martes, 10 de enero de 2017

Palabras de Mons. Diego Padrón Sánchez, Presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, en la Apertura de la CVII Asamblea Ordinaria Plenaria


Sres. Cardenales Jorge Urosa Savino, Arzobispo de Caracas, y Baltazar Porras Cardozo, Arzobispo de Mérida, Presidentes de Honor de la CEV
Excmo. Mons. Aldo Giordano, Nuncio Apostólico.
Sres. Arzobispos y Obispos de Venezuela
Rvdo. Padre Francisco José Virtuoso, Rector de la Universidad Católica Andrés Bello
Rvdo. Padre José San José Prisco, Rector del Colegio Español "San José" de Roma, residencia de los sacerdotes venezolanos enviados a estudiar a la Ciudad Eterna
Sres. Representantes de los diversos organismos eclesiales
Sra. Presidente y demás miembros de la Junta Directiva del Consejo Nacional de Laicos (CNL)
Sres. Delegados de los Consejos Diocesanos de Laicos (CODILAI)
Sres. Pbros. Subsecretarios de la CEV
Estimados Religiosos y Religiosas
Sres. Directores de los Departamentos del Secretariado Permanente del Episcopado Venezolano (SPEV)
Sres. Representantes de los Medios de Comunicación Social
Señoras y Señores Invitados Amigos todos.
SALUDOS
Con esperanza y confianza abrimos la Centésima Séptima Asamblea Ordinaria Plenaria del Episcopado Venezolano en un clima de comunión fraterna, oración común (Cf Hch 2,42) y diálogo franco.
Desde esta sede envío junto con todos los hermanos Obispos un cordial saludo a S.E. Mons. Roberto Lückert León quien por límite de edad termina su ministerio episcopal en Coro. La Iglesia y el pueblo venezolano le agradecen hoy y le agradecerán siempre su intenso trabajo pastoral y su valentía en la defensa de los Derechos Humanos desde la Comisión de Justicia y Paz.
Saludo y felicito a S.E. Mons. Mariano José Parra Sandoval, Arzobispo Electo de Coro, sede primada de Venezuela.
Saludo y felicito a S.E. Mons. Alfredo Torres Rondón, nuevo Obispo de San Fernando de Apure.
Saludo fraternalmente a S.E. Mons. Ubaldo Santana, Arzobispo de Maracaibo, S.E. Mons. William Delgado, Obispo de Cabimas, y a S.E. Georges Kahhale, Obispo del Exarcado Apostólico de los Griegos Melkitas en Venezuela, que han estado enfermos con el deseo, convertido en oración, de su pronta recuperación.
EXORDIO

Siguiendo sus propios Estatutos, la CEV realiza en el año dos asambleas ordinarias plenarias (Enero y Julio) para el encuentro personal, el análisis, la reflexión y toma de decisiones tanto sobre la vida de la misma Conferencia, de sus planes, programas y organismos de ejecución, como de la situación del país.


En esta ocasión, los Obispos venimos, por una parte, a reunirnos después de dos días de estudio del Motu Proprio Mitis Iudex Dominus Iesus (15-08-2015) del Papa Francisco, sobre la atención pastoral a un gran número de católicos que se encuentra en una situación matrimonial imperfecta de hecho y de derecho; es decir, de aquellos católicos que se han divorciado de su legítimo cónyuge y han vuelto a contraer nupcias civilmente, permaneciendo el vínculo de su matrimonio eclesiástico. Esta realidad exige a la Iglesia, según el Motu Proprio, la revisión del proceso de declaración de la nulidad matrimonial, con la finalidad de convertirlo en un proceso más expedito y breve en manos del Obispo diocesano. El primer párrafo del documento pontificio señala claramente el propósito de la intervención directa del Pastor diocesano:
El Obispo, en virtud del canon 383, 1, está obligado a acompañar con ánimo apostólico a los cónyuges separados o divorciados, que por su condición de vida hayan eventualmente abandonado la práctica religiosa. Por lo tanto, comparte con los párrocos (cf. Can. 529,1) la solicitud pastoral hacia estos fieles en dificultad.

Por otra parte, los Obispos dedicaremos dos días de esta Asamblea a un encuentro de estudio y reflexión con los laicos católicos de Venezuela, sean los asociados en movimientos de apostolado seglar o Consejo Nacional de Laicos (CNL), sean los no asociados, pero activos en una pluralidad de tareas. Durante estos días, la Asamblea Episcopal se convertirá en Asamblea Conjunta de Obispos y Laicos. Es la primera vez, después del Concilio Plenario de Venezuela, que los Obispos nos reunimos con ellos, como lo hemos hecho anteriormente con los Religiosos y Religiosas. Este encuentro será de extraordinaria importancia tanto para el cuerpo eclesial como para la sociedad venezolana, más aún en esta hora crítica de la nación, pues los laicos (as) están, o deben estar, como Iglesia, no detrás del clero, sino a la vanguardia de los cambios sociales y políticos.

PANORAMA ECLESIAL

En la Iglesia, el Año Litúrgico recién finalizado se desarrolló bajo el lema evangélico Misericordiosos como el Padre (Lc 6,36). Los fieles cristianos, dispersos en el mundo, movidos por el Espíritu de Dios y convocados por el Papa Francisco, redescubrimos el mensaje central de las Bienaventuranzas: la misericordia, que es la síntesis del Evangelio.
 
En la Iglesia de Venezuela, a pesar – y tal vez por ello - del contexto de tensiones y violencia nacional, la misericordia ha sido una vivencia muy sentida, que acercó a muchas personas a Dios, a la Iglesia, a los sacramentos y al ejercicio del perdón y la solidaridad. En particular, la predicación kerigmática de la misericordia, unida a sus obras corporales y espirituales, ha traído fortaleza y consuelo al país.

Tal proclamación no es un slogan ni un anuncio publicitario pasajero. Es la revelación central del Evangelio. Por consiguiente, como ha dicho el Papa Francisco, es un mensaje que no se agota en un año, afirmación de Francisco que constituye, precisamente, el punto de partida de su Carta Apostólica más reciente, Misericordia et misera (20-11-16), cuyo tema de fondo gira sobre el encuentro entre Jesús y la mujer adúltera (Jn 8,1-11). Quedaron – comenta San Agustín – solo ellos dos: la miserable y la misericordia. La enseñanza de este episodio indica el camino – continúa el Papa – que estamos llamados a seguir en el futuro. Esta es una carta programática. He aquí su importancia!
En el año 2016, fue manifiesto el apoyo del Papa Francisco al proceso de paz en Colombia, así como sus reiteradas intervenciones a favor del diálogo y reconciliación en nuestra Patria. Algo semejante a lo que antes había realizado de manera sorpresiva, pero muy significativa, por oportuna y prudente, para facilitar el restablecimiento de relaciones diplomáticas y comerciales entre La Habana y Washington ¡Francisco tiene sangre latinoamericana! Con gran sensibilidad humana comprende y sufre, como cualquier otro latinoamericano atento y sensible, los problemas de injusticia, discriminación, violencia, hambre y enfermedades que padecen nuestros pueblos. En su corazón de Padre Universal de la cristiandad, nuestro continente no ocupa un lugar exclusivo, pero sí de preferencia.

Los trabajos de los Sínodos de 2014 y 2015 se ven enteramente reflejados en la extraordinaria Exhortación Apostólica Amoris Laetitia (La alegría del Amor, 19-03.16), que hace juego con la anterior, La alegría del Evangelio (24-11-2013) y pone de relieve el Evangelio de la Familia, cuyos valores son indispensables para garantizar la convivencia social y fundamentar la inspiración cultural cristiana en el actual cambio de época.
Junto a esta Exhortación, y en el marco del proceso de reforma de la Curia Romana que viene adelantando paulatinamente, el Papa ha puesto particular interés en destacar el protagonismo de los laicos, de la mujer y de la familia en la iglesia y especialmente en la vida pública.

Para promover y difundir los valores evangélicos en la sociedad, el Papa ha creado ad experimentum el nuevo Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, en sustitución de los anteriores Consejos pontificios con finalidad semejante. Del mismo modo, otro Dicasterio para el Servicio al Desarrollo Humano Integral compuesto por cuatro Consejos mundialmente conocidos, relativos todos a la justicia y la caridad: Justicia y Paz, "Cor unum", Emigrantes e Itinerantes y Pastoral de la salud.

Igualmente, una constante del magisterio diario de Francisco es la referencia al papel de la mujer en la vida de Iglesia. A petición de la Asamblea de Superioras Generales de las Congregaciones Religiosas, ha constituido una Comisión de siete teólogos y siete teólogas, todos docentes de reconocidos centros universitarios, presidida por el Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, para iniciar un estudio sobre la posibilidad de restablecer el Diaconado para las mujeres, conforme a las enseñanzas de los Santos Padres. Después de esta investigación quizás se restablezca en la Iglesia el ministerio de las Diaconisas Permanentes, de las cuales hace alguna mención la historia de los primeros siglos cristianos.

En relación con el tema de la mujer, el Papa ha escrito recientemente (22-07-16) una nueva Constitución Apostólica, que lleva por título Vultum Dei quaerere (Buscar el rostro de Dios), en la que muestra su preocupación y afecto por la vida contemplativa femenina que se desarrolla en los monasterios. El contenido central de esta Constitución es la búsqueda de Dios a través de la historia de la humanidad, llamada a un diálogo de amor con el Creador. Es también una exhortación a los monasterios femeninos a cuidar la selección de las candidatas y la formación integral de las monjas, valiosas y valientes mujeres que, teniendo su vida oculta en Dios (Col 3,3), mantienen con el silencio y la oración, la fraternidad y el trabajo, la misión evangelizadora de la Iglesia en salida, en un mundo cada vez más complejo y exigente.
Todas estas iniciativas del Santo Padre marcan un nuevo rumbo a la Iglesia, apuntan a la descentralización clerical e impulsan a los laicos, hombres y mujeres, a tomar en serio su protagonismo en la evangelización de la cultura para la transformación de la sociedad.

Panorama Nacional

En nuestro país, el 2016 ha terminado muy mal, con gran desesperanza. El saldo está "en rojo" en todos los rubros. Casi 29.000 muertes violentas; hambre y falta de comida que solo producen agonías y desnutrición; desabastecimiento de medicinas, que provocan decesos y reaparición de epidemias; más de 120 presos políticos injusta e ilegalmente privados de libertad; la corrupción generalizada, el ataque sistémico a la empresa no oficial y a los Medios de Comunicación independientes, la inconsulta, violenta e inconstitucional ideologización de la educación; los intentos de anular a la Asamblea Nacional; el cierre del camino electoral; la crisis financiera y, últimamente, la improvisación y confusión con el uso y desuso de la moneda de mayor valor que creó gran incertidumbre y angustia en la población, sobre todo en los más pobres.
A este resumen de equivocadas políticas debo añadir, al menos, tres experiencias, diversas en su modalidad, pero convergentes en su potencial de revelar el deterioro de la calidad humana y de la convivencia social y, en consecuencia, su carácter interpelante: la masacre de Barlovento, los saqueos y el vandalismo en Cumaná, Ciudad Bolívar y otros lugares y el asalto al Monasterio Trapense en Mérida, junto con el robo y amedrentamiento a los monjes, empleados y visitantes.

Todo ello ejemplifica una verdad patente, elemental y conclusiva: en la historia venezolana de los últimos cincuenta años – si no más – los ciudadanos no habíamos atravesado una etapa tan dura, incierta e injusta.
No obstante, en el mismo panorama nacional del año, el acontecimiento más positivamente sobresaliente ha sido la elección de Mons. Baltazar Enrique Porras Cardozo para Cardenal de la Iglesia. Esta honrosa designación al actual Arzobispo de Mérida lo convierte en un actor de las decisiones de mayor envergadura en el pontificado romano. Ha pasado a ser oficialmente uno de los consejeros inmediatos del Romano Pontífice. A partir de ahora, sus opiniones y actuaciones tendrán resonancia mundial. Venezuela toda ha salido ganando. El es un atleta del Espíritu, de la dignidad, de la libertad y la verdad. Él es un experimentado defensor del hombre y de sus derechos, en cualquier escenario, dentro y fuera de nuestras fronteras.

Para la Iglesia venezolana este nombramiento ha sido una designación que nos enorgullece, pues –como dice el apóstol Pablo- en un cuerpo, cuando un miembro sufre, todos los demás sufren, y cuando un miembro es honrado, todos los demás se felicitan (Cf 1 Co 12,26). Ha sido un regalo del Papa Francisco a toda la Iglesia y para toda Venezuela. Por eso los venezolanos le estamos inmensamente agradecidos y rezamos ahora con mayor fervor por él. Ha sido, además, una evidente ratificación de las líneas de acción social evangelizadora de la Conferencia Episcopal Venezolana.
Ha sido también motivo de honda satisfacción para nuestro gentilicio y nuestra Iglesia, la elección del P. Arturo Sosa Abascal s.j., para el cargo de Prepósito General de la Compañía de Jesús y primer sucesor de San Ignacio de Loyola que no proviene del continente europeo.

El Padre Arturo, antiguo Provincial y Rector de la Universidad Católica del Táchira, reputado investigador y docente de la realidad política venezolana, es nuestro amigo y hermano. El cuenta con nuestro afecto, nuestro reconocimiento y nuestra oración. Como broche de oro, su elección ha coincidido con la clausura del Año Centenario de la reinstalación de la presencia de la Compañía de Jesús en nuestra tierra.

Durante los últimos meses del año ocupó la cartelera el tema del llamado "Diálogo", tras un prologado in crescendo de las tensiones políticas, pero, sobre todo, con un trasfondo de progresiva y dramática realidad socio-económica de carencias, desafueros, improvisaciones y manipulaciones. Sin distinción de ideologías o credos, la población, los líderes políticos, las Iglesias, las universidades, los Medios de Comunicación Social y las más diversas instituciones solicitaban, de modo apremiante, la apertura de un diálogo entre el Gobierno y la Oposición. Parecía que todos, incluso el Gobierno, estábamos de acuerdo en que ése era el camino para encontrar soluciones a los graves problemas del país. Pero después del reciente intento fallido, a muchos les parece que aquella inquietud era más una manifestación del subconsciente colectivo que una solicitud razonada y una puesta en escena diáfana, estructurada y con voluntad efectiva de llegar a acuerdos y cambios visibles a respetar y poner en práctica de inmediato. Por ejemplo, la liberación de todos los presos políticos.

La Mesa de Diálogo, integrada por cuatro Equipos de trabajo, sesionó con altibajos, y, en definitiva, su mecanismo no funcionó. La metodología empleada no condujo a resultados reales evaluables, como se esperaba; predominaron los discursos y las promesas. Pero, sobre todo, el diálogo fracasó, en esta ocasión, por una maligna conjunción de factores: no había entre las partes voluntad sincera de dialogar; no se tomaron las habituales previsiones de definición y organización para disponer medios efectivos en función de fines y objetivos definidos y consensuados, comenzando por el respeto mutuo y el reconocimiento del otro, como muy bien expresó a las partes y a los facilitadores , en carta posterior, el Secretario de Estado Vaticano y anterior Nuncio en Venezuela, Cardenal Pietro Parolin. Su pregunta clave fue y sigue siendo: ¿Dónde están los resultados?
La culpa del fracaso no fue del diálogo en sí, como mecanismo, ni de los facilitadores del proceso, en el que todos tuvieron una cuota, desigual, pero real, de preocupación, trabajo y responsabilidad, en particular, sino de las partes sentadas en la Mesa.

Y es que, en efecto, ambas partes, Gobierno y Oposición, si bien a título diverso, no asumieron el diálogo en función del país, sino que lo consideraron más bien como una simple estrategia política, útil, no para dirimir los grandes conflictos que afectan a todos por igual, sino para fines particulares, incluso subalternos. A la vista de lo ocurrido, me atrevo a concluir que para el Partido oficial y el Gobierno, el diálogo fue más bien un instrumento para ganar tiempo y frenar la presión interna y externa, y en concreto, el Referéndum Revocatorio del mandato del Presidente de la República. Para los sectores opositores, e incluso algunos ex militantes del primer oficialismo y como también simpatizantes de los llamados "ni-ni", fue ocasión para exhibir las innumerables deficiencias, principalmente del Poder Ejecutivo, pero también de los otros Poderes afines o dependientes de él, en materia de Derechos Humanos, economía, respeto a la autonomía de los Poderes del Estado, en particular del Poder Legislativo, y transparencia en sus ejecutorias.

Algunos políticos y analistas, adversarios o distantes de la Mesa de diálogo, han querido inculpar a la facilitación de la Santa Sede de haberse dejado engañar por el Gobierno y de haber enfriado los ánimos para la protesta en la calle y para proseguir la ruta del Referéndum Revocatorio, en ese momento, a medio camino. Otros han querido descalificar a la Conferencia Episcopal, atribuyéndole también una voluntad de apaciguamiento de las movilizaciones, y otros han ido más allá, pretendiendo descalificar al Facilitador enviado de Roma e incluso al propio Papa Francisco.

Sin descartar que siempre sea posible obrar con mayor oportunidad, resulta fácil, aunque atrevido, hablar a posteriori y desde fuera; pero bordea la irresponsabilidad y hasta la mala fe pasar del juicio de actos a la imputación de intenciones y la condena de personas. Es un caso emblemático de exigencia del examen de la conciencia moral y de una conversión intelectual y espiritual.

Frente a esa falsificación de los hechos, es importante recordar, aunque sea someramente, la verdad histórica: el responsable primero y principal de que no se haya realizado el Referéndum Revocatorio en 2016 es el Gobierno Nacional que, temeroso de someterse al veredicto popular, utilizó alguna indecisión opositora, pero, sobre todo, subterfugios judiciales y la mayoría que tiene en el Directorio del Consejo Nacional Electoral para secuestrar, sin fecha límite, la convocatoria del Referendo , es decir, para denegar de facto el Derecho del Pueblo al voto en ejercicio de su soberanía. Hay cuatro fechas que todo venezolano tiene que tener muy claras: el 20, 22, 24 y 30 de octubre. El 20 el Gobierno negó toda posibilidad al Referendo, el 22 se produjo el asalto violento a la Asamblea Nacional, el 24 llegó al país el representante del Papa, Monseñor Emil Paul Tscherrig, y el 30 se produjo la primera reunión del hasta ahora frustrado Diálogo Nacional. Dicho de otra manera, el "secuestro" del Diálogo se produjo diez días antes de la instalación de la Mesa y sus cuatro Equipos.

Señalar a la Santa Sede o a los Partidos políticos como supuestos responsables de que no se haya favorecido la convocatoria efectiva del Referendo, no sólo no es cierto, sino que le quita el peso de la responsabilidad histórica al único responsable real: las autoridades del Gobierno Nacional y sus operadores electorales y judiciales.

Por otra parte, denigrar del diálogo en sí, como procedimiento de solución de conflictos, es un error político, histórico, sociológico, filosófico, estratégico, pero antes y aún más, es una falta de comprensión de lo que es el ser del hombre, una negación del sentido y valor de la relación humana fundamentada en la palabra compartida, pues los seres humanos somos constituidos humanos por la palabra, y es también una actitud antiética en cuanto representa implícitamente un rechazo a la palabra como vehículo de comunicación y comunión, como instrumento de convicción y verdad, y como paradigma de la expresión de libertad. Estoy convencido de que más temprano que tarde los líderes políticos, para sacar a este país de la crisis que lo está destruyendo, invocando la democracia, tendrán que recurrir, en nombre de la democracia, al diálogo, la negociación y los acuerdos, únicos antídotos frente a la irracionalidad de la fuerza, la corrupción y la violencia, símbolos por excelencia de los peores males de esta sociedad.

En ese marco, por honestidad y deber de justicia, los Jefes de algunos partidos políticos de la Oposición deberían admitir que en los días del Diálogo no se comportaron a la altura de las circunstancias. No quisieron "retratarse" hablando con un gobierno que nunca ha dado garantías reales de cumplir lo que promete. Prefirieron preservar sus candidaturas personales de todo riesgo político-electoral. Pero este comportamiento táctico no los libra de su responsabilidad frente al pueblo.

También a este intento de diálogo ineficaz le faltó, en esa fase al menos, el apoyo decidido y oportuno, de la ciudadanía y, más aún, de la Sociedad Civil organizada. La tentación desgraciadamente recurrente tanto de las instituciones civiles y democráticas como del común de los ciudadanos, es escurrir el bulto, evadir la propia responsabilidad y fomentar la antipolítica, haciendo caer el peso de de todos los errores sobre los partidos políticos, aislados o integrados en alguna organización o alianza e incluso sobre la propia actividad política como instancia de convivencia en sociedad, y realización personal de servicio al Bien Común. Pero, al mismo tiempo, las organizaciones políticas, sus militantes y la ciudadanía en general tienen que reconocer que no pueden alcanzar dichos fines, de modo pacífico, constitucional, democrático y electoral, sin la participación coherente y articulada de las instituciones, incluida la militar, cuyos miembros todos, como integrantes del pueblo soberano, tienen derecho al sufragio electoral, dentro del respeto a las funciones que la norma Constitucional y las leyes les asignan y por las cuales se responsabilizan. ¡En este proceso no se puede excluir a ningún sector!

En nuestra sociedad, concebida como un amplio "bosque", cada sector, a manera de "árboles", tiene sus propios planes; es necesario cambiar de metodología de acción. Pasar de la metodología individual o tribal de "conuco" a la de articulación de esfuerzos, modelos y proyectos. Las condiciones de los sujetos llamados a integrar una tal "sinergia institucional" son: honestidad en las actuaciones, promoción y respeto de los Derechos Humanos, defensa de la democracia y búsqueda del bien común.

En este sentido, la Conferencia Episcopal renovará en los próximos días, como ejercicio de servicio subsidiario al pueblo, su exhortación a todos los sectores del país a traducir en programas, acciones y recursos, algunas líneas básicas, positivas, incluyentes y prospectivas, de una propuesta democrática, constitucional y pacífica, para la superación política de la grave crisis que nos agobia.
LA ASAMBLEA CONJUNTA DE OBISPOS Y LAICOS

Como señalé al principio, en la Agenda de esta Centésima Séptima Asamblea ocupará un gran espacio el programa de la Asamblea Conjunta de Obispos y Laicos durante el domingo y lunes próximos, 8 y 9 del presente mes.
A partir del Concilio Vaticano II se ha ido esclareciendo, cada vez más, la vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo. Para la Iglesia en nuestro país ha sido determinante en esta tarea tanto el magisterio conciliar y pontificio como el de los Obispos latinoamericanos y el venezolano, especialmente en el Concilio Plenario de Venezuela, hace ya diez años.

Recientemente (19-03-16) el Papa Francisco escribió una Carta al Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina sobre la importancia del compromiso de los laicos en la vida pública. La Carta, sin embargo, está dirigida a los Pastores, no a los laicos. La introduce el siguiente acápite: Los laicos son los protagonistas de la Iglesia y del mundo, a los que los Pastores están llamados a servir y no a servirse de ellos.

Partiendo del contexto de la relación Pastores y Laicos en su tierra natal, Francisco describe como un cáncer la grave deformación eclesiológica del clericalismo, más preocupado –dice él- por dominar espacios que por generar procesos.

En nuestra Iglesia, la tentación hoy no es tanto el clericalismo explícito de los Pastores como la tendencia sutil de los laicos a buscar refugio en los aleros de los templos. Pero sin duda esta tendencia tiene su origen en cierto estilo pastoral, y, más a fondo, en una eclesiología y teología ya superadas.

El compromiso más enraizado en la mentalidad común de los laicos es la incorporación a un determinado movimiento apostólico o la vivencia de una exclusiva corriente de espiritualidad, más que conciencia de pertenencia a la misma Iglesia y disponibilidad para la misión. El convencimiento general de que la fe es más devoción piadosa que "salida", riesgo y compromiso, también obstaculiza la comprensión del cristiano como discípulo misionero. De aquí proviene, entre otras causas, la separación entre fe y vida, fe y compromiso, fe y acción.

Sabemos, por otra parte, que para la mayoría de los católicos, la religiosidad popular,(o más técnicamente, la "piedad popular", que el Papa llama "pastoral popular") con todas sus riquezas, pero también con todas sus debilidades y deformaciones, es la única vía que los introduce y mantiene dentro del pueblo de Dios y su única instancia de participación en él. Por lo tanto, nuestra tarea de pastores consiste, ante todo, en acompañar al pueblo, educarlo en la fe para el testimonio y la misión, y darle apoyo de orientación moral en sus opciones de servicio al Bien Común.

Los ámbitos propios del testimonio y de la tarea evangelizadora de los laicos son la familia y la vida pública. Su espiritualidad y su compromiso son de diferente cualidad que los de los sacerdotes y religiosos, pues su vocación y misión es fundar la familia y transformar desde dentro la realidad secular. En este sentido, la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia es imprescindible recurso de los laicos y un manual de gran ayuda para su formación personal, meditación y aplicación en su vida de familia y en su apostolado.

El ámbito más desafiante y, por ello, el más temido por los laicos es el de la vida pública, en gran medida porque sus formadores han sido generalmente los sacerdotes. A esto hace referencia en su Carta el Papa, Francisco: "Muchas veces hemos caído en la tentación de pensar que el laico comprometido es aquel que trabaja en las obras de la Iglesia y/o en las cosas de la parroquia o de la diócesis y poco hemos reflexionado cómo acompañar a un bautizado en su vida pública y cotidiana; cómo él, en su quehacer cotidiano, en las responsabilidades que tiene, se compromete como cristiano en la vida pública".

Por su parte, los laicos no ejercen en el campo sociopolítico su misión solamente con espiritualidad, sino con una organización eficaz. Debemos reconocer- añade Francisco- que el laico por su propia identidad, por estar inmenso en el corazón de la vida social, pública y política, por estar en medio de nuevas formas culturales que se gestan continuamente tiene exigencias de nuevas formas de organización y celebración de la fe. Venezuela en las actuales circunstancias necesita, sí, un laicado bien formado tanto religiosa como profesionalmente, pero más aún, sólidamente organizado. Un laicado que, si bien ha de contar con el apoyo moral y la orientación doctrinal de los Pastores, actúa en cristiano bajo su propia responsabilidad. no tenga miedo de intervenir en áreas limítrofes de pensamiento referente a la familia y a la sociedad, y en cuestiones ampliamente discutidas, como la irrupción de la ciencia y la tecnología, como tales y como ideología, en la moral familiar, así como el replanteo de la relación entre la fe y la política en clima de crisis de la democracia liberal y de la sociedad industrial capitalista-financiera y, en nuestro entorno, de una estructuración socio-económico-política que se auto-define como socialista marxista. En este campo político- social más que con su opinión, los laicos participan con su acción. Que no se cumpla lo apuntado por el Papa: es "la hora de los laicos", pero el reloj se ha parado".
CONCLUSION

En la historia del país ningún gobierno había hecho sufrir tanto, por acción y omisión, al pueblo como el que ahora administra formalmente las funciones. El desabastecimiento dramático de alimentos y medicinas es la negación palpable de una economía sana. La inseguridad y la violencia incontrolada es la negación de la capacidad de gobernar con justicia y orden. La corrupción y la injusticia sistemática imperantes son la antítesis de la honestidad y la verdad. El control absoluto de las finanzas, del derecho a la libre expresión y la persecución contra la disidencia son la negación de la confianza, la libertad y el diálogo.

Lo anterior, más los intentos por vulnerar la memoria de pertenencia a una comunidad histórica y fundamentalmente una, el irrespeto a la dignidad inalienable de todos y cada uno, así como del derecho y deber de participar en el diseño y concreción de un presente común y de un futuro de esperanzas compartidas, configuran una desfiguración ética y espiritual intolerable.

La Conferencia Episcopal y cada Obispo en su diócesis a lo largo de año 2016 no cesó de ofrecer una visión realista de la situación global que caracteriza al país en el momento. De muchas maneras llamó a los dirigentes sociales y políticos a pensar en el país antes que en parcialidades. Denunció sin ambages todas las formas del mal que dañan a la sociedad. Promovió el diálogo político entre el gobierno y la oposición, y solicitó al Poder Ejecutivo autorización para abrir un canal humanitario. Cáritas Nacional ha ofrecido su infraestructura para coordinar el servicio de distribuir medicinas, servicio que, en pequeña escala, ya viene prestando.
La Conferencia Episcopal respalda al Sr. Card. Jorge Urosa Savino, Arzobispo de Caracas, en su mensaje de alerta al pueblo católico. El mayor desafío de los Obispos es iluminar con la fe en Jesucristo y en su palabra la historia presente y cooperar con el bienestar material y espiritual del pueblo.

Por todo ello, con enorme pesar, pero con realismo, debemos expresar, serena, pero firmemente, que los venezolanos iniciamos el 2017 sumidos en un caos, es decir, vivimos una real tragedia de consecuencias históricas, que afecta a personas, comunidades e instituciones, y no sólo en su modalidades funcionales, sino también en sus raíces más profundas, a la manera de un verdadero daño humano, social, espiritual.
En este 2017 no podemos, sin embargo, dejar que nadie ni nada nos robe la esperanza; este no es momento para alimentar la depresión. La desesperanza no cabe en quien confía en el ser humano, porque él es criatura redimida por Cristo. El es nuestra esperanza radical. No todo está perdido, mientras haya una ciudadanía consciente, con la fe y la esperanza activadas, capaz de diseñar y emprender nuevos y mejores rumbos. Como nos dice el Papa Francisco no tengamos "cara de velorio o cementerio", sino de fuerza transformadora de la realidad.

El llamado final es a "desarmar los espíritus", a desplegar una creatividad solidaria, y a mantener la "esperanza contra toda esperanza", (Rom. 4,18), porque la última palabra le corresponde siempre a la vida y la justicia, la verdad y el amor.

Desde los valores del Evangelio, en especial solidaridad y acompañamiento, presentes en la persona del Buen Samaritano (Lc 10, 25-37), la Iglesia en Venezuela, con la gracia de Dios, seguirá ofreciéndose como hospital de campaña, abierto a todos, curando y socorriendo a todos.

Que la estrella de Belén, que aún brilla en nuestro cielo, ilumine el camino para construir la Venezuela que soñamos.
Muchas gracias
Caracas, 07 de Enero de 2017.

lunes, 21 de noviembre de 2016

La Virgen de Chiquinquirá: Una espiritualidad zuliana

Pbro. Mgs. Andrés Bravo
Director del Centro de Estudios de Doctrina y Praxis Social de la Iglesia
UNICA

            En estos días el pueblo zuliano enfoca con mayor relieve su atención hacia la Virgen de Chiquinquirá, la Chinita de Maracaibo, la Sagrada Dama del Saladillo, la Zuliana de los Zulianos o como queramos decirle, porque los zulianos nos tomamos la libertad de llamarla con una gran confianza, con nombres que la identifican con nuestra cultura, nuestra idiosincrasia. Así la sentimos cada vez más cerca y más amada.
Los zulianos somos chiquinquireños. Igual que los cristianos somos marianos. Porque, en nuestra genuina espiritualidad, los seguidores de Jesucristo nos sentimos amados por su Madre. Aquella que el crucificado nos entregó como nuestra Madre y, como lo hizo el discípulo amado, la hemos recibido en nuestro hogar. Es precisamente en este acontecimiento que narra el Evangelio según San Juan (cf. Jn 19, 25-27), donde Jesús anuncia el nacimiento de la nueva familia, en la que todos somos hermanos, con el mismo Padre Dios y la misma Madre María. Los cristianos somos hijos amados porque estamos configurados al Hijo amado. Amados por nuestro Padre común que es también el Padre de Jesucristo y la misma Madre común que es su misma Madre María.
Los Zulianos también somos la familia de Dios y a esta Madre la veneramos e invocamos como Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, la Reina del Lago, Chinita amada. Ya hace muchísimos años que se reveló humilde como nuestro pueblo, a orillas del inmenso Lago del Coquivacoa, a una señora pobre de El Saladillo quien la custodió hasta que fue llevada a la Ermita de San Juan de Dios que luego se convertiría en la bella Basílica de Chiquinquirá. A partir de entonces la Basílica es el lugar de encuentro espiritual de los Zulianos entre sí y con Dios, por medio de la Virgen que nos lo muestra. Ahí acudimos todos, sin vestimentas de poder, sin las prebendas humanas que nos distinguen, sin la soberbia que nos encierra en nosotros mismos e impide el encuentro con el otro humano y con el Otro divino.
          Encuentro de amor, sin otra razón que la búsqueda de Dios. Ahí, podemos observar los hechos más sencillos, donde la persona humana se inclina al Absoluto de quien se sabe necesitada. Para pedirle a Jesús por mediación de la Madre buena, Chinita, porque para nosotros es Guajira y a los Guajiros los identificamos como chinos y chinas, chinitos y chinitas. Ante la imagen de esta Madre Guajira, pedimos empleo, salud, liberación de los vicios, salvación de matrimonios en crisis, paz y justicia para la sociedad, liberación de secuestrados, y muchas otras necesidades más que seguro son peticiones escuchadas con amor solícito por nuestro Padre Dios y nuestra Madre Chinita.
          Esto lo sabemos porque el mismo Señor nos lo ha revelado en su Evangelio. La Madre de Dios es nuestra mejor medianera. Ella, como lo hizo en las bodas de Cana de Galilea (cf. Jn 2,1-11), se fija en las necesidades humanas y siente sus carencias: “No tienen vino, les falta alegría, felicidad”. Luego se acerca a su hijo Jesús para expresarle con confianza materna que atienda nuestras necesidades. Enseguida se vuelve a nosotros y la Señora nos invita a hacer lo que el Señor nos pide. Así, cumpliendo la voluntad de Dios, podemos sentir la acción salvadora que hace el milagro de la fraternidad, la fiesta del amor, donde María también está presente con su digna misión de Madre medianera.
Con la misma sinceridad, le entregamos a María de Chiquinquirá nuestras mejores ofrendas. Los premios ganados por cualquier zuliano son para la Virgen. Desde el trofeo de la Serie del Caribe, las diversas bandas de concursos de bellezas, así como títulos académicos o el primer salario obrero. Hasta el solideo del santo Papa Juan Pablo II en su extraordinario encuentro con nosotros en 1985. Pero, la Virgen sólo quiere que sus hijos se amen entre sí, se cuiden y protejan mutuamente, expresen su solidaridad por los más necesitados y nos sintamos la Gran Familia de Dios, la Familia Chiquinquireña.
Les cuento que es Dios quien asocia a la joven María de Nazaret a su plan de salvación a la humanidad y le pide que sea la Madre del Salvador (cf. Lc 1, 26-38). Ella, con una fe sincera, le responde con obediencia y expresa que este Dios que la elige hace cosas maravillosas con “su sierva”. A partir de entonces, siente que los cristianos de todos los tiempos la amamos y la veneramos como la bienaventurada (cf. Lc 1,46-55). Es decir, la bendecida por Dios.
Es maravilloso el misterio que se revela en la persona de la joven virgen de Nazaret. Con su obediencia, se manifiesta el acontecimiento de la encarnación que hace plena la historia. El Hijo eterno, la segunda persona de la Santísima Trinidad, se hace humano como nosotros. Al participar Dios de nuestra naturaleza humana en el seno limpio y puro de la Nazarena, nosotros podemos gozar de su naturaleza divina. Ella le da su naturaleza humana y recibe para nosotros la naturaleza divina de Dios. Recibiendo al Hijo encarnado en la fe humilde, en la entrega generosa, comprometiéndose con la causa salvadora y libremente obediente. Así le da a luz en este mundo y lo entrega a la humanidad que goza de su presencia salvadora. Cristo es la luz verdadera que ilumina al mundo. La Virgen es como un candelabro que hace brillar la luz divina en el mundo.
En este sentido, los zulianos creemos en la Virgen Chinita como la Aurora bonita, aquella que le da paso al Sol de Justicia (cf. Malaquías 4,2), el Sol que nace de lo Alto (cf. Lc 1,67-79), al Redentor de la humanidad. Este es el genuino significado de la extraordinaria procesión de la Aurora, para mi gusto, la más bella, llena de fantasía, de cantos y colores, de expresiones culturales, de zulianidad: “Noche de emoción bendita/ aquella de El Saladillo/ cuando al son del estribillo/ el pueblo espera la hora/ de que le llegue la aurora/ y aparezca la Chinita/ y Ella se asoma bonita/ y el pueblo de emoción llora”, reza el pueblo cantando gaitas.

jueves, 3 de noviembre de 2016

SALUTACION CHIQUINQUIREÑA 2016


Concluye el Año de la Misericordia en la Iglesia universal y también en nuestra Iglesia local de Maracaibo. Ha sido un año de gracia extraordinario que hemos celebrado con gozo en nuestra arquidiócesis bajo la conducción de la Comisión Arquidiocesana del Jubileo, presidida por nuestro Obispo Auxiliar Mons. Ángel Caraballo. Dios, cuya Providencia es infinita, ha guiado a su servidor el Papa Francisco para que lo decretara en un momento álgido de la historia de la humanidad y del devenir de nuestra patria. Esta iniciativa profética del Obispo de Roma, verdadera inspiración del Espíritu Santo, nos ha permitido entrar por la Puerta Santa de la Misericordia, sumergirnos en las fuentes del Amor Redentor de Jesús y descubrir que la misericordia es la expresión de la caridad que nuestro tiempo reclama, una caridad samaritana.
Las fiestas de la Chinita forman parte de esta clausura. Y siento un deber obligante como Pastor de esta amada grey zuliana,  ante el triste panorama de pobreza, miseria,  inseguridad y alarmante deterioro de la salud integral que azota a las familias e instituciones de nuestro país y de la región zuliana de invitarles a hacernos la siguiente pregunta: ¿Cómo quiere nuestra madre, ante tanta desolación y amargura de sus hijos, que celebremos su fiesta este año?

La respuesta es sencilla. La Madre de la divina Providencia nos invita a celebrarlas si, con fe, con esperanza, con rebosante  belleza y alegría pero al mismo tiempo  impregnadas de gran sencillez y austeridad, de mucha caridad y  solidaridad con nuestros hermanos que sufren toda clase de indigencia y abandono.  Llenaremos de alegría el corazón de nuestra Madre si realizamos unas fiestas al mismo tiempo hermosas y llenas de misericordia. Este año por consiguiente evitaremos todo gasto superfluo y ostentoso: no habrá profusión de luces, ni de flores ni de fuegos artificiales en la Bajada, en la solemnidad del 18, y en el resto del programa  hasta la subida de la imagen a su camerino.  Pero en su lugar, con el fruto de la reducción de gastos y ahorros obtenidos,  habrá profusión de gestos de amor, de cercanía y de fraternidad con nuestros hermanos que sufren toda clase de indigencia y de abandono. Buscaremos además consolidar la organización y formación de todos los grupos, empezando por esas dos grandes instituciones que son las Hijas de María y los Servidores de María.

Conozco ya el corazón de este pueblo hermoso y generoso y estoy seguro que esta manera de celebrar este año a nuestra amada Madre y honrar su presencia entre nosotros, encontrará una gran receptividad y que todos estaremos atentos a las indicaciones que nos darán el rector de la Basílica y los demás agentes pastorales y organizadores para actuar unidos y ser así el brazo amoroso de nuestra Chinita que llega a sus hijos más necesitados.

+Ubaldo R Santana Sequera

Arzobispo de Maracaibo

viernes, 21 de octubre de 2016

Una Reflexión Urgente, escrita el 21/10/2016

Hermanos Venezolanos

          Anoche nos acostamos con un sabor amargo, decepcionados, tristes y frustrados. Una vez más el régimen mostró su rostro, ya conocido y revelado un millón de veces, de cruel dictadura. El CNE, servicio obsceno del régimen, prácticamente suspendió el Referendo Revocatorio, salida pacífica y democrática hacia la liberación de Venezuela ¿Qué hacer? No estoy muy claro porque no soy un analista político. Soy un ciudadano de fe cristiana que, aunque la sombra nos cubra demasiado, ve siempre un agujero donde se cuela un rayito de luz de esperanza.
Como reza el salmo 23, aunque camine por cañadas obscuras nada temo porque tú, Buen Pastor, vas con nosotros. Y, como decimos en nuestro pueblo, la pelea es peleando. Yo añado que no podemos seguir luchando con llantos y miedo en nuestro corazón. En píe de lucha nos mantenemos, la resignación no es cristiana. Tampoco, hacia donde nos quieren llevar el régimen, es cristiana ni humana la violencia. Pero, hay que distinguir el conflicto de la violencia. Ésta destruye, aquella exige una respuesta donde va incluida la organización y el sacrificio. El sacrificio por la lucha liberadora, no el sacrificio de la miseria que mata. La protesta es un derecho, es irreverente sí. Muchos quieren que se proteste pero que no los molesten. Los dictadores tienen fuerza bruta, nosotros tenemos la fuerza de la razón y, los cristianos, la fuerza de la fe.
No sé cuánto durará esta situación. Lo que sí sé es que jamás nos podemos detener, ¡jamás! La maldad no tiene la palabra definitiva, el bien siempre triunfa. El camino es largo y difícil, pero es el camino que nos lleva a conquistar la libertad y la democracia. Cerrar puertas es tarea de ellos, abrirlas es nuestra voluntad. Y si quieren saber lo que creo, esto no es mucho lo que dura. El futuro es importante construirlo de manera más humana. Pa’lante venezolanos, Dios los bendiga.

P. Andrés Bravo

lunes, 17 de octubre de 2016

El Cardenal Baltazar Porras. Un Escrito Pretencioso

Pbro. Mg. Andrés Bravo
Director del Centro de Estudios de la Doctrina y Praxis Social de la Iglesia
Universidad Católica Cecilio Acosta
            Una gran alegría sentimos los cristianos y los venezolanos en general al escuchar la buena noticia del nombramiento de Mons. Baltazar Porras como Cardenal de la Iglesia Universal, anunciado por el Papa Francisco en el rezo del Ángelus el domingo 9 de octubre de este Año Jubilar de la Misericordia 2016. Mons. Porras, Arzobispo de Mérida, es una de las personas más apreciada en todo el país y más allá de nuestras fronteras. Como ciudadano ejemplar y sacerdote integral. Buen pastor e intrépido profeta que anuncia la verdad del Evangelio con caridad y valentía. Quienes lo conocemos y hemos tenido la gracia compartir con él, damos testimonio de un ser integro, destacándose por su amor a la Iglesia y a la Patria. Pienso que al escribir estas líneas me convierto en un pretencioso por atreverme hablar de tan alta dignidad.
            Lo conocimos en el Seminario Interdiocesano de Caracas cuando en 1977 los seminaristas esperábamos que llegara de España, como doctor en teología pastoral de la Pontificia Universidad de Salamanca, el nuevo director de estudios. Todos hablábamos de un joven sacerdote del clero de Calabozo. Se había ordenado sacerdote de 22 años y obtiene el doctorado de 32 años. Llegó tarde (enero de 1978, después de presentar su tesis doctoral), el curso había comenzado. Una agradable impresión nos causó su llegada. Lo más relevante era la enorme biblioteca que portaba con él como uno de su más valiosos tesoro. Por lo demás, su inmediata cercanía ganó nuestra admiración y querencia. Observamos que los sacerdotes y laicos intelectuales se acercaban para exclamar con entusiasmo: “Oye, tú eres Baltazar Porras, todos hablan de ti, que gusto conocerte”. Él, con la sonrisa de siempre, respondía con agrado y hasta con sorpresa.
            No tardó mucho para impartir sus primeras lecciones en teología pastoral, más tarde enseñó cristología y otras asignaturas teológicas. Su autor preferido es el progresista teólogo español Casiano Floristán quien le había tutorado su tesis doctoral. Venía con una sólida formación filosófica y teológica, con una clara inclinación por la historia y la cultura, que ha profundizado en su devenir histórico. Seis meses después de su llegada al Seminario Interdiocesano Santa Rosa de Lima, se convierte en nuestro vice-rector. Venía también con una enorme experiencia pastoral. De diácono ya era profesor y miembro del equipo directivo del Seminario Menor San José de Calabozo (1966-1967).
Es ordenado sacerdote el 30 de julio de 1967, en la Catedral de Calabozo, de manos de Mons. Miguel Antonio Salas, Obispo de Calabozo. Sin duda, su mentor, su padre y maestro, desde que fue Baltazar seminarista y Mons. Salas rector del Seminario Interdiocesano hasta que le entregó su Sede Arzobispal de Mérida. Seguro su padre y maestro siguió viviendo feliz hasta la eternidad porque la Iglesia andina quedaba en manos de un buen pastor.
A Mons. Miguel Antonio Salas Salas lo conoceremos mejor por una breve biografía escrita por el propio Baltazar y publicada por el Archivo Arquidiocesano de Mérida (2015), presentada a la Santa Sede para la apertura de su Causa de Beatificación. Escribe el nuevo Cardenal: “Quienes fuimos sus alumnos en el Seminario Menor recordamos con fruición las clases de historia de Venezuela y de formación social, moral y cívica. Verdaderas cátedras de conocimiento, amor a la propia idiosincrasia, dictadas con pericia pedagógica. Bebimos como adolescentes el valor de las virtudes humanas y cristianas que deben adornar a cualquier persona que se precie de su ciudadanía y de ser creyente”. Baltazar no sólo aprendió estas enseñanzas, sino que las vivió y se dejó orientar por ellas. Además, nos las comunica con la misma pericia pedagógica.
Pero, lo repito, entraba el Padre Porras al Seminario con una extraordinaria experiencia pastoral, como párroco, capellán, asesor de movimientos de laicos, trabajo de curia y acción vocacional como formador de sacerdotes. Nuestro formador es un sacerdote amigo de los seminaristas. Creo que aprendimos más viéndole vivir y con las tertulias informales que muchas veces teníamos en su estudio o en los paseos improvisados, que en las magistrales clases en el aula.
Se ve una persona a quien le gusta el deporte y nos exige practicarlo con él. En la introducción de su libro De Cara al Futuro, su primer tomo, publicado por la Universidad de los Andes en 1992 como homenaje a su jubileo de plata sacerdotal, lo expresa con espontaneidad señalando lo que llama “tres querencias”: la capilla, indicando su fuerte vida espiritual. El ejercicio físico que le permite ser disciplinado, constante y eficaz en su trabajo. La tercera querencia son sus libros, su estudio e investigación con seriedad y competencia. Actitudes que formó al sacerdote Baltazar desde seminarista por parte de los Padres Euditas que, por el decir de él, eran de hierro.
El Cardenal Porras vive y se forma en el camino renovador de la Iglesia actual que comienza por los movimientos litúrgicos, sociales, bíblicos, patrísticos, teológicos y pastorales que impulsaron el Concilio Vaticano II (1962-1965). El inicio de su formación teológica en Salamanca coincide con el año de la apertura de las Sesiones Conciliares. Lo sigue paso a paso por medio de informaciones, estudios e investigaciones. Va forjando su vida sacerdotal con el ritmo de una Iglesia que se rejuvenece. Para reflexionar sobre este acontecimiento del Espíritu, nuestro Cardenal escribe con cierto reclamo: “El Concilio, no nos engañemos, inició un movimiento irreversible que no lo podemos detener ni acomodar. Estamos traicionando el paso del Espíritu si seguimos aferrados a las adherencias que los siglos y nuestra propia comodidad han ido acumulando. Ha sido tan avasallador el paso del Concilio que la dinámica de la vida eclesial ha superado, en mucho, algunos planteamientos iniciales y, ¿podemos quedarnos al margen o ignorar esa realidad? Sería suicida porque faltaríamos a la fidelidad al Espíritu que es el que lo mueve todo” (De Cara al Futuro, p.20).
A los cincuenta años de este Concilio, en nuestra Católica de Maracaibo (UNICA), el actual Cardenal Porras comunicará su experiencia: “Tuve la dicha de que mis cuatro años de teología en la Universidad Pontificia de Salamanca coincidieran con las cuatro sesiones conciliares. Vivimos aquellos años con pasión, ávidos de aprender, hurgando en ese Espíritu que soplaba por doquier lo que necesitábamos para poder ser heraldos de la Palabra de Dios en un mundo que mostraba síntomas de cansancio y aburrimiento por lo religioso” (Conferencia dictada el 13 de septiembre de 2012 en la UNICA).
Sigue su conferencia aclarando y desafiando: “Pero, me pregunto a estas alturas, ¿cómo hablar del Concilio Vaticano II a un auditorio que en su mayoría, fundamentalmente por razones de edad, percibe el concilio como un hecho del pasado que no genera el entusiasmo y la pasión que ardió en quienes nos tocó vivir el paso cualitativo de la etapa preconciliar a la efervescencia de las diversas etapas postconciliares? Intentaré, por tanto, de hacer un recorrido testimonial más que doctrinal, con la esperanza de que el recuerdo cordial del Vaticano II sea más bien, un acicate para acercarse a él con la convicción de que hay muchas tareas pendientes que deben asumir las actuales y futuras generaciones”.
Baltazar respira amor a su Iglesia, ésta que ha sido capaz de revisarse a la luz del Evangelio y de la Tradición, que se auto-comprende misterio de comunión y misión en el mismo Misterio de Dios Trinidad. La que es en Cristo, no en ella misma, sacramento de salvación. Que, como dirá Juan Pablo II, es casa y escuela de comunión. La que nace de la voluntad amorosa del Padre y la misión salvadora del Hijo y del Espíritu Santo. La que sirve al Reino de Dios, no la que se cree el Reino de Dios. La Iglesia como comunidad cristiana, humana, integrada por seres humanos, solidaria del género humano y de su historia. Sirvienta de la humanidad, como dirá Pablo VI, el papa de la modernidad, como lo califica Baltazar.
De muchas maneras, nuestro Cardenal, participa y es protagonista de primera plana de los grandes acontecimientos eclesiales de América Latina que sigue el camino renovador del Concilio. Desde estas experiencias, en 1976, él interroga a los cristianos actuales (Los Interrogantes del Cristiano de hoy, Trípode, Caracas 1976): “¿La Iglesia se derrumba? No. La Iglesia cambia. Necesita cambiar, porque le urge dar respuesta a los problemas actuales”. Desde Medellín (1968), al siguiente año de su ordenación sacerdotal, va a vibrar con la Iglesia liberadora que opta preferencialmente por los pobres. Con el fin de ayudar a los laicos a conocer y acoger las Conclusiones de Medellín, realiza una extraordinaria síntesis titulada: Documentos del CELAM (Medellín) para Cursillos de Cristiandad (Trípode, Caracas 1972).
Por lo mismo, su tesis doctoral la dedica al tema del diagnóstico teológico-pastoral de la Venezuela contemporánea desde la documentación episcopal venezolana y desde la teología latinoamericana (Los Obispos y los Problemas de Venezuela, Trípode Caracas 1978). Para el autor, “el mensaje eclesial de Medellín parte de la necesidad de una búsqueda de una nueva y más intensa presencia de la Iglesia en la actual transformación del continente. Convencida de que tiene un mensaje para todos los hombres que tienen hambre y sed de justicia. Quiere ser Iglesia-signo y penetrar todo el proceso de cambio con los valores evangélicos. Como línea pastoral opta por las comunidades eclesiales de base”.
Pero, en Puebla (1979), Baltazar desde el Seminario Santa Rosa de Lima, trabajó y reflexionó muy arduamente desde el primer documento de consulta, en la preparación de los aportes de la Conferencia Episcopal Venezolana y en el mismo desarrollo de la Tercera Conferencia. Va a criticar con serenidad aquel documento de consulta de Puebla, reformado totalmente por los aportes de las distintas conferencias episcopales del continente (se puede leer su artículo “observaciones desde la teología pastoral al documento de consulta de Puebla”, De Cara al Futuro, pp. 116-119).
Pero, existe un libro muy importante que nuestro Cardenal escribe con Mons. Mario Moronta en 1980, siendo los dos presbíteros, se trata de: Puebla, Opción Fundamental de la Iglesia, Trípode, Caracas: “El documento nos presenta en todo momento una referencia a la Iglesia como signo, como comunión, como servicio, como evangelizadora, como preocupada por los hombres, etc. Por ello, la opción de Puebla está en la Iglesia” (p. 7). Aquí se estudia especialmente, las opciones preferenciales por los pobres y por los jóvenes.
Aquellos tiempos de Puebla fueron en el Seminario, gracias Baltazar, intenso en todo lo que significó estudio y reflexión, información, crítica y análisis, tiempos de posturas importantes que nos permitió identificarnos totalmente con la realidad socio-política de Latinoamérica. De luchas, dictaduras militares crueles, guerras civiles, ideologías como el socialismo, cristianos por el socialismo, al otro extremo, la seguridad nacional. Tiempos juveniles de la revista Protesta (Ed. San Pablo) penetrada por nosotros en el Seminario. Cómo olvidar cuando el 24 de marzo de 1980 nos metimos a llorar el asesinato de Mons. Romero en el estudio de Baltazar, que compartía nuestras inquietudes y nos escuchaba, así como también nos orientaba y enseñaba. Es verdaderamente una gracia divina haber vivido mi formación con sacerdotes como Baltazar.
Después de que lo nombran Obispo Auxiliar de Mérida en 1983 y luego Arzobispo de la misma Arquidiócesis andina en 1991, lo hemos visto actuar a nivel nacional. Especialmente, en estos años de totalitarismo y grave crisis humanitaria. Ha sido un pastor y un profeta agudo. Según él, “sería bueno, pasearnos por la realidad venezolana y preguntarnos, si basta la estética comunicacional o es necesario hincarle el diente a la ética, para que la igualdad sea el rasero con el que midamos la conducta personal y la de aquellos que nos dirigen”. Como hijo del Vaticano II, de Medellín y Puebla, sabe escrutar los nuevos signos de los tiempos y responderle con los valores del Evangelio de Jesús. De esta forma nos enseña que “la justicia humana no es sólo el pago de una pena, requiere del respeto a la condición humana y a la vida, que están por encima de cualquier otra connotación”.
            Con la sensación de no haber dicho lo suficiente, finalizamos estas reflexiones, escritas presumiendo amistad con nuestro nuevo Cardenal, me rindo ante los pies del crucificado para agradecer tan importante designación y que sirva, como bien lo ha referido él, para la paz y la superación de los males que sufre nuestro pueblo venezolano.

martes, 27 de septiembre de 2016

Ser Sacerdote


Homilía en la Eucaristía del décimo aniversario del P. Nedward Andrade
16/9/2016

Pbro. Mg. José Andrés Bravo H.
Director del Centro de Estudios de Doctrina y Praxis Social de la Iglesia UNICA
            Nos reúne hoy la acción de gracias por los diez años de una existencia consagrada al Señor para el servicio del Pueblo de Dios, como sacerdote, como pastor y como profeta. Como lo recuerda el papa Juan Pablo II al comienzo de nuestro milenio, refiriéndose al mandato que Jesús hace a aquellos pescadores a quienes luego los consagra para ser sus Apóstoles y remar mar adentro, “¡Duc in altum! Estas palabras resuenan también hoy para nosotros y nos invitan a recordar con gratitud el pasado, a vivir con pasión el presente y a abrirnos con confianza al futuro” (Novo millennio ineunte 1).
         Éste es el mandato que recibimos todos y la gracia de poder responder como lo hicieron esos humildes pescadores: dejándolo todo, lo siguieron. Éste es el gozo que hoy celebramos en la persona del padre Nedward Jorge Andrade Govea. Gratitud por el pasado, por su vocación, por su llamado, por el mandato recibido, por su elección, por su consagración. Ese pasado de entrega llena de vivencias gratas y pruebas difíciles. Diez años que han pasado entre trabajos pastorales y estudios, que inspira una alabanza agradecida al Señor de la historia.
         El Padre Nedward fue ordenado sacerdote el 16 de septiembre de 2006, por la imposición de manos y la oración consagratoria de nuestro Arzobispo, Mons. Ubaldo Santana. Un sacerdote para el tercer milenio. De origen marense, aunque nacido en Maracaibo, porque su papá, el Maestro Norberto Andrade viene del pueblo de San Rafael de El Moján, cantor y compositor de nuestra música folclórica, característica de nuestro pueblo costeño, donde las aguas del lago chocan con el malecón inspirando las más hermosas musas. Su mamá, la Sra. Nancy Govea de Andrade, desde el cielo lo acompaña, lo guía y bendice siempre.
Precisamente en Mara vive sus primeras experiencias pastorales, primero como vicario parroquial de la parroquia Inmaculada Concepción de Carrasquero; luego como administrador parroquial de la Parroquia Nuestra Señora de Coromoto y San José Obrero de la Sierrita. Aunque sus primeros servicios los brinda como vicario parroquial de las parroquias populares San Pablo Apóstol y la Resurrección del Señor.
Una de las más gratas vivencias que da el ser sacerdote es poder sentir el calor humano, sencillo y humilde de las comunidades parroquiales. Acercarse y servir a Cristo en ellas, compartiendo sus inquietudes y enseñándoles a vivir la comunión, es, más que un trabajo, un descanso espiritual, una caricia divina.
No digo que las dificultades son inexistentes. Pero los momentos de compartir son aún más agradables. Yo sé lo que significa el trabajo pastoral y comunitario en pueblos y barrios. No dejan tiempo ni para el reposo. Enseña el papa Francisco que en la parroquia se requiere la docilidad y creatividad misioneras del Pastor y de la comunidad. Que estemos en contacto con los hogares y la vida del pueblo sin separarnos de la gente. No podemos dedicarnos a grupos selectos que nos mimen y donde podemos sentirnos seguros. Todo esto nos enseña nuestro actual papa. Para él, “la Parroquia es presencia eclesial en el territorio, ámbito de la escucha de la Palabra, del crecimiento de la vida cristiana, del diálogo, del anuncio, de la caridad generosa, de la adoración y la celebración” (Evangelii gaudium 28).
El Padre Nedward desde seminarista ha orientado su formación y su ministerio preferencialmente a la sagrada liturgia. Gran parte de su vida sacerdotal la ha dedicado con gran competencia y responsabilidad a la liturgia de la Arquidiócesis, como Maestro de Ceremonias. Esto lo conduce a Madrid, España, donde realiza sus estudios de postgrado en teología litúrgica en la Universidad Eclesiástica de San Dámaso. A pesar de dedicarse con responsabilidad a sus estudios en España, no deja su acción pastoral en la parroquia madrileña Santa María de la Caridad.
Regresando a esta su Iglesia particular, se dedica a una de las más importantes y graves tareas del Pueblo de Dios, la formación de los futuros sacerdotes. Pues, es nombrado vice-rector de nuestro Seminario Mayor y profesor de teología litúrgica. Es tan importante esta acción pastoral que el Vaticano II reconoce que la renovación impulsada por este concilio depende en gran parte del ministerio sacerdotal y, estos, de “la trascendental importancia que tiene la formación sacerdotal” (Optatam totius 1). Porque, como lo enseña el santo papa Juan Pablo II en su exhortación apostólica Pastores dado vobis en el capítulo cuarto, la vocación sacerdotal es la pastoral de la Iglesia. Es, pues, una gravísima responsabilidad para un formador, porque para enseñar a ser sacerdote se debe vivir como los apóstoles, en el seguimiento de Cristo.
Juan Pablo II indica las dimensiones de esta formación sacerdotal. Mientras las señalamos, más nos convencemos de su gran importancia. Comenzando con la formación humana, que significa una justa y necesaria maduración y realización de sí mismo. Más aún, exige el cultivo de valores que ayuden a una personalidad equilibrada, sólida y libre, capaz de llevar el peso de las  responsabilidades pastorales.
También, se debe fortalecer la capacidad de relacionarse con los demás. Sobre esto, dice el santo papa: “Esto exige que el sacerdote no sea arrogante ni polémico, sino afable, hospitalario, sincero en sus palabras y en su corazón, prudente y discreto, generoso y disponible para el servicio, capaz de ofrecer personalmente y de suscitar en todos relaciones leales y fraternas, dispuesto a comprender, perdonar y consolar” (PDB 43).
Otra dimensión subrayada por Juan Pablo II es la formación espiritual. Esta formación es, por supuesto, integral, pues, “la misma formación humana, si se desarrolla en el contexto de una antropología que abarca toda la verdad sobre el hombre, se abre y se completa en la formación espiritual” (PDB 45).
Y, con estas dos primeras dimensiones de la formación sacerdotal, se integra la formación intelectual – el santo papa lo refiere como la inteligencia de la fe – aquí tienen una gran responsabilidad los formadores, especialmente los profesores del Seminario. Y, por último pero no menos importante, la formación pastoral. Así, padre Nedward, comprendo perfectamente tu constante y asidua inquietud por la formación de los futuros sacerdotes nuestros. Comprendo tu grave tarea como vice-rector del Seminario, porque también yo, como joven sacerdote, llegué a honrarme con esa misión. A igual que tú, lo viví con gran pasión, pero con temor y temblor por la magnitud de su importancia.
Actualmente, el padre Nedward tiene bajo su cuidado pastoral, nada menos que la capellanía de la Universidad Católica Cecilio Acosta desde donde también sirve al Seminario como profesor. Es director general del Instituto Niños Cantores Ciudad de Dios, capellán militar, miembro del Consejo Presbiteral, Maestro de Ceremonia, y otras acciones que lo mantienen entregado por completo a la Iglesia que ama, la Iglesia de Cristo.
         Así, pues, se encuentra hoy viviendo el presente con pasión y el futuro con confianza. En entrega renovada, con el entusiasmo de siempre comenzar, sabiendo que el amanecer no arrastra el afán del día anterior, sino que nos despierta para una nueva jornada que trae consigo sus propias inquietudes, sus nuevas exigencias.
Pasión por el Evangelio que debe anunciar siempre con nuevo ardor, nuevo método y nuevas expresiones. Como lo exige el documento de la Conferencia de Puebla, “debemos presentar a Jesús de Nazaret compartiendo la vida, las esperanzas y las angustias de su pueblo y mostrar que Él es el Cristo creído, proclamado y celebrado por la Iglesia” (Puebla 176).
         Querido padre Nedward, la única forma que conozco para que nuestro pueblo crea en este Cristo, resucitado y glorificado, anunciado y celebrado por la Iglesia, es viviendo nosotros como Jesús, compartiendo la vida, las esperanzas y las angustias de este nuestro pueblo. No olvides que el glorioso Cristo es quien ha entregado su vida en la cruz, quien es despojado de todo, quien siendo eterno se hace terreno, quien siendo divino se hace humano, quien siendo rey se hace esclavo, quien siendo todopoderoso se hace débil, quien siendo rico se hace pobre, quien siendo inmortal muere crucificado.
Es ese Jesucristo a quien seguimos, el sumo y eterno sacerdote quien, según nos testimonia la carta a los Hebreos, inaugura un nuevo estilo de sacerdote que en vez de derramar sangre y sacrificar vidas de animales, sacrifica su propia vida y derrama su propia sangre, porque es Él el verdadero cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Así es el verdadero sacerdote cristiano. Entrega total de la vida hasta la cruz.
Sí, querido hermano, en la cruz nace nuestro sacerdocio. Porque al ser instituido en la última cena, como un solo misterio con la Eucaristía, Jesús dijo que entregaba su vida y derramaba su sangre por todos, especialmente por los pecadores, y que nosotros debemos hacerlo en memoria suya. Sacerdocio y Eucaristía son los sacramentos del amor extremo que se viven y celebran entregando la vida por la salvación de todos los seres humanos tal como lo hace Jesús en la cruz.
Hoy, el mismo Señor te hace un regalo, con gran significado. En esta celebración, Acción de Gracias por el don de tu sacerdocio, permite que un hijo espiritual tuyo, Ángel Pico, engendrado en el bautismo por ti, reciba la primera comunión.
Que el Pastor bueno te bendiga a ti y a esta Comunidad Parroquial que celebró con gozo tu ordenación sacerdotal y hoy comparte contigo la fiesta de tus diez años de entrega. Recordando con gratitud el pasado, viviendo con pasión el presente y abriéndose con confianza al futuro. ¡Alabado sea el Señor!