miércoles, 27 de abril de 2011

A los 50 años de la "Mater et Magistra"



Por Andrés Bravo
Capellán de la UNICA

La humanidad celebra los cincuenta años de la promulgación de la encíclica Mater et Magistra (15-5-1961) escrita por Juan XXIII para homenajear a su predecesor León XIII en el septuagésimo aniversario de su encíclica Rerum novarum (15-5-1891). Como lo hizo a los cuarenta años Pío XI con la encíclica Quadragesimo anno (15-5-1931), a los cincuenta Pío XII con el radiomensaje La Solemnitá (15-5-1941). Y, después del Papa Bueno, lo siguió haciendo Paulo VI con la carta apostólica Octogesima adveniens (14-5-1971) a los ochenta años, y Juan Pablo II con la encíclica Centesimus annus (1-5-1991) celebrando el centenario del documento leoniano que marcó el inicio del extraordinario Magisterio Social de la Iglesia, que se ha ido enriqueciendo con las diferentes enseñanzas que iluminan la historia en sus relaciones sociales, ofreciéndoles principios de reflexión, criterios de juicio y directrices de acción para la construcción de una convivencia humana en la libertad, la paz, la justicia y el amor.
Ser Juan XXIII el autor de la Mater et Magistra, le da a la doctrina social un sentido profundamente renovador. Aquel que se ha aventurado a abrir las puertas de la Iglesia para que los nuevos vientos del Espíritu Santo penetre para rejuvenecerla, convocando al Concilio Vaticano II, no podía sino aprovechar tal aniversario para dar un elevado impulso hacia el futuro a la doctrina social de la Iglesia. Le toca abrir etapas nuevas en su relación de valoración del mundo y enfocar la cuestión social con modernos métodos. En este sentido es claro al afirmar: “Juzgamos, por tanto, necesaria la publicación de esta nuestra encíclica, no ya sólo para conmemorar justamente la Rerum novarum, sino también para que, de acuerdo con los cambios de la época, subrayemos y aclaremos con mayor detalle, por una parte, las enseñanzas de nuestros predecesores, y, por otra, expongamos con claridad el pensamiento de la Iglesia sobre los nuevos y más importantes problemas del momento” (MM 50). Es época de opciones democráticas e independencias. Tal como hoy, se anda en la búsqueda de gobiernos democráticos derrotando los totalitarismos destructores e inhumanos. Destaca la encíclica las participaciones más amplia de las clases sociales, la independencia política de pueblos afroasiáticos, las notables relaciones internacionales e interdependencia de los pueblos, los nacimientos de organismos mundiales en los campos no sólo políticos, sino también culturales, económicos y científicos.
En cuanto al contenido, no puede ser más renovador. Destaca la necesidad de la iniciativa privada en armonía con una justa intervención de los poderes públicos, en el campo de la economía. Esta intervención del estado se debe regir por el principio de la subsidiariedad, principio propuesto por primera vez por Pío XI en la Quadragesimo anno. Juan XXIII en la Mater et Magistra se convierte en un defensor de la iniciativa privada para una mayor participación, porque “la experiencia diaria prueba que cuando falta la actividad de la iniciativa particular, surge la tiranía política” (MM 57). Otro principio que expone ampliamente el Papa Bueno es la socialización que promueve la convivencia humana. Dedica un espacio a la remuneración del trabajo como lo exige el momento: “Una profunda amargura embarga nuestro espíritu ante el espectáculo inmensamente doloroso de innumerables trabajadores de muchas naciones y de continentes enteros a los que se remunera con salarios tan bajos que quedan sometidos ellos y sus familias a condiciones de vida totalmente infrahumanas” (MM 68). Y, como criterio propuesto para la regulación del salario, rechaza la libre competencia del mercado al igual que su fijación arbitraria por los poderosos. Es aquí donde se debe ser justo y equitativo, prevaleciendo las exigencias del bien común. También nos enseña que toda estructura económica debe ajustarse a la dignidad de la persona humana; así como las organizaciones de trabajadores; el derecho de propiedad dentro de un recto orden social. Existe toda una inquietud por parte del autor de la encíclica cincuentenaria por el sector económico de la agricultura que merece un apartado grande de reflexión.
Para concluir, nos conviene subrayar el gran impulso renovador que dio a la doctrina social, sobre todo al establecer su método antropológico de ver-juzgar-actuar para esta doctrina (Cf. MM 236). Es decir, partiendo de la realidad, ésta es confrontada con el Evangelio de Jesús, para luego tomar el camino de una acción pastoral que cambie tal realidad a los criterios de los valores evangélicos. Porque, Juan XXIII insiste en el carácter práctico de la doctrina y el compromiso del laico en ella. Pero, con fuerte resaltador debemos leer: “Exhortamos, en primer lugar, a que se enseñe como disciplina obligatoria en los colegios católicos de todo grado, y principalmente en los seminarios” (MM 223).

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