miércoles, 12 de junio de 2013

Un laico ejemplar: Dr. Jorge Enrique Porras Moreno


Andrés Bravo
Capellán de la UNICA
           
Se ha enseñado que el laico es aquella persona que por el bautismo confiesa la fe cristiana en la Iglesia católica, pero no está consagrada a ningún ministerio del orden sacerdotal, ni ha profesado como religioso o religiosa. Es decir, no es ni sacerdote ministerial, ni religioso, ni religiosa. Mucho se ha discutido sobre este asunto. Existen quienes ven esta definición muy negativa, especialmente cuando se formula simplemente como el bautizado no consagrado. La verdad es que el bautismo nos consagra a todos como hijos de Dios; configurados a Cristo que es sacerdote, profeta y rey. Además, por la unción del Espíritu Santo que comienza a habitar en nosotros, somos convertidos en templos de la divinidad.
El Vaticano II, nos enseña que todos los bautizados somos sacerdotes. Aunque, el mismo Concilio tiene cuidado en distinguir ese sacerdocio común del bautizado del sacerdocio ministerial. De modo que el laico es sacerdote por el bautismo, común a todos los que formamos parte del Pueblo de Dios. Juan Pablo II identifica al laico como el obrero de la viña, es decir, el obrero del mundo (Christifideles laici 1). El Concilio Plenario de Venezuela asume lo enseñado en el documento de Puebla, en el sentido de que el laico es persona de Iglesia en el corazón del mundo y persona del mundo en el corazón de la Iglesia (Puebla 786 y CPV documento 7, numeral 62).
Lo entenderemos mejor si contemplamos vidas ejemplares de auténticos seguidores de Jesús que dentro de la comunidad eclesial, integran su vida a su fe, personas que optan por el Evangelio de Jesús y proyectan su existencia conforme a sus criterios evangélicos. Quiero destacar este tema porque hace un mes partió a la casa eterna del Padre un laico ejemplar, el Dr. Jorge Enrique Porras Moreno. Así como existió Jorge, excelente hombre de valores trascendentes como la familia, la profesión, la amistad, la universidad, la educación, el trabajo y la Iglesia, es un laico. Aquel que, todo él, es vivencia del bautismo. Consagrado para el servicio de Dios en los hermanos. Para esto se formó y trabajó toda su vida.
Jorge se comprometió con pasión al bien de los demás. Lo hizo como cristiano, en los diferentes ámbitos de la vida social. Su acción apostólica se expresó en el trabajo a favor del progreso de las comunidades más humildes. Creyendo en los jóvenes pobres y marginados y confiando en sus capacidades, se empeñó en fundar y dirigir el Centro de Formación Profesional San Francisco en sus dos sedes. Somos testigos de los éxitos que manifestaba con una alegría enorme, aunque le costaran dolor y lágrimas. Lo vimos muy preocupado ante graves dificultades, pero jamás rendido, siempre ocupado; implorando constantemente la gracia divina, seguía con pasión su apostolado. Amaba lo que hacía y, para ello, buscaba hacerlo mejor. Como buen hijo de san Ignacio de Loyola, para la mayor gloria de Dios.
Era un convencido de la Educación para el trabajo, así construía el país que soñó. Sin odios, sin descalificaciones, sin exclusiones, metiéndose entre la gente inquieta de los barrios, brindándoles su amor y ganándose su respeto. Creían en él, porque sentían su amor cristiano hacia ellos, sin importarles sus opciones políticas o religiosas, sus condiciones sociales o culturales. Si es humano y sólo por ser humano, le servía como el samaritano del Evangelio. Es admirable su participación en los consejos comunales y en otras muchas organizaciones populares. Con ellos enfrentaba las invasiones y otras graves dificultades.
Formó parte del FORO CERPE (Centro de Reflexión y Planificación Educativa), coordinado por el padre Luis Ugalde, que nos ofrece sus propuestas en la obra “Educación para transformar el país”. Ahí es presentado como economista y abogado, profesor de la Universidad Rafael Urdaneta y director del Centro de Arbitraje y Mediación de la Cámara de Comercio de Maracaibo. Sin embargo, su aporte se centró en su experiencia y saberes sobre la educación para el trabajo.
Además, impulsó la responsabilidad de las empresas a la solidaridad, a la acción social por el bien de los que necesitan. Las respuestas positivas las celebraba y agradecía con sincero sentimiento. La sensibilidad social hace engrandecer a la persona humana. Formó parte de la Unión Internacional Cristiana de Dirigentes de Empresas (UNIAPAC), organización que tiene por objetivo promover entre los dirigentes de empresas la visión e implementación de una economía que sirva a la gente y al bien común de toda la humanidad, para la construcción de una sociedad más justa y humana. Formar un movimiento así en Venezuela es una tarea que dedicó tiempo y talentos. Esta obra reclama la necesidad de seguirla construyendo. Para ello ofreció toda su pasión, su excelencia profesional y su fe cristiana.
En ocasiones me invitó a compartir con él en el Centro de Formación con mi acompañamiento espiritual. Porque en esta obra sembró la conciencia de que su trabajo es como Iglesia católica. Aunque en ocasiones lo dejamos sólo, siempre expresó que su apostolado era de Iglesia y con la Iglesia.
Otra de sus más grandes pasiones, integrada también a su trabajo del Centro de Formación y vivida especialmente con el Foro Eclesial de Laicos en equipo con la Universidad Católica “Cecilio Acosta”, fue la Doctrina Social de la Iglesia (DSI). Sus principios de reflexión, sus criterios de juicio y sus directrices de acción no fueron de él. Los asumió del magisterio social de su Iglesia, con el propósito de promover un humanismo integral y solidario. Eso data de mucho tiempo, desde su formación jesuítica. Recuerdo que una vez Mons. Roa Pérez me pidió un trabajo sobre esta doctrina social y Mons., Antonio López me aconsejó que buscara la ayuda de Jorge Porras, porque él era uno de los más inquietos en la DSI en Maracaibo. Lamento no haber obedecido ese consejo en aquel momento, mucho me perdí, estoy seguro.
            Después de algunos años, Dios me dio la gracia de encontrarme con él, en la misma trinchera a favor de la formación y difusión de la DSI. Ante la situación del país, en los difíciles días del año 2002, Mons. Santana convocó a un grupo de laicos inquietos, intelectuales, con sensibilidad social y profunda fe cristiana, para ayudarle con sus reflexiones a discernir la mejor respuesta de la Iglesia en esos momentos de turbulencia política y social. De ahí, quedó un reducido pero muy competente grupo que se organizó para la formación y disfunción de la DSI, denominado Foro Eclesial de Laicos, que Jorge con Guillermo Yepes Boscán, coordinó y fortaleció.
            El mejor momento fue la promulgación del Compendio de la DSI por parte del Pontificio Consejo “Justicia y Paz”, el año 2004. Eso entusiasmó más el espíritu inquieto de Jorge y del Foro Eclesial de Laicos. A México fue a dar para asistir a la presentación formal del Compendio por parte de la Iglesia Latinoamericana, organizada por el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM). Ahí se entusiasmó más al conocer el Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana (IMDOSOC) y comenzó a participar en él para su profundización y la nuestra sobre el tema de gran interés para nosotros. Esta experiencia avanzó hasta formar una red social de comunicación de los trabajos e investigaciones sobre la DSI.
            El llamado del Pastor de realizar un acto para la presentación del Compendio de la DSI en nuestra Arquidiócesis, nos unió al Foro Eclesial de Laicos y a la Universidad Católica “Cecilio Acosta”, ahí Jorge propone realizar una Semana de la DSI. Así nace la I Semana de la DSI que celebramos en junio del año 2007. Nos encontramos en estos momentos en la organización de la VIII Semana que celebraremos, Dios mediante, en la cuaresma del próximo año. Nos ayuda que, en comunión con la Trinidad santa, Jorge sigue movilizándonos para progresar en este tan importante evento eclesial.
Desde estos eventos, Jorge Porras manifestaba con mucha inquietud que la DSI debe ser parte de la formación de todos, de sacerdotes, seminaristas y laicos. Que sea materia obligada en todos los centros de formación, empezando por las escuelas católicas, universidades, movimientos de apostolado y seminarios. Él daba el ejemplo en el Centro de Formación Profesional San Francisco. Esta inquietud, desde el Foro Eclesial de Laicos, fue expresada al Nuncio Apostólico, a la Conferencia Episcopal Venezolana, al Cardenal Urosa, a la AVEC, a la Vicaría para la Educación y la Cultura y al Seminario, siempre bajo la guía de nuestro Arzobispo. Cómo desearíamos seguir esta lucha para que así podamos rendir verdadero homenaje a nuestro amigo Jorge.
Mucho se ha logrado, lo que sucede es que la tarea es aún más exigente. Sé que en la UNICA hay señales significativas y propuestas valiosas que también recibieron gran apoyo de Jorge. Así como igualmente se le reconoce su apoyo a la Acción Católica de Maracaibo y a la Diócesis de Cabimas donde también se celebra la Semana de la DSI, acompañando Jorge a la Pastoral Universitaria y a la Pastoral Social de la Costa Oriental del Lago. Quiso extender la iniciativa de la Semana de la DSI a otras Iglesias locales, Barquisimeto, Machiques, Vigía-San Carlos, Coro, Valencia.
A estas reflexiones añado un agradecimiento al Señor de la historia por habernos regalado a una persona tan extraordinaria como Jorge Porras. Expreso, además, mis sentimientos solidarios de fe y esperanza a su esposa Cecilia, a sus hijas e hijo y a toda su familia. Sentimientos que comparto personalmente con el padre Eduardo Ortigoza, quien preside esta Eucaristía, en nombre de toda la Iglesia que peregrina en Maracaibo, muy particularmente en nombre de nuestros Pastores Mons. Ubaldo Santana y Mons. Ángel Caraballo. También quiero expresar estos mismos sentimientos en nombre de la Universidad Católica “Cecilio Acosta”, Comunidad Universitaria que ha orado por Jorge y su familia con especial aprecio y admiración. Y su espacio apostólico, el Foro Eclesial de Laicos, que unido a los mismos sentimientos cristianos, quiere honrarlo trabajando con mayor fuerza por la gran pasión que compartimos con Jorge Porras, la DSI.
            Permítanme visualizar el encuentro de Jorge con Dios. Es Jorge a la entrada de la Morada Eterna quien dice al Padre: gracias por darme tantos talentos, aquí te los ofrezco multiplicados. Y el Padre que lo invita: pasa a tomar parte de la comunión eterna de amor, porque cuando estuve necesitado tú me serviste con sincero amor. Y el Hijo de Dios a la derecha del Padre le replica: es que donde esté yo, ahí quiero que esté mi servidor.

miércoles, 13 de marzo de 2013

Reconciliación



Andrés Bravo
Capellán de la UNICA
Estamos viviendo en Venezuela una de las más graves experiencias de la historia. Esta situación de discordia y división está marcada por el odio que desde el discurso y la actividad política ha sido sembrado entre nosotros. El estado de la situación que se ve y se nota en el lenguaje de insultos y de descalificaciones del uno con el otro, ha acabado con los nobles valores de respeto, de amistad, de solidaridad y fraternidad que nos caracterizaban. Ese binomio dialéctico de “enemigo y amigo”, propio de una concepción fascista de la política, va destruyendo los principios fundamentales de nuestra fe cristiana, base de nuestra formación como comunidad humana.

            El llamado urgente, guiado por el Evangelio de Jesús y la doctrina social de la Iglesia, es a la reconciliación. Pues, una sociedad enemistada y en continua batalla no puede prosperar, se destruye totalmente. Con nuestras continuas guerras estamos acabando con nuestra Patria, que ha costado tanto a nuestros padres.

            Reconciliarnos ¿por qué? Simplemente porque es imposible crecer como seres humanos si no somos capaces de salir de nosotros mismo al encuentro amoroso con los otros. Si nos negamos el derecho a valorarnos como personas los unos con los otros, convertimos este bello espacio, la Patria, casa de todos, en una jungla de animales salvajes que, para sobrevivir, tienen que destruirse entre ellos. No es este el proyecto de Dios. Así no nos ha creado el Señor.

            La vida es convivencia, si no no es vida humana. Primero, debemos acercarnos a Dios que nos ama hasta el extremo de hacerse uno con nosotros en la persona de Jesucristo. Seguir su camino, asumir su causa, para vivir su victoria de vida. Demos muerte al pecado que tanto daño nos produce. Para poder resucitar a una nueva humanidad. Cuando dejamos de ser hijos rebeldes y acogemos responsablemente el proyecto de nuestro Padre, Dios-Amor, podremos aceptar que el otro es persona, tan digna como nosotros, como hermano.

            Debemos hacer un gran esfuerzo para construir la fraternidad. Comenzando por el lenguaje, debemos desarmar las palabras. Dice la Sagrada Escritura que las palabras amables, respetuosas, suaves, portadoras de la verdad y la caridad, multiplican los amigos. Por el contrario, las pasiones violentas destruyen a los demás. Me gusta escuchar la Palabra de Dios cuando nos aconseja: “Sé rápido para escuchar y date tiempo para responder; si estás en tu razón, responde al prójimo, si no, cállate la boca” (Eclesiástico 5,11-12). Pero, aun estando en tu razón, para responder no te olvides de la caridad. La comunicación significa hacer comunión para formar la fraternidad.

            Por otro lado, sigue diciendo la Escritura Sagrada: “No seas chismoso, ni emplees la lengua para murmurar; para el ladrón se hizo la vergüenza, y los duros castigos para el chismoso. No hagas daño, ni poco ni mucho, no te conviertas de amigo en enemigo” (Eclesiástico 5,14-15).

            Por su parte, san Pablo nos enseña las normas de la vida cristiana (ver Romano 12). Nos conviene recordarlas: 1.) El verdadero culto a Dios es la entrega al amor que exige sacrificio. 2.) Transformarnos interiormente con una mentalidad nueva, según los criterios de la caridad, para que podamos ser capaces de discernir lo bueno, lo aceptable, lo querido por Dios. 3.) No tener pretensiones desmedidas que nos haga creernos que somos mejores o más importante que los demás. 4.) Por el contrario, seamos moderados en nuestra propia estima. 5.) La vida en comunión como expresión del amor; somos como un cuerpo humano constituido por muchos y diversos miembros, cada uno necesario y valioso, con su propia misión, pero unidos en el servicio de amor mutuo. 6.) Tengamos una profunda pasión por el bien y, con la misma fuerza, aborrezcamos el mal, para amar con sinceridad. 7.) En el amor entre hermanos demostremos cariño, respeto, consideración y estima. 8.) Seamos solidarios y diligentes con los hermanos más necesitados. Este es el más auténtico servicio al Dios revelado por Jesús desde la cruz.

            Dios quiera que en el corazón de los venezolanos podamos sembrar la semilla del reino de Dios, para que la pascua sea el triunfo del bien, del amor, de la fraternidad. Nos falta mucho por hacer, la faena es fuerte y difícil, pero merece todo nuestros esfuerzos y sacrificios.
            Feliz Resurrección de la fraternidad venezolana.

viernes, 22 de febrero de 2013

Mensaje de la Universidad Católica Cecilio Acosta ante el acontecimiento eclesial de la renuncia de S.S. Benedicto XVI a su Pontificado



Las personas que formamos la Comunidad Universitaria de la Universidad Católica Cecilio Acosta, ante la renuncia del Santo Padre, el Papa Benedicto XVI, como Obispo de Roma y Pastor Universal de la Iglesia Católica, anunciada el pasado 11 de febrero y cuyo cumplimiento se realizará el próximo 28 de febrero del presente año, queremos unirnos al sentimiento de admiración y respeto de toda la Iglesia ante tan trascendental decisión tomada con total responsabilidad por las causas por él mismo expuestas y con la gracia recibida del Señor, Pastor eterno.
En primer lugar, seguimos confesando y aceptando su magisterio ordinario y extraordinario con espíritu obediente a él y a su sucesor, seguros de que el Espíritu Santo, dador de vida, continuará guiando sus acciones de bien e inspirando sus enseñanzas.
En segundo lugar, fortaleciendo nuestra fe cristiana, en este año que S.S. Benedicto XVI ha dedicado como el "Año de la Fe", nos comprometemos a profundizar en la doctrina cristiana que tiene su fuente en el misterio de Dios revelado plenamente en el Hijo de Dios encarnado, expresado en la Sagrada Escritura, en la Tradición viva de la Iglesia y en el Magisterio eclesial. Nos adherimos a las enseñanzas del Concilio Ecuménico Vaticano II, a los 50 años de su apertura, así como al Catecismo de la Iglesia Católica en su vigésimo aniversario de promulgación.
En tercer lugar, agradecemos a Dios por el pontificado de Benedicto XVI, por su vida de testimonio de fe, esperanza y caridad; por su Magisterio sabio y edificante para la humanidad; por su bondad con los pecadores y débiles; por su diálogo abierto, sincero y respetuoso con las otras religiones cristianas no católicas, con las otras religiones no cristianas y con todos los hombres de buena voluntad, incluso y, con especial dedicación, con los no creyentes. Agradecemos también por la extraordinaria iniciativa de crear un espacio de acogida para el encuentro con aquellos que buscan el diálogo de fe y razón, fe y ciencia, fe y cultura, en fin, de fe y pensamiento actual, denominado el "Atrio de los Gentiles". Nuestra gratitud se extiende al impulso que dio Benedicto XVI al proyecto pastoral iniciado por el Beato Juan Pablo II de la Nueva Evangelización, creando para ello la Pontificia Comisión para la Nueva Evangelización y la celebración de la Asamblea sinodal dedicada a este mismo tema; entre muchas y grandes obras que han edificado a la Iglesia de Jesucristo.
En cuarto lugar, le ofrecemos nuestras oraciones al Padre Celestial por su felicidad, su salud y bienestar; por sus intenciones más sentidas y por aquellos que le acompañan y le acompañarán.
Por último, elevamos suplicas al Padre amante, por mediación de su Hijo amado, para que el Espíritu del Amor ilumine las mentes y los corazones de los Cardenales para que puedan elegir con sabiduría al Pastor Universal que gobierne al rebaño según el corazón del Buen Pastor.

Maracaibo, 22 de febrero de 2013

viernes, 25 de enero de 2013

“Comunicado de la Universidad Católica Cecilio Acosta a la Nación Venezolana” 23 de enero de 2013



            La Comunidad Universitaria de la Universidad Católica “Cecilio Acosta” de Maracaibo siente la obligación de alzar su voz reflexiva ante la difícil situación socio-política de incertidumbre que vivimos actualmente los venezolanos. Lo hacemos como comunidad académica de inspiración humanística-cristiana. Somos una Universidad católica con vocación de servicio a la sociedad civil, que se esfuerza en la lucha por el proyecto democrático que desde el 23 de enero de 1958 se ha venido desarrollando en Venezuela, al derrotar la dictadura tiránica militar y que en el momento actual se siente gravemente amenazada con signos claros de irrespeto a la Constitución Nacional vigente, la pérdida de la soberanía, la autocracia y la sumisión de los poderes civiles al servicio de una causa ideológica particular.
            No hay duda que, a pesar de los grandes errores que se han cometido durante el período democrático, nuestra sociedad civil venezolana ha logrado conquistas libertarias importantes que se resiste a perder. Por eso sentimos la necesidad, a 55 años de distancia de aquel memorable acontecimiento valiente del pueblo venezolano, movilizar los espíritus inquietos amantes de la paz y la libertad para seguir en el empeño por la construcción y defensa de la democracia.
            Por eso, unimos nuestra voz a la de la Iglesia Católica que, por medio de la Conferencia Episcopal Venezolana (Comunicado del 8-1-2013), reclama el cumplimiento y respeto escrupuloso de la normativa constitucional para así garantizar el estado de derecho de todos los venezolanos sin excepción. Pues, insistimos con nuestra Iglesia que “una interpretación acomodaticia de la Constitución para alcanzar un objetivo político es moralmente inaceptable”.
Igualmente compartimos con nuestros Pastores la preocupación por la promulgación del conjunto de leyes de carácter ideológico con el fin de instaurar un estado comunal socialista contrario a la libertad y la pluralidad democrática.
Además, con todos los venezolanos, rezamos por la salud del Presidente reelecto Hugo Chávez. Pero, exigimos, por respeto a los venezolanos, una clara y responsable información sobre su verdadero estado de salud.
                                                                                 
CONSEJO UNIVERSITARIO

miércoles, 16 de enero de 2013

Comunicado de la CEV


COMUNICADO
Los Arzobispos y Obispos de Venezuela, reunidos en nuestra XCIX Asamblea Plenaria Ordinaria, enviamos a todos los hombres y mujeres de Venezuela un saludo de Año Nuevo y queremos compartir algunas reflexiones sobre el acontecer nacional

1.      A finales del año pasado vivimos dos procesos electorales que se desarrollaron en un ambiente de pacífica convivencia, pero los reclamos por la falta de condiciones de equidad en el desarrollo de la campaña plantean la necesidad de una revisión y absoluta imparcialidad del sistema electoral.
2.      Observamos con preocupación que en el conjunto de leyes, denominadas del “Poder Popular”, se haga un énfasis en el carácter ideológico de las mismas, y se introduzcan conceptos como “socialismo” y “estado comunal”, no contemplados en el texto constitucional. La organización político territorial no puede construirse sobre una ideología restrictiva, porque atentaría contra la concepción del Estado plural, no excluyente y democrático, consagrado por la Constitución (Cf. Art.2 y 6).
3.      El estado de salud del Señor Presidente de la República ha generado inquietud en el conjunto de la población venezolana. Junto con todo el pueblo nos solidarizamos con el Presidente y su familia en este momento difícil de su enfermedad. Abogamos y elevamos nuestra oración al Altísimo por su salud física y espiritual. Es necesario que las autoridades informen con claridad y veracidad sobre el estado y evolución de la salud del Presidente, pues es un tema de interés público dada la función que él ejerce. El dictamen de una junta médica conformada por reconocidos profesionales venezolanos despejará  incertidumbres.
4.      Así mismo, ante la situación constitucional que ha creado la condición de salud del Señor Presidente de la República, llamamos a todos los poderes públicos y a la ciudadanía en general a respetar escrupulosamente la normativa constitucional, pues del respeto del estado de derecho depende la estabilidad y la paz de la República; entendiendo que la voluntad soberana del pueblo se expresa y se ejerce en el marco de las normas de la Constitución Nacional. Una interpretación acomodaticia de la Constitución para alcanzar un objetivo político es moralmente inaceptable.
5.      Los venezolanos debemos reafirmar nuestra vocación democrática en este difícil momento. El diálogo franco, abierto y respetuoso, que tenga como objetivo el total apego a la Constitución y la defensa de la soberanía de Venezuela, debe continuar siendo el camino para alcanzar la superación de los múltiples obstáculos que afectan nuestra convivencia ciudadana y que nos pueden llevar a una crisis más profunda.
6.      Rogamos al Señor derrame su bendición sobre nuestro país y nos conceda vivir en un ámbito de libertad, solidaridad, tolerancia, |fraternidad y paz. Invocamos la maternal proteccción de la Santísima Virgen María bajo la advocación de Nuestra Señora de Coromoto. Invitamos a todos los creyentes a orar por nuestra patria.
Caracas, 8 de Enero de 2.013

Los Arzobispos y Obispos de Venezuela.