miércoles, 5 de enero de 2011

Evangelización y Justicia

Andrés Bravo
Capellán de la UNICA


Se podrán dar cuenta de mi aprecio por la Verbum Domini de Benedicto XVI. Pues, al escribir mi artículo anterior invité a su lectura y estudio porque la considero de gran importancia para nuestra vida de fe. Ahora quiero seguir insistiendo tomando uno de los temas más desafiante para la Iglesia hoy. Se trata de la Justicia Social que, sin duda, es central en la Sagrada Escritura, especialmente en la predicación de Jesús del reinado de Dios. Él lo ha dicho en el Sermón del Monte, al criticarnos que nuestras inquietudes son egoístas y materialistas, cuando lo más importante es buscar el reinado de Dios y su justicia (cf. Mt 6,33).
Es por eso que la justicia es también central en la misión evangelizadora de la Iglesia, de ello nos habla nuestro documento (100). Es el servicio solidario que Ella presta a la humanidad con el fin de lograr la fraternidad universal, como lo afirma en el Vaticano II. Por su parte, la Iglesia latinoamericana mantiene viva la convicción de que la búsqueda cristiana de la justicia es una exigencia de la enseñanza bíblica. Así lo asegura en las Conclusiones de Medellín: “el amor a Cristo y a nuestros hermanos será… la inspiradora de la justicia social, entendida como concepción de vida y como impulso hacia el desarrollo integral de nuestros pueblos” (Justicia 6). Esta es una constante en el magisterio, se podrá aclarar mejor con el documento de Santo Domingo que, al hablar de la promoción humana como la dimensión privilegiada de la nueva evangelización, citando la Evangelii nuntiandi de Paulo VI, plantea que se evangeliza no a un ser abstracto, sino a un ser sujeto a los problemas sociales y económicos. Y, en esta misión, se exige combatir las situaciones muy concretas de injusticias y restaurar la justicia social, porque “¿cómo proclamar el mandamiento nuevo sin promover, mediante la justicia y la paz, el verdadero, el auténtico crecimiento del hombre?” (157).
Benedicto XVI no puede olvidar este tema, cuando el mundo le está exigiendo un mayor compromiso por la justicia social. Una vez más, el magisterio nos ilumina: “La Palabra de Dios impulsa al hombre a entablar relaciones animadas por la rectitud y la justicia; da fe del valor precioso ante Dios de todos los esfuerzos del hombre por construir un mundo más justo y más habitable. La misma Palabra de Dios denuncia sin ambigüedades las injusticias y promueve la solidaridad y la igualdad. Por eso, a la luz de las palabras del Señor, reconocemos los signos de los tiempos que hay en la historia y no rehuimos el compromiso a favor de los que sufren y son víctimas del egoísmo. El Sínodo ha recordado que el compromiso por la justicia y la transformación del mundo forma parte de la evangelización” (100).

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