viernes, 4 de abril de 2014

Reconciliación



Padre Andrés Bravo
Capellán de la UNICA
 
Estamos viviendo en Venezuela una de las más graves experiencias de la historia. Esta situación de discordia y división está marcada por el odio que desde el discurso y la actividad política ha sido sembrado entre nosotros. El estado de la situación que se ve y se nota en el lenguaje de insultos y de descalificaciones del uno con el otro, ha acabado con los nobles valores de respeto, de amistad, de solidaridad y fraternidad que nos caracterizaban. Ese binomio dialéctico de “enemigo y amigo”, propio de una concepción fascista de la política, va destruyendo los principios fundamentales de nuestra fe cristiana, base de nuestra formación como comunidad humana.
            El llamado urgente, guiado por el Evangelio de Jesús y la doctrina social de la Iglesia, es a la reconciliación. Pues, una sociedad enemistada y en continua batalla no puede prosperar, se destruye totalmente. Con nuestras continuas guerras estamos acabando con nuestra Patria, que ha costado tanto a nuestros padres.
            Reconciliarnos ¿por qué? Simplemente porque es imposible crecer como seres humanos si no somos capaces de salir de nosotros mismos al encuentro amoroso con los otros. Si nos negamos el derecho a valorarnos como personas los unos con los otros, convertimos este bello espacio, la Patria, casa de todos, en una jungla de animales salvajes que, para sobrevivir, tienen que destruirse entre ellos. No es este el proyecto de Dios. Así no nos ha creado el Señor.
            La vida es convivencia, si no, no es vida humana. Primero, debemos acercarnos a Dios que nos ama hasta el extremo de hacerse uno con nosotros en la persona de Jesucristo. Seguir su camino, asumir su causa, para vivir su victoria de vida. Demos muerte al pecado que tanto daño nos produce. Para poder resucitar a una nueva humanidad. Cuando dejemos de ser hijos rebeldes y acojamos responsablemente el proyecto de nuestro Padre, Dios-Amor, podremos aceptar que el otro es persona, tan digna como nosotros, como hermano.
            Debemos hacer un gran esfuerzo para construir la fraternidad. Comenzando por el lenguaje, debemos desarmar las palabras. Dice la Sagrada Escritura que las palabras amables, respetuosas, suaves, portadoras de la verdad y la caridad, multiplican los amigos. Por el contrario, las pasiones violentas destruyen a los demás. Me gusta escuchar la Palabra de Dios cuando nos aconseja: “Sé rápido para escuchar y date tiempo para responder; si estás en tu razón, responde al prójimo, si no, cállate la boca” (Eclesiástico 5,11-12). Pero, aun estando en tu razón, para responder no te olvides de la caridad. La comunicación significa hacer comunión para formar la fraternidad.
            Por otro lado, sigue diciendo la Escritura Sagrada: “No seas chismoso, ni emplees la lengua para murmurar; para el ladrón se hizo la vergüenza, y los duros castigos para el chismoso. No hagas daño, ni poco ni mucho, no te conviertas de amigo en enemigo” (Eclesiástico 5,14-15).
            Por su parte, San Pablo nos enseña las normas de la vida cristiana (ver Romano 12). Nos conviene recordarlas: 1.) El verdadero culto a Dios es la entrega al amor que exige sacrificio. 2.) Transformarnos interiormente con una mentalidad nueva, según los criterios de la caridad, para que podamos ser capaces de discernir lo bueno, lo aceptable, lo querido por Dios. 3.) No tener pretensiones desmedidas que nos haga creernos que somos mejores o más importante que los demás. 4.) Por el contrario, seamos moderados en nuestra propia estima. 5.) La vida en comunión como expresión del amor; somos como un cuerpo humano constituido por muchos y diversos miembros, cada uno necesario y valioso, con su propia misión, pero unidos en el servicio de amor mutuo. 6.) Tengamos una profunda pasión por el bien y, con la misma fuerza, aborrezcamos el mal, para amar con sinceridad. 7.) En el amor entre hermanos demostremos cariño, respeto, consideración y estima. 8.) Seamos solidarios y diligentes con los hermanos más necesitados. Este es el más auténtico servicio al Dios revelado por Jesús desde la cruz.
            Dios quiera que en el corazón de los venezolanos podamos sembrar la semilla del reino de Dios, para que la pascua sea el triunfo del bien, del amor, de la fraternidad. Nos falta mucho por hacer, la faena es fuerte y difícil, pero merece todo nuestros esfuerzos y sacrificios.
            Feliz Resurrección de la fraternidad venezolana.

Primero de mayo cargado de futuro



Padre Luis Ugalde S.J.

01-04-2014 14:35
Estamos en un callejón sin salida, toda inteligencia no cegada por el poder reconoce que este callejón es ciego y que la narrativa que nos ha traído allí -compartida por millones de venezolanos gobiernistas y opositores- bloquea mentalmente las salidas colaterales.
El relato liberador venezolano se basaba en el mito del país riquísimo necesitado de un buen repartidor; una  falsedad generalizada que bloquea el talento de los venezolanos al hace creer que productivamente ya tenemos lo que nos hace falta. Además predica que cada mitad social para su éxito debe anular a la otra mitad, precisamente a la que necesita como aliada. El desbloqueo de este callejón mental y de este relato engañoso pasa por el trabajador y por un Primero de Mayo futurista y novedoso, portador de esperanza para 29 millones de venezolanos.
Un Primero de Mayo que camine hacia una sociedad donde el eje de la dignidad y del poder social sea la condición productora y creadora de las personas y no la sombra del árbol petrolero. La mal llamada “fuerza de trabajo” somos 14 millones de venezolanos, de los que a ocho se les priva (entre desempleo, subempleo y trabajo precario) de un trabajo productivo que dignifique y genere riqueza social para su familia y la sociedad. Hoy los trabajadores formales con buen salario integral son una minoría y exiguo el número de los sindicalizados.
Necesitamos una nueva narrativa en torno al trabajo productivo con el trabajador como eje central de la reconstrucción social, económica y política del país. La primera piedra de la falsa narrativa dice: somos un país inmensamente rico gracias al petróleo, que no es producto, sino renta; con lo cual se priva al trabajador de su condición clave, pues lo reduce a mantenido (y no fuente) de la riqueza nacional. Estamos luchando por una botella rentista medio vacía, en lugar de un país creado por el talento humano de millones de trabajadores.
La nueva narrativa no es sólo para los potenciales trabajadores, sino para toda la población,  especialmente para los políticos y los empresarios. El actual régimen tomó heredada la distorsionada narrativa petro rentista y le injertó la plusvalía marxista, según la cual el empresario, es por definición, explotador que se apropia de la plusvalía y amasa su riqueza con la sangre del pobre trabajador. Por eso la “revolución socialista” consiste en: 1) toda la renta petrolera para los pobres; 2) guerra a la productividad, pues cuanto más produce el trabajador más sangre chupa el empresario; y 3)  eliminación definitiva de la empresa privada. De ahí nacen la consigna de “PDVSA es de todos”, y es bueno el gobierno que enchufa la inagotable riqueza petrolera directamente con las necesidades de la población pobre, sin tener que pasar por la  laboriosidad de la producción.
Con un Primero de Mayo –gobiernista u opositor- sobre esta narrativa falsa, el país seguirá empobreciéndose. Necesitamos una nueva narrativa donde el trabajador se vea a sí mismo produciendo la riqueza del país y disfrutándola de manera compartida y solidaria en una sociedad de socios plurales. Narrativa con los siguientes puntos claves:
1-Venezuela es pobre, porque pobre es la producción de su gente, pero con una enorme potencialidad humana si utiliza la poderosa palanca petrolera como instrumento para la revolución productiva y no simplemente como dádiva para el consumo.
2- La educación de calidad es clave para potenciar a los más pobres y fortalecer su talento y su equipamiento productivo. Educación pública democrática, financiada por la renta petrolera en procesos educativos plurales donde se dan la mano la familia, la sociedad y el Estado.
3-  Educación entendida como tránsito hacia la ciudadanía  y la empresa productiva con alta calificación laboral. Empresa basada en el talento productivo y no en la fuerza productiva.
4- Empresa en la que se alían el capital y la tecnología, con toda la gama de talento productivo compitiendo juntos en altos niveles de calidad mundial. Empresarios y trabajadores como aliados, complementarios y copartícipes de los beneficios.
En la actual Venezuela todo conjura para que la producción vaya palo abajo. Es imposible el éxito si los empresarios no están convencidos de que su mejor aliado es el trabajador calificado y si ambos no ponen todo su empeño para lograr esa cualificación trabajadora permanente. Transformación del país con millones de trabajadores cualificados con su talento activado y empoderados a través de una educación de primera con habilidades productivas, organizados y aliados con la inversión, tecnología y espíritu de empresa. Al mismo tiempo en el nuevo imaginario de la población subordinada y pobre, el trabajador y el empresario tienen  que convertirse en aliados imprescindibles para el futuro suyo, de su familia y de Venezuela. El Estado es el pacto social donde se concretan esas sinergias virtuosas y la política y los gobiernos los medios para lograrlo. Si del Estado se apropia el gobierno y de este el partido o los militares, necesariamente serán clientelistas repartidores de renta.
Un Primero de Mayo con los estudiantes y la sociedad en la calle unidos en la denuncia del empobrecimiento del pobre, por desabastecimiento básico, porque la inflación (no compensable con sólo aumentos) le roba al trabajador el quince y último, y porque la actual falta de educación de calidad perpetúa la pobreza de los hijos de los pobres.  Con empresarios con visión y audacia y políticos cargados de futuro, y no de retrógrado rentismo donde ellos se vean como repartidores de dádivas a cambio de fidelidades clientelares. Venezuela necesita de trabajadores con experiencia exitosa de su condición productiva y ciudadana que agrega valor transformando los recursos naturales y la sociedad con su talento creativo.

Publicado en el diario El Nacional el 3 de abril de 2014

RESPONSABLES DE LA PAZ Y EL DESTINO DEMOCRÁTICO DE VENEZUELA





 



 COMUNICADO DE LA PRESIDENCIA DE LA
CONFERENCIA EPISCOPAL VENEZOLANA

RESPONSABLES DE LA PAZ Y EL DESTINO DEMOCRÁTICO DE VENEZUELA

Caracas, 02 de Abril 2014

1.      La crisis que desde el pasado 12 de Febrero vive Venezuela es sumamente grave tanto por su magnitud, ya que abarca dimensiones diversas de la vida nacional, como por su duración, violencia y nefastas consecuencias para nuestro presente y nuestro futuro. Por tal motivo, los Obispos de la Presidencia de la Conferencia Episcopal Venezolana queremos dirigirnos de nuevo a todos los venezolanos, cualquiera sea su simpatía política.

2.      Causa fundamental de la actual crisis es la pretensión del partido oficial y autoridades de la República de implantar el llamado “Plan de la Patria”, detrás del cual se esconde la promoción de un sistema de gobierno de corte totalitario, que pone en duda su perfil democrático; las restricciones a las libertades ciudadanas, en particular, la de información y opinión; la falta de políticas públicas adecuadas para enfrentar la inseguridad jurídica y ciudadana; los ataques a la producción nacional, que ha conducido a que en nuestro país hoy se haga necesaria la importación de toda clase de productos; la brutal represión de la disidencia política; el intento de “pacificación” o apaciguamiento por medio de la amenaza, la violencia verbal y la represión física.  

3.      Los estudiantes y otros manifestantes pacíficos, ejercen su legítimo derecho, previsto en la Constitución, y merecen, por tanto, todo respeto. Las manifestaciones se han visto a veces empañadas por actos de violencia que han dejado muertos, heridos y destrozos en instituciones y propiedades. Es difícil señalar el origen de todos ellos, pero es evidente que muchas acciones delictivas son originadas por personas o grupos infiltrados con el objeto de tergiversar o desacreditar las protestas y provocar su condena. El empleo de barricadas y el ataque hacia personas  e instituciones, así como la quema de vehículos particulares y de servicio público, crean una situación que no se debe aceptar ni aplaudir. 

4.      Reiteramos nuestra firme exigencia de que el Gobierno desarme a los grupos civiles armados. Su actuación coordinada, siguiendo unos patrones determinados, demuestra que no se trata de grupos aislados o espontáneos, sino entrenados para intervenir violentamente. En muchos casos han actuado impunemente bajo la mirada indiferente de las fuerzas del orden público, por lo cual la actuación de éstas ha quedado seriamente cuestionada. 

5.      Lamentamos los asesinatos de civiles y de Guardias Nacionales ocurridos en las manifestaciones. Queremos recordar que el valor de la vida es absoluto y Dios lo protege con el quinto mandamiento. De igual modo rechazamos la criminalización de la protesta ciudadana y la negación práctica de los derechos humanos en el trato a los manifestantes. Denunciamos la abusiva y desmedida represión contra ellos, las torturas de que han sido objeto muchas de las personas detenidas y la persecución judicial a los Alcaldes y Diputados contrarios al oficialismo.

6.      La restricción de la información tanto en la prensa como en los medios radioeléctricos atenta contra el derecho del pueblo a estar bien informado y también contra la posibilidad de que se conozca la verdad de los hechos y se sancione a los culpables. Sin determinar la verdad será imposible lograr la paz. Una "Comisión de la Verdad" que sea plural y que genere confianza en los ciudadanos, puede ser una gran ayuda. 

7.      El desabastecimiento, la carestía de la vida, la inseguridad y las restricciones en la venta de gasolina, más notables en el interior del país y en las zonas fronterizas, se traduce en angustia y malestar creciente de la población. A esto se añade que no pocas personas inescrupulosas, amparados en la crisis que atraviesa la nación, se han dedicado a especular con los bienes y servicios, que han subido a precios exorbitantes. Si no se toman los necesarios correctivos a estas situaciones, ellas serán una chispa que seguirá encendiendo la violencia.

8.      El Gobierno se equivoca al querer resolver la crisis por la fuerza. La represión no es el camino. Con ella no ha podido evitar las manifestaciones de protesta ni dar respuesta al descontento y la rebeldía de la gente. La salida de la crisis es clara: el diálogo sincero del Gobierno con todos los sectores del país, con una agenda previa y condiciones de igualdad, y con gestos concretos, evaluables en el tiempo, como señales de la necesaria  rectificación.  Consideramos oportuna y de gran valor la participación de la Santa Sede en el diálogo entre el Gobierno y la oposición. El pueblo venezolano apreciará en sumo grado dicha participación y sabrá reconocer el valioso aporte de la Iglesia.

9.      Hacemos un llamado a todos los venezolanos, especialmente a los dirigentes del Gobierno y de la oposición, a considerar la extrema gravedad del momento presente, y a evitar que el país se siga desangrando y se derrumbe por la violencia. Más aún,  los exhortamos al dialogo y a poner todo su esfuerzo por construir nuevas relaciones basadas en el mutuo reconocimiento, la reconciliación y la búsqueda de la normalización de la situación nacional.

10.  La fe cristiana bien entendida nos exige a todos los creyentes responsabilizarnos del destino del país, no permanecer indiferentes sino más bien involucrarnos en la defensa de la vida, de los derechos humanos, de la libertad y la democracia. Nadie que viva en Venezuela debe decir que no le interesa o preocupa la violencia y las muertes que están aconteciendo en ciudades y pueblos. Todos, sin excepción, somos responsables de la libertad, la paz y el destino democrático de nuestra Patria. 

11.  Inspirados en la Palabra de Dios, todos los creyentes en Cristo tenemos que asumir decididamente el servicio de la reconciliación. Aprovechando la Cuaresma y la próxima Semana Santa, los sacerdotes, religiosas, laicos comprometidos en acciones pastorales y los Obispos contribuiremos a edificar la paz desde la verdad y la caridad, pues a la Iglesia le corresponde ser el ámbito de la comunión donde todos podremos encontrarnos asumiendo razonablemente nuestras diferencias. Como enseña San Pablo, nos toca derribar todo muro de divisiónCristo es nuestra paz (Ef 2,14) 

12.  Nos solidarizamos con la población de las ciudades que más han sufrido la violencia y los efectos de la militarización. Particularmente con los habitantes de San Cristóbal. Invitamos a todos los católicos a ofrecer a Dios el  AYUNO del próximo VIERNES SANTO EN SOLIDARIDAD con todas las familias que lloran a sus seres queridos, pidiendo para ellas consuelo, esperanza y fortaleza espiritual.

13.  Invitamos a todos los ciudadanos, independientemente de su simpatía política, a unirnos como venezolanos, a superar el odio y la violencia, a evitar falsos rumores e informaciones que producen zozobra en la población y a comprometernos con Dios a resolver nuestros conflictos de manera pacífica. Ponemos estas intenciones en las manos amorosas de Nuestra Señora de Coromoto, Patrona de Venezuela.

XEmmo. Sr. Cardenal
Jorge Urosa Savino
Arzobispo de Caracas
    Presidente de Honor de la CEV


XDiego Rafael Padrón Sánchez
Arzobispo de Cumaná
Presidente de la CEV

 
XJosé Luis Azuaje Ayala
         Obispo de Barinas  
1° Vicepresidente de la CEV



XMario Moronta Rodríguez
Obispo de San Cristóbal
2° Vicepresidente de la CEV

XJesús González de Zárate
Obispo Auxiliar de Caracas
          Secretario General de la CEV