martes, 19 de noviembre de 2013

“MAR ADENTRO”



Mons. Mario Moronta
Obispo de San Cristobal

1.  INTRODUCCION. LA CONVERSION PASTORAL.
En el marco de la NUEVA EVANGELIZACIÓN (NE), nos encontramos con dos exigencias muy claras que exigen una respuesta decidida por parte de los creyentes: la situación del momento actual, con sus luces y sus sombras, amenazada por tensiones contrarias. Esta cuestión se agrava por el relativismo ético y el secularismo. Muchos hombres y mujeres creyentes se han ido por otros derroteros, o se han alejado o, sencillamente, han prescindido de Dios y de la misma Iglesia.  La otra exigencia es la urgencia de  un testimonio claro y valeroso por parte de los cristianos. Este testimonio viene manifestado en la identidad del cristiano como discípulo y misionero, como bien nos lo ha hecho saber repetidamente “Aparecida” (D.A.).
Ambas exigencias presentan, a la vez, un desafío, que no debe ser eludido o remandado para otros tiempos posteriores. D.A: nos lo presenta de manera directa, aunque ya había sido presentado por el Documento de Santo Domingo (SD): la conversión pastoral...
La Conversión Pastoral (CP) se nos presenta como una actitud y una tarea. Es una actitud que implica una opción personal y una tarea que hay que hacer de manera personal y comunitaria. Lo cierto es que es algo urgente dentro del marco de la Nueva Evangelización (NE). Así nos lo indica SD 30:
La Nueva Evangelización exige la conversión pastoral de la Iglesia. Tal conversión debe ser coherente con el Concilio. Lo toca todo y a todos: en la conciencia, en la praxis personal y comunitaria, en las relaciones de igualdad y autoridad; con estructuras y dinamismos que hagan presente cada vez con más claridad a la Iglesia, en cuanto signo eficaz, sacramento de salvación universal.
Sin embargo, D.A., en los numerales 365-372, habló con mayor claridad de la CONVERSION PASTORAL. D.A presenta la CP desde la perspectiva de la renovación misionera de las comunidades eclesiales como respuesta a los grandes desafíos que los signos de los tiempos, las situaciones concretas y el momento actual le presentan a la Iglesia. Según D.A., la CP mueve a los miembros del pueblo de Dios para que todo sea sometido al servicio de la instauración del Reino (Cf. n. 366). Por eso,
La pastoral de la Iglesia no puede prescindir del contexto histórico donde viven sus miembros. Su vida acontece en contextos socioculturales bien concretos. Estas transformaciones sociales y culturales representan nuevos desafíos para la Iglesia en su misión de construir el Reino de Dios. De allí nace la necesidad, en fidelidad al Espíritu Santo que la conduce, de una renovación eclesial, que implica reformas espirituales, pastorales y también institucionales (D.A 367).
Habida cuenta de lo antes expuesto, podemos entender que la CP, además de ser una actitud y una tarea, conlleva la respuesta también a la invitación de Jesús de seguir el mandato evangelizador, como discípulos y misioneros, como pescadores de hombres. Lo cual requiere de todos los creyentes la conciencia de que hay que salir al encuentro de los hermanos todos, sin excepción: como lo hizo el buen Pastor y con el imperativo del Señor de ir MAR ADENTRO. No es en la orilla de las seguridades, sobre todo de carácter intraeclesial, donde hay que realizar la evangelización. Uno de los rasgos de la “nueva” evangelización, con sus ardores, expresiones y métodos novedosos, es la de asumir con intensidad y decisión el reto que nos presenta la periferia de la existencia humana. Es donde están los hermanos, creyentes o no, donde tenemos que ir a su encuentro para hablarles del Evangelio de Jesús.
2.  EL DESAFIO ACTUAL Y LA RESPUESTA PASTORAL.
Ya indicamos las características del desafío actual que se nos presenta a todos: el de encontrarnos ante un mundo diverso, lleno de relativismo y secularismo, muchas veces con violenta oposición hacia lo religioso-cristiano y si no, al menos, indiferente; a lo que se une, la exigencia de una vida testimonial por parte de los creyentes, de manera personal y comunitaria. Esto supone una respuesta pastoral llena de creatividad, valentía y entusiasmo, bajo la guía del Espíritu Santo y en el nombre del Señor.
Hoy, esa respuesta pastoral, conlleva la CP de tipo personal y de tipo comunitario. Como lo veremos, se requiere la adecuación de las diversas estructuras e instancias eclesiales para permitir, acompañar y reafirmar la misión evangelizadora de la Iglesia.
Nos puede ayudar la definición que VALADEZ da sobre la CP:
La conversión pastoral consiste fundamentalmente en la firme decisión, tanto a nivel personal como comunitario, de estar siempre en marcha, bajo la guía del Buen Pastor, buscando y poniendo los medios necesarios para realizar el ministerio pastoral según el Espíritu de Jesús y no de las modas del momento, ni de nuestros gustos o caprichos[1].
Esta definición destaca las dos dimensiones de la CP: la personal y la comunitaria. La personal supone la metanoia de cada quien: el asumir la invitación del Maestro de convertirse y creer en el Evangelio (cf. Mc 1,15). La comunitaria que es la de toda la Iglesia, y no de algunos sectores de la misma. Por eso es un proceso continuo que conlleva también la renovación de la misma Iglesia. Desde la CP podemos dar la respuesta pastoral a los desafíos del momento actual porque hará que todos estén en “camino” “buscando y poniendo los medios necesarios para realizar el ministerio pastoral según el Espíritu”. Aquí no cuentan los gustos o caprichos, las apreciaciones meramente personales. Se trata de una acción y actitud que, sin dejar a un lado la creatividad y el aporte de todos los participantes, se cimente en el discernimiento a la luz del Evangelio y con la sabiduría del Espíritu.
El episodio de la pesca milagrosa (Cf. Lc  5.1-11) nos puede iluminar para entender mejor la respuesta de la CP a los desafíos actuales. Mientras Jesús predica, los discípulos están regresando de una pesca baldía. Cansados de trajinar toda la noche reciben el mandato-petición del Maestro de ir mar adentro. Ante la réplica, Pedro y sus compañeros acceden. Se produce el prodigio: la multitud de peces es tan grande que piden ayuda a otros compañeros. Pedro había lanzado las redes “en el nombre de Jesús”. Lejos de una felicitación, muy al estilo del Señor, se produce un compromiso: “los haré pescadores de hombres”.
Las consecuencias para nosotros están a la vista: el reto no es quedarse en la orilla de la playa, donde nunca la pesca será abundante y buena. La orilla es para guardar las barcas, preparar las redes, etc.… Es mar adentro donde está la pesca buena. Para poder realizarla hay que tener en cuenta dos cosas: una es la vocación: “ser pescadores de hombres”; la otra “lanzar las redes en el nombre de Jesús”. Esto supone la conciencia de ser seguidor-discípulo de Jesús (pescadores de hombres) para ir “mar adentro” (misioneros) y actuar en el nombre del Señor (”En tu nombre, en tu Palabra porque tú lo dices…”).
3.  LA CONVERSION PASTORAL DE LAS PARROQUIAS E INSTANCIAS ECLESIALES.
La CP tiene la dimensión personal y comunitaria. Esta última no se podrá dar si no se da la primera. De hecho, quienes van a realizar la CP, sobre todo en lo que a la organización, renovación y motivación de las instancias eclesiales se refiere son los que pertenecen a la Iglesia. Desde esta perspectiva, se exige que la CP sea una manifestación de la opción por ser discípulos misioneros de Jesús (Conversión cristológica). Entonces se podrá dar la Conversión pastoral eclesiológica.
DA 365 nos lo señala con las siguientes palabras:
Esta firme decisión misionera debe impregnar todas las estructuras eclesiales y todos los programas pastorales de diócesis, parroquias, comunidades religiosas, movimientos y de cualquier institución de la Iglesia. Ninguna comunidad debe excusarse de entrar decididamente, con todas sus fuerzas, en los procesos constantes de renovación misionera, y de abandonar estructuras caducas que ya no favorezcan la transmisión de la fe.
La conversión pastoral no puede ser vista como una mera forma de actuación de la Iglesia o una simple proposición de tipo pastoral. Tiene una fundamentación teológica en la misma sacramentalidad de la Iglesia:
La conversión pastoral tiene que ver con la sacramentalidad de la Iglesia, la cual, a su vez tiene su fundamento en el principio teológico-pastoral de la continuidad de la misión de Cristo. Por ser la Iglesia sacramento de salvación, realiza su acción pastoral de una forma sacramental. Por la acción del Espíritu Santo, la Iglesia debe hacer presente la praxis salvífica de Jesús a través de todo lo que ella es, dice y hace. Por su ser sacramental, la Iglesia es capaz de propiciar, mediante su acción (visible) la comunión de Dios con los hombres y mujeres y de estos entre sí. Por tanto, no sólo las personas, sino también las estructuras y los métodos pastorales de la Iglesia son un componente indispensable para la acción eclesial y su eficacia sacramental[2].
Lo último expresado es lo que nos corresponde reflexionar en este  equipo de trabajo: las estructuras pastorales (Diócesis, parroquias, instancias eclesiales, grupos y movimientos eclesiales y de apostolado, etc.) así como los métodos pastorales, deben pasar por ese proceso de CP. Es lo que nos enseña, en el fondo D.A. 370:
La conversión pastoral de nuestras comunidades exige que se pase de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera. Así será posible que “el único programa del Evangelio siga introduciéndose en la historia de cada comunidad eclesial” (NMI 12) con nuevo ardor misionero, haciendo que la Iglesia se manifieste como una madre que sale al encuentro, una casa acogedora, una escuela permanente de comunión misionera (D.A 370).
Para ello, es necesario asumir un PROGRAMA PASTORAL (que incluye organización y métodos nuevos), con lo cual se podrá asumir el reto de ir a la periferia, “mar adentro” para poder hacer que el Evangelio de Jesús sea recibido por todos.
El proyecto pastoral de la Diócesis, camino de pastoral orgánica, debe ser una respuesta consciente y eficaz para atender las exigencias del mundo de hoy, con “indicaciones programáticas concretas, objetivos y métodos de trabajo, de formación y valorización de los agentes y la búsqueda de los medios necesarios, que permiten que el anuncio de Cristo llegue a las personas, modele las comunidades e incida profundamente mediante el testimonio de los valores evangélicos en la sociedad y en la cultura (D.A 371).
En lo que se refiere a las parroquias y otras instancias eclesiales, es importante que se pueda asumir lo que D.A. propone y que es una herencia del quehacer pastoral y evangelizador de las Iglesias que peregrinan en América. Se trata de asumir que la Parroquia sea COMUNIDAD DE COMUNIDADES. Esto permite, descentralizar –en el buen sentido de la palabra- a las parroquias para darle un impulso misionero. Así se desarrollarán ministerios, oficios y servicios por parte de miembros de la parroquia, para ir al encuentro de la gente donde ésta vive, labora y busca caminar. Estas comunidades serán el lugar del encuentro cotidiano de las personas, pero a la vez, el sitio donde se haga presente el evangelizador para tocar la puerta del hogar donde viven los alejados o los que se han hecho indiferentes o los que no conocen a Dios.
De igual manera, desde la Parroquia y la Diócesis, con las organizaciones pastorales (Consejos, ministerios, secretariados de pastoral, movimientos, etc.…) valiéndose también de los medios de comunicación, la Iglesia podrá ir acercándose a tantos alejados o indiferentes, o que no creen en Dios, para acompañarlos con sentido fraterno y para brindarles la luz del evangelio. Es allí donde hay que evangelizar. Ciertamente que se requerirá la formación adecuada y permanente de los evangelizadores… pero hay que salir al encuentro de todos para ofrecerles lo que Jesús les brinda desde su Evangelio.
El D.A. nombra algunos sujetos que requieren ser atendidos de manera muy particular: Personas que viven en las calles de las grandes urbes, los migrantes, los enfermos, los adictos dependientes, los encarcelados; sin dejar a un lado las familias, los jóvenes, los niños, los pobres y excluidos…. También se requiere atender el vasto mundo de la cultura, de la educación, de la ciencia y de la universidad (en este sentido un ejemplo bien interesante es la iniciativa denominada “el atrio de los gentiles”), los medios de comunicación y los nuevos areópagos y centros de decisión.
Finalmente es importante tener en cuenta lo que dice D.A. sobre la atención a las circunstancias y momentos en los que se mueve actualmente la Iglesia: Según D.A., la CP mueve a los miembros del pueblo de Dios para que todo sea sometido al servicio de la instauración del Reino (Cf. n. 366). Por eso,
La pastoral de la Iglesia no puede prescindir del contexto histórico donde viven sus miembros. Su vida acontece en contextos socioculturales bien concretos. Estas transformaciones sociales y culturales representan nuevos desafíos para la Iglesia en su misión de construir el Reino de Dios. De allí nace la necesidad, en fidelidad al Espíritu Santo que la conduce, de una renovación eclesial, que implica reformas espirituales, pastorales y también institucionales (D.A 367).

4.  CONCLUSION.
La reflexión que, a partir de ahora, vamos a compartir, nos va a permitir afinar cómo hacer una conversión pastoral, cómo provocarla en la Iglesia y cómo enrumbarla hacia este desafío de ir a la periferia. No es otra cosa sino aceptar el reto de ir MAR ADENTRO. Juan Pablo II, de  santa memoria, nos indicó este rumbo, en torno a la celebración del año 2000 y del inicio de un nuevo milenio. Es en el “mar adentro” de nuestra vida de hoy donde hemos de realizar la NE y para ello es urgente la CP.

La Clave del éxito es saber que podemos hacerlo por contar con la acción del Espíritu que nos guía y porque, convertidos en pescadores de hombres, somos capaces de lanzar las redes en el nombre de Jesús.


BIBLIOGRAFIA DE APOYO.
CONFERENZA NACIONAL DOS BISPOS DO BRASIL [CNBB],  Olhando para a frente. O Projeto “Ser Igreja no novo milenio” explicado as comunidades, Sâo Paulo 5ª. Edición 2001.

FERNANDEZ,V.M., Conversión pastoral y nuevas estructuras ¿Lo tomamos en serio?, Buenos Aires 2010.

LIBANIO, J.B., Conversâo pastoral e estruturas eclesiais, en MEDELLIN XXXIV 134 (/2008).

MELGUIZO YEPES, G., La conversión pastoral en el Magisterio de la Iglesia, en MEDELLÍN XXXIV 134 (2008).

MORONTA, M, La Conversión Pastoral. “He venido a traer fuego…” (Lc 12,49), Bogotá 2012.

VALADEZ FUENTES, S., Espiritualidad Pastoral ¿Cómo superar una pastoral “sin alma”?, Paulinas, Bogotá 2005.

VALADEZ FUENTES, S., La conversión en la praxis pastoral, personal y comunitaria, en MEDELLIN, XXXIV 134 (2008).

VELEZ, J., ¿Debe la misma Iglesia inculturarse? En MEDELLIN 79 (1994).


LAUS DEO


[1] VALADEZ FUENTES, S., Espiritualidad Pastoral ¿Cómo superar una pastoral “sin alma”?, Paulinas, Bogotá 2005 p. 112. Citado por el mismo autor en La conversión…. p. 333.
[2] Ibidem.

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