viernes, 21 de julio de 2017

Una crisis de larga duración en tiempo presente

Dr. Ángel Lombardi
Rector
Universidad Católica Cecilio Acosta
Arquidiócesis de Maracaibo
Texto leído en la Asamblea 73 de FEDECAMARAS: ¿Un nuevo pacto republicano o estado comunal?
 
El tiempo no tiene ni comienzo ni fin y por ello es que siempre nos encontramos en el centro del tiempo.”

J.L. Borges

La conciencia solo es posible desde la experiencia”

Kant

Todo lo real siempre es racional”.

Hegel

La libertad humana nunca es absoluta, su límite es el “Otro”; los “Otros” con quien estamos obligados a convivir, tolerar, respetar y eventualmente a ayudar en función de un Bien Común. La libertad con responsabilidad resume el principio ético-moral fundamental: desearle al otro el mismo bien que deseo para mí. 

Bertrand Russell recomendaba para la sobrevivencia de la especie, la tolerancia para la convivencia y la necesidad de atenernos a los hechos para entender la realidad.

Decía y sostengo que la libertad humana nunca es absoluta. No escogemos nuestro tiempo ni la sociedad y la cultura de la cual vamos a formar parte. Siendo lugareños emocionales, de lengua y costumbres predeterminadas, nuestra época nos obliga a la globalización. Asumirnos como habitantes de la casa común (Encíclica Laudato Si´ del Papa Francisco). Nuestra identidad culturalmente se amplía hasta niveles planetarios. Hemos creado una noosfera tecnológica-comunicacional en un contexto económico y geopolítico global.

Habitantes del tiempo, éste nos habita consumiéndonos y al mismo tiempo nos exige “consumir” el tiempo particular y en nuestro caso este tiempo venezolano tan difícil, atormentado y opresivo y es éste quizá nuestro principal desafío, intentar “comprender” lo que nos ha venido sucediendo para que, desde la lucidez, superar las dificultades, creativamente y asumir la crisis como tantas veces se ha dicho, como una oportunidad y no como una derrota.

Como Nación tenemos siglos de existencia en un largo mestizaje antropológico y cultural que nos hace particulares y universales a la vez.

Como Nación, a partir de 1492 fraguamos durante tres siglos en el colonialismo hispánico de la época y desde 1810-1811 optamos por la modernidad, al asumirnos como República Civil y desde el siglo XX, intentado desarrollar un proyecto democratizador de nuestra sociedad de economía moderna y un sistema político democrático.

Como todo proceso histórico de larga duración se ha progresado sin lugar a dudas, pero el progreso por definición no es lineal y en el camino permanentemente hay obstáculos que vencer y siempre con posibilidades ciertas de retroceso.

De la matriz hispánica europea africana y asiática surge la venezolanidad, como “un pequeño nuevo género humano”, emparentado directamente con el Continente Americano en su totalidad y particularmente en la región geo-política y económico-cultural que venimos llamando Latinoamérica.

La independencia, que recién acabamos de conmemorar los 206 años de la misma, fue un proyecto civil y civilizatorio tempranamente abortado por la guerra, la violencia y la anarquía que nos duró casi un siglo, hasta la derrota bárbara de los caudillos en 1903. No otra cosa fue nuestro siglo XIX, una larga y perniciosa guerra civil de una sociedad extraviada en la pobreza y las discordias. Solo en los 20 años de la guerra emancipadora se calcula una merma de nuestra población en 30%, y un 30% en la llamada guerra federal. 

Hay que esperar al siglo XX y el azar del petróleo para que Venezuela despierte de su letargo histórico y con el desarrollo demográfico, social y económico del país, surge y se desarrolla el proyecto político más importante de nuestra modernidad que no es otro que la Democracia, como proyecto político moderno del poder y la subordinación militar al poder civil. Separación y autonomía del poder y alternabilidad electoral, vía sufragios confiables.

Formalmente la Democracia venezolana, en términos electorales y políticos, surge en 1947, al establecerse el sufragio universal y el reconocimiento pleno de los partidos políticos y sindicatos. Proceso que se continúa de manera accidentada pero a la larga perfectible cuando en 1989 se logra establecer de manera legal la elección directa de gobernadores y alcaldes y en 1999, dentro de la discusión constituyentísta de la época, se logra establecer en la nueva Constitución, la actual, el principio fundamental de la Teoría Política moderna como es el Principio de la Soberanía Popular que viene a sustituir el viejo principio del derecho divino del poder. Tal como dijera John Locke, al apelar los pueblos a la consulta popular están apelando al Cielo. No otra cosa es nuestra genética democrática, no una serie de principios abstractos sino la concreción histórica de esos principios en leyes y constituciones y en la práctica política concreta. En la genética de todas las sociedades modernas está la aspiración legítima a vivir mejor, como individuos y como colectividad (este fue el gran descubrimiento del pensamiento liberal y que los intelectuales llamaron la idea de progreso) educar, formar y darle oportunidades a cada individuo y a través de la libertad individual y con las garantías del Estado de Derecho posibilitar y permitir que toda la sociedad progrese y si en el camino del desarrollo se producen rezagos o marginación por diversos motivos la Sociedad y el Estado, en función del Bien Común, y de acuerdo al Principio de Subsidiariedad y Complementariedad, se ocuparán de desarrollar las políticas pertinentes que permitan de alguna manera hacer real el principio de la igualdad. El fracaso de estas políticas en garantizar el mayor equilibrio posible en la sociedad permitió desarrollar dos deformaciones políticas e ideológicas que por comodidad y reduccionismo terminamos llamando “populismo”, y su complemento de burocratismo-electoral-clientelar. En la medida que el proyecto democrático se rezaga con respecto a las legítimas aspiraciones individuales y colectivas de libertad, ascenso social y bienestar, nuestros sistemas democráticos entran en crisis y cada tanto tiempo el autoritarismo y la dictadura nos amenazan (militarismo); pero igualmente esa utopía fracasada que es el marxismo, al renunciar como proyecto político-social a la democracia, termina en el conocido y terrible comunismo real, cuyo fracaso y espejo más cercano es el castro-comunismo que en mala hora sigue proyectando su sombra sobre el proyecto político nacional-autoritario que surgiera a la luz pública en 1992, se hizo gobierno por voto popular en 1998 y en los últimos años, atrapado en su propia lógica de intereses perversos está comprometiendo fuertemente la paz social, el desarrollo económico, y la propia convivencia entre los venezolanos.

Nuestro país se puede caracterizar como un sistema social no cristalizado, en donde los diversos grupos y clases sociales están en permanente hibridación sin terminar de definirse y asumirse desde una identidad conclusiva y su respectiva conciencia de clase. En ese sentido podemos hablar de una burguesía en formación, igualmente unas clases medias que no terminan de definir sus límites socio-económicos y una marginalidad difusa desde el punto de vista de su actividad social y económica. Un buen ejemplo es la información que el 96% de nuestras empresas están constituidas por grupos familiares en donde la tradición y los intereses creados tienden a ser mucho más importantes que los procesos de cambio e innovación tan necesarios en los tiempos de la sociedad del conocimiento y de la globalización generalizada.

En el orden político, igualmente existen unas carencias importantes que se manifiestan fundamentalmente en la precariedad institucional y el débil apego al respeto a la Ley. El poder se concibe más como poder-dominación que poder-gobierno-servicio.

Resumiendo, diría, que en este caminar histórico de los últimos dos siglos hemos sufrido distorsiones que urge corregir: un presidencialismo exacerbado, monarcas sin corona, y la fortuita riqueza petrolera no han logrado superar el horizonte de una economía colonizada, dependiente, parásita, cuyo eje, principio y fin es la minería petrolera, ampliado a la minería en general que se sigue asumiendo desde una ley colonial de la monarquía que otorga al Estado toda la propiedad del subsuelo.

La otra distorsión convertida en enfermedad política es el presidencialismo; no es una maldición, la aupamos y mantenemos nosotros mismos así como el petróleo tampoco puede ser asumido como un fatalismo negativo, sino como lo que debe ser, una oportunidad para todo el país, no solamente para enriquecer a una minoría y para que ejerza el poder esa misma minoría.

No hay tarea más importante y urgente, y perdonen la simplificación y el barbarismo lingüístico, que: Desestatizarnos, Despresidencializarnos y Despetrolizarnos. En el primer caso, poner a funcionar de manera adecuada el sistema democrático y en el segundo caso independizar nuestra economía de la dependencia petrolera (aunque entiendo que esto tiene que ser de manera progresiva e inteligente) y quizá lo más importante de todo el cambio de mentalidad de todos los venezolanos frente al poder político y frente a la economía petrolera, y entender de una vez por todas que la única riqueza de un país es su población, educada, saludable, con trabajos productivos y niveles de vida que les permita desarrollar a cada uno sus posibilidades y potencialidades humanas, en una sociedad del conocimiento, globalizada en cambio y transformación permanente.

Hay que desterrar de nuestra mentalidad lo de país o sociedad joven, antropológicamente venimos de milenios de evolución humana. Como Nación tenemos más de cinco siglos. Como Estado tenemos un desarrollo de más de dos siglos y definitivamente el Dorado no existió ni existe ni va a existir sino en función de la riqueza que entre todos los venezolanos podamos crear y disfrutar.

La libertad no permite otra definición sino desde la responsabilidad de cada uno, de todos. En la sabiduría oriental se afirma que si cada ser humano cumpliera a cabalidad con sus responsabilidades seríamos libres y no haría falta gobierno alguno.

La Historia no puede seguir siendo mitología consoladora, ni literatura de evasión, la realidad no existe sino como hecho y sus consecuencias. En el siglo XXI las ideologías terminan siendo supersticiones fanáticas. No hay doctrina política sino la doctrina de los Derechos Humanos y en sentido progresivo estos derechos desarrollados como protección y posibilidad de todos los habitantes de la tierra y de la tierra misma.

Asumir los hechos y la tolerancia, para convivir en la diversidad y las diferencias. El futuro siempre es precario e incierto, pero de nosotros depende que pueda ser mejor para todos. Hay que educarse en la construcción del futuro a ser contemporáneos del mismo. Siempre estamos en el “centro del tiempo” y en esta centralidad conflictiva de los últimos años, meses y días el desafío no es el riesgo de un Estado comunal fantasmagórico y amenazante, al cual habría que denominar de manera apropiada lo que es en realidad un proyecto totalitario de sociedad, sino entender que vencida la amenaza del autoritarismo-totalitario hay que seguir en el empeño de la construcción de una República de hombres virtuosos y leyes convenientes, y en esa perspectiva, acceder con confianza al siglo XXI que demanda por nosotros ya que llevamos un atraso de 17 años.

miércoles, 28 de junio de 2017

Ser Párroco de Santa Teresita del Niño Jesús de Amparo

Ser Párroco de Santa Teresita del Niño Jesús de Amparo
Nada más que un feliz testimonio sacerdotal
Pbro. José Andrés Bravo Henríquez

          Por la gracia de Dios, Comunidad Divina de Amor, del Padre amante, el Hijo amado y el Espíritu Santo de amor, soy cristiano por el bautismo y presbítero por la ordenación sacerdotal recibida hace casi treinta y siete años, en esta maravillosa Iglesia local de Maracaibo. He experimentado los más grandes dones de amor recibido de Dios y vivido entre el pueblo. He sido párroco casi toda mi vida de consagrado, en una parroquia rural como la de Nuestra Señora del Carmen de El Carmelo (Cañada-Urdaneta); en una parroquia de un barrio popular de ahora municipio San Francisco, Nuestra Señora de Guadalupe de Sierra Maestra; de una parroquia de élite situada en plena avenida 5 de Julio de nuestra Ciudad de Maracaibo, San José; de una parroquia del casco central de Maracaibo como Santa Bárbara; de la parroquia de más grande significación por ser dedicada a la patrona zuliana Nuestra Señora de Chiquinquirá, la Basílica de La Chinita amada. Hasta ser párroco fundador de la parroquia personal universitaria San Juan Crisóstomo y San Juan Pablo II, siendo capellán de la Universidad del Zulia.
          Otras misiones no menos importantes y con una carga valiosa de experiencia amorosa que me hacen sentir a la Iglesia como sacramento de comunión universal, peregrina por estos pueblos del Zulia. He sido, pues, vicario parroquial de la misma Parroquia Nuestra Señora de Chiquinquirá y San Juan de Dios acompañando a Mons. Roberto Lückert; también he sido vice-rector del Seminario Mayor Santo Tomás de Aquino acompañando al padre Eduardo Ortigoza; director del Centro Vocacional y responsable de la pastoral vocacional y juvenil de nuestra Arquidiócesis; canciller-secretario de la Curia Arquidiocesana; capellán del Hospital Noriega Trigo; administrador parroquial de la parroquia San Rafael Arcángel de El Moján; capellán de la Universidad del Zulia y de la Universidad Católica Cecilio Acosta; vicario episcopal de pastoral; director general del Instituto Niños Cantores del Zulia; rector del Templo San Tarsicio; asesor de la Acción Católica de Maracaibo y del Foro Eclesial de Laicos; profesor de teología y filosofía en el Seminario y en la Universidad Católica Cecilio Acosta; escribo y dicto conferencias, especialmente de doctrina social de la Iglesia. Como si fueran pocas las gracias recibidas por el Señor, tuve dos años de receso misionero para realizar estudios teológicos en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Con todos estos servicios que he ejercido, unas veces bien otras no tan bien, con aciertos y con errores, testimonio mi amor a la Iglesia, casa-escuela-taller de comunión.
          Todo esto lo expreso hoy con un espíritu de agradecimiento, para aclamar al mundo mi inmensa felicidad de seguir sirviendo a Dios y a su pueblo desde mi amada Iglesia Católica como sacerdote. Porque estoy absolutamente convencido de que no se puede tener a Dios por Padre si no se tiene a la Iglesia por Madre, como lo diría san Cipriano en el siglo III de la era cristiana. Porque el fundamento de la comunión fraterna es la comunión de hijos con el Padre del Hijo amado. Es decir, si somos cristianos, seguidores de Jesús, somos hijos de su Padre eterno que con su Espíritu Santo nos convierte en una familia de hermanos que es la Iglesia. Somos cristianos, por lo tanto, somos Iglesia.
          Pero, lo hago en el momento en el que finalizo una de las misiones más bellas y enriquecedoras de mi vida sacerdotal, ser párroco de esta hermosa comunidad parroquial Santa Teresita del Niño Jesús del humilde sector Amparo, donde se alaba a Dios, se proclama su Palabra, se celebra la Eucaristía y se santifica con los sacramentos, la oración y toda clase de actos piadosos, bajo el patrocinio de la santica de Lisieux y su caminito de la infancia espiritual. Santa Teresita, humilde, sencilla, generosa y amorosa como Amparo. Después de casi doce años viviendo con esta comunidad, tengo el honor de testimoniarlo con responsabilidad. Siempre lo dije, me siento orgulloso de ser párroco de esta comunidad.
Ya desde mis primeros años de sacerdote visitaba esta comunidad que crecía cada vez más con el esfuerzo de muchos de sus feligreses, como una capilla filial de nuestra madre parroquia Nuestra Señora de Lourdes. Revisando el archivo parroquial me encontré un escrito donde se agradecía a Dios los veinticinco años del templo de Santa Teresita del Niño Jesús. De ahí pude recoger varios datos significativos que vale la pena recordar para seguir siendo agradecido al Amor Divino. Según este interesante testimonio, nuestro templo se construyó con mucho esfuerzo comunitario, para recabar fondos y poder comprar materiales de construcción.
Gracias a la dirigencia de los laicos más activos de esta comunidad, acompañado por el Arzobispo Mons. Roa Pérez, se logró la donación del terreno y la mano de obra de parte de los poderes públicos del Estado.
En el archivo parroquial reposa el documento que testimonia la donación por parte del entonces Concejo Municipal del Distrito Maracaibo a la Arquidiócesis de Maracaibo del terreno donde hoy está construido este Templo Parroquial. Este acto de donación del terreno fue autorizado por sesión de la Cámara Municipal de los días 6, 20 y 27 de junio de 1973. No fue sino el 5 de octubre de 1975 cuando se coloca la primera piedra y el 18 de marzo de 1978 se abre y bendice el Templo dedicado a Santa Teresa de Lisieux, carmelita nacida el 2 de enero de 1873, quien ofreció un legado espiritual muy hermoso conocido como el caminito de la infancia espiritual que vivió en el amor a Dios y al prójimo como su vocación cristiana.
Muchas son las personas a las que debemos agradecer, sería muy mezquino de nuestra parte no recordarlo. Pero, no puedo hacerlo hoy porque es posible que olvide a algunos. Detrás de cada uno de ellos están sus familias, así se alarga más la lista. Me disculpan que sólo nombre a la Sra. Berenice de Bermúdez, responsable de la Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús, y a la Sra. Edita de Rincón, responsable de la Pía Unión de Santa Teresita del Niño Jesús. Sólo un nombre más que es recordado con mucho cariño, el Sr. Ramón Molina quien, además de ser por mucho tiempo custodio fiel del Templo, antes prestaba su casa de habitación para que pudiera celebrarse la Eucaristía. A nuestros pastores, Mons. Domingo Roa Pérez quien acompañó a esta comunidad y bendijo el Templo y a Mons. Ubaldo Santana que creó la parroquia. A los párrocos que han servido en la parroquia Nuestra Señora de Lourdes, especialmente el padre José Molero quien representa el esfuerzo y amor de todos sus antecesores. Memoria agradecida para una larga lista. Un dato más, donde el muy querido Mons. Guillermo González Fuenmayor es el principal protagonista, porque a él se debe la formación de la Pía Unión y la donación de la reliquia de nuestra patrona que reposa venerada en nuestro templo. Sin duda, lo testimonia el escrito de acción de gracias citado, el padre Laudi Zambrano es digno también de nuestro recuerdo agradecido.
Un día, por la eficiente dirigencia del bien amado padre José Molero y la sabia decisión de nuestro padre y pastor Mons. Ubaldo Santana, fue elevada Parroquia en la mañana de la cuaresma dominical del seis de abril del año dos mil tres, siendo el privilegiado primer párroco el muy querido padre José Gregorio Montenegro. Esa mañana dominical yo acompañaba al padre Eduardo Ortigoza quien, como vicario general de nuestra Arquidiócesis, presidia la celebración solemne en nombre del Arzobispo. En ese mismo momento, le expresé al padre Ortigoza que yo envidiaba esta parroquia. Me escuchó el Señor, porque a los veintisiete meses después, en la Eucaristía dominical del once de septiembre del año dos mil cinco, solemnidad de Nuestra Señora de Coromoto, patrona de Venezuela, recibía a esta Comunidad Parroquial Santa Teresita del Niño Jesús como su párroco, bendito día mariano que me donó tan grande honor.
Un importante legado recibí ese momento de los sucesivos párrocos de la parroquia madre, de varios sacerdotes que aquí sirvieron y, especialmente, de su párroco fundador el padre Montenegro. Una organización, una historia, mil desafíos. Durante los primeros días recibí a todos los que hacían vida pastoral, a sus principales líderes y a los más comprometidos. Escuchar y tomar nota fue el inicio en la primera semana.
Esa misma semana me reuní con el equipo de catequistas, todos renunciaron. Pero, a los meses fueron regresando muchos de ellos y, con otros que se unieron, después de un taller o curso del Secretariado Arquidiocesano de Catequesis, se formó un nuevo equipo de catequistas y comenzamos la formación cristiana para que los niños y jóvenes, en un itinerario formativo fueran recibiendo los sacramentos de iniciación cristiana.
Con insistencia he dado un gran valor a la catequesis y he orado constantemente para que en mi parroquia el Señor suscite abundantes vocaciones para la catequesis, el servicio pastoral más importante de una comunidad cristiana. Como lo afirma el Concilio Plenario de Venezuela, “ser catequista es una vocación. Se es catequista por un llamado de Dios para el servicio de la Iglesia… Ser catequista no se confunde con ningún otro ministerio. Sólo en la medida en que el catequista descubra la especificidad de su vocación y servicio y viva el sentido de pertenencia a la Iglesia, asumirá su misión con propiedad y se preocupará por cultivarla” (Concilio Plenario de Venezuela, La Catequesis 86-87).  Hoy lo entrego al nuevo pastor seguro de que lo va apreciar.
A los pocos días realizamos una asamblea parroquial con una asistencia extraordinariamente significativa. En ella estaban representados todos los grupos y aquellos no asociados a ningún grupo. Ahí decidimos juntos el horario de las Eucaristías diaria y dominical, horario de despacho y otros servicios comunes. Tomando en cuenta la situación de inseguridad que desde mi inicio es una de las debilidades de este sector. Poco a poco fuimos todos tomando nuestras responsabilidades al servicio de Dios y de su pueblo a nosotros encomendado. Una de los más bellos aprendizajes en mi formación sacerdotal es que el mismo pueblo es quien nos enseña el cómo debemos servirlo. Así quise hacerlo.
En estos momentos reciben ustedes un nuevo párroco, un nuevo pastor, un nuevo camino, la historia sigue pero renovada, en crecimiento. Reciban mis felicitaciones porque hoy el Buen Pastor les regala un buen pastor, el padre José de Jesús Palmar Morales, mi hermano y amigo de muchos años, que recibe una bella comunidad. Así pues, desde este momento su párroco es el Pbro. Lcdo. José de Jesús Palmar Morales, cura de barrio como le gusta ser. Estudió filosofía y teología en el Seminario Interdiocesano Santa Rosa de Lima de Caracas y comunicación social en nuestra Universidad Católica Cecilio Acosta. Nació el día primero de octubre de 1961, fiesta de nuestra venerada santa Teresita. Dios me dio la gracia de compartir con su hermosa familia, su mamá María Chiquinquirá de la etnia Añú, su papá José Ramón de la etnia Wayuu, pero mi hermano José y su hermana Charito nacieron y se criaron en el Saladillo. Mons. Domingo Roa Pérez le impuso las manos y pronunció la oración consagratoria ordenándolo el día 14 de agosto de 1988, solemnidad de la Asunción de la Virgen, en la Basílica de nuestra Sagrada Dama del Saladillo. Recuerdo con cariño que el neo-sacerdote José me pidió le predicara su primera Misa.
Te felicito padre Palmar porque ese mismo Buen Pastor te regala un buen rebaño, una gran Comunidad Cristiana. Con sueños e ilusiones, que cree y ama, que confía en ti y te respeta desde ya porque antes de que llegaras te ofrecimos cada Eucaristía. Esta parroquia es buena y generosa, como todo rebaño, necesita de tus cuidados, de que sanes sus heridas y cures sus enfermedades, que la mantengas sana y activa, que la orientes por el camino del bien, que como buen pastor seas su valiente defensor para que ningún lobo feroz la destruya. Estoy absolutamente seguro que el Dios bendito, el amor misericordioso, te ayudará en ésta, tan importante misión apostólica.
El padre Palmar es un sacerdote con celo pastoral y entrega total, generoso y bien formado, inquieto en su caridad social y servicio de la justicia, furioso defensor de los derechos humanos, amante de la Iglesia tanto como es amante del pueblo venezolano, piadoso, mariano amante de la Virgen de Chiquinquirá hasta lo más hondo de su ser, en pocas palabras, un buen pastor. Es el pastor valiente que es capaz de enfrentarse a cualquier lobo que quiera atentar contra su rebaño.
Así pues padre, aquí tienes a la Pía Unión Santa Teresita del Niño Jesús. Es un grupo de mujeres adultas, jóvenes y niñas que tiene la misión de vivir, enseñar y fomentar el caminito de la infancia espiritual de Santa Teresita. La devoción a nuestra patrona es el corazón amoroso que sostiene esta parroquia. Enséñale la vida, la obra y la espiritualidad de Santa Teresita para que cada socia de la Pía Unión viva la vocación de amar que la Santa Carmelita vivió. Esta asociación piadosa nace el primero de abril de mil novecientos setenta y nueve, ahora ha parido un grupo de veintiún hombres que el pasado primero de octubre, fiesta patronales, se juramentaron como los Caballeros de Santa Teresita. Juntos organizan la fiesta haciendo que todos los grupos y la comunidad participen.
Esta fiesta en honor a Santa Teresita del Niño Jesús, consiste en el traslado de su imagen a la carroza de veneración especial, la novena celebrada del 22 al 30 de septiembre de cada año. El primero de octubre es el día glorioso de la santa patrona que celebramos con la Eucaristía solemne y la procesión. Del 2 al 4 de octubre le ofrecemos el triduo, el domingo siguiente salimos en caravana con la imagen de Teresita por las calles, avenidas, callejones, veredas y caminos de Amparo. Concluye las fiestas con el traslado de la imagen de Santa Teresita a su sitio habitual de veneración. Hay bendiciones de los niños y pétalos de rosas, ofrendas de flores de los niños, besos a la reliquia.
Aquí también tienes a la Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús que tuvo una muy significativa transformación. También es uno de los primeros grupos de esta comunidad. Hoy la entrego rejuvenecida. Está formada de mujeres adultas, jóvenes y niños. También han integrado jóvenes varones. Su principal misión es la adoración al Santísimo Sacramento y la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Se han hecho responsables de la Virgen peregrina por los hogares de la parroquia desde el mes de mayo hasta el fin del año litúrgico. De igual manera también el Corazón de Jesús visita los hogares desde el mes de junio. Tienen la responsabilidad litúrgica de todos los primeros viernes de cada mes que comienza con la adoración al Santísimo Sacramento. Muchas otras iniciativas han surgido de esta Sociedad Religiosa, desde su renovación. Aunque participaron todos los grupos, esta Sociedad se hizo cargo de las actividades del Año de la Misericordia.
He aquí al equipo de Pastoral Bíblica que, a mi juicio, es una bendición para nuestra comunidad cristiana. Estudian, meditan, celebran, viven y proclaman la Palabra de Dios. Esta experiencia pastoral responde a las líneas de acción que el Concilio Plenario de Venezuela nos plantea, “entregar la Biblia al pueblo”, que implica estudio semanal ayudando a que los cristianos se encuentren con el Señor, se entreguen a Él, le sigan y le sirvan. El anuncio de la Palabra que convoca para formar la comunidad y alimenta al cristiano para su santificación. Es decir, hacer “de la Biblia la base fundamental de la predicación y la renovación” (Concilio Plenario de Venezuela, La proclamación profética del Evangelio de Jesucristo en Venezuela 154).
También te entrego al grupo de Renovación Carismática en el Espíritu de nuestra parroquia que se hace sentir con su carisma pentecostal. Su misión es el fomento de la vivencia del Espíritu Santo en la comunidad. La oración y la proclama de la Palabra de Dios les sostienen. Son los que visitan con sus oraciones de sanación a los enfermos de la comunidad. Uno de sus mayores aportes, buscando la participación de todos los demás grupos, es la organización y conducción de la fiesta de Pentecostés. Consiste en una fiesta fraterna donde se canta y se alaba al Señor, se ora, especialmente por la sanación, se anuncia la Palabra de Dios y se comparte una sencilla enseñanza y el ágape de fraternidad.
Al comienzo de mi misión como párroco, organizamos un espacio para la formación de todos los feligreses denominado “Escuela de Comunión”. Se trata de pequeños encuentros donde, bajo mi conducción, pudimos leer e interpretar todo el libro del Génesis y el libro del Éxodo como historia de la salvación. Un curso de liturgia conducida por el diácono Juan José Pérez y su esposa Mary Carmen. También participamos del diplomado de Doctrina Social de la Iglesia que dirigió la Conferencia Episcopal Venezolana con el Consejo Nacional de Laicos avalado académicamente por nuestra Universidad Católica Cecilio Acosta. Lamentablemente, la peligrosidad del sector azotado por la inseguridad personal, hizo difícil la realización de mayor formación, aún con la conciencia de la gran responsabilidad que teníamos.
Con toda la Iglesia Universal, en nuestra comunidad parroquial vivimos con especial relevancia la liturgia, especialmente los tiempos más importantes como Cuaresma, tiempo de camino de la pascua, de penitencia y conversión, de compartir. Este tiempo, se celebra el Vía Crucis el miércoles de ceniza y todos los viernes cuaresmales, un retiro parroquial que lo realizamos en la casa de las carmelitas en Suramérica, grandes amigas y colaboradoras de esta comunidad. Consiste en un encuentro espiritual con oraciones, reflexiones y compartir fraterno. Hemos tenido hasta 109 asistentes en ese retiro. Se vive la pascua con gran esplendor y culminamos con la fiesta de Pentecostés que ya he mencionado.
Otro tiempo de profundidad espiritual y litúrgica es el adviento y navidad. Las Eucaristías de Aguinaldos forman el mayor esfuerzo pastoral de los diferentes grupos y las familias. La fiesta de navidad y de año nuevo hasta la epifanía y el bautismo del Señor. Podría decirse que la caridad y la solidaridad con los más necesitados es el punto más relevante de navidad.
En lo litúrgico, merece especial mención con mi agradecimiento sincero, al Coro Parroquial. Su ministerio no es el menos importante, por el contrario, este grupo hace el esplendor más participativo y la belleza espiritual más profunda de cada acto. Una de las cuestiones que admiro del coro es una espléndida profundidad en la armonía de sus cantos con el sentido de cada celebración. Así, por ejemplo, una Eucaristía por la paz, los cantos sobre la paz. También tenemos un Ministro que está formándose para el Diaconado Permanente, Mervin Rincón.
Hemos organizado la liturgia eucarística dominicales de forma que cada grupo apostólico y equipo de pastoral se hace responsable durante un mes, así hemos logrado mayor participación.
Muy queridos hermanos, al terminar esta etapa de mi vida sacerdotal entre ustedes quiero agradecer sus servicios amorosos. Ya tendré la oportunidad de particularizar personalmente mi agradecimiento, pues, sé dónde viven. Aquí jamás me faltó ayuda, ni para abrir el templo, ni en el servicio del altar, ni en actividad alguna, por muy difícil que fuera. Eso sí, he tenido mucho cuidado en que el servicio pastoral en nuestra parroquia no los aparte ni le impida su compromiso con la familia, con sus trabajos, con sus estudios, con sus responsabilidades ciudadanas. Por el contrario, les impulsa a vivir mejor esos compromisos primarios. El servicio pastoral debe hacer crecer sus familias, si no es así, no vale la pena la pastoral.  En fin, en todo me sentí bien servido y la comunidad bien servida. Un abrazo de corazón a corazón para cada uno de ustedes.
Cuando dejo este lugar, Mons. Ubaldo Santana me confía otras misiones. Desde ya soy el Director del Centro Arquidiocesano de Estudios de Doctrina Social de la Iglesia, misión que realizo desde la Universidad Católica Cecilio Acosta. Al decirle hasta luego, también les digo que sigo a su servicio porque este Centro de Estudio que dirijo es para servirles a ustedes.
Hoy nuestro Arzobispo, Mons. Ubaldo Santana preside esta Asamblea Eucarística como signo de su confirmación en la fe, como el pastor y padre de todos. Gracias Monseñor, por su presencia, gracias por su confianza cuando me nombró párroco de esta comunidad y cuando ahora me coloca al frente de un nuevo organismo de formación, con grandes responsabilidades. Gracias por su consagración, por su bondad y comprensión.
Siempre me verán por aquí, sé dónde tomar el café mañanero y dónde comerme una sabrosa arepa, sé dónde se hace el mejor arroz con leche, el hervido y la hallaca de mejor calidad. Sé dónde me arreglan mi carro y dónde me regalan cambures. También sé dónde me lavan la ropa con el mayor cuidado y mejor cariño. En fin, sé dónde hay cariño y, se los he dicho, donde me tratan bien me tienen que sacar por la fuerza.
Gracias, Dios los bendiga.

sábado, 29 de abril de 2017

La Comunidad Política y la Iglesia Católica


La XI Semana de la Doctrina Social de la Iglesia
La Comunidad Política y la Iglesia Católica
Pbro. MSc. José Andrés Bravo Henríquez
Director del Centro de Estudios de Doctrina y Praxis Social de la Iglesia
Universidad Católica Cecilio Acosta
Arquidiócesis de Maracaibo
          El año pasado la Arquidiócesis de Maracaibo realizó la X Semana de la Doctrina Social de la Iglesia con una feliz novedad que garantizó el éxito que, en un comienzo, no esperábamos, pero se logró con la gracia de Dios y la perseverante dirigencia de un grupo significativo de cristianos. ¿Cuál novedad? Ese año, además de la Universidad Católica Cecilio Acosta (UNICA) y el Foro Eclesial de Laicos, se integró un nuevo grupo de personas creyentes, competentes, responsables y consecuentes, que hacen vida de comunión cristiana en la parroquia “San Antonio María Claret”, identificándose como “DSI Padre Claret”, bajo el extraordinario liderazgo pastoral del Pbro. MSc. Ovidio Eduardo Duarte Torres. Contamos, además, con el eficiente y generoso servicio de personas de los diversos grupos apostólicos de tan importante comunidad parroquial de nuestra Arquidiócesis.
          Se realizó, pues, unas jornadas de alta calidad durante la segunda semana litúrgica de cuaresma del año 2016, sobre el tema Contribución y Desafíos de la DSI en el siglo XXI. Más bien, en la Venezuela del siglo XXI, porque es esta realidad concreta la que nos inspiró y nos exigió una respuesta. Temas como la persona humana y sus múltiples dimensiones, los derechos humanos, los principios de la doctrina social, los valores fundamentales de la vida social y el compromiso social del laico católico, configuraron el evento. A la vez, se realizó en la hermana Diócesis de Cabimas con la Pastoral Social y la Pastoral Universitaria, donde le brindamos apoyo con el tema de la formación política del cristiano.
          Esto suscitó muchas inquietudes y nos planteamos el reto de no quedarnos satisfechos, necesitamos lanzarnos a nuevas acciones. Recordamos que hace algunos años nos comprometimos a que estas Semanas de la Doctrina Social de la Iglesia se desarrollaran, de alguna manera, durante todo el año. El reto de convertir la “semana” en un “año”, renace entre nosotros con mayor fuerza. No estamos dispuestos a esperar que pasen los meses para organizar la siguiente actividad. Siempre con el objetivo principal de formar y difundir la Doctrina Social de la Iglesia (DSI). En este sentido son numerosas las llamadas que el Magisterio Eclesial nos hace, como muestra, les dejo como referencia el numeral 793 de la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (Puebla):
“En nuestro continente latinoamericano, marcado por agudos problemas de injusticia que se han agravado, los laicos no pueden eximirse de un serio compromiso en la promoción de la justicia y del bien común, iluminados siempre por la fe y guiados por el Evangelio y por la Doctrina Social de la Iglesia, pero orientados a la vez por la inteligencia y la aptitud para la acción eficaz”. Citando a Juan Pablo II, sigue: “Para el cristiano no basta la denuncia de las injusticias, a él se le pide ser en verdad testigo y agente de la justicia”. 
Por tal motivo, animados por esta reflexión que hicimos juntos, proyectamos un taller para celebrar el aniversario 125° de la encíclica Rerum novarum del papa León XIII que dio comienzo a la doctrina social en la era contemporánea. Además, celebramos el 25° aniversario de la encíclica Centesimus annus de Juan Pablo II. El referido taller se realiza el domingo 29 de mayo de 2016 con 63 participantes. Se centra en la naturaleza de la doctrina social, su historia y su relación con la evangelización. La excelente organización y la significativa participación de los asistentes, no sólo de la parroquia Claret donde se realizó, sino de otras comunidades cristianas, se hizo con un éxito mayor, el sábado 23 de julio con 92 personas que no habían asistido a la anterior cita.
Durante un año, el grupo organizador se reunió todos los martes, con muy pocas excepciones, para conversar, planificar, avaluar, hacernos preguntas y buscar respuestas, para estudiar posibilidades y ver la viabilidad de algunas otras actividades. Aún tenemos pendiente los conversatorios con empresarios sobre esta doctrina social que les brinda valores para el enriquecimiento personal y empresarial, desde el punto de vista más integral del desarrollo humano. También el conversatorio con los jóvenes, con la exigencia de hacerlo más dinámico. Son tareas pendientes de gran interés que no queremos abandonar.
Por este camino hemos llegado a la organización de la XI Semana de la Doctrina Social de la Iglesia, celebrada del 12 al 17 de marzo de 2017, segunda semana de cuaresma. El tema central y los temas específicos, los expositores, la logística, la estrategia comunicacional, el financiamiento, entre otras muchas cosas, nos mantuvo ocupados con seriedad y eficiencia. Realmente, las diversas comisiones trabajamos con excelente competencia. Muchas discusiones, encuentros y desencuentros, duros debates y al final todos andamos por el mismo objetivo. Mucha colaboración y generosidad, constancia y perseverancia, esfuerzo inteligente, acción continua, nos llevó al éxito que hoy ofrecemos al verdadero autor de esta obra, Dios-Amor revelado por el Hijo amado que, con el Padre amante, nos da el Espíritu Santo de amor Comunional.
El capítulo ocho del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia sobre “la comunidad política” nos sirve de base fundamental. De ahí diseñamos los contenidos de cada conferencia, centrados en el tema: “La Comunidad Política y la Iglesia Católica”, de suma actualidad y urgente necesidad en la actual sociedad venezolana. Uno de los mayores desafíos de la Iglesia peregrina en Venezuela es, sin lugar a dudas, la formación política del cristiano. El Concilio Plenario lo denuncia como una sombra en su documento “La Contribución de la Iglesia a la Gestación de una Nueva Sociedad” (CIGNS):
“En el campo de la política, escenario donde se configuran las leyes y se toman las grandes decisiones, se evidencia la escasez de laicos formados en la fe y específicamente en la Doctrina Social de la Iglesia, que influyan significativamente en las decisiones que afectan a la nación, particularmente en los campos como la familia, la defensa de la vida, la educación y la libertad religiosa” (CIGNS 66).
“Se constata en algunos cristianos una actitud pasiva en participar en la vida de sus comunidades y del país, dejando a un lado la responsabilidad social y política, la cual es insoslayable para cualquier persona como miembro de una sociedad. Esa apatía e indiferencia contraría el compromiso cristiano con la comunidad para la construcción de un nuevo país” (CIGNS 69).
          Es un llamado que el papa Francisco hace con la fuerza renovadora de del Evangelio de Jesús. Así lo expresa en el cuarto capítulo de su exhortación apostólica Evangelii Gaudium (EG), titulado “La Dimensión Social de la Evangelización”. Es claro al afirmar que “ya no se puede decir que la religión debe recluirse en el ámbito privado y que está sólo para preparar las almas para el cielo. Sabemos que Dios quiere la felicidad de sus hijos también en esta tierra, aunque estén llamados a la plenitud eterna” (EG 182). A continuación, explica:
“Por consiguiente, nadie puede exigirnos que releguemos la religión a la intimidad secreta de las personas, sin influencia alguna en la vida social y nacional, sin preocuparnos por la salud de las instituciones de la sociedad civil, sin opinar sobre los acontecimientos que afectan a los ciudadanos. ¿Quién pretendería encerrar en un templo y acallar el mensaje de san Francisco de Asís y de la beata Teresa de Calcuta? Ellos no podrían aceptarlo. Una auténtica fe —que nunca es cómoda e individualista— siempre implica un profundo deseo de cambiar el mundo, de transmitir valores, de dejar algo mejor detrás de nuestro paso por la tierra. Amamos este magnífico planeta donde Dios nos ha puesto, y amamos a la humanidad que lo habita, con todos sus dramas y cansancios, con sus anhelos y esperanzas, con sus valores y fragilidades. La tierra es nuestra casa común y todos somos hermanos. Si bien «el orden justo de la sociedad y del Estado es una tarea principal de la política», la Iglesia «no puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia. Todos los cristianos, también los Pastores, están llamados a preocuparse por la construcción de un mundo mejor. De eso se trata, porque el pensamiento social de la Iglesia es ante todo positivo y propositivo, orienta una acción transformadora, y en ese sentido no deja de ser un signo de esperanza que brota del corazón amante de Jesucristo. Al mismo tiempo, une «el propio compromiso al que ya llevan a cabo en el campo social las demás Iglesias y Comunidades eclesiales, tanto en el ámbito de la reflexión doctrinal como en el ámbito práctico” (EG 183).
En fin, suficientes causas para tan importante tema que da sentido a la XI Semana de la Doctrina Social de la Iglesia. Los temas específicos son:
1.     Los aspectos bíblicos-teológicos de la comunidad política: su fundamentación y el fin de la misma, es decir, la persona humana y el pueblo.
2.     La Iglesia y los derechos humanos: la vida política y el tutelaje de los derechos humanos, la relación entre la fe cristiana católica y la política, el pecado destructor de la sociedad.
3.     La autoridad política: el Estado y los principios que deben orientarlo, la fuerza moral, la objeción de conciencia, el derecho a la resistencia, los derechos y deberes de propiciar y conminar penas proporcionadas a la gravedad de los delitos.
4.     Los valores, instituciones e instrumentos de una democracia auténtica: el componente moral de la representación política, la participación e información cabal en una democracia digna de tal nombre.
5.     La comunidad política al servicio de la sociedad civil: el Estado y las comunidades religiosas, la libertad religiosa como derecho humano fundamental, la Iglesia y la comunidad política, autonomía e independencia.
Por supuesto que estos temas, cuidadosamente seleccionados, exigieron unos expositores excelentes y competentes. De esta manera invitamos a grandes personalidades nacionales de la vida eclesial y social de Venezuela: Mons. Ovidio Pérez Morales, arzobispo-obispo emérito de los Teques; Mons. Diego Padrón, arzobispo de Cumaná y presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV); el R.P. Luis Ugalde, sacerdote jesuita ex-rector de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) de Caracas; el Dr. Ramón Guillermo Aveledo, político y catedrático universitario; el Dr. Guillermo Yepes Boscán, letrado humanista político y profesor honorario de la UNICA; el Pbro. José Andrés Bravo, Director del Centro de Estudios de Doctrina y Praxis Social de la Iglesia de la UNICA; el Dr. David Gómez Gamboa, catedrático de la Universidad Rafael Urdaneta (URU), quien dictó una excelente conferencia sobre los derechos humanos en la Diócesis de Cabimas.
El segundo domingo de cuaresma de 2017, 12 de marzo, se inaugura el evento con la Eucaristía solemne presidida por nuestro arzobispo Mons. Ubaldo Santana quien, en su homilía nos exhortó sobre la urgente necesidad de la formación y participación del cristiano en la actividad política en un pueblo en conflicto y una muy grave crisis social, política y económica, que reta a la movilización activa y eficiente del cristiano. Igualmente señaló la importancia del gran evento eclesial que ofrecemos al Señor en la Eucaristía:
La Semana de Doctrina Social de la Iglesia en Maracaibo obedece a un imperativo del Magisterio pontificio, recogidos en el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, repercutido en Latinoamérica por todas las Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano y del Caribe y concretamente en nuestro país por el Concilio Plenario de Venezuela. Más concretamente hemos querido dar aplicación a las directrices pastorales contenidas en el documento conciliar venezolano “La contribución de la Iglesia a la gestación de una nueva sociedad”. Allí se considera el estudio, el conocimiento y la aplicación de los grandes principios y criterios de la DSI como una de las grandes herramientas para contribuir en la construcción de una Venezuela más justa, fraterna y solidaria.
          El lunes 13 de marzo a las nueve de la mañana en la sede principal de la Católica de Maracaibo, UNICA, con un público mayoritariamente de jóvenes estudiantes, escuchamos a Mons. Pérez Morales enseñando el aspecto bíblico-teológico de la comunidad política. Así iluminó el tema en cuestión desde la fe cristiana, en siete puntos:
1.     La línea teológico-pastoral como eje unificador y articulador del conjunto doctrinal y práctico del mensaje cristiano que es la comunión. Según Puebla, la comunión y la participación. Según el Concilio Plenario de Venezuela, la comunión y la solidaridad.
2.     La raíz y fuente de toda comunión es Dios-Trinidad (Comunidad Divina de Amor) que ha impreso su sello Comunional en toda su obra creativa-salvífica. Por tanto, el ascenso en la línea de ser es vida-persona-comunión.
3.     El ser humano creado a imagen y semejanza de Dios: iluminación trinitaria de la antropología.
4.     El fundamento de la comunidad política: la persona con su dignidad y derechos. Dios que al crear al hombre crea la comunidad política. Tres principios operativos de la comunidad política: solidaridad, participación y subsidiariedad.
5.     El fin de la comunidad política: el bien común. La centralidad de la persona y el bien común no se oponen. El Estado tiene el deber de cuidar y promover el bien común. Destaca la preocupación por los pobres.
6.     Naturaleza y contrato: el ser humano social por naturaleza, genera agrupaciones naturales (por ejemplo la familia) y otras mediante encuentros, convenios y normas.
7.     Persona y pueblo: la comunidad política es primariamente pueblo. Pueblo es confluencia de personas por factores que van más allá de lo puramente socio-económico de exigencias primarias. Es además, realidad fundamentalmente ético-cultural-espiritual. Teología del pueblo: pueblo de Dios del Antiguo Testamento (elección-alianza). El nuevo Israel (nuevo pueblo de Dios) en el Nuevo Testamento: es la Iglesia como sacramento de comunión constituido por pueblos-culturas. Pueblo peregrino hacia la Polis-Jerusalén celestial, plenitud de la Iglesia y plenitud de la humanidad.
Ese mismo lunes 13 de marzo a las cinco y treinta de la tarde, en el Templo Parroquial del Padre Claret, el Padre Bravo dicta la conferencia con el mismo tema, enfocado en una teología narrativa del relato de la historia de la salvación. Comienza diciendo que el ser humano es creado para la comunión, la responsabilidad, para ser libres en comunión con Dios como hijo, en comunión fraterna con los otros seres humanos, y en comunión de cuidado humanizador para su servicio con las demás criaturas. Pero, el pecado rompe el eje de comunión y se produce unas relaciones de esclavitud de opresores y oprimidos.
Al final del libro del Génesis nos refiere que es el hambre la que conduce al pueblo de Israel a Egipto donde, pronto, es esclavizado y oprimido por el poder absoluto del Faraón. Es por eso que Dios se acerca y, escuchando los gemidos de sufrimiento del pueblo oprimido, elige a un líder para que le hable a sus hermanos hebreos que deben tomar conciencia de su dignidad, que su Creador los quiere libres, que deben organizarse, movilizarse y emprender el camino sacrificado del desierto que los conduce como pueblo a la liberación, a una tierra de prosperidad.
Su organización política, como pueblo de Dios, se caracteriza por la vida comunitaria (doce tribus – comunidades de familias) comprometidas entre sí como servidoras. Sin embargo, cuando el pueblo pide establecer la monarquía para ser gobernado por un rey al igual que las otras grandes naciones, las relaciones comienzan a estropearse. Naturalmente, no podemos negar que Israel crece y las relaciones internacionales traen consigo compromisos más conflictivos y las tentaciones monárquicas son mayores. En este mundo el sistema de vida social deseado por Dios se hace difícil de establecer.
Aun así, la elección de David como rey crea un sentido profundamente importante para el plan de salvación de Dios para la humanidad. David tiene el perfil apropiado para ser rey según el corazón de Dios. Porque, en definitiva, es Dios quien debe gobernar a su pueblo. David es joven y pobre. Pero, especialmente, tiene el oficio más apropiado para gobernar, es pastor. Un verdadero pastor tiene habilidades y sensibilidades indispensables para gobernar según el querer de Dios. Porque un pastor es responsable de su rebaño. No es asalariado, el rebaño le pertenece. Debe saber entender a sus ovejas a pesar de sus torpezas. Mantenerlas sanas y unidas. Hacer que le conozcan y le sigan. Incluso, debe ser valiente y tener un alto sentido de responsabilidad que lo lleva a enfrentarse al rabioso lobo para defender su rebaño. Así quiere Dios que gobierne el rey a su pueblo, como un pastor a su rebaño.
En realidad, la mayor fuerza del rey David es su fe. Sabe que Dios es el único Rey. Como lo reza el salmista, él es el brazo y su bravura, justicia y derecho es la base de su trono, ante sí tiene el amor y la lealtad. El salmista suplica: “Oh Dios, da al rey tu juicio, al hijo de rey tu justicia. Para que con justicia gobiernes a tu pueblo, con equidad a tus humildes” (Salmo 72).
Ya sabemos la historia transmitida en la Sagrada Escritura, muchos reyes desviaron su misión y, olvidándose de la Alianza con Dios, se convirtieron en explotadores del pueblo. Las consecuencias son el caos y la pérdida de la convivencia en paz y libertad. La deportación a Babilonia trae consigo nuevos y más crueles sufrimientos para el pueblo. Dios sigue escuchando sus gemidos y sigue respondiendo acercándose al ser humano y hablándole por medio de los profetas. Habla, impone su palabra fuerte, como una espada de doble filo que penetra hasta lo más intimo, hasta lograr que se convierta y vuelva a ser leal a la Alianza. Pues, Dios rescata nuevamente a su pueblo. El ser humano vuelve a tener un espacio para vivir en comunión, en libertad y amor. Esta es la historia humana donde Dios realiza su plan liberador, respondiendo siempre cada vez que el ser humano sufre.
Jesucristo ha venido al mundo, esta es la buena noticia para la humanidad sumergida en la opresión. Su encarnación es el encuentro del Evangelio con el pueblo. Su proyecto es un Reino, distinto a los de este mundo cuyo signo es la tiranía. Él es el rey esperado, anhelado; que actúa como un Pastor bueno (Juan 10). El centro de su vida y predicación es el Reino de Dios, dándole un sentido nuevo a un gobierno fundamentado en el servicio: “Saben que los que son tenidos como jefes de las naciones, las gobiernan como señores absolutos y los grandes las oprimen con su poder. Pero no ha de ser así entre ustedes; sino que el que quiera llegar a ser grande entre ustedes, será su servidor, y el que quiera ser el primero, será esclavo de todos, que tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos” (Marcos 10,42-45). Este pasaje bien podría denominarse la doctrina política de Jesús y su Evangelio.
El martes 14 de marzo es Mons. Padrón quien nos enseña sobre los derechos humanos según la doctrina transmitida por la Iglesia Católica. Hace un recorrido histórico sobre el desarrollo de la toma de conciencia en la humanidad moderna y contemporánea sobre los derechos humanos y la enseñanza de la Iglesia al respecto.
Como principio fundamental de su exposición está en que el origen, la base y la meta de toda vida social es la persona humana. Para el Arzobispo de Cumaná, son cuatro puntos desafiantes:
1.     La Iglesia y los derechos humanos.
2.     La vida política y el tutelaje de los derechos humanos.
3.     La relación entre la fe cristiana católica y la política.
4.     El pecado destructor de la sociedad.
Por la limitación de tiempo, sólo trató ampliamente el primer punto. La premisa principal es que actualmente “los derechos humanos” es un tema recurrente en los documentos y pronunciamientos de la Iglesia católica y, en particular, de la Conferencia Episcopal Venezolana. La razón fundamental que explica y justifica esta actitud de la Iglesia es que hoy los derechos humanos pertenecen no sólo al ámbito de lo jurídico, social y político, sino también al religioso, específicamente, al tema de Dios. En efecto, Dios se revela en la historia como el dador y protector de la vida. De toda vida, incluso, protege la vida de Caín, aunque éste haya asesinado a su hermano. En el mismo sentido, el libro del Éxodo nos presenta que una de las cláusulas de la Alianza entre Dios y su pueblo es: “No matar” (Éxodo 29,13). Es el precepto que constituye la defensa categórica de la vida.
Ahora bien, la expresión de los derechos humanos es una formulación histórica, jurídica y filosófica, nacida en un momento determinado de la edad moderna, que recoge la sensibilidad moral básica de la dignidad humana, la libertad. Fue John Locke (1632-1704) quien, en su “Tratado sobre el Gobierno Civil” (1690), explica la primera teoría filosófica de los derechos humanos, precedido por las enseñanzas de Francisco de Vitoria (1492-1546), fundador de la Escuela de Salamanca (1539).
Pero, son las “Declaraciones” sobre los derechos humanos las que mejor permiten interpretar su contenido. La Declaración Universal de los Derechos Humanos fue promulgada por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el 10 de diciembre de 1948, años después del fin de la segunda guerra mundial. Fue, pues, el resultado de una toma de conciencia de los líderes mundiales de que a cada hombre y a cada mujer les corresponde frente al poder de los Estados, unos derechos universales e inalienables, simplemente por ser humanos.
Esta toma de conciencia y las consiguientes declaraciones son el final de un largo camino histórico-social. Vemos como fruto de la Revolución Francesa, que la Asamblea Nacional de Francia aprobó, el 26 de agosto de 1789, la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, que fue incorporada en forma de preámbulo en la Constitución Francesa de 1791. Desde esta fecha, esta declaración se convirtió en el texto base de todo el proceso de difusión de los derechos humanos. Como precursores de ella, se cita el Bill of Rights, consecuencia de la “Gloriosa Revolución” de 1668 en Inglaterra, que creó una forma de gobierno parlamentaria y marcó el arraigo de los principios liberales en la organización de la vida pública.
En los Estados Unidos de América hay que reseñar el Acta de Tolerancia de 1649 (Mariland) y, ya en el siglo XVIII, la Declaración de los Derechos Humanos del buen pueblo de Virginia (1776). En el origen de tales derechos está la idea de que todos los hombres, por naturaleza, son igualmente libres e independientes y tienen derechos innatos a su condición humana. Es la primera declaración que contiene un catálogo específico de los derechos del hombre y del ciudadano. Junto a ella, el Bill of Rights de 1791, las tres declaraciones forman parte de la Constitución Federal Americana,
Por su parte, la Iglesia, en un comienzo, es reacia para admitir la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, porque no la veía fundamentada en principios trascendentes y, por otra parte, la consideraba como un camino de emancipación de la institución civil frente a la dirección que la Iglesia había mantenido hasta entonces sobre la sociedad.
Sin embargo, la Iglesia católica, aunque no se sintió cómoda con la doctrina de los derechos humanos fruto del liberalismo individualista, característica de la edad moderna, no ha dejado de sentirse interpelada por las palabras y el ejemplo de Jesucristo, quien promovió y defendió la dignidad de toda persona humana, sin excepción.
León XIII (1810-1903) se abre a la idea de que los derechos humanos son positivos porque dependen de la ley natural querida por Dios y custodiada por la Iglesia. Pero, no fue sino en la segunda mitad del siglo XX, con Juan XXIII y Pablo VI, quienes con el concilio Vaticano II y siguiendo el planteamiento de Pío XII (1876-1958), cuando la Iglesia asume las teorías y los valores democráticos. Ahí, es el filósofo francés Jacques Maritain (1882-1973) el artífice de la aclimatación de esos conceptos en la Iglesia actual.
Así, en los años sesenta, Juan XXIII inició en la Iglesia, con la Pacem in Terris (1963), la acogida definitiva del paradigma de los derechos humanos, con significativas novedades. Entre los principales derechos, destaca el de la existencia, la integridad física, los recursos correspondientes a una vida digna, lo que incluye también a ser protegido en la enfermedad, la vejez, así como en la viudez, a invalidez y el desempleo. Afirma también los derechos morales y culturales, que incluyen la libertad de pensamiento, a expresar el pensamiento y de recibir información veraz sobre los acontecimientos públicos, como también el derecho a la educación y a la formación técnica profesional.
Por otra parte, afirma el derecho a la libertad religiosa y a escoger el .estado de vida. Otro campo lo constituyen los derechos económicos, civiles y políticos que comprenden el derecho al trabajo y su justa remuneración, el derecho a participar activamente en la vida pública o el derecho de reunión y asociación, así como el derecho de inmigración y emigración. Como vemos, este conjunto de derechos, con sus deberes, sobrepasa los consignados por la ONU en 1945.
El Concilio Vaticano II en la Gaudium et spes numeral 41, declara que la Iglesia, en virtud del Evangelio que se le ha confiado, proclama los derechos, reconoce y estima en mucho el dinamismo de la época actual que está promoviendo por todas partes tales derechos. Y en la declaración Dignitatis Humanae trata de la libertad religiosa, así como de la libertad integral.
Pablo VI en la Evangelii Nuntiandi añade que la defensa y promoción de los derechos humanos y la liberación integral es parte de la acción evangelizadora de la Iglesia. También Juan Pablo II defiende y promueva los derechos humanos desde la Laboren exercens (1981), la Sollicitudo rei sociales (1987) y la Centesimus annus (1991). Él mismo, en su mensaje de paz de 1999, afirma proféticamente: “Si se ignora o desprecian los derechos humanos, o la búsqueda de intereses particulares prevalece injustamente sobre el bien común, se siembran inevitablemente los gérmenes de la inestabilidad, la rebelión y la violencia”.
El aporte de la Iglesia latinoamericana es de suma significación para la doctrina social, por su visión profética de los derechos humanos. Es un enfoque original con acento bíblico. Por ejemplo, la conferencia de Santo Domingo (1992), en el numeral 167 denuncia: “Los derechos humanos se violan en América Latina no sólo por el terrorismo, la represión y los asesinatos, sino también por la existencia de condiciones de extrema pobreza y de estructuras económicas injustas que originan grandes desigualdades. La intolerancia política y el indiferentismo frente a la situación de empobrecimiento generalizado muestran un desprecio a la vida humana que no podemos callar”.
La Iglesia Venezolana ha hecho de la promoción y defensa de los derechos humanos una línea de acción permanente. En el concilio plenario, acoge de corazón la enseñanza bíblica y del magisterio eclesial – pontificio y latinoamericano – sobre la grandeza, inviolabilidad y centralidad de los derechos de cada persona, desde el momento de su concepción hasta su muerte natural (Contribución de la Iglesia a la gestación de una nueva sociedad 113).
El miércoles 15 de marzo fue el padre Ugalde quien dicta la conferencia sobre el sentido de la autoridad. Y, toma como base el pasaje del Evangelio donde Jesús enseña a sus discípulos que la autoridad política que él quiere se diferencia de la que el mundo ejerce. Para Jesús, aquel que quiera gobernar debe ser el servidor de todos, dispuesto incluso a dar su vida por amor a los demás (Marcos 10,42-45). Así va desarrollando su tema, con seria crítica al sistema de política que hoy vivimos en Venezuela.
Para fundamentar este sentido de la autoridad política, cita el numeral 205 de la exhortación del papa Francisco titulada el Evangelio de la Alegría (Evangelii Gaudium): ¡Pido a Dios que crezca el número de políticos capaces de entrar en un auténtico diálogo que se oriente eficazmente a sanar las raíces profundas y no la apariencia de los males de nuestro mundo! La política, tan denigrada, es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común… ¡Ruego al Señor que nos regale más políticos a quienes les duela de verdad la sociedad, el pueblo, la vida de los pobres! Es imperioso que los gobernantes y los poderes financieros levanten la mirada y amplíen sus perspectivas, que procuren que haya trabajo digno, educación y cuidado de la salud para todos los ciudadanos”.
El jueves 16 de marzo el Dr. Aveledo centró su conferencia en la moral democrática con sus valores, instituciones e instrumentos, para una democracia auténtica. Para ello, se refirió a dos clásicos conceptos de democracia. El primero es de Abraham Lincoln tomado del discurso que pronunció el 19 de noviembre de 1863, en el lugar donde se produjo la batalla de Gettysburq: la democracia es “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. El segundo concepto es del ex-senador Eugene McCarthy: la democracia es “una filosofía de organización política y social que da a los individuos un máximo de libertad y un máximo de responsabilidad”. Libertad y responsabilidad son dos conceptos correlativos en una democracia auténtica.
Partiendo de estos conceptos complementarios, afirma que una democracia requiere de ciudadanos, de derechos-libertad-deberes, de estructuras (instituciones y leyes). Las instituciones son sociales (primacía de la sociedad civil) y públicas (sociedad política como servidora de la sociedad civil). Estas instituciones suponen organización, permanencia y beneficio. La moral democrática se compone de fines (el fin es el bien común); de medios que deben ser lícitos; de principios como la solidaridad, la responsabilidad personal, la subsidiaridad y la justicia.
Concluye su exposición afirmando que la ética es indispensable en la política, tanto en su actividad como en su gestión pública, pero no es suficiente. La política, además, debe nutrirse de buenas “políticas públicas”, ser atractiva con una excelente presentación comunicacional y una ética que la conserve limpia y sana.
El viernes 17 de marzo, cerrando el gran evento, el Dr. Yepes expuso su conferencia sobre la comunidad política al servicio de la sociedad civil. Comenzó afirmando que el concepto de libertad es una herencia cristiana y lo es en una triple dimensión:
1.     Somos libres en sentido ontológico porque Cristo nos ha hecho libres (Gálatas 5,1).
2.     Amamos y buscamos la libertad, en cuanto que la dignidad de toda persona – enseñada por el cristianismo – promueve la aspiración a la libertad y al dominio de sí.
3.     Somos capaces de gozar de una auténtica libertad en el sentido social, porque la distinción entre el nivel político y religioso – promulgado por Jesús – es la garantía práctica de las libertades civiles.
Bajo este fundamento, desarrolla su disertación.
Tiene cuidado en distinguir la función eclesial de la autoridad política, advirtiendo que el Estado pierde su sacralidad y su pretensión de gobernar las conciencias, porque el verdadero garante de la moralidad es la autoridad ético-religiosa que es competencia de la Iglesia. Sin embargo, esto no significa que la Iglesia deba reducir su acción a lo privado, pues, “en ningún momento debe abdicar de su misión de garante ético de la sociedad. Como tampoco el Estado puede despreciar los valores morales que le preceden y le sirven de fundamento y como condición de existencia”. Así, por un lado, se debe aceptar la instancia ético-religiosa que es antecedente al ámbito político (contra el laicismo), admitir el derecho de la libertad religiosa, reconocer el derecho al pluralismo político.
Concluye expresando el sentido de la autonomía e independencia entre la Iglesia católica y la comunidad política, sin excluir la relación de mutua colaboración entre sí: “Las dos, aunque a título diverso, están al servicio personal y social de los mismos hombres. La Iglesia y la comunidad política en efecto, se expresan mediante formas organizativas que no constituyen un fin en sí mismas, sino que están al servicio de la persona humana para permitirle el pleno ejercicio de sus derechos, inherentes a su identidad de ciudadano y de cristiano, y un correcto cumplimiento de los correspondientes deberes”. Es decir, tanto la Iglesia como la comunidad política están al servicio de la humanidad.
Así concluimos con éxito la XI Semana de la Doctrina Social de la Iglesia. El equipo organizador, representando a la UNICA, al Foro Eclesial de Laicos y DSI Padre Claret, nos reunimos para la evaluación. El desafío sigue siendo el traducir en la práctica los contenidos teológicos de la doctrina social. Se quiere seguir con los talleres con nuevos temas. Atender a los jóvenes. Pero, ante todo, el equipo organizador se seguirá reuniendo para la formación interna permanente sobre la doctrina social. Quedamos que para la próxima reunión estudiemos entre todos la Introducción del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia: “Un Humanismo Integral y Solidario”.
Al finalizar, queremos agradecer a nuestro Arzobispo Ubaldo Santana y a su Obispo auxiliar. Al Padre Ovidio Duarte y a su parroquia que, con gran capacidad de sentido eclesial y solidario con el pueblo venezolano, nos brindó la generosa y valiosísima ayuda en todo un trabajo pastoral eficiente, completo y competente. A la Universidad Católica Cecilio Acosta y al Foro Eclesial de Laicos. A los expositores y al pueblo de Dios que con su participación nos abren un horizonte de fe y esperanza. “La Iglesia camina junto a toda la humanidad por los senderos de la historia. Vive en el mundo y, sin ser del mundo (cf. Juan 17,14-16), está llamada a servirlo siguiendo su propia e íntima vocación” (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia 18).