sábado, 24 de diciembre de 2011

Un Movimiento Humanístico


Andrés Bravo
Capellán de la UNICA

Termina un año y comienza otro. Siempre comienza otro. La historia aún no dice la última palabra, no llega a su fin. El ser humano es peregrino y a sus pasos deja la construcción de un mundo que se debate entre el bien y el mal, entre sus éxitos y fracasos. Pero, siempre hay posibilidad de lo mejor.
Ya los astrólogos están anunciando sus pronósticos para el nuevo año. Los analistas políticos, económicos y sociales también se arriesgan con los suyos. Ante la planificada realización de las elecciones presidenciales y de gobernantes regionales, este comienzo de año nace acompañado de propuestas, anuncios y promesas.
Los astrólogos juegan con lo probable. Los analistas, por el contrario, trabajan con métodos más confiables y muchos de ellos son serios, aunque, otros no son sino aficionados o simples bocones. Los políticos de oficio se la juegan con sus promesas de tipo populista, dicen sólo aquello que la gente quiere escuchar para obtener sus votos.
Termina, pues, un año que ha durado mucho. Para Venezuela fue una prolongación de doce años más de un deterioro sostenible y en avance. Una revolución que no ha revolucionado nada. Por el contrario, ha seguido profundizado la destrucción del país que ya, hace tiempo, había comenzado. Con el agravante de acabar con las conquistas que se habían logrado, así como la pérdida de la libertad y la soberanía nacional. He ahí el reto que nos trae el nuevo año.
No soy astrólogo, ni analista, ni precandidato o candidato. Ni tengo la mínima posibilidad de serlo, entre otras cosas, porque no quiero. Pero, antes que pronosticar, quiero proponer. Atento, no dije prometer, sino proponer. “Propuesta”, según la vigésima segunda edición del diccionario de la Real Academia Española, significa “proposición o idea que se manifiesta y ofrece a alguien para un fin”. En este sentido, me atrevo a ofrecer una idea que, aunque sea difícil, podría ayudarnos a hacer una verdadera revolución que parta de una concepción cristiana de la persona humana.
Propongo crear un movimiento de reflexión, estudio, investigación y, también, de acción que unifique, interdisciplinarmente, a personas intelectuales, abiertas y desprendidas, capaces de crear opinión y formar a jóvenes en un ideal político posible. El gran reto es la verdadera educación de jóvenes inquietos para la conducción de los destinos de nuestro pueblo.
El Movimiento que propongo debe tomar como base el Evangelio de Jesús y la Doctrina Social de la Iglesia Católica (DSI). El ideal posible es el de, con los principios de reflexión, los criterios de juicio y las directrices de acción de dicha doctrina, promover un humanismo integral y solidario. La organización y la formación nos darán el éxito.
Se trata de un Movimiento de acción, no asistencial, sino de promoción. Por eso, debemos comenzar siempre por la formación en los principios de reflexión y de los criterios de juicio. La Iglesia, en estos últimos años, ha avanzado de manera significativa en marcha hacia una renovación que la ha convertido cada vez más al servicio solidario a la humanidad. Nos ha brindado un Magisterio dinámico y renovado, porque se ha vuelto a la fuente misma de la fe que es el misterio que llega a nosotros por la revelación de Jesucristo. Especialmente, en América Latina, la doctrina es maravillosamente rica e inspiradora. Y, en la Iglesia que peregrina y sirve en Venezuela, también encontramos un importante conjunto de enseñanzas, principalmente en los documentos del Concilio Plenario de 2006.
Este último nos desafía a un mayor compromiso por transformar la realidad actual del país, con los valores del Evangelio, en todos los ámbitos de la sociedad. Crear una nueva sociedad ha sido siempre el anhelo de los seguidores de Jesús. La opción evangélica y preferencial por los pobres nos debe desafiar para crear y promover sistemas económicos más justos y solidarios, que tengan como objetivo el progreso integrar de todo el hombre y de todos los hombres. La economía de comunión, es una experiencia por valorar y promover. Por otro lado, la Iglesia nos convoca a defender y promover la paz y los derechos de las personas humanas, fuertemente violados por el régimen imperante en nuestro pueblo. Debemos asumir el valor del trabajo que humaniza, evitando así instrumentalizar al ser humano. En la formación y el ejercicio de la política, es sumamente importante enseñar y vivir su verdadero sentido que se concreta en el servicio del bien común. Pero, sobre todo, hoy se nos exige construir y consolidar la democracia perdida, promoviendo una más auténtica participación y organización de los ciudadanos, fortaleciendo así la sociedad civil.
Un Movimiento Humanístico significa un proyecto gigante que requiere la competencia de hombres y mujeres con un gran sentido humano y cristiano de la humanidad y de su historia. Que estén dispuestos a compartir sus saberes y sus ideales. Que les importe el ser humano como persona digna de ser amada por sí misma. Amarlo porque es humano, imagen e hijo de Dios.
Este es sólo una propuesta que hago para responder al reto de un nuevo año.

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