 de diciembre del año 1911 y muere en su propia tierra el 4 de marzo de 1961. Estudioso serio de los más variados pensamientos históricos, desde los antiguos clásicos hasta los humanistas contemporáneos del principio del siglo XX. Las primeras obras filosóficas que he contemplado, desde la teoría del conocimiento del viejo Platón hasta el movimiento personalista de Mounier y Maritain, perteneció a su biblioteca. Todavía conservo algunos libros de su propiedad como, por ejemplo, la “Enciclopedia de las Ciencias Filosóficas” del idealista Hegel, editado en Argentina en 1944. Yo podría haberlo sustituido por una nueva edición cuando estudiaba filosofía pero es que, además de lo valioso, tiene estampada su firma y el número de su cedula de identidad como venezolano: V-1065706. Su existencia entregada a los más altos valores humanos, de amor a la familia, a su pequeño pueblo, a la Patria y a toda persona por quienes se consagró totalmente, lo delata como un auténtico venezolano.

Con esfuerzo propio, en medio de una precaria situación económica y limitaciones de oportunidades para poder entrar a una Universidad, fue creando su pensamiento propio, de inspiración humanista y cristiana que lo conduce a ser uno de los pioneros del movimiento democratacristiano en Mara. Su convicción sincera democrática y libertaría lo mueve a luchar con tesón, muchas veces desde la clandestinidad, contra la dictadura militar de Pérez Jiménez. No fue un buscador de poder, sino un soñador conquistador de libertad, justicia y progreso para todos. Sus acciones públicas, cuando más como concejal, se orientó a la formación. Es pionero de la educación y alfabetización, enseñando en las entonces conocidas Escuelas Nocturnas. Y, por otro lado, ejerce el periodismo fundando grupos literarios y publicando periódicos como Lumen, La Verdad y La Letra. Por otro lado, se ocupa con diligencia en el estudio y la enseñanza del pensamiento jurídico. Incluso, muere ejerciendo como juez. A varios estudiantes de derecho, habitantes del pueblo, los reunía por las tardes en el pórtico de nuestra casa para darles lecciones que fortalecieran sus estudios universitarios. Exceptuando su salario como maestro y luego como juez, jamás recibe remuneración salarial como servidor público, menos aún como concejal.

Contrae matrimonio con mi mamá Eliana Josefina Henríquez Cordero. Desde su unión, se convierte en la Señora de Bravo Ríos y su firma, conservada hasta el momento con sus 91 años de edad, comienza a ser EHdeBravoRíos. Unión matrimonial que sigue con la fidelidad del amor, pasando por el camino sacrificado con la defunción de su amado esposo, cuando ella contaba sólo 37 años de edad. Amante guardiana eterna, levantaron una familia de tres hijas y tres hijos. En su juventud también fue maestra donde se conocieron y enamoraron. Orgulloso, con pretensión lo expreso, es una familia extraordinaria. A mi papá jamás lo sentimos ausente. Somos su mejor obra, su más valiosa lección y el más bello de sus poemas.

De sus obras literarias se destacan sus poemas en sus diversas formas. Muy exigente con sus composiciones, clásico y con un rico lenguaje. Se conservan sus escritos como un tesoro por descubrir. Sólo se ha publicado, con mucha deficiencia, su obra Centena de Sonetos, el año 1980 por el entonces Concejo Municipal del Distrito Mara, como homenaje a mi ordenación sacerdotal. En su prefacio, el primer soneto de los cien, manifiesta: Quiero al compaginar este manojo / de versos, endulzar mi pensamiento, / al lector deleitar por un momento, / y complacer romántico mi antojo. // Mis lágrimas aquí no las recojo / para lustrar la vida en un lamento; / la reseña de ajeno sufrimiento, / a nadie lo divierte… causa enojo. // Quiero con mi Centena de Sonetos, / no conquistar del triunfador la palma, / sino satisfacer gustos prolijos; // pasar a la memoria de mis nietos, / y más aún: dulcificar mi alma, / saber que soy orgullo de mis hijos. //.

Los temas tratados con maestría en los sonetos y demás poemas son muy variados. Lo humano: soledades, destinos, experiencias sencillas e infantiles, inteligencia, venganzas, humor, intemperie, advertencias, amor, culpa, liviandad, prostitución, triunfo, hogar, complacencia, juicio, esperanzas, vicisitudes, son temas expresados en sus bellas letras. Además, le canta a personas apreciadas: Gabriela Mistral, Bolívar, Andrés Eloy Blanco, Elías Bravo Lira, José Ramón Yepes, Idelfonso Vázquez, Udón Pérez, Gloria Gutiérrez, entre otros. También a la naturaleza, sus animales y sus vegetales, son objetos de su inspiración poética. Quizá, para muchos, el nombre de Bravo Lira les es desconocido. Les digo que, aunque no es pariente de mi papá, comparte una hermosa amistad. Bravo Lira es un poeta marense que vive en la Isla de la Providencia porque sufre de lepra, hasta que volviendo a su pueblo amado, El Moján, se suicida. Solían intercambiarse poemas entre sí mi papá y él. Para mi papá es: Alma sonora, clásica sonata / en un crisol de trágica fortuna; / en sus espejos diáfanos la luna / sus virtudes melódicas delata. //.

Los amores de Bravo Ríos son lo divino y lo humano. Vive con un gran aprecio a su familia. Amante fiel y responsable, padre respetado. Con sus hermanas y su hermano, con sus sobrinas, es inseparable. Para toda su familia sigue siendo un modelo de existencia valiosa. Deja testimonio de su felicidad cuando nace su primera hija: ¿La trajo el Niño Dios? Sí al mundo vino / envuelta en galas de infinito amor, / de una ilusión la primera flor / será para endulzar nuestro destino. // ¡Es símbolo de hogar! Numen divino / la trajo en el cristal de un esplendor; / delectación del alma, surtidor / de sentimientos eternos la imagino. // Es la fortuna quien la dicha brinda / con un milagro de grandeza humana,  / cuando viene al hogar cosa tan linda. // ¡La trajo el Niño Dios! Trajo esa gloria. / En nuestro porvenir luce galana / porque es triunfo de amor, dulce victoria. //.

Estas líneas son sólo una muestra del alma grande de ese pequeño humano, de corazón gigante, de brillante inteligencia, de alma luminosa de su pueblo amado que: Desde las cumbres límpidas del cielo, / la excelsitud del vaporoso velo / envuelve los primores del espacio… //.

VIII Encuentro Nacional de Pastoral Universitaria



Andrés Bravo
Capellán de la UNICA

            En la bella Isla de Margarita se celebró el VIII Encuentro Nacional de la Pastoral Universitaria entre los días 21 al 24 de mayo 2014, organizado por la Comisión Episcopal de Juventud y Pastoral Universitaria de la Conferencia Episcopal Venezolana, presidida por Mons. Castor Oswaldo Azuaje, obispo de Trujillo, y dirigida por el presbítero Carlos Flores. Sin embargo, es el presbítero Leonardo Marius quien asesora acertadamente la pastoral universitaria a nivel nacional. Aunque se sintió la presencia activa de Mons. Azuaje y del padre Flores, la coordinación del evento fue responsabilidad del padre Marius quien lo hizo de manera excelente. Así, pues, comienzo por darle el reconocimiento que justamente se merece.
            El encuentro se constituyó con momentos espirituales, formativos, de convivencia y compromisos. Participamos cerca de setenta personas comprometidas con la pastoral en el mundo universitario. Estudiantes, obreros, administrativos, profesores, sacerdotes y obispo, representamos unas veinte delegaciones de distintas universidades de nuestro país, de quince diócesis y arquidiócesis. Mons. Aníbal Quintero, obispo de Margarita, nos dio la bienvenida y presidió la Eucaristía de Inauguración en la Iglesia del Valle, ofreciendo el encuentro a la protección maternal de la Virgen del Valle. El texto que nos iluminó durante todo el evento, fue la exhortación del papa Francisco, Evangelii gaudium (EG). De esta forma, también sentimos la presencia del pastor universal.
            El primer día fue la llegada y la primera reunión donde se señalaron los motivos, las dinámicas y los lineamientos del encuentro. Se presentó solemnemente el “Año Jubilar de la Juventud en Venezuela” motivado por la pasada conmemoración del bicentenario de la batalla de la Victoria que libraron los jóvenes venezolanos el 12 de febrero de 1814. El tema y lema del año celebrativo de la juventud son las palabras del papa Francisco que pronunció en la pasada Jornada Mundial de la Juventud: “Sean callejeros de la fe”. Es un llamado a los jóvenes cristianos a vivir su vocación bautismal de misioneros “saliendo de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio” (EG 20). Lo que se pretende lograr es propiciar entre los jóvenes la vivencia de fe cristiana.
            El segundo día fue, a mi juicio, el más productivo. El profesor mexicano, de origen italiano, Giampiero Aquila, dictó una excelente ponencia sobre una introducción a la Exhortación Apostólica Evangelii gaudium del papa Francisco, que tituló: “para ver el trigo en medio de la cizaña”. El mismo profesor con su enseñanza condujo el trabajo de todo el día. Él calificó la exhortación papal como una “provocación apostólica”. Es, sin dudas, como lo es la misma persona de Francisco, una exigencia a la renovación.
En primer lugar, nos habla de una Iglesia misionera en clave de salida. Aquí se subraya una dimensión antropológica sumamente importante. “La propuesta, dice el papa, es vivir en un nivel superior” (EG 10). Esto lo explica el mismo Francisco citando el documento de Aparecida el numeral 360: “La vida se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad. De hecho, los que más disfrutan de la vida son los que dejan la seguridad de la orilla y se apasionan en la misión de comunicar vida a los demás” (EG 10). El profesor Giampiero interpreta que la invitación misionera atañe la naturaleza misma del ser humano y que las dimensiones de la vida de la Iglesia son dimensiones de la vida del hombre. Es decir, digo yo, ser Iglesia, y en Ella, misionero, forma parte de mi realización personal.
El segundo punto de la ponencia sobre la exhortación en cuestión, es sobre una respuesta a la realidad o, como textualmente lo dice nuestro profesor, “una respuesta en el ambiente”. Aquí se encuentra el juicio ante una realidad que vemos siempre con mirada nueva (“como los ojos del neonato que se abrieran por primera vez a la realidad”). Ciertamente, aprecio yo, el papa es crítico ante una realidad que debe cambiar. Si en algún momento sus predecesores llegaron a insinuar alguna justificación al capitalismo, con el propósito de señalar el peligro evidente del socialismo, Francisco hace una fuerte y clara acusación a todo sistema que no asegura el valor de la vida humana y dice “no a una economía de la exclusión y la inequidad” (EG 53), porque “esa economía mata. No puede ser que no sea noticia que muera de frío un anciano en situación de calle y que sí lo sea una caída de dos puntos en la bolsa. Eso es exclusión. No se puede tolerar más que se tire comida cuando hay gente que pasa hambre. Eso es inequidad” (EG 53). Se hablará siempre de los “nos” de Francisco: No a una economía de la exclusión (EG 53-54), no a la nueva idolatría del dinero (EG 55-56), no a un dinero que gobierna en lugar de servir (EG 57-58), no a la inequidad que genera violencia (EG 59).
Otra grave realidad que desafía la evangelización que nuestro profesor no hizo notar en la exhortación es la secularización que busca reducir la fe al ámbito de lo privado y de lo íntimo. Explica el papa: “Al negar toda trascendencia, (la secularización) ha producido una creciente deformación ética, un debilitamiento del sentido del pecado personal y social y un progresivo aumento del relativismo, que ocasionan una desorientación generalizada” (EG 64). Para esta realidad que desafía a la Iglesia misionera, la respuesta es, según el papa, “el sentido unitario y completo de la vida humana que propone el Evangelio” (EG 75).
El último punto de la ponencia trató de “la moralidad no es cumplimiento sino que es tensión”. Muy interesante este planteamiento que el papa Francisco nos ofrece porque, lo refiere el ponente, “si la naturaleza del cristianismo es la de ser un acontecimiento, lo que pide no es ser buenos sino seguirlo”. El cristiano es un seguidor de Jesús. En realidad, la exhortación nos enseña una moral social (ver EG 217-237). Los temas son: el bien común y la paz social. Denuncia la falsa paz: “también sería falsa paz aquella que sirva como excusa para justificar una organización social que silencie o tranquilice a los más pobres, de manera que aquellos que gozan de los mayores beneficios puedan sostener su estilo de vida sin sobresaltos mientras los demás sobreviven como pueden” (EG 218). Y se afinca el papa con su hablar claro: “La dignidad de la persona humana y el bien común están por encima de la tranquilidad de algunos que no quieren renunciar a sus privilegios. Cuando estos valores se ven afectados, es necesaria una voz profética” (EG 218).
Al respecto, Francisco nos propone los siguientes principios:
1.      El tiempo es superior al espacio (EG 222-225): “Darle prioridad al tiempo es ocuparse de iniciar procesos más que de poseer espacios”.
2.      La unidad prevalece sobre el conflicto (EG 226-230): “El conflicto no puede ser ignorado o disimulado. Ha de ser asumido. Pero si quedamos atrapados en él, perdemos perspectivas, los horizontes se limitan y la realidad misma queda fragmentada. Cuando nos detenemos en la coyuntura conflictiva, perdemos el sentido de la unidad profunda de la realidad”.
3.      La realidad es más importante que la idea (EG 231-233): “Esto supone evitar diversas formas de ocultar la realidad: los purismos angélicos, los totalitarismos de lo relativo, los nominalismos declaracionistas, los proyectos más formales que reales, los fundamentalismos ahistóricos, los eticismos sin bondad, los intelectualismos sin sabiduría”.
4.      El todo es superior a la parte (EG 234-237): “Entre la globalización y la localización también se produce una tensión. Hace falta prestar atención a lo global para no caer en una mezquindad cotidiana. Al mismo tiempo, no conviene perder de vista lo local, que nos hace caminar con los pies sobre la tierra. Las dos cosas unidas impide caer en algunos de estos extremos: uno, que los ciudadanos vivan en un universalismo abstracto y globalizante, miméticos pasajeros del furgón de cola, admirando los fuegos artificiales del mundo, que es de otros, con la boca abierta y aplausos programados; otro, que se conviertan en un museo folklórico de ermitaños localistas, condenados a repetir siempre lo mismo, incapaces de dejarse interpelar por el diferente y de valorar la belleza que Dios derrama fuera de sus límites”
A estas enseñanzas maravillosas que sobre la primera exhortación del papa Francisco, nos diera el profesor Giampiero Aquila, laico comprometido en la Pastoral Universitaria e investigador de la División de Filosofía del Centro de Investigación Social Avanzada (CISAV), México; se trabajó en grupo todo el día. Sobre cinco puntos sugeridos por el expositor y tomados de la exhortación del papa:
1.      La necesidad de la conversión: Dios nos primera. “Invito a cada Cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar con Él, de intentarlo cada día sin descanso…” (EG 3).
2.      La misión paradigmática: una Iglesia en salida. “Aquí descubrimos otra ley profunda de la realidad: que la vida se alcanza y madura a medida que se la entrega para dar vida a otros. Eso es en definitiva la misión” (EG 10).
3.      Una respuesta en el ambiente: la Universidad. ¿A qué nos remite que nuestra presencia no puede ser intimista o reducida a lo privado?
4.      Una fe que cubre toda la vida. “Esta salvación, que realiza Dios y anuncia gozosamente la Iglesia, es para todos, y Dios ha gestado un camino para unirse a cada uno de los seres humanos de todos los tiempos” (EG 113).
5.      La moralidad no es cumplimiento sino que es tensión. Si la naturaleza del cristianismo es un acontecimiento (la persona misma de Jesús), lo que pide no es ser bueno sino seguirlo. ¿Qué descubrimos de novedoso para ayudarnos a afrontar la situación actual que vivimos en Venezuela? ¿Cuál puede ser nuestro aporte como Iglesia presente en la Universidad?
El trabajo en grupo fue realmente serio y productivo. Ahí es cuando los jóvenes estudiantes tomaron el protagonismo y se desató una interesante discusión con mucho respeto, con claridad y sinceridad. La realidad de Venezuela presentada por los estudiantes es dramática y sus luchas sacrificadas. Un gran aprendizaje de amor y compromiso social desde la fe cristiana y sus convencimientos democráticos. Esto dio a luz un documento denominado: “Manifiesto final del VIII Encuentro Nacional de Pastoral Universitaria”.
Lo que más nos llama la atención es el cómo se ven ellos (los estudiantes venezolanos) frente al país que sufren. Dicen que, entre ellos, existen los que luchan indignados, los que luchan esperanzados, los indiferentes, los que están confundidos, los silenciados y los que sostienen un compromiso ideológicos. Ahora bien, afirman en el manifiesto, que no se pretende plantear soluciones a la problemática que vivimos, “ no se trata, pues, de una postura ideológica que se contrapone a otros o se pone como una tercera vía, sino, una postura ante la realidad que permite ver mejor lo que acontece”.
Manifiestan: “Nos parece importante aclarar que Cristo no es un héroe que vino a solucionar o eliminar nuestros problemas, sino a relacionarnos de otra forma con ellos. Cristo está presente en medio de nosotros para reconocernos plenamente humanos en Él, para restituir constantemente nuestra dignidad de personas, para ser protagonistas en el mundo de lo que verdaderamente cambia al hombre y a la sociedad: una comunidad cristiana viva dentro de la Universidad”. Y concluyen: “El papa Francisco nos ha invitado a salir, a callejear la fe… Animamos así a todos los jóvenes y universitarios en general, a que no tengan miedo a anunciar y vivir a Jesucristo, que expresen con valentía, creatividad, libertad y profundo respeto al otro, lo que creen, lo que esperan, lo que le da un horizonte nuevo y definitivo a la vida, al fin y al cabo esto es la Universidad”.
Esto es, pues, el mejor fruto de nuestro VIII Encuentro Nacional de Pastoral Universitaria de este año 2014. En la Universidad Católica Cecilio Acosta hemos compartido esta experiencia con un grupo de estudiantes y profesores.