lunes, 15 de noviembre de 2010

LOS CAMINOS DE MARIA NOS CONDUCEN A JESUS:PEDAGOGIA PASTORAL MARIANA

MENSAJE CON MOTIVO DE LA CLAUSURA

DEL AÑO CHIQUINQUIREÑO 2009-2010

Muy amados sacerdotes, diáconos permanentes y sus esposas, personas de especial consagración, candidatos al presbiterado, laicas y laicos asociados, hijos e hijas de la Arquidiócesis de Maracaibo,
La gracia y la paz de Cristo estén con todos ustedes.

INTRODUCCION

Al acercarse la fecha de la clausura de este año en el que hemos celebrado el tricentenario de la renovación de la tablita de la Virgen de Chiquinquirá, siento el vivo deseo de escribirles para animarles a seguir profundizando el mensaje que ella nos ha trasmitido. Como les dije en la carta pastoral de inauguración del año jubilar, en la celebración de este año nos hemos servido de los datos de la tradición popular, con el pleno respeto de las investigaciones históricas que se están llevando a cabo para determinar la fecha exacta de la llegada de María a nuestra tierra zuliana.
En esta oportunidad quiero resaltar la misión que Dios determinó encomendarle a la Virgen María, Madre del Salvador, en la evangelización de los pueblos de América, destacando especialmente sus manifestaciones en las advocaciones de Ntra. Sra. de Guadalupe, la Virgen de Coromoto y el Rosario de Chiquinquirá .
En la fe de la Iglesia a través de los siglos, la Virgen María ha ocupado siempre un lugar especial. Ese lugar ha sido magistralmente expuesto en el capítulo ocho de la Constitución Dogmática sobre la Iglesia “Lumen gentium” (Cristo es la luz de los pueblos) y en el magisterio de los Sumos Pontífices, especialmente los del siglo XX.
Juan Pablo II nos enseñó, con su ejemplo personal, con su magisterio y su ministerio, cómo desarrollar una existencia cristiana en dimensión mariana. Sus palabras, símbolos, gestos conforman una síntesis vital de peculiar fuerza evangelizadora condensado en su lema “Totus Tuus” (Todo tuyo). Esta entrega a María acercó más al Papa a Cristo, a la Trinidad y a los hombres.
Juan Pablo II y Benedicto XVI son para nosotros maestros de una sabiduría existencial de particular importancia cuando se trata de configurar nuestro modo de ser y de vivir nuestro cristianismo. En esa existencia vital cristiana, María ocupa un lugar central y privilegiado. Todos los pueblos de América nacieron marcados por un código integrador mariano. La figura que las resume y unifica a todas es Nuestra Señora de Guadalupe. Ese mismo código lo encontramos inculturadamente expresado en la Aparición de la Virgen de Coromoto y en la renovación milagrosa de la imagen de Ntra. Sra. del Rosario de Chiquinquirá.-

1. MARIA DE GUADALUPE: DECIR AMERICA ES DECIR MARIA.

María tiene una relación especial con la Iglesia de Jesucristo. Puebla repite una concisa fórmula de la tradición: “No se puede hablar de la Iglesia, si no está presente María”. (DP 291). Colocarnos en las manos de María y dejarnos conducir por ella, según la tradición y el magisterio de la Iglesia, es el camino escogido por Dios desde toda eternidad para conducir a los latinoamericanos y caribeños hasta el encuentro vivo y personal con Jesucristo. María es, sin duda, para nosotros una escuela viva de fe (Cf DA 270).
Juan Pablo II llegó a formular lo que podría ser un axioma de la vida cristiana americana: “decir América, es decir María” (Altagracia, Santo Domingo 12-10-1992). Pero es en el documento de Puebla que se empieza a perfilar en el magisterio latinoamericano la originalidad de nuestra vida de fe, unida estrechamente a María. En el documento de Puebla se sostiene que “el Evangelio encarnado en nuestros pueblos los congrega en una originalidad histórica cultural que llamamos América Latina. Esa identidad se simboliza muy luminosamente en el rostro mestizo de María de Guadalupe” (DP 446). En la Conferencia General de Santo Domingo (1992), se reitera esta afirmación sustancial: “María es el sello distintivo de la cultura de nuestro Continente” (SD 115). Aparecida comprueba con gozo que María es la “gran misionera…que se ha hecho parte del caminar de cada uno de nuestros pueblos, entrando profundamente en el tejido de su historia y acogiendo los rasgos más nobles y significativos de su gente” (DA 269).
En un pasaje del evangelio de Juan unos griegos se acercan al apóstol Felipe, y le ruegan: -“Señor, queremos ver a Jesús”. Felipe fue y se lo dijo a Andrés y los dos fueron a contárselo a Jesús”. Jesús les dijo que ese encuentro con los griegos, que simbolizan toda la humanidad no judía, se haría realidad con su muerte y resurrección: “cuando yo sea levantado de la tierra atraeré a todos hacia mi” (Jn 12, 20-30). Así como Felipe y Andrés llevaron estos griegos hasta Jesús, así conduce María a los pueblos de América hasta su Hijo y les enseña a poner en práctica su evangelio recomendándoles: “hagan lo que él les diga” (Jn 2,5).

2.MARIA DE COROMOTO, EVANGELIO VENEZOLANO

La pedagogía guadalupana desplegada en la imagen de la tilma de San Juan Diego, se encuentra presente a su vez en la minúscula telita que la bella Señora dejó en el puño del cacique Coromoto en su aparición del 8 de septiembre de 1652. En Guadalupe habló la espléndida y portentosa mujer encinta del capítulo 12 del Libro del Apocalipsis. En Coromoto nos habla la pequeña sierva María del Magníficat, aquella que se presenta jubilosa ante todas las generaciones porque el Señor se ha fijado en la insignificancia de su persona (Cf Lc 1,48) para llevar a cabo grandes cosas.
El mensaje de Coromoto ha permanecido casi totalmente ignorado de nosotros los venezolanos durante estos tres últimos siglos. Está contenido en una telita frágil, minúscula, que ha sido mutilada, algo descuidada, pero celosamente guardada por la Madre de Jesús en su corazón para dárnoslo a conocer en el momento oportuno. El momento llegó con la decisión tomada el año pasado por la Conferencia Episcopal Venezolana de restaurar la telita y su relicario, a pedido de Mons. José Sótero Valero, obispo de Guanare. Un equipo de expertos, después de un trabajo acucioso y científico, descubrió una imagen completamente distinta a la que estábamos acostumbrados. En su sencillo y reducido tamaño, la telita contiene una serie de sorprendentes signos y símbolos que tenemos que interpretar con criterios eclesiales para conocer el mensaje evangelizador que la Coromoto quiere trasmitir hoy a los católicos de este país.
En el mensaje de María a los indios Cospes y en la telita que imprime su imagen encontramos los puntos fundamentales del evangelio que la Virgen quiere que asimilemos y demos a conocer al inicio de este milenio: la centralidad del sacramento del bautismo como punto de partida de la iniciación cristiana, la dignidad de toda persona humana, el reconocimiento de Venezuela como un país multicultural y multiétnico, el encuentro y la convivencia pacífica entre razas y culturas. La evangelización de la familia desde el hogar de cada uno. La superación, con la fuerza del amor maternal y fraternal, de nuestros instintos agresivos y caciquistas. La presencia de María en la construcción integradora de la sociedad al servicio liberador de los más pobres. Finalmente la integración de la patria venezolana en la gran familia latinoamericana.

3.LA CHINITA RENUEVA SUS COLORES POR AMOR AL PUEBLO ZULIANO

La tablita chiquinquireña nos habla en un lenguaje parecido al coromotano. Su llegada por las aguas del lago Coquivacoa, su encuentro con una humilde mujer del Saladillo, todo nos expresa la sencillez de la Virgen María, su deseo de evangelizar nuestra región desde los pobres, su propósito de entablar un diálogo evangelizador con cada poblador, de entrar en cada vivienda marabina para iluminar sus familias con la presencia del niño que lleva en sus brazos.
Este año hemos estado celebrando jubilosos tres siglos de la renovación de los colores de la tablita. María renueva los colores de su imagen venerada para invitarnos a todos a redescubrir la presencia de Dios en nuestras vidas, a renovar la espléndida paleta de colores de nuestra dignidad de hijos e hijas de Dios, a encontrarnos personal y comunitariamente con la gracia salvadora de su hijo. Es la gracia que trae precisamente el sacramento del bautismo. Fijémonos cómo la describe San Pablo: “Por el bautismo fuimos sepultados con Cristo, y morimos para ser resucitados y vivir una vida nueva, así como Cristo fue resucitado por el glorioso poder del Padre” (Rm 6,4; Cf 12,1-2; Ef. 4,23-24).

4. LA PRESENCIA DEL CAMINO MARIANO EN NUESTRO PROYECTO

La renovación de los colores de la Chinita, del niño Jesús, de San Andrés y de San Antonio de Padua, los dos santos que la acompañan, está invitando a nuestra Iglesia local a emprender un camino de renovación profunda como Pueblo de Dios. Una renovación de nuestra espiritualidad de comunión. Ese es precisamente el propósito de la puesta en marcha en nuestra arquidiócesis del Proyecto de Renovación Pastoral y de Evangelización.
El Proyecto es un instrumento que nos permite colaborar juntos con el Señor en la edificación de la Iglesia, cuerpo de Cristo, como casa, escuela y taller de comunión y solidaridad. Nuestro ideal es llegar a ser familia escogida, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido por Dios, tal como la describe San Pedro en su Primera Carta (Cf 1 Pe 2,9) y desde esta nueva condición trabajar por el advenimiento del Reino de Dios en nosotros y en nuestra sociedad, “el cielo nuevo y la tierra nueva que Dios ha prometido, en los cuales todo será justo y bueno” (2 Pe 3, 13). Nos encontramos en la fase previa, trenzando la red para facilitar la comunicación y la participación de todos y esperamos estar listos para hacer el lanzamiento del Proyecto dentro del marco del Congreso Americano Misionero en enero de 2013.
La presencia de María en esta fase previa ha sido patente. Nos ha acompañado desde el principio, pero en este año jubilar ha desplegado una particular fuerza evangelizadora. Los encuentros zonales, las celebraciones litúrgicas, la peregrinación de la Chinita por la geografía zuliana, el vibrante encuentro de los jóvenes con ella, las fiestas de Pascua y de Pentecostés, la clausura del Año Sacerdotal, las Jornadas de estudio y de renovación pastoral, las caminatas marianas y la multitudinaria fiesta con las grandes devociones marianas de occidente, todos estos acontecimientos vividos este año nos han hecho descubrir que aquí en el Zulia hay que evangelizar de la mano de María.
La Madre chiquinquireña nos ofrece una pedagogía pastoral acertada para llevarnos a un encuentro personal con Cristo y a un deseo sincero de abandonar viejos modelos individualistas para vivir la fe cristiana en forma renovada y comunitaria. Con su actitud obediente ante la Palabra de Dios y con su ejemplo de vida como discípula del evangelio, la Virgen María contribuye a que su hijo Jesús entre en las casas y en los corazones de los creyentes para ofrecerles la salvación. Un nuevo modo de ser Iglesia y de vivir la fe más comprometidamente está brotando paulatinamente de nuestras comunidades. Desde que entró en la casa de la humilde vecina saladillera y la inundó con la luz de la fe, María de Chiquinquirá desea que se siga produciendo la palabra que Jesús le dirigió a Zaqueo cuando entró en su vivienda de Jericó: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa” (Lc 19,1-10).

5. CONCLUSION

Hay mucho camino que recorrer pero sabemos con quién caminar y qué hacer juntos para que advenga el Reino de Dios y vivamos el Evangelio. Siguiendo el magisterio del Papa Benedicto XVI, queremos permanecer en la escuela de María, inspirarnos en sus enseñanzas, acoger y guardar en nuestro corazón las luces que ella, por mandato divino, nos sigue enviando desde lo alto. “Es necesario ayudar a los fieles a descubrir de una manera más perfecta el vínculo entre María de Nazaret y la escucha creyente de la Palabra divina”, señala el Papa en su reciente Exhortación postsinodal Verbum Domini (La Palabra de Dios en la vida y la misión de la Iglesia No 27).
El núcleo de la existencia cristiana y el sentido de la pedagogía mariana es que los hijos de esta Iglesia vivamos hondamente “en Cristo” y que misionemos juntos para que todos nuestros hermanos que aún no lo conocen lleguen a tener en él vida abundante. Ella es el don precioso que nos ha hecho el Señor para que el evangelio penetre en lo hondo de nuestro ser y de nuestra cultura. Por eso necesitamos seguir avanzando para que la pedagogía pastoral de la Chinita penetre toda nuestra acción pastoral.
Al término de este año jubilar chiquinquireño, les exhorto a todos, mis amados hijos e hijas de la grey zuliana, a vivir a fondo el evangelio de María. Dios nos la ha dado como modelo del nuevo humanismo cristiano. Compenetrémonos con su carisma materno pues ella ha recibido la misión de educarnos para crecer en un “conocimiento vital de Cristo” (San Pío X), de la Trinidad y de la totalidad del Credo de la Iglesia.
Que con su presencia en nuestras vidas, aprendamos a crecer en la fe no a través de teorías y explicaciones frías sino a través de vivencias, de experiencias personales y comunitarias. Que el compartir la vida con nuestra Madre nos lleve a descubrir y practicar nuevas formas de relacionarnos entre nosotros en la Iglesia, en la familia, en el trabajo y en la sociedad. Que, como ella lo canta en el Magnificat, brote también en nosotros una nueva espiritualidad, un nuevo estilo de santidad comunitaria, y veamos cómo se cumplen en nuestro pueblo las promesas salvíficas de Dios. Que, impregnados como ella de la Palabra que derriba a los poderosos y enaltece a los humildes, vivamos en espíritu y en verdad la opción preferencial por los pobres, la integración a la creación, la corresponsabilidad eclesial, el compartir de bienes y la puesta en común de los dones, servicio y carismas recibidos por el Espíritu en la Iglesia.

Los bendigo a todos junto con mi obispo auxiliar.

Maracaibo 14 de noviembre de 2010

+Ubaldo R. Santana Sequera
Arzobispo de Maracaibo

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